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ESTACIONARIAS, RESPUESTA EN GRAVES Y MEDIDAS DE SALA
Al ser sus longitudes de onda mucho mayores que las proporciones habituales en salas domésticas
(a 20 Hz su longitud de onda aproximada es de 17 metros) el principal problema son las bajas
frecuencia, que se verán modificadas (en presión) en mucha más medida que los valores que pueda
imprimir cualquier otro componente (altavoz, amplificador, etc) y siguiendo unos patrones concretos
que responden puramente a leyes físicas.
Esto nos lleva primero a hablar de estacionarias, que como su propio nombre indica, son las frecuencias
a las que la distribución de presiones está estacionaria en dicha sala. Pero, ¿porqué ocurre esto?
Consideremos una sala regular (superficies paralelas; paredes, suelo y techo) concreta, con sus medidas
de largo, ancho y alto, y una temperatura ambiente dada (que será el principal factor que determine la
velocidad del sonido, y por ende, frecuencias). Si tomamos la medida de cada eje y dividimos la velocidad
del sonido entre el doble de la medida de cada eje (en metros por segundo y metros respectivamente)
obtendremos tres frecuencias concretas, correspondientes a cada uno de los tres ejes de la sala. Estas son
las que llamaremos fundamentales de cada eje, qué ocurre a esa frecuencia cuya longitud de onda (en realidad
de un semiciclo) coincide con la medida del eje. Si dibujamos la onda senoidal en dicho eje, veremos que
empezando por un máximo (en el límite de la sala; pared, suelo o techo) varía la onda hasta cero (justo en
el centro de dicho eje) y vuelve a un máximo de sentido contrario (en el límite opuesto; pared, techo o suelo)
y cuando rebote en ese otro límite volverá por el mismo camino describiendo la misma curva, por tanto la onda
permanece estacionaria mostrando siempre en los mismos puntos la misma presión. Y como vemos, siempre en los
límites de la sala (paredes, suelo, techo) será máxima esa presión (estacionarias axiales, producidas por la
reflexión en dos superficies paralelas. Hay otros dos tipos de estacionarias, tangenciales y oblicuas, producidas
por las reflexiones entre cuatro superficies y entre todas las superficies respectivamente, pero no las vamos a
considerar en este artículo. No obstante, en estudios más detallados bastaría añadir las tangenciales y obviar
las oblicuas).
Pero qué ocurre con los armónicos (frecuencias múltiplos enteros de esa fundamental) de dicha frecuencia, que como
su longitud de onda es justo una fracción entera, igualmente serán estacionarias, valga la redundancia, por permanecer
estacionarias a lo largo de dicho eje la distribución de presiones (bastaría dibujar la onda senoidal correspondiente
en dicho eje para verlo claramente), y lógicamente con máximos en los límites. Como curiosidad, la fundamental de cada
eje y sus armónicos mostrarán n puntos de mínima presión y n+1 puntos de máxima presión equidistantes y alternados,
siendo siempre máxima en los límites de la sala, mínima justo en el centro para la fundamental y armónicos impares y
máxima para los pares.
Y qué ocurre en esos puntos de máxima presión. Imaginad un ecualizador, con cortes a cada una de las frecuencias que
corresponden a estacionarias (fundamentales de cada eje y sus armónicos) en cada eje, pues que en cualquier punto
exceptuando los de mínima presión, esa sala incrementará la presión a dicha frecuencia (la que corresponda según eje
y estacionaria) hasta el máximo que corresponda en el punto de máxima presión (este incremento puede suponer hasta +16
dB respecto a lo que sería una respuesta plana, de la sala). Ahora solo imaginad que hay tres ejes, que en cada eje
hay varias estacionarias, e imaginad esa distribución de máximos y mínimos de presión, para cada eje y para cada
estacionaria, ¿complejo, verdad?
Entonces, cómo hacer para mitigar este maremagno de presiones y hacer que afecte lo mínimo posible a nuestra
instalación, en definitiva, para obtener la respuesta más plana posible en bajas frecuencias. Ni más ni menos que
localizar la posición de altavoces y oyente donde excitemos lo menos posible esas estacionarias y a su vez percibamos
lo menos posible esos incrementos de presión a las mismas. Por tanto, como buscamos excitar lo menos posible esas
estacionarias (de baja frecuencia) habremos de colocar el foco de las mismas (que no es otro que el altavoz de graves
de nuestras cajas, por tanto es lógico pensar que la posición de cajas debe hacerse respecto a ese foco; centro y
frontal del cono de graves) en un punto del espacio donde a ser posible la presión a cada estacionaria en cada eje sea
mínima y lo más homogénea entre todas. E igualmente con el oyente, donde perciba con la menor presión toda esa misma
amalgama de frecuencias; respecto al punto de escucha deberá ser el centro de la cabeza y a la altura del oído. De ahí
la versatilidad de un monitor respecto a la acústica de la sala, ya que nos permitirá mayor libertad de movimiento en
los tres ejes. Todo esto generalmente se hace hoy día con ayuda de herramientas informáticas, pues sería ardua la tarea
para hacerla a mano.
