DECLIVE Y DESAPARICIÓN

 

Uno de los trabajos más concienzudos sobre el Convento de Espeja se debe a D. Florentino Zamora Lucas, publicado en 1.956 en Celtiberia con el título "La desamortización en la provincia de Soria. El monasterio de Espeja desaparecido en nuestros días". El estudio profundiza, más que nada, en los aspectos relativos al proceso desamortizador. Muy bien documentado, aporta un magnífico inventario de los bienes del Convento en sus últimos años. Más adelante lo transcribimos en su integridad.

   La desamortización es un fenómeno político-religioso y, sobre todo, económico ocurrido en España en la primera mitad del Siglo XIX. Proyecto que emanó de las Cortes de Cádiz de 1.812, y que va a ser bandera y paradigma del sector liberal durante casi 30 años.

   Reinando Fernando VII se produce el llamado Trienio Liberal en el que gobiernan los liberales a causa del Pronunciamiento de Riego, ocurrido en Cabezas de san Juán en 1.820. Este mismo año se publica el Decreto suprimiendo todas las órdenes religiosas -primer paso para la expropiación de bienes-. El Decreto no se llega a aplicar por la vuelta al gobierno de los absolutistas después del triste episodio de la invasión de los 100.000 hijos de San Luis en el año 1.823. De 1.823 a 1.833, en que muere Fernando VII, los absolutistas gobiernan con enconado despotismo ejerciendo una brutal represión de todos los sectores liberales, esos diez años han pasado a la historia como la "década ominosa". Ya con Isabel II, regente Mª Cristina, a partir de 1.833, se vuelve a retomar con más fuerza el proceso desamortizador iniciado en 1.820.[1][1]

   El 29 de Junio de 1.837 se aprueba definitivamente el Decreto que extingue monasterios, conventos y congregaciones de toda índole. Años antes habían empezado los primeros escarceos expropiadores. El fin mismo de la desamortización era poner en circulación un impresionante volumen de patrimonio inmueble y pecuario que, a lo largo de siglos, había ido acumulándose en manos del clero fruto de donaciones, herencias, transacciones, apropiaciones ... y que ahora se encontraba retenido y mal aprovechado.

   La idea de los jerarcas políticos, obsesionados por las teorías fisiócratas y deseando emprender una reforma agraria, era la expropiación y posterior subasta pública de esos bienes para que, en teoría, revirtieran al pueblo en pequeños lotes que serían mejor atendidos, mejor explotados, aumentados los rendimientos y los trabajos. Se trataba, en resumen, de conseguir la explotación de todos los bienes retenidos matando de un sólo tiro el pájaro de la eterna aspiración liberal, del inicio de una incipiente reforma agraria y del relanzamiento de la economía[1][2] a través de la agricultura.

   Este gran plan que fue la desamortización constituyó una fenomenal chapuza no exenta de grandes dosis de corruptela y amiguismo por parte de las autoridades provinciales encargadas de poner en marcha el proceso. Los bienes expropiados, lejos de acabar en manos de pequeños agricultores, pasaron al dominio de grandes terrateniente, burgueses de capital y arrendadores absentistas que eran los mejor situados económicamente y quienes, por cantidad de dividendo, acudían sin falta a las subastas. De esta forma los bienes pasaron de manos privilegiadas a otras iguales que también van a tenerlas de capricho y no van a invertir en mejoras para la explotación.

   La expropiación vino precedida por un trámite "legal" por el cual se exigía a los obispos de cada diócesis los inventarios de los bienes contenidos en los conventos. El primer inventario del Convento de Espeja, pues se hicieron dos, data del 24 de Enero de 1.821; se hizo a petición de Fray Manuel Gil, comisionado por el Obispo de Osma para recibir y responsabilizarse de los bienes. Se hizo en presencia de Fray Nicanor Cantabrana, hasta entonces párroco de Espeja, y del alcalde constitucional de la villa, Tomás Llorente.[1][3]

   El segundo inventario es del 4 de Diciembre de 1.835 y lleva solamente  la firma de Fray Francisco Muro, párroco de Guijosa.

   El trabajo de D. Florentino aporta también dos oficios del párroco de Espeja en el que da cuenta de un episodio ocurrido  esos años en relación a los temas que estamos tratando. Ese episodio que más tarde vamos a transcribir va a ser el origen de una "leyenda negra" en relación al abandono del convento, que va a circular de boca en boca hasta nuestros días alimentando el morbo de los lugareños.

   En ambos oficios, el primero de 15 de Diciembre de 1.835 y el segundo de 7 de Febrero de 1.837, se da cuenta al Señor Deán y Gobernador eclesiástico del Obispado de Osma, D. Matías Naharro de un hecho ocurrido días antes de la primera fecha en el Convento de Espeja. Según se desprende de la carta firmada por Francisco Muro, párroco de Guijosa[1][4], pasó por allí un comandante con 30 hombres a caballo, llevándose la cruz de plata y retenido como preso a D. Ángel Ruiz, último prior del Convento que residía en él por orden de la subdelegación de Amortización. Como quiera que la autoridad eclesiástica le debió solicitar más aclaraciones al párroco, éste les escribe de nuevo dos meses después.


