“Que Allah te bendiga en todo lo que das y que te bendiga también en lo que guardas”.
Estamos hablando de uno de los primeros musulmanes y uno de los diez albriciados con el Paraíso; uno de los seis que formaron el consejo para elegir al Califa después de Omar bin Al Jattab y uno de los que podían emitir veredictos legales (Fatuas) ante la presencia del propio Profeta (B y P) en Medina.
Antes del Islam, se llamaba Abd Amr (Siervo de Amr). Cuando se islamizó, el Profeta (B y P) le llamó Abdurrahmán, siervo del Misericordioso.
Abdurrahmán bin Auf se islamizó antes de que el Profeta (B y P) empiece a tener las reuniones en Dar ul Arqam (La casa de Al Arqam); esto es: dos días después de que se islamizó Abu Bakr.
Estando en la causa de Allah, fue perseguido y sufrió mucho, como sufrieron todos los musulmanes al principio; Pero Abdurrahmán perseveró, como lo hicieron todos, y se mantuvo firme y fiel a su Señor. Después de un tiempo logra emigrar a Abisinia (Etiopía) con muchos otros musulmanes para poder profesar su religión en paz.
Cuando Allah permitió que los musulmanes emigrasen a Medina, Abdurrahmán fue de los primeros en dejar su patria por Allah y Su mensajero.
Una vez que llegaron los emigrantes a Medina, el Profeta (B y P) empezó a hermanar entre éstos y los Ansar. De esta manera, hermanó entre Abdurrahmán bin Auf y Sa’d bin Al Rabi’ Al Ansarí. Sa’d dijo a su nuevo hermano Abdurrahmán: Mira hermanito; yo soy de los más ricos de Medina; tengo dos huertos y dos esposas. Dime cuál de los dos huertos te gusta más y yo te daré sus frutos...
Abdurrahmán respondió a su hermano: ¡Que Allah te bendiga a través de tu propiedad y tu familia...! Es mejor que me guíes hasta el mercado.
Y así lo hizo Sa’d... Abdurrahmán comenzó a comerciar; compraba y vendía, ganaba y ahorraba. No pasó mucho tiempo hasta que juntó suficiente dinero para una dote y se casó. Fue así que llegó al Profeta (B y P); bastante perfumado y con aires festivos. El Profeta (B y P) dijo: ¿Qué es Abdurrahmán? Este dijo: Me he casado... El Profeta (B y P) dijo: ¿Qué le diste a tu esposa como dote? Dijo: Le di una pepita grande de oro. El Profeta (B y P) añadió: Prepara un banquete; aunque sea con un solo cordero. Que Allah te bendiga tus propiedades.
Desde ese momento –diría después Abdurrahmán- se me abrieron todas las puertas con tanta facilidad que llegué a pensar que si yo levantase una piedra ¡Encontraría debajo oro o plata!
En la célebre batalla de Badr, Abdurrahmán combatió con todas sus fuerzas y llegó a matar a Umair bin Othmán, uno de los enemigos de Dios.
Luego sucedió la derrota en Uhud. Abdurrahmán se mantuvo firme cuando flaquearon las piernas; resistió valientemente mientras la gente huía despavorida. Salió de la batalla con más de veinte heridas, algunas del tamaño de una mano.
Pero Abdurrahmán no destacó en los combates tanto como se destacó en la caridad y en el esfuerzo económico por la causa de Allah. En una ocasión, el Profeta (B y P) se aprestaba a enviar una expedición militar; se plantó frente a sus sahabis y les dijo: Tendréis que donar algo, porque estoy enviando una expedición. Abdurrahmán fue rápidamente a su casa y volvió con la misma rapidez. Luego dijo al Profeta (B y P): ¡Oh Mensajero de Allah! Tengo cuatro mil; dos mil, se los prestaré a mi Señor y dos mil conservaré para mi familia. Fue entonces, que el Profeta (B y P) le dijo: “Que Allah te bendiga en lo que das y que te bendiga en lo que guardas...”.