Una prueba curiosa donde ver estos fenómenos y sencilla de realizar; podemos generar un tono a la frecuencia de una
estacionaria concreta (con un ordenador y grabarlo en CD-R, con un generador de tonos, con un disco de pruebas, etc),
y reproducirlo en nuestro sistema. A continuación y mientras se reproduce dicho tono, ir desplazándonos a lo largo del
eje a que corresponda dicha estacionaria, desde un límite (paredes generalmente, es más cómodo probar con estacionarias
del eje largo o ancho, por razones obvias) hacia el otro, y oiremos claramente cómo la presión es máxima, e irá
alternándose a mínima y máxima hasta acabar en la pared opuesta de nuevo en un máximo. De hecho puede ser que incluso al
llegar a la zona de mínimo hasta dejemos de percibir ese tono, y en la zona de máximos (pegados a las paredes es la más
fácil de localizar) llegue a hacerse insoportable.
¿Y qué hay de las proporciones de la sala? Desde luego no todas son iguales, aunque la inmensa mayoría de las veces, es
la que hay y pocas opciones de cambiar sus medidas tenemos. Pero hablando en términos absolutos, hay soluciones mejores
que otras.
Como hemos visto, las estacionarias se relacionan directamente con las medidas de cada eje, de ahí que si una sala tiene
dos o sus tres ejes idénticos en medida (o múltiplos enteros unos de otro) coincidirán sus estacionarias (en frecuencia),
lo que supone un incremento mayor aun en esos máximos de presión, descontrolando aun más las bajas frecuencias. Así que
como primera norma, hay que huir de salas cúbicas, medidas múltiplos en sus ejes, o que coincidan en dos ejes.
¿Hay alguna proporción adecuada? Hay varios métodos para su cálculo, como es utilizar el número Fi (? = 1,618033989)
para partiendo de un eje, calcular los otros como múltiplos de Fi por este primero. En definitiva, podrían resumirse
todas como el obtener unas proporciones que resulten de distribuir sus estacionarias lo más homogéneamente posible,
esto es, nunca más juntas dos contiguas (en frecuencia, independientemente del eje a que correspondan) del 5% de su
valor, ni más distantes de 20 Hz.
Ya tenemos la sala, hecha a medida o no, que nos permitan o nos hayamos permitido, que mejor nos convenga desde el punto
de vista acústico. ¿Y en qué rango estudio las estacionarias en mi sala? Genéricamente se recomienda entre 20 y 300 Hz,
pero en la práctica cada sala es única (salvo que la repliquemos tanto en medidas como materiales, acondicionamiento,
etc).
Ese rango será en cada caso desde la resonancia baja de la sala, que no es otra que la correspondiente a su mayor eje,
por el extremo más bajo. Y por la parte más alta dependerá del RT de la sala (tiempo de reverberación, es el tiempo que
tarda una señal en decaer 60 dB desde que deja de emitirse), por tanto de los materiales de la misma (superficies y
coeficientes de absorción de los mismos), y del volumen de la sala (en metros cúbicos; multiplicar los tres ejes de la
misma) según la siguiente relación: (1849 * RT) / Volumen.
De este modo tenemos el rango concreto donde se deberían estudiar las estacionarias en nuestra sala concreta, y en
consecuencia, la ubicación de cajas y oyente como solución a una óptima respuesta plana de la sala a dichas frecuencias.
Vamos a complicar más las cosas. ¿Qué ocurre con mis altavoces y su respuesta en frecuencia? ¿Cómo afecta esto respecto
a todo lo visto? Todos los fabricantes de cajas ofrecen un rango de respuesta de la caja, esto no quiere decir
generalmente que la caja (vamos a ocuparnos del extremo bajo, que es el que nos interesa en este punto) no llegue más
allá de dicha frecuencia, sino que su curva de respuesta decae bruscamente a partir de ahí (generalmente si no se
especifica otra cosa, la respuesta ofrecida por el fabricante suele ser dentro de un margen de +/- 3 dB).
Pero qué ocurre si nuestras cajas nos dicen que bajan hasta 60 Hz, pero la resonancia baja de nuestra sala es de 30 Hz
(el largo de la sala es aproximadamente 5,7 metros). Fácilmente podemos deducir con lo visto hasta ahora, que a poco que
estudiemos y conjuntemos todo, podríamos extender la respuesta del sistema (ojo, no de la caja puesto que no la estamos
modificando, sino que nos apoyamos en la acústica de la sala y el efecto de frecuencias estacionarias) buscando esa
posición donde compensemos con la sala la caída que tiene la caja, de modo que podamos en la posición de oyente percibir
una respuesta más o menos plana hasta esos 30 Hz. De hecho esto es así en cualquier sala donde se hace un estudio a
fondo de su acústica, ubicación de cajas, etc, siempre que se busque naturalidad, y por ello casi siempre en estas
instalaciones se prescinde de subwoofer independiente de las cajas principales en aplicaciones de audio puro.