OFICIOS DEL CURA DE GUIJOSA

     Primer oficio. 15-XII-1.836

    Señor Deán, y Gobernador Eclesiástico de este Obispado de Osma: D. Matías Naharro de toda mi estimación y respeto.

    El Día trece del actual se presentaron en el Monasterio extinguido de San Gerónimo de Espeja (según me ha informado D. Ángel Ruiz, último prior del dicho, y que allí reside con aprobación del Gobierno) treinta soldados con un comandante y que este le pidió el inventario de las alhajas de la iglesia, y habiendole contestado D. Ángel, que le tenía el Cura de Guijosa, me le envió a pedir, y que me presentara; mas yo se lo envié con el mayordomo de mi parroquia diciéndole que yo no podía presentarme, por estar lloviendo, haber malos caminos, y tener sesenta años de edad.

    Se llevó preso hasta Huerta de rey al dicho D. Ángel Ruiz y la cruz de plata, y el inventario. Yo ya nada puedo decir de lo ocurrido, porque nada he presenciado.

     Tenga Vuestra Merced la bondad de avisarme, de lo que debo hacer para no caer en falta. D. Ángel da parte de esta ocurrencia al Sr. Comandante de armas de esta villa.

   Dios guarde a V. muchos años que le desea su afectísimo amigo y respetuoso súbdito.

     Que besa su mano. - Francisco Muro.- Firmado y Rubricado.

Guijosa y diciembre 15 de 1.836

    Señor Gobernador eclesiástico D. Matías Naharro.

    Segundo oficio. 7-II-1.937.

     En contestación al oficio de V. S. del quatro del que rige, digo y repito, que yo nada vi, ni presencié, pero que D. Ángel Ruiz, Presbítero, Monge exclaustrado del suprimido Monasterio de san Gerónimo de Espeja, que reside en el referido monasterio de orden de la Subdelegación de Amortización me ha comunicado lo siguiente:

     Que mientras toda la facción de Gomez estaba pasando por detras del Monasterio un comandante que dijo ser el secretario del dicho Gomez, con unos cuarenta hombres de a caballo se presentó en el referido Monasterio, pidiendo se le manifestasen todas las alhajas y ropas pertenecientes al culto, y su inventario, y todo lo vio, llevándose la cruz de plata y al referido D. Ángel hasta Huerta de Rey, al que dio libertad al día siguiente para volver a su casa.

     Luego pues que regreso. yo el infrascrito di parte a V.S. de esta ocurrencia por escrito que llevó D. Martin Guinea, que a la sazon se hallaba presente. Este mismo llevo otro oficio del dicho D. Ángel Ruiz para el Comandante de El Burgo, y dice D. Ángel que no le ha contestado. Igualmente envió otro oficio al Subdelegado de Amortizacion en Aranda de Duero, y dice tampoco le ha contestado.

     Las ropas pertenecientes al culto estan y ocupan los mismos cajones de la sacristía que siempre han ocupado; y las alhajas de plata en los armarios de dicha sacristía en donde siempre han estado.

     Me es imposible darles su valor aproximado, pues carezco de todo conocimiento en la materia.

     Remito por separado el valor, digo el peso que tienen dichas alhajas; pero el peso de la cruz que se llevaron,[1][5] lo ignoro, como tambien lo ignoran a quienes he preguntado.

     Dios guarde a V.S. Muchos años.

    Guijosa y Febrero de 1.837. Besa la mano de vuestra señoría. Francisco Muro.

        Señor Gobernador del Obispado D. Matías Naharro.     


La leyenda negra a que me he referido anteriormente esta basada, de alguna forma, en los hechos verídicos que acabamos de relatar pero bastante apañada con abundantes dosis de mala leche. Yo la he oído contar como cierta hace años y, antes de seguir con el asunto, me permito un breve inciso que viene a colación, referente a la validez de las tradiciones orales. Siempre he defendido la investigación apoyada en relatos que aporta la tradición, siempre me ha parecido conveniente la atención a las historias que cuentas los abueletes; pero tengo que aclarar que la validez de esos recursos resulta interesante en tanto en cuanto nos pueden servir como punto de partida a algo que debe ser mirado con lupa y depurado de todos los adornos, imprecisiones e invenciones de carácter legendario y, en ocasiones, cáustico. La siguiente versión de los hechos que voy a tratar de glosar según la memoria me da a entender, es un buen ejemplo de los peligros que, a veces, entrañan las tradiciones populares.
 
