MANDAMIENTOS DE CAISSA

            En la primera mitad del siglo XVIII, se incorporó a la mitología hindú una hermosa doncella, cuya misión iba a ser comparable solamente con la que desempeñaron en la época clásica las famosas hijas de Zeus y Mnemosina. Se trata de CAISSA, musa del ajedrez, quien desde entonces viene inspirando las más fantásticas combinaciones a los ajedrecistas del mundo, para los que ha dictado su decálogo.

1,º Preferir el ajedrez sobre los demás juegos.

2.º Propagar su vírtudes.

3.º Meditar bien antes de efectuar un lance.

4.º No molestar al adversario.

5.º Ser un mirón discreto.

6.º Saber perder con elegancia.

7.º No maltratar los utensilios ni el tablero.

8.º No retirarse de las competiciones.

9.º Acatar deportivamente el Reglamento del Juego.

10.º Estrechar lazos de amistad con el Ajedrez.

 

Nos cuenta CAISSA que, antes de las sugestivas predicaciones del sabio Sidharta, vivía en el lejano reino de Magadha, en el seno de la misteriosa India, un principe llamado Sirham, célebre por su desmesurada soberbia. Un buen día, su preceptor, el brahman Sissa, queriendo aplacar la altivez real, ideó un juego en donde existiera un rey que, a pesar de ser elemento principal, nada pudiera sin la colaboración de sus súbditos. Así fue cómo inventó el Ajedrez, y tanto gustó al príncipe el juego en cuestión que ofreció a su maestro darle cuanto pidiera. El brahman Sissa quiso dar otra lección a su soberano, por la nueva demostración de soberbia, y solicitó un grano de trigo, para la primera casilla del tablero, dos granos para la segunda, cuatro para la tercera, ocho para la cuarta y así sucesivamente en esta progresión hasta la casilla sesenta y cuatro, última del tablero, y que todos juntos se los dieron.

Al príncipe le pareció una petición excesivamente modesta y ordenó seguidamente que complacieran al brahman; pero cual sería su asombro cuando, una vez realizadas las operaciones, comprobó que era imposible cumplir su palabra, ya que la cantidad resultante era de 18.446.744.073.709.551.615 granos de trigo, y que para producirla era necesario sembrar setenta y seis veces todos los continentes de la Tierra y habilitar para graneros unas diez mil ciudades.

El príncipe tuvo que doblegar su orgullo ante el ingenio del brahman.

            “De esta sencilla aunque curiosa forma –termina diciendo Caissa- nació el noble juego del ajedrez, que bajo mi tutela, ha conquistado las cinco partes del Globo, y cuyos horizontes se amplian hacia el infinito porque será el mejor entretenimiento en los futuros viajes espaciales”.