La potencia del integrado o etapa, debe ir en consonancia con la
sala a sonorizar. Todo altavoz tiene una sensibilidad medida en dB/w/m, e indica los
decibelios que ofrece atacados por una señal de 1 vatio a 8 ohmios medidos a una
distancia de 1 m, suele estar para un buen altavoz entre 86 y 94 dB. Teniendo en cuenta que
oímos decibelios y no vatios, el volumen de escucha está entre 60 (una
conversación) y 110 dB (una discoteca), la sensibilidad media de un altavoz (86 a 94
dB) y una distancia media al oyente de 3 m. una regla sencilla es multiplicar los metros
cuadrados de la sala por 7, resultando la potencia recomendada de amplificación (en una
sala de 10 m2 basta con 70 vatios continuos). El amplificador
nos da potencia en vatios, que conectado a unos altavoces con sensibilidad e impedancia
determinadas, se convierten en decibelios de presión sonora que oímos, pero hay
muchas medidas y argumentos comerciales para vender, la medida ideal deben ser vatios RMS o
continuos (potencia máxima capaz de entregar de forma continuada); otras como DIN
(bastante usada), musicales, PMPO, etc, llevan a confusión.
Referente al modo de amplificación, existen cinco
clases útiles para audio; A, B, AB, Super A y D. la clase A, muy apreciada, consume
más energía (más vatios, ya que siempre está consumiendo el
máximo, incluso en ausencia de señal), suele ofrecer menos potencia de salida
(debido a su funcionamiento el aprovechamiento de energía suele estar en torno al 20%),
disipa bastante calor, pero su sonido es mucho más preciso y musical, debido a que el
mismo circuito amplifica todo el ciclo de onda, por lo que la distorsión de cruce es
nula, y ofrece menos distorsión armónica (THD). La clase B, muy extendida en
alta fidelidad, consume menos (sólo consume la etapa de potencia si hay señal de
audio, aumentando el consumo cuanto mayor es la señal), ofrece más potencia
(rendimiento de energía sobre el 50%), pero colorea más la señal (sonido
menos puro al utilizar dos circuitos de amplificación, cada uno para un semiciclo de
onda, en el punto de unión de ambos semiciclos se producen interferencias que provocan
distorsión de cruce, y aumentan la distorsión armónica). En un
término medio está la clase AB; consumo medio (se comporta a mitad de camino
entre la clase A y B, la señal se amplifica por dos circuitos como en clase B, pero
cada uno amplifica más de 180o de onda y menos de
360o), pureza a baja potencia de clase A, y fuerza a alta
potencia de clase B. La clase super A se aplica exclusivamente a aparatos de referencia, con
precios realmente elevados, y mejora el aprovechamiento de energía de la clase A
básicamente. La clase D aprovecha hasta un 90% de la energía entrante, pero
ofrece mucha distorsión en altas frecuencias; su utilización es con filtros
pasabajos para aplicaciones en subwoofers, donde ofrecen potencias incluso superiores a 500
vatios sin apenas disipar calor y ofreciendo márgenes de distorsión bajos a
estas frecuencias.
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Las electrónicas a válvulas, ofrecen un sonido cálido y musical, pero
están asociadas exclusivamente al high end, por lo que sus precios suelen dispararse,
resulta difícil encontrar repuestos (salvo en grandes ciudades, donde hay
representantes), y ofrecen potencias limitadas y alto consumo (siempre clase A o super A). Los
transistores tienen generalmente un sonido menos humano (desde un punto de vista
audiófilo), aunque son más económicos, ofrecen más potencia
(suelen ser clase B o AB, aunque en aparatos de calidad se encuentran transistores en clase
A), son más rápidos y tienen mayor extensión en graves. Dentro de estos,
existen los basados en transistores de efecto de campo (MOS-FET), con calidad de sonido
comparable a las válvulas, sin llegar a los precios de éstas generalmente. En un
término medio están los híbridos; combinan válvulas (normalmente
en la etapa de previo) con transistores (en la etapa de potencia) que además suelen ser
de tipo MOS-FET, configurados en clase A, con calidad excelente y buenos precios.