En resumen, qué conseguimos buscando nuestra sala con las proporciones más adecuadas y situando de manera óptima las
cajas y oyente dentro de la misma. Básicamente extender la respuesta de nuestras cajas, y obtener en la parte baja de
frecuencias una curva de respuesta lo más plana posible.
INSONORIZACIÓN DE LA SALA DE AUDIO
No debemos confundir la insonorización con el acondicionamiento de la sala. Lo primero se limita a aislar la sala de
ruidos externos, así como evitar que el sonido interior se perciba desde el exterior.
Aunque es una tarea difícil de realizar la mayoría de las veces, es algo igualmente muy a tener en cuenta cuando se
diseña de manera pormenorizada una buena sala de audio, e igualmente muy recomendable cuando tenemos problemas extremos
de ruido o posibilidad de molestar nosotros a algún vecino.
Existe una normativa aplicable en cuanto a condiciones acústicas en edificios, la Norma Básica de la Edificación
NBE-CA88, donde se detalla desde características de materiales, soluciones, niveles de ruido, fuentes de ruido, etc, y
que debiera cumplir cualquier vivienda, tanto del ruido exterior como en separación entre viviendas (tanto en horizontal
como en vertical). Un dato extraído de la misma, en un edificio destinado a residencia privada, en un dormitorio el
nivel de inmisión de ruido recomendado es de 40 dBA durante el día, y 30 dBA durante la noche. Realmente si relacionamos
la presión sonora con la frecuencia, se obtienen una serie de curvas, una de ellas las llamadas curvas NC (acrónimo en
inglés de noise criteria), representan el nivel de ruido asociado a cada banda de octava entre 63 Hz y 8 KHz, sería más
lógico hablar de la curva NC asociada a cada estancia.
Se dice que una estancia cumple con una especificación NC si el nivel de ruido de fondo en cada banda de octava
permanece por debajo del valor de la curva NC correspondiente. De todos modos hay que puntualizar que esta tarea es
compleja de implementar, y generalmente cara. Como referencia, las instalaciones con mejor grado de insonorización
(estudios de grabación, locutorios de radio, etc) no suelen bajar de un nivel de inmisión de ruido de 20 dBA (medido
como nivel global de presión sonora, equivaldría a una NC 15), el cual es un nivel más que respetable. Para nuestras
salas de audición lo recomendable (aunque difícil de conseguir la mayoría de las veces) sería que cumpliese una
especificación entre NC 15 y 25, lo que equivale a un nivel de inmisión de ruido entre 28 y 38 dBA de nivel global.
El porqué aislar del ruido que podamos emitir nosotros al exterior es obvio, sobre todo cuando vivimos en una comunidad
de vecinos ¿Porqué aislarnos en caso de inmisión hacia nuestra sala? Igualmente obvio si del exterior tenemos fuentes
generadoras de ruido elevadas (autovías, aeronaves, industrias, etc). Pero ¿tan importante es?
Vamos a comentar por encima algunos aspectos de psicoacústica de un modo sencillo. Si tenemos un umbral de ruido de 50
dBA, cualquier sonido que reproduzcamos con un nivel igual o inferior a ese umbral, quedará enmascarado y nuestro
sistema auditivo y cerebro no será capaz de distinguir o identificar claramente. La única solución es tener un umbral lo
suficientemente bajo como para que cualquier sonido, por tenue que sea, que reproduzcamos en nuestro sistema no se vea
enmascarado por el ruido de fondo.
¿Cómo llevamos a cabo esa insonorización? Para ello hay que considerar cómo se transmite el ruido y qué medios y métodos
tenemos para atenuarlo. Lo primero, el ruido puede transmitirse vía aérea y estructural, esto es a través del aire o a
través de la propia estructura del edificio. El principal problema es la transmisión estructural, a través de los
elementos rígidos del edificio (pilares, tabiques, forjados, etc) ya que están todos irremediablemente en contacto entre
todas las viviendas y cuanto más sólido es el medio de transmisión, más rápido viaja la onda sonora. Sobre métodos,
basándose en la ley de masas, cuanto más denso (pesado) sea el medio delimitador (tabiques separadores, forjados entre
plantas), mayor será la atenuación. Pero esto desde el punto de vista práctico en la construcción resultaría cuanto
menos descabellado (para un aislamiento efectivo según marca la norma, sería tal el peso que soportaría la estructura
del edificio que lo hace inviable, además de caro). Así que en la práctica se utilizan soluciones del tipo
masa-resorte-masa que no es otra cosa que combinar estructuras rígidas con absorbentes en medio, de forma que con mucho
menos espesor y peso, mejora el grado de aislamiento.
Ahora solo queda llevar a la práctica todo ello. Así observamos que en un edificio de viviendas, para un grado de
aislamiento realmente efectivo, pasa por construir una habitación dentro de otra (para exponerlo de una forma sencilla)
de modo que se minimicen los contactos estructurales, utilizando materiales con varias capas (tipo tabiques de Pladur)
que combinen un material absorbente entre dos capas rígidas (en la NBE-CA88 se exponen valores de atenuación con diversos
materiales comunes de construcción, en paredes sencillas, dobles con cámara de aire, rellena la cámara de material
absorbente, etc). También destacar que un problema añadido y que merece especial mención son las puertas y ventanas, al
ser desde el punto de vista del aislamiento, elementos más débiles que la propia obra del edificio, aunque hoy día
existen soluciones muy aceptables, aunque generalmente caras (carpinterías con rotura de puentes acústicos, cristales
dobles, laminados, puertas con estructura sándwich, etc).
