¿REALMENTE EXISTE EL DIABLO?

Cuando alguien programa un crimen, ¿en qué es lo primero que piensa?. En la manera de lograr que no se le culpe. Eso es lo que el Diablo a logrado, que muchos llegemos a pensar que ni siquiera él existe.

La Biblia desde el primer libro Génesis hasta el Apocalipsis habla del Diablo; pero no solo lo menciona, advierte de él como ser real y malvado, por ejemplo seguramente habrá oído o hasta leído el relato donde se atreve a poner a prueba al mismo Señor Jesús según los registros bíblicos de Mateo y Lucas, ambos en los capítulos 4.
Si el Diablo no fuese real, ¿permitiría Dios, que fuésemos engañados con un ser ficticio? o ¿el mismo Señor Jesús, se hubiera prestado para ese falso montaje?. Eso no lo podemos esperar de dos seres que no pueden mentir.(Tito Cap.1 Ver.2)

Finalmente y para concluir esta breve reseña del Diablo, citaré del último libro Bíblico Apocalipsis donde en el capítulo 20 versículos 7 al 10, el apóstol Juan ya envejecido tuvo el privilegio de ver en una visión futura el fin del Diablo, lo que nos garantiza que su existencia tendrá un fin dictaminado por Dios (Jehová) y su hijo Jesucristo.

"Los textos aquí citados se encuentran en cualquier Biblia y aprenderá que en general, de una traducción a otra no cambia la idea aunque si las palabras dado el alto uso de sinónimos con el que cuenta nuestro idioma español"

Es propio esperar que se pregunte por ejemplo:

  • ¿Por qué no destruyó Dios a Satanás o Diablo cuando este le falló?
  • ¿Quién hiso al Diablo o a Satanás?
  • ¿Es cierto que él es el Gobernante de este mundo y no Dios?
Todas esas respuestas se encuentran en la Biblia, pero para ello se requiere de un estudio profundo y analítico que se hace largo editarlo en poco tiempo; lo más practico es aceptar la ayuda que un Testigo de Jehová de su localidad le puede ofrecer; esa es la razón principal por la que salimos a buscar las personas en sus hogares o lugares de trabajo. Todo Testigo está debidamente entrenado y capacitado para enseñar; no se engañe por su apariencia de pronto poco llamativa o sobresaliente pero nunca desaliñada o de mal gusto. Que no le suceda lo que le sucedió a los judíos del siglo I que les fué difícil aceptar que el hijo del humilde carpintero José, llamado Jesús, fuese el hijo de Dios. Aunque ellos estaban a la espera del Mesías, les extrañaba que saliera de un hogar humilde y con poca educación rabínica.

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