También está la opción de un
integrado o conjunto previo-etapa. Lo segundo ofrece mejor musicalidad, dinamismo, etc, al
separar ambas partes del proceso de amplificación, también es más costoso
a iguales prestaciones. El término medio en calidad y economía, un buen
integrado (fuente de alimentación bien diseñada, sobrada en potencia, recorridos
de señal cortos, entradas suficientes, etc) con construcción interna doble
monofónica. Se encuentran integrados muy buenos desde 540 €, excelentes desde
1.500 € y referencias desde 3.000 €. Los precios para conjuntos previo-etapa son
más elevados a iguales prestaciones, llegando los aparatos de referencia hasta varias
decenas de miles de €. En cualquier caso lo ideal es probar y escuchar distintos modelos,
mejor con el resto de nuestro equipo y en nuestra sala, y decidir uno mismo, dependiendo del
requerimiento de potencia, presupuesto, etc.
Detalles audiófilos que dicen bastante sobre la
calidad de estos componentes y se observan a simple vista, en los que podemos fijarnos al
probarlos son entre otros que las conexiones estén chapadas en oro, disponga de
conexiones balanceadas (XLR), no disponga de controles de tono, y si los tiene, con
opción de fuente directa (puentear los controles de tono), disponga de salida de
señal de previo, que su arquitectura sea balanceada, su peso puede indicarnos si
dispone de una fuente de alimentación bien dimensionada.
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La fuente de alimentación es el corazón del amplificador, al decaer la impedancia
del altavoz conectado según las frecuencias, los requerimientos de energía para
ese altavoz son mayores. En teoría, al dividir por dos la impedancia a la salida del
amplificador, la potencia requerida se multiplica por dos, pero esto depende de la capacidad
para entrega de corriente de la fuente del amplificador, la proporción para una buena
fuente es a partir del 70-80% más de su potencia RMS al dividir por dos la impedancia;
con 70 vatios RMS a 8 ohmios debería entregar 120 vatios a 4 ohmios. Si la fuente no
está bien dimensionada (transformadores de alta corriente) puede ocurrir que al decaer la
impedancia, los requerimientos de potencia para el altavoz superen lo que puede entregar el
amplificador, activando los circuitos de protección del mismo en el mejor de los casos,
si los posee.
Pequeñas mejoras aplicables a estos componentes
son, si disponemos de previo-etapa, junto al reproductor de CD, o en cualquier caso si el
conjunto son tres tomas de corriente o múltiplo, se pueden enlazar los cables de
alimentación formando trenzas, desde la base de los cables, en el aparato, hasta los
enchufes en la pared o regleta. Esto permite que la señal de alimentación de
corriente a cada aparato llegue mucho más limpia, al hacer de filtro de red, influyendo
en una mejora del sonido que ofrezca. También se puede cuidar el cable de
alimentación de la red eléctrica, sustituyendo el de serie por modelos con
filtros (apantallados, ferritas, etc) para eliminar parásitos que interfieren en la
corriente, hay que tener en cuenta que el sonido final proviene de la energía
eléctrica que alimenta al aparato, por tanto esta habrá que cuidarla
también, y en este aspecto cabe destacar que durante el día la corriente es
más inestable que por la noche, básicamente porque durante el día se ve
afectada por alteraciones (debido al mayor consumo diurno; fábricas, comercios, etc.
que producen picos y caídas de tensión) e interferencias (tráfico de
vehículos, radiofrecuencias, etc). Sustituir los pies que trae de serie por conos con
bases, ayuda a eliminar vibraciones (al reducir la superficie de contacto con su base) y
mejora la ventilación del aparato.
Una recomendación
sencilla, y que influirá en la vida útil del equipo, es seguir un orden correcto
al encenderlo o apagarlo; se debe encender comenzando por las fuentes de señal
(reproductor de CD) y acabando por la etapa de potencia (o integrado), y al desconectarlo, en
sentido inverso, desde la etapa o integrado hacia las fuentes. Con ello se evita que llegue
señal a cada aparato (y los altavoces en último lugar) desde el anterior en el
sentido en que circula el sonido (corriente eléctrica), donde pueden producirse picos o
caídas propias del encendido o apagado en cualquier aparato eléctrico.
Igualmente hay que tener muy claro, a la hora de seleccionar
cada pieza de nuestro equipo, que el conjunto siempre sonará con la calidad del peor de
los componentes que tengamos conectado, por tanto de poco vale buscar un buen amplificador si
lo conectamos a unos altavoces mediocres o una mala fuente de señal.