Aunque hasta ahora no se ha mencionado, como todos los valores relacionados con el sonido, el grado de aislamiento está
relacionado con la frecuencia, en realidad sería más lógico hablar de una curva de aislamiento en función de la
frecuencia. Y relacionando la frecuencia con la energía que el sonido tiene y con la longitud de onda, es fácil deducir
que el aislamiento resulta siempre más fácil lograr para altas frecuencias que para bajas.
A efectos prácticos, aunque el acondicionamiento de la sala es algo muy distinto del aislamiento, siempre que coloquemos
material absorbente dentro de la sala (techos acústicos, moquetas, cortinas, etc) además de disminuir el RT total de la
sala (estamos absorbiendo parte de la energía que llevan las ondas sonoras) estaremos disminuyendo la energía que
estamos irradiando hacia el exterior de nuestra sala (menos molestias para nuestros vecinos) sobre todo a altas
frecuencias, ya que la energía que retiene el absorberse se transforma en calor dentro del mismo, no llegando con la
señal de audio al exterior. Aunque repito, esto no deja de ser una solución parcial muy rudimentaria.
En resumen, una buena insonorización resulta compleja y cara de implementar, pero nos asegura una baja inmisión y
emisión de ruidos (del exterior hacia el interior y viceversa, respectivamente) cosa muy a tener en cuenta para obtener
un umbral bajo, lo que nos asegura una correcta percepción en pasajes con una muy baja presión sonora, y no menos
importante, por las buenas relaciones con los vecinos.
ACONDICIONAMIENTO DE SALA; ABSORBENTES Y DIFUSORES
Una vez que tenemos la sala, la hemos insonorizado, hemos ubicado los altavoces y el punto de escucha, nos quedan las
reflexiones de las paredes, suelo y techo, que habremos de tratar igualmente.
Siguiendo con lo que comentamos en el primer apartado, el rango donde debíamos estudiar las estacionarias de la sala y
su cálculo, hay otras dos zonas de frecuencias que podíamos diferenciar por el distinto comportamiento que tienen las
ondas sonoras y el distinto tratamiento por tanto que se hace de ellas. Desde la frecuencia más alta donde actúan las
estacionarias y hasta cinco veces dicha frecuencia se denomina banda de transición, donde las ondas sonoras tienen un
comportamiento de difracción, sería recomendable una buena difusión. Desde esta última frecuencia en adelante, las ondas
sonoras se comportan como la luz (reflexiones especulares debido a sus relativas cortas longitudes de onda) y es en esta
zona donde se determinan los puntos de primeras reflexiones y donde se utilizan los absorbentes (centrados en esos puntos
de primeras reflexiones). A partir de este rango es donde generalmente utilizo y recomiendo difusión, por varios motivos;
las proporciones del difusor son adecuadas para instalarlos en salas domésticas, e igualmente la difusión ayuda a
mejorar la espacialidad de la escena sonora.
Hablemos ahora sobre las reflexiones. Se consideran primarias aquellas que son de orden menor o igual a tres (se
reflejan máximo en tres superficies antes de llegar al oído del oyente) y el oyente puede integrar como parte del
sonido directo (según algunos estudios de psicoacústica, aquellos sonidos con un retardo menor de 50 ms, el cerebro
los integra como parte del sonido directo, modificando el origen virtual o foco del sonido, efecto Haas), estas se
estudian mediante la acústica geométrica, y se corrigen con los absorbentes (ver gráfica adjunta, reflexiones primarias
de orden 1 en paredes). Las secundarias son de orden mayor que tres, tienen retardos mayores y el cerebro las percibe
como independientes del sonido directo, son las reverberaciones y ecos, estos suelen presentar la misma energía en
cualquier punto de la sala, por lo que su estudio se hace estadísticamente.
Centrándonos en los materiales y mobiliario de la sala, conociendo los materiales empleados, sus superficies y unidades,
buscando los mismos en tablas que nos indiquen sus coeficientes de absorción (realmente son curvas de absorción según la
frecuencia), determinamos y modificamos el grado de absorción de la sala, y con ello el tiempo de reverberación RT
(tiempo transcurrido desde que una señal deja de emitir hasta que esta decae 60 dB con respecto a la presión inicial).
Generalmente el RT para salas domésticas debe oscilar en torno a los 0,6 segundos, y su relación con respecto al volumen
de sala, a mayor volumen, mayor RT, en cuanto al grado de absorción, a mayor absorción, menor RT. Hay que diferenciar
que para instalaciones de cine en casa se recomienda menor RT que para audio, básicamente por tener mayor contenido en
diálogos, y un menor RT facilita la inteligibilidad de la palabra.
