La Inmortal de Andersen

Adolph Andersen (1818-1879), nacido en Breslau (Alemania) y profesor de Matemáticas de profesión, representó el mayor exponente del llamado ‘Ajedrez romántico’. Fue vencido por la estrella fugaz de Morphy en 1858, pero tras su desaparición mantuvo su hegemonía hasta caer derrotado por Steinitz en 1866, que inauguró la era científica del ajedrez.

 El ajedrez romántico se caracterizaba por la búsqueda encarnizada de la belleza a través de combinaciones de sacrificio que condujesen al mate. Se consideraba una cuestión de honor la colaboración del adversario, que debía aceptar todos los regalos.

 Con la llegada del ajedrez científico se demostró que para ganar una partida no era necesrio, ni muchas veces conveniente, aceptar todo el material ofrecido. La mejor política consistía, en general, en restituir parte del material evitando el mate y conservando lo suficiente para la victoria.

 Si meditamos un poco nos daremos cuenta de que las enseñanzas clásicas del ajedrez son fácilmente aplicables a la sociedad moderna.

 ¿Cuál es nuestro objetivo en la vida?. Buscamos la felicidad.

 En nuestro mundo occidental tendemos a  pensar  que la  manera de conseguirla es tener más y más objetos , consumir y consumir; del mismo modo que cuando empezamos a jugar al ajedrez no hacemos otra cosa que poner en fila india las piezas que hemos ‘comido’ para comprobar satisfechos que tenemos más que nuestro adversario.

 Muchas partidas románticas nos demuestran que cuando caemos en la trampa de aceptar todo lo que se nos ofrece, en vez de la victoria conseguimos el descalabro.

 Aprendamos de las enseñanzas científicas de Steinitz, y tomemos sólo lo que necesitamos (consumir lo necesario) devolviendo el material supérfluo (restituyamos lo que nos sobra), es la mejor manera de ganar la partida, sin correr riesgos innecesarios (y conseguir la felicidad).

 Como ejemplo de lo dicho veamos una partida famosa conocida como ‘La  inmortal’, magnifico exponente del romanticismo en ajedrez. En ella las blancas entregan la mayor parte de sus posesiones en aras del bien supremo (el mate) y las negras pierden por acaparadoras, al no saber conformarse con el material necesario, empachándose con el supérfluo.

Anderssen,A - Kieseritzky,L


 'La Inmortal’ (
Londres 1851)

 

1.e4 e5 2.f4 exf4 3.Ac4 Dh4+ 4.Rf1 b5 5.Axb5 Cf6 6.Cf3 Dh6 7.d3 Ch5 8.Ch4? Dg5 9.Cf5 c6 10.g4? Cf6 11.Tg1 cxb5 12.h4 Dg6 13.h5 Dg5 14.Df3 Cg8 15.Axf4 Df6 16.Cc3 Ac5 17.Cd5 Dxb2 18.Ad6

 

Ahora la defensa consistía en tomar solamente el material imprescindible con 18...Dxa1+ 19.Re2  regresando luego  Db2!; pero las negras jugaron: Axg1 ? 19.e5 Dxa1+  consumo desmedido que lleva a la catástrofe  20.Re2 Ca6 21.Cxg7+ Rd8

22.Df6+! Cxf6 23.Ae7# Las blancas han dado mate con las tres únicas piezas que le quedan, mientras que el adversario conserva íntegras las suyas.