ESENCIA INALTERABLE
Reproducimos a continuación un fragmento del libro El Alarde de San Marcial en Irún, orígenes y detalles escrito por D. Serapio Múgica, editado en 1901 al precio de 35 céntimos y donde se describe con profusión de datos un día de San Marcial hace más de un siglo.
...................“A las cinco de la mañana las campanas de la parroquia, el estruendo de los petardos, los toques del cornetín, los acordes de la banda militar, contratada por el Ayuntamiento, la diana de “Villa Robledo” que toca por tradición la banda municipal y los pífanos y tambores que recorren las calles, desvelan al vecindario, sin dejarle un momento más de reposo.
A las seis en punto, comienza el cornetín de órdenes a tocar llamada en distintos lados de la población y empiezan a acudir aisladamente las compañías al son de pífanos y tambores, atravesando con aire marcial las calles que conducen a la Alameda. Cúbrense con vistosas colgaduras los balcones que el público invade ansioso, así como las calles, buscando lugar preferente para presenciar el “Alarde” y, a pesar de la hora, las vías públicas adquieren animación inusitada.
Forman las fuerzas en la Alameda, ocupando el lugar que les corresponde. En primer término forma la escuadra de hacheros, detrás la banda de pífanos y tambores y música, comandante jefe, compañía Bidasoa, id. Ventas, Meacar o Minas, Pueblo, Bandera, Anaca, Lapitze, Olaberria, Behobia y Fuenterrabía. A continuación la batería de artillería. Hecha la distribución de ocho cartuchos por individuo, que el Ayuntamiento facilita, el comandante jefe, acompañado de un ayudante del General, revista las tropas y le notifica a éste el parte “sin novedad”. En su vista ordena al comandante que rompa la marcha y se encaminan por la calle de San Marcial a la Plaza de San Juan.
Formadas las tropas en la plaza, en columnas por compañías, pasan los ayudantes al alojamiento del General a dar cuenta de la llegada de las mismas y precedido de sus ayudantes y escolta, llega éste, apuesto y arrogante, montando brioso corcel. Todos los presentan las armas y se hace cargo de las fuerzas, mediante la presentación del comandante. En seguida llama a todos los capitanes para darles las órdenes convenientes, y manda a uno de ellos, que por derecho propio suele ser el de la segunda compañía del Bidasoa, se haga cargo de la bandera que se halla en la Casa Concejil. En cumplimiento de la orden sube aquel al salón principal y baja sin pérdida de tiempo, acompañando al concejal que conduce la bandera, incorporándose en las filas. Durante esta ceremonia, todos presentan armas y la música bate la marcha real.

Después de algunas evoluciones, se dirigen las fuerzas por la calle de la Iglesia a la pradera que hay frente a la parroquia, donde sus antepasados acudieron también más de una vez, para tomar posiciones en la muralla que defiende aquella parte del pueblo por la calle del Juncal.
Formadas las tropas en la pradera, esperan a que se organice la procesión, que sale a las siete en punto de la parroquia, llevando por delante la cruz, estandartes de San Marcial y San Ramón, que son los santos de los dos días que se conmemoran y dos banderas. Detrás va el párroco, revestido de capa pluvial encarnada, acompañado del clero y una comisión del Ayuntamiento. Su aparición en la pradera, es saludada por una descarga cerrada por las fuerzas del “Alarde”, que rompen la marcha, subiendo a la cabeza de la procesión por la calle de la Iglesia. Al llegar a la Travesía de las Escuelas, se encaminan por esta calle a la de la Unión, bajando por la calle Mayor a la Plaza de San Juan. La procesión sigue distinta ruta y se dirige por la calle de la Iglesia a la esquina de la Plaza, deteniéndose frente a la columna de San Juan, ofreciendo la plaza en este momento solemne un aspecto deslumbrador.