Cuando el Profeta de Allah decidió lanzar un ataque sobre la ciudad de Tabuk, su última expedición, se necesitaba mucho dinero y soldados. Enfrentarían al famoso ejército bizantino, un ejército mucho más numeroso y mejor equipado que el islámico. Para empeorar más la situación, hubo una terrible sequía ese año en Medina. El viaje sería duro y largo; habría pocas provisiones. Sin embargo; el principal problema era la falta de monturas para transportar a los soldados. Había muy pocos caballos, camellos y mulas. Un grupo de creyentes llegó al Profeta (B y P); le pidieron fervorosamente que les permita marchar con el ejército. El Profeta (B y P), con todo el dolor de su alma, tuvo que rechazarlos, pues no tenía en qué transportarlos. Estos sahabis se volvieron con los ojos llenos de lagrimas por no tener dinero para acompañar al ejército del Profeta (B y P), fueron llamados “los llorantes”. El ejército fue llamado “El ejército de las dificultades”.
Ante tan terrible situación, el Profeta (B y P) pidió a sus sahabis que donasen algo de sus bienes por la causa de Allah, recordándoles que la recompensa de Allah sería magnífica. Los musulmanes se apresuraron a presentar sus donaciones; entre los primeros, encontramos a nuestro Abdurrahmán bin Auf. Donó 200 piezas de oro. Omar bin Al Jattab dijo al Profeta (B y P), cuando vio esto: Pienso que Abdurrahmán está cometiendo un pecado, pues no está dejando nada para su familia... El Profeta (B y P) dijo entonces a Abdurrahmán: ¿Habrás dejado algo para sostener a tu familia Abdurrahmán? Este respondió: Si, les he dejado algo mucho mayor y más valioso que lo que he donado. ¿Cuánto? Preguntó el Profeta (B y P). Abdurrahmán respondió: Las recompensas y bendiciones que Allah y Su mensajero nos han prometido.
Y el ejército avanzó hasta Tabuk... Y fue precisamente allí que Allah distinguió a Abdurrahmán con algo que ningún musulmán había gozado. La hora del salat había llegado, el profeta (B y P) estaba ausente. Abdurrahmán fue elegido imam para dirigir la oración en grupo. Cuando estaban por completar la primera inclinación, el Profeta (B y P) se presentó y ¡Se unió a la oración dirigida por Abdurrahmán! ¿Habrá una distinción mayor y un honor más grande que el de haber sido imam del más noble entre las criaturas, imam de los profetas (B y P) Muhammad bin Abdallah?
Después del fallecimiento del Profeta (P y B), Abdurrahmán bin Auf se encargó de servir a las madres de los creyentes (Las viudas del Profeta). Les traía todo lo que necesitaban, las acompañaba cuando querían salir, las acompañaba en el peregrinaje y se encargaba de preparar los transportes que las llevarían.
Esto significaba un honor para Abdurrahmán y es algo muy loable de su parte. Además que la confianza de las madres de los creyentes es suficiente motivo de orgullo y alegría.
Era tanto el cariño que Abdurrahmán sentía por las madres de los creyentes, que vendió una tierra suya por 40.000 dinares y el dinero que obtuvo lo distribuyó entre las gentes de la tribu de Bani Zuhra, los pobres, los emigrantes y las viudas del Profeta (P y B). Cuando Aisha, madre de los creyentes, recibió su parte de tal dinero dijo: ¿Quién lo envía? Se le dijo que fue Abdurrahmán. Ella dijo entonces: El Profeta (P y B) nos dijo: “Sólo los pacientes y perseverantes os tratarán con cariño después de mi muerte”
La plegaria del Profeta (P y B) a favor de Abdurrahmán lo acompañó durante toda su vida y la bendición de Allah lo cobijó siempre. Llegó a convertirse en el más rico de los sahabis y el que tenía más bienes y propiedades. Su comercio se extendió y mejoró. Sus caravanas entraban y salían constantemente de Medina. Portaban : Trigo, granos, vestidos, harina, utensilios, perfumes y muchas otras cosas para los habitantes de Medina. A la vez, estas caravanas sacaban la producción excedente de Medina y la vendían en otras regiones.
En una ocasión, una de las caravanas de Abdurrahmán hacía su entrada en Medina; constaba de setecientos animales bien cargados de productos. Si... nada menos que setecientos animales... cargando en sus lomos alimentos, utensilios y todo los que pudiesen necesitar los habitantes de Medina.
Cuando las bestias entraron en la ciudad hicieron estremecer el suelo. Se escuchaba un tremendo bullicio por el ruido que hacían los animales, sus cargas y los sirvientes. Aisha preguntó: ¿Qué es todo este barullo?