Como vimos en el primer punto, la elección de la sala, ubicación de altavoces y oyente nos aportaba la solución a una
respuesta de sala plana en bajas frecuencias, pero qué aporta la correcta absorción y difusión a medias y altas
frecuencias, y cómo deben ser estos elementos de acondicionamiento.
Los absorbentes son elementos que retienen parte de la energía de las ondas acústicas, haciendo que la onda reflejada
salga con menos energía que la incidente, generalmente un absorbente comienza a ser efectivo a partir de la frecuencia
cuyo ¼ de onda se corresponde con el espesor de dicho absorbente, o lo que es igual, a mayor espesor la frecuencia a
la que comienza a absorber es menor. Otros aspectos que influyen en la elección del absorbente son su porosidad; a mayor
porosidad la absorción será mayor. Y la densidad del mismo, cuanto mayor es igualmente lo será la absorción, aunque
existen unos límites razonables, lo normal es que esa densidad esté entre 40 y 70 kg/m3 y por lo general que nunca
supere los 100 kg/m3 (hay un límite en el que el absorbente dejaría de funcionar como tal, para volverse un reflector
de las ondas sonoras que incidan en él). Hay otro factor a considerar, la separación del elemento absorbente de la
superficie rígida situada tras el mismo (generalmente las paredes de la sala), si aumentamos dicha separación variamos
la frecuencia efectiva del mismo, de modo que a mayor separación la frecuencia efectiva se hace menor en una proporción
de d = ? / 4 (siendo d la distancia a la superficie rígida y ? la longitud de onda de la frecuencia efectiva).
Se utilizan para mejorar y corregir la localización o escena sonora, su ubicación en salas domésticas se hace
centrándolos en las reflexiones de orden 1 en las paredes laterales y techo (igualmente se suele utilizar en la pared
frontal y suelo, aunque se podría combinar con difusión en la pared frontal, siempre desde el punto de vista del
oyente), en párrafos anteriores ya se comentó el efecto Haas y su repercusión en esa localización.
Los difusores son elementos con superficies irregulares que ayudan a reflejar el sonido en múltiples direcciones
ayudando a la creación de un campo reverberante y mejorando la espacialidad o tridimensionalidad de la escena sonora.
Su ubicación en salas domésticas es igualmente centrada en las reflexiones de orden 1 de las paredes trasera
principalmente, y delantera.
Los difusores están basados en la teoría de los números, desarrollada por el matemático alemán Manfred R. Schroeder a
mediados del siglo XX, y se denominan genéricamente RPG (acrónimo en inglés de Reflection Phase Grating), siendo los más
comunes los denominados MLS (Maximum Length Sequence), QRD (Quadratic Residue Diffusor) o PRD (Primitive Roof Diffusor),
según el cálculo matemático empleado para hallar su secuencia numérica.
Centrándonos en los QRD por ser uno de los más utilizados, los hay de dos tipos, unidimensionales y bidimensionales. Los
más empleados a nivel práctico son los QRD unidimensionales. Consisten en una serie de ranuras rectangulares y paralelas
separadas por paredes, de idéntica anchura y diferentes profundidades. La secuencia de profundidades se obtiene con una
secuencia matemática repetitiva. Esta estructura ofrece una difusión en un ángulo de 180º y en el plano perpendicular a
las ranuras. La secuencia numérica está basada en números primos, a partir de la siguiente expresión:
Sn = N2 mod P
Siendo P la secuencia de números primos (3, 5, 7, 11, 13, 17...), N un entero desde cero hasta P-1, y mod la operación
matemática módulo (residuo del cociente entre N2 y P), de ahí el nombre de este tipo de difusores. La
profundidad de cada ranura se obtiene posteriormente multiplicando cada valor de la secuencia obtenida por un factor que
dependerá del procedimiento empleado para su diseño.
En resumen tenemos que este tipo de difusor viene determinado por un número primo dado, una profundidad de ranura máxima
y una anchura de las mismas dada. Todo ello permite una óptima difusión dentro de un determinado rango de frecuencias,
dependiente de la relación entre ambas dimensiones; a menor anchura de ranuras, aumenta la frecuencia máxima para la que
se produce difusión. Y a mayor profundidad máxima de ranura, menor es la frecuencia más baja desde la que se produce
difusión.
En la práctica estas proporciones tienen un límite a partir del que se comprueba que el difusor actúa más como una
superficie reflectante, por lo que en la práctica el margen útil de difusión para este tipo de difusor es de tres
octavas. Otra consideración es que para que se den los efectos deseados de difusión en la práctica, este diseño debe
basarse en que las distancias entre altavoces y difusor así como entre difusor y oyente son grandes en comparación con
la longitud de onda del rango de frecuencias útil del difusor (cosa que cumplimos generalmente si se aplica como se
expuso en el punto tercero diseñar el difusor para un rango útil de frecuencia dentro del espectro de reflexiones
especulares).