En una esquina de la plaza, la procesión detenida con la cruz alzada, estandartes, banderas, Cabildo revestido y una comisión del Ayuntamiento, aguardando para seguir la marcha, el paso de la fuerza armada; bajando la calle con paso ligero, a los acordes de airosa marcha, las compañías del “Alarde”, que se detienen un momento ante la columna de San Juan (San Juan-arria) para honrar su memoria con descargas cerradas que, rasgando el aire, cubren con su estruendo los ecos de las campanas que en todas las iglesias han echado a vuelo; vestidos de gala los edificios particulares con vistosas colgaduras, flámulas y gallardetes que ondean graciosamente......
...........Después de la última descarga, detrás de las fuerzas sigue la procesión por las calles de San Marcial, Tetuán, Urdanibia y Santa Elena.
En la ermita de este nombre se depositan los estandartes y banderas y el Párroco deja la capa y los sacerdotes las pellices. Se deshace la procesión y los concurrentes a ella suben por distintos caminos al alto de San Marcial, precedidos por las tropas que van por la carretera en paso de marcha.
En la ermita espera el sacerdote que ha de celebrar la santa misa a las nueve en punto y el altar se halla colocado con la efigie de San Marcial, en un salón exterior de la casa del ermitaño, de manera que pueda verse bien por las tropas y el público que ocupan la pradera contigua. La guardia del altar está encomendada a la escuadra de hacheros, y al alzar se oyen los acordes de la marcha real y el estruendo de la descarga cerrada que tiran las tropas, rindiendo armas seguidamente.
Antes y después de la misa se dá a adorar a los fieles la reliquia del Santo.
Terminada la misa, se distribuye a la fuerza una peseta por individuo, cantidad que la mayoría emplea en obsequiar a las cantineras de su compañía. A continuación las tropas se dirigen ordenadamente a uno de los muros de la ermita y dejan las armas que quedan custodiadas a fin de evitar cualquier incidente desagradable.
Después de descansar algún tiempo y disfrutar de las delicias que proporciona el panorama encantador y admirable que desde aquellas alturas se divisa, todos buscan en la pradera lugar adecuado donde acomodarse por grupos y almuerzan alegremente, defendidos de las inclemencias del tiempo por gran numero de tiendas de campaña que al efecto se levantan.
A la una aproximadamente se toca llamada y una vez recogidas las armas por las tropas, se practican nuevas evoluciones en honor al Santo, bajando todos a la ermita de Santa Elena, donde se forma de nuevo la procesión a las dos aproximadamente, para dirigirse a la parroquia por el mismo camino de antes, con poca diferencia.
Es costumbre que la banda de música toque las marchas de “Iolo” al subir al monte y la de “Rataplán” al efectuarse el descenso.
Cumplida la misión de acompañar a la procesión hasta la parroquia, vuelven las fuerzas a la plaza de San Juan, que está llena de bote en bote de gente ávida de ver la fiesta. Con graciosas cantineras a la cabeza, entran las compañías moviéndose con gallardía y marcialidad, a pesar de la caminata y del sol abrasador, y después de tirar tres descargas cerradas, se procede a la entrega de la bandera con el mismo ceremonial que al recibirla, presentando armas y batiendo la marcha real. Cada descarga va precedida de la marcha denominada “Descarga”.
Después de entregar la bandera se hace el desfile al son de la airosa marcha titulada “Fagina”.
Las compañías de Fuenterrabía que toman parte en el Alarde se despiden a su regreso, tirando tres descargas frente a la morada del General, y las compañías de la villa hacen lo propio ante las viviendas de las cantineras...”
“Un notable historiador moderno dice: “ El pueblo que no profesa el culto de sus grandes hombres y de sus grandes hechos es indigno de unos y de otros”
“El Alarde de San Marcial que ha llegado hasta nuestros días a través de los siglos, es otra de las manifestaciones más vivas y latentes del amor con que los iruneses guardan las tradiciones honrosas de sus antepasados.”
Hoy como ayer la esencia, la identidad permanecen inalterables.