Le respondieron: Es la caravana de Abdurrahmán... setecientos camellos cargando trigo y otros tipos de alimentos para la gente de Medina.
Aisha dijo entonces: "Que Allah le bendiga con lo que le dio en esta vida y, ciertamente, la recompensa en la otra vida será mayor. Yo oí al Mensajero de Allah decir: Abdurrahmán entrará en el paraíso a gatas".
Veloz como un rayo, la persona que oyó las palabras de Aisha, fue a contárselas a Abdurrahmán y a felicitarlo por las buenas noticias del paraíso.
Ni bien oyó esto, Abdurrahmán fue a toda prisa a ver a Aisha y preguntarle: ¡Madre! ¿En verdad oíste eso del Mensajero de Allah?
Ella respondió: Así es.
Abdurrahmán quería estallar de júbilo y alegría, pero atinó a decir: ... Y si puedo... ¡Entraré en él de pie! ... Sé testigo ¡Oh madre! Toda esta caravana, con su carga, sus aparejos y sus jinetes ¡Todo lo donaré por la causa de Allah!
Desde aquel feliz y radiante día, en que Abdurrahmán supo que entraría en el Paraíso, aumentó sus esfuerzos por ganar dinero y donarlo a los necesitados.
Empezó a dar a diestra y siniestra, en público y en secreto. Donó 40.000 dirhames de plata; luego los acompañó con 40.000 dinares de oro. En otra ocasión donó 200 piezas de oro por la causa de Allah.
Donó también quinientas monturas completamente equipadas para transportar a quinientos muyahidines en la causa de Allah. Luego donó mil quinientas monturas completamente equipadas para la causa de Allah. Y cuando estuvo en su lecho de muerte, mandó liberar a decenas de esclavos.
En su testamento, encomendó que se repartiera, de su fortuna, cuatrocientos gramos de oro a cada uno de los que lucharon en la batalla de Badr. Eran cien, y todos recibieron su parte.
Encomendó también cuantiosas sumas de dinero para las madres de los creyentes. Aisha acostumbraba rogar mucho por él; decía: Que Allah le haga beber de la fuente de Salsabil.
Está de más decir que dejó mucho dinero para sus herederos; tanto que casi no se pudo contar... dejó mil camellos, cien caballos y tres mil ovejas. Tuvo cuatro esposas; la parte correspondiente a cada una (Un cuarto de la octava parte de los bienes) llegó a los ochenta mil (¿Dirhams de plata?).
Dejó tanto dinero a sus herederos, que tuvo que ser dividido con palas, los encargados de repartirlo quedaron con las manos lastimadas por tanto manejar las monedas. Todo esto se debe a la plegaria del Mensajero de Allah (B y P) para que Allah bendiga a Abdurrahmán en su fortuna.
Algo bastante importante es que toda esa fortuna no sedujo a Abdurrahmán ni alteró su forma de ser. Cuando andaba con sus siervos, las gentes no podían distinguir entre el amo y los siervos, por su humildad y modestia al vestir.
Un día, le presentaron un plato con deliciosos manjares. Él, que estaba ayunando ese día, dijo:
"Por cierto que Mus'ab bin Umair fue mejor que yo. Y cuando murió sólo tenía como propiedad una mortaja tan corta que no alcanzaba para cubrir su cabeza y sus piernas a la vez.
Después, Allah nos dio de Su gracia con bastante generosidad... Y temo que nuestra recompensa nos haya sido adelantada en esta vida (Y en la otra no tengamos nada)...
Luego empezó a llorar sin cesar ".
¡Bienaventurado seas Abdurrahmán bin Auf!
¡El Propio Profeta, sincero y fiel, Muhammad bin Abdallah le informó que estaría en el Paraíso!
Su cuerpo inerte fue cargado por el Propio tío del mensajero de Allah, Sa'd bin Abi Uaqqás. El que dirigió la oración por él fue el propio Califa Uthmán bin Affán.
Ali bin Abi Tálib, Emir de los Creyentes, fue a llorarlo y dijo en su honor:
"Alcanzaste lo mejor de él (El Islam) y te adelantaste a lo peor".
"¡Allah te tenga en Su misericordia!"
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