Descarga una herramienta Excel aquí
para el cálculo y diseño de este tipo de difusores basado en uno de los procedimientos de diseño posibles para QRD
unidimensionales; los datos a determinar e introducir son frecuencia mínima y máxima efectiva, (se recomienda utilizar
un rango de dos octavas, o lo que es igual, obtener la frecuencia máxima de multiplicar la mínima por cuatro), grado
de difusión (número de direcciones donde la energía difundida es máxima y de idéntico valor dentro de los 180º donde
difunde un QRD unidimensional. Resultan el doble más uno de este valor), temperatura media de la sala (para un cálculo
lo más exacto de la velocidad del sonido, y por ende, frecuencias y resto de cálculos del difusor), y ancho del material
empleado como paredes separadoras entre ranuras (estos difusores suelen ser de madera, paneles de MDF).
El resto de datos son parámetros (secuencia de números primos, secuencia de residuos cuadráticos) para los cálculos,
y resultados calculadas a partir de los anteriores (ancho de ranura, valor P resultante, factor para el cálculo de
profundidades, secuencia de profundidades).
En la segunda hoja de la herramienta (Unidimensional) se obtiene al pie de la página, la secuencia efectiva de
profundidades del QRD unidimensional a fabricar para el rango y grado especificado.
Unas últimas consideraciones, al actuar en un ángulo de 180º en plano perpendicular a las ranuras, dispuestas éstas
en vertical, obtendremos una difusión en el plano horizontal, y viceversa. En la práctica resulta muy común utilizar en
combinación la disposición de un QRD unidimensional en vertical sobre otro en horizontal de diseño idéntico. También
volver a recordar que su ubicación ideal es centrado en los puntos de primeras reflexiones de la pared trasera respecto
a la posición de oyente, y opcionalmente también en la pared frontal. Otro dato es que comercialmente se les suele
reconocer por un orden N, pero en la práctica este dato poco o nada nos aporta sobre los parámetros realmente de interés,
a saber, rango y grado de difusión óptima.
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Cómo funciona un QRD, se basa en la interferencia entre ondas, es decir, cuando dos ondas se superponen puede ocurrir
desde incrementar el doble su presión (ondas idénticas en amplitud y fase, interferencia constructiva) hasta la total
cancelación (misma amplitud y contrafase, interferencia destructiva). Luego todo tiene que ver con la fase de las ondas
sonoras que se interfieren, que podrá estar entre 0º y 360º, y su valor puede ir como se ha dicho desde el doble de la
presión de una sola onda (desfase de 0º entre ambas ondas) hasta presión cero (desfase de 180º entre ambas ondas).
Pero cómo ocurre esto en el difusor tipo QR. Al llegar la onda sonora a las ranuras del mismo, esta se propaga siguiendo
un camino paralelo a sus paredes, cuando llega al fondo se refleja y viaja en sentido contrario hasta llegar al borde de
nuevo. Por tanto, esta onda habrá variado su fase dependiendo del camino total recorrido en el interior de la ranura
(profundidad de la misma), y como cada ranura tiene una profundidad distinta, las fases serán distintas en cada ranura
al volver la onda reflejada a su borde, dando lugar en ese momento a las interferencias ya descritas, y por tanto
generando una distribución de energía sonora concreta, donde la energía difundida será máxima en un cierto número de
ángulos dentro del área de difusión (los tipo QR unidimensionales, en un plano de 180º perpendicular al difusor y a la
disposición de sus ranuras) que viene determinado por el grado de difusión, y esto es por el cálculo concreto que
hayamos hecho del difusor; rango de frecuencias efectivo, grado de difusión.
En resumen, si con la ubicación de altavoces y oyente nos asegurábamos una respuesta de sala correcta, con el
aislamiento una baja inmisión y emisión de ruidos, con la elección y ubicación correcta de absorbentes y difusores nos
aseguramos una localización y espacialidad de la escena sonora más creíble, cosa nada desdeñable cuando pretendemos
obtener una instalación completa y fiable como un todo (recordar que la electrónica y altavoces por sí solo, son un
producto inacabado, toda vez que necesitan del entorno para un correcto desempeño).
RESONADORES Y TRAMPAS DE GRAVES
Estos son elementos para acondicionar la acústica de la sala, al igual que los absorbentes y difusores, el motivo de
tratarlos aparte es que aun siendo absorbentes selectivos para las bajas frecuencias, su uso es menos habitual en salas
domésticas y suelen utilizarse para casos y situaciones muy concretas, puesto que la mejor solución a bajas frecuencias
pasa por tener una sala con las proporciones adecuadas y sobre todo la situación correcta de los altavoces y oyente en
la misma. No obstante, como hay situaciones donde se hace necesario, y puesto que el lector en cada caso decidirá si en
su instalación merece la pena o desea instalarlo, vamos a tratarlos aunque de un modo muy generalista.
Como mencionaba, estos elementos no dejan de ser absorbentes, solo que actúan en bajas frecuencias (generalmente por
debajo de 500 Hz), en un rango estrecho de las mismas (valor máximo de absorción a una determinada frecuencia, llamada
de resonancia), y su principio de funcionamiento es diferente de los vistos en apartados anteriores.
Según cómo se realice este resonador, los hay de varios tipos; de membrana, de cavidad simple (Helmholtz) o de cavidad
múltiple.
En general, todos se basan en un panel apoyado sobre una superficie rígida (generalmente las paredes de la sala)
formando una cámara de aire cerrada, estanca en los resonadores de membrana (panel vibrante), abierta por los orificios
o ranuras en los de cavidad simple (un claro ejemplo son las cajas bass-reflex, que no es otra cosa que un resonador
Helmholtz de cavidad simple al que se han añadido unos transductores) o múltiple. Dependiendo del tipo de resonador,
los parámetros que determinan su frecuencia de resonancia serán la distancia entre la superficie rígida y el panel,
densidad del panel (los de membrana), diámetro y longitud de las ranuras (de cavidad simple), volumen de la cámara, y
densidad de ranuras (de cavidad múltiple).
Los resonadores presentan un pico muy marcado de absorción, estrecho y centrado en su frecuencia de resonancia. Pero
basta rellenar total o parcialmente la cámara de aire interior del resonador con algún material absorbente, tipo lanas
minerales por ejemplo, para atenuar ese pico de absorción, a la vez que se ensancha el rango de frecuencias a absorber.
El grado de atenuación dependerá del tipo y cantidad del absorbente y su ubicación (llenando toda la cámara de aire,
pegado a la pared rígida dejando una cámara de aire hacia el panel, o pegado al panel dejando una cámara de aire tras
de sí).
Para su cálculo y diseño igualmente se utilizan herramientas informáticas que permiten ajustar la frecuencia de
resonancia y grado de absorción, incluso simulando curvas de absorción, según el diseño del resonador, tipo y cantidad
de relleno absorbente, etc.
Cuando el resonador es utilizado para paliar los efectos de ondas estacionarias, es decir, la frecuencia de resonancia
coincide con una estacionaria de la sala, para que dicha atenuación sea efectiva, la situación del mismo es igualmente
importante. El resonador habrá de ubicarse perpendicular al eje que provoca dicha estacionaria. Por ejemplo, una sala
con un largo de 5,7 metros, cuya fundamental está en torno a los 30 Hz, y se desea sintonizar un resonador a una
frecuencia de resonancia de 30 Hz para atenuar la sobrepresión que impone la sala, dicho resonador habrá de estar
perpendicular al eje que produce la estacionaria, es decir, en los extremos del eje largo (paredes frontal y trasera,
que será justo donde se encuentren los máximos de presión).
Las trampas de graves son elementos generalmente en forma cilíndrica que actúan a modo de resonador, pero en un rango
más amplio de frecuencias y con una atenuación más suave, ya que generalmente rellenan parcialmente su cavidad hueca
con materiales absorbentes.
La ubicación típica de estos elementos es en las esquinas de la sala, principalmente tras los altavoces del sistema.
Resulta lógico si tenemos en cuenta según vimos en el primer apartado de esta serie, que siempre en los límites de la
sala (paredes, suelo y techo) la presión será máxima a las frecuencias estacionarias, máxime en las uniones de dos o
tres límites de la sala (esquinas). Este sí es un elemento más común en instalaciones domésticas de audio, así como
práctico en la mayoría de los casos.
En resumen, estos elementos ayudan a obtener una respuesta plana en la parte baja del espectro, absorbiendo los excesos
de presión a ciertas frecuencias bajas, sin embargo estos elementos no sustituyen el tener previamente que haber
colocado correctamente cajas y oyente en la sala.
NOCIONES Y CONCEPTOS
Una vez visto la importancia de la elección de la sala, la ubicación de altavoces y oyente en la misma, la
insonorización de esta, y el porqué y dónde colocar elementos acondicionadores como absorbentes y difusores, tenemos la
mayor parte de los problemas acústicos vistos y corregidos.
Pero vamos a considerar algunos otros detalles, que cuanto menos nos pueden servir de base teórica para entender otros
aspectos de nuestros sistemas de audio, del comportamiento del sonido y cómo lo percibimos.
Vamos a empezar por las personas y su sistema auditivo. Genéricamente oímos en un rango entre 20 y 20.000 Hz,
lógicamente esto es muy amplio, y dependerá de otros factores, principalmente la edad. Pero no oímos igual a todas las
frecuencias.
Estudios de psicoacústica realizados sobre muestras de población, demuestran que en general, en los extremos del rango
audible, nuestro sistema auditivo es menos sensible, siendo el punto de máxima sensibilidad sobre los 1.000 Hz.
Igualmente, esa curva de sensibilidad no es la misma para cualquier presión sonora, tendiendo a aplanarse cuanto mayor
es la presión sonora, o lo que es igual, a mayor presión la diferencia entre la sensación de presión sonora a 1.000 Hz
y en los extremos audibles (tanto hacia arriba, 20.000 Hz, como hacia abajo, 20 Hz) se hace menor. La representación de
esta particularidad del sistema auditivo y su relación entre presión sonora y frecuencia dan lugar a las curvas
isofónicas (ver gráfico) donde se aprecia lo descrito anteriormente de forma gráfica. De ahí la utilidad en algunos
equipos de sonido del loudness que precisamente es un sistema de ecualización que enfatiza las frecuencias de los
extremos audibles con el fin de crear una sensación sonora de respuesta más plana cuando se reproduce a baja presión.
Igualmente un viejo truco muy utilizado por algunos comerciales es aumentar la presión sonora (girar más el
potenciómetro de volumen) dando la falsa sensación de mejor sonido, cuando se trata de un fenómeno fisiológico propio de
los humanos, que a mayor presión se perciben mejor las frecuencias altas y bajas. E igualmente es por este motivo que
tendemos a apreciar como mejor sonido cualquiera que simplemente tenga mayor presión sonora.
Esto nos lleva a hablar de sonoridad, que es esa sensación subjetiva de nivel sonoro que percibimos en nuestro sistema
auditivo. Por ejemplo con una presión de 70 dB a 20 Hz esta sensación de nivel es la misma que con tan solo 5 dB a
1.000 Hz. Otra peculiaridad de nuestro sistema auditivo respecto a esa sonoridad o sensación subjetiva de presión
sonora, mientras un incremento real de 6 dB equivale a doblar la presión sonora, para que esa sensación subjetiva de
doblar la presión sonora la percibamos, el incremento oscila los 9 dB reales.
Otro aspecto de nuestro sistema auditivo es cómo el cerebro interpreta las señales que desde el oído les llegan; las
fibras nerviosas del oído interno descargan señales eléctricas de forma síncrona con la señal de audio percibida. Pero
alrededor de los 4.000 Hz en adelante dejan de emitir estas señales eléctricas sincronizadas, por lo que desde dicha
frecuencia el cerebro se basa en otros medios (posición de máxima excitación de la membrana basilar, dentro del oído
interno) para decidir el tono de la señal percibido, por ello a partir de los 4.000 Hz nuestro sistema auditivo es menos
preciso para discernir distintos tonos.
El enmascaramiento también se ha mencionado en el apartado de insonorización de la sala. En general, cualquier sonido
emitido con una presión menor que el umbral de ruido presente en la sala, quedará enmascarado por dicho ruido de modo
que no lo percibiremos, o lo que es igual, cuando existe una señal enmascarante, para percibir otro sonido emitido,
este deberá ser de mayor presión a la señal enmascarante (cuando gritamos para hacernos oír si hay mucho ruido de
fondo). En general, un tono enmascarante o ruido de fondo tiende a afectar más a las frecuencias iguales y superiores a
esta, y menos a las inferiores.
Otro factor a tener en cuenta es la interpretación que nuestro sistema auditivo hace de la dirección de origen del
sonido. Esto nos lleva a hablar del ya mencionado efecto Haas, bastante importante para entender cómo actúa un sistema
estéreo. La diferencia en tiempo de cada canal de una señal estéreo determina la dirección que se percibe del sonido,
hasta un máximo de 50 milisegundos de retardo entre ambas señales. A partir de dicho tiempo el cerebro deja de percibir
la dirección para reconocer la señal retardada como un eco de la primera. Para que ese retardo no determine en nuestro
cerebro la dirección del sonido (parezca provenir de un punto central) la señal retrasada debe tener más nivel que la
primera siguiendo la curva de Haas, siendo el efecto máximo para un retardo de 15 milisegundos, donde la fuente
retrasada debe ser 11 dB más sonora si queremos percibir una fuente centrada entre ambos canales de un sistema estéreo.
Aunque combinando los retardos entre ambos canales dentro de los márgenes de este efecto, se puede variar la posición
virtual de donde nuestro sistema auditivo diga percibir un determinado sonido.
Aunque hay otros aspectos a tener en cuenta respecto a la ubicación espacial de la fuente de un determinado sonido, como
el retardo entre ambos oídos (decorrelación binaural), la frecuencia. Por ejemplo, con el diámetro medio de una cabeza
(para calcular la separación entre oídos) en un adulto, tendremos que a partir de 1.700 Hz aproximadamente, la propia
cabeza del oyente presenta un obstáculo para la onda sonora, al ser las longitudes de onda menores que esa distancia,
por lo que ya hay otro factor que determina el cómo percibamos la dirección del sonido, y ligeras variaciones en la
posición de nuestra cabeza, originan diferentes percepciones sonoras.
Y hasta aquí hemos visto aunque de un modo muy superficial, la mayoría de aspectos y conceptos implicados en la acústica
de una sala para audio doméstico, de modo que el usuario tenga una noción general de qué aspectos ha de cuidar, porqué,
y cómo solucionar los problemas propios derivados de un fenómeno físico, independientes de cualquier electrónica.
Finalmente, me doy por satisfecho si he despertado la curiosidad por cuidar un poco más el que a mi juicio es el
principal elemento de cualquier sistema de audio doméstico, cada cual dentro de sus posibilidades, pero que como hemos
visto es imprescindible si queremos sacar el máximo rendimiento a todos nuestros componentes, máxime cuando hemos visto
cómo realizarlo y dado cuenta que a su vez suele ser el aspecto más barato de realizar.
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