Dice esta tradición que los frailes del convento habían desembocado, con el paso de los años, en un modo de vida bastante licencioso; la dureza de la vida conventual requería, en ocasiones, momentos de asueto y placer que la hicieran más llevadera. Cuentan los cronicones que estos siervos de Dios, abusando del poder sobre las conciencias de los pobres aldeanos, conseguían convencer a los padres de las muchachas comarcanas para que las dejaran asistir al recinto del convento a tomar lecciones de gramática o simplemente a ayudar en las tareas diarias. No tardaron en comenzar los abusos sobre las pobres muchachas que no podían negarse a los requerimientos sexuales de la comunidad. Según parece los pobladores de la comarca conocían y, en silencio, permitían tamaños desaguisados sin valor para oponerse dado el poder del convento. El asunto terminó cuando, con bastante falta de prudencia, los frailes quisieron obtener los favores de una determinada damisela sin enterarse que su padre ausente era un militar de alta graduación que se encontraba en campaña; cuando este hombre regresó y se enteró del intento de abuso decidió dar un escarmiento a los corrompidos frailes.

     El mismo día que nació el "Tío Bernabas"[1][6] se presentó este militar en el Convento de Espeja acompañado de 30 ó 40 de sus hombres a caballo; descabalgando, hizo a su tropa la prevención de que si no salía de ese recinto en un lapso prudencial de tiempo entraran a saco a buscarle arrasando todo lo  que se les pusiera por delante. Dicen, los que saben, que este padre ofendido apaleó sin desmayo a toda persona con falda que se encontró por allí y cuando acabó, agotado del ejercicio, concedió a los frailes unas pocas horas para recoger sus pertenencias y desaparecer de aquellas tierras.

   Termina el relato diciendo que al amanecer del día siguiente, cuando las beatas del lugar se dirigieron a los oficios, no encontraron a nadie en el convento. Los frailes habían huído al amparo de la noche ocultando, de esta forma, su vergüenza y deshonor.

   Y, de esta curiosa forma, inventó la tradición popular el fin del convento de Jerónimos de Espeja. Sin comentarios.

   Ahora vamos a continuar con el verdadero relato que ha dado lugar a la fantasía anterior.

   Para el lector profano es menester aclarar algunos aspectos históricos sin los cuales difícilmente se puede entender este episodio. En 1.833 muere Fernando VII, previamente había abolido de "motu propio" la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres en España. Si no se hubiera producido este hecho, los derechos sucesorios hubieran recaído en el hermano de Fernando, D. Carlos, y no en Isabel, hija legítima del rey difunto. España se dividió en dos mitades, una partidaria de D. Carlos, caracterizada por unos ideales absolutistas y tradicionales, y otra favorable a la reina Isabel, de carácter liberal y progresista. En realidad lo que se produce es la sublevación del infante D. Carlos al que le siguen numerosos partidarios, levantándose en armas contra la reina recién proclamada en un intento de acceder al trono por la vía de la guerra. El movimiento carlista se va a producir fundamentalmente en el norte de España; País Vasco y Navarra van a ser los abanderados de este intento de vuelta a la tradición al grito de "Dios, Patria y Fueros", uniendo  ciertas reivindicaciones de tipo local a la gran meta de todos que es coronar en el trono de España a D. Carlos y, de rebote a todos los elementos conservadores.

   Este enfrentamiento de carácter civil se conocerá como Guerra Carlista y se va a desarrollar en tres etapas diferente; nos interesa la primera de ellas que tiene lugar entre 1.833 y 1.839 llamada Primera Guerra Carlista.

  


El episodio que se narra se produce en plena 1ª Guerra Carlista y, no hace falta ser muy avispado para comprender que la "facción de Gómez" es una columna isabelina-liberal que, seguramente, cruza por territorios del Convento en dirección a alguna campaña norteña. El bando liberal está plenamente identificado con las ideas desamortizadoras y por propia iniciativa van a penetrar en el convento reclamando el inventario de bienes; la animadversión hacia el clero es algo patente pues, los propios bandos enfrentados, van a canalizar también sus aspiraciones a través del apoyo de unos y el rechazo de otros a todo lo que huela a incienso.

   De todo lo anterior se desprenden dos ideas fundamentales. En primer lugar, que ahora se inicia el abandono definitivo del convento; en segundo lugar, que este abandono era ya un hecho constatable en los años en que nos movemos -1.836-. En esta fecha la vida monástica esta, a todos los efectos, saldada y tan solo permanecen, por obligación, algunos custodios representados por los curas de Espeja y Guijosa, antiguos frailes profesos, y el último prior: D. Ángel Ruiz.    La revisión del inventario nos ofrece una gran cantidad de objetos de arte y culto; es de suponer que el expolio se hubiera iniciado ya por esas fechas; así pues, la lectura cuantitativa de esos objetos debe hacerse teniendo en cuenta esos extremos. De todas formas, para mejor conocer la envergadura artística del convento, ofrecemos a continuación la relación detallada y sucinta de bienes, recogida por el profesor Zamora Lucas.


  INVENTARIOS Y DESGLOSE

INVENTARIO DE 1.821

     En cumplimiento del oficio del Sr. Eugenio Avinareta, Administrador del crédito público del partido de Aranda, fecha diez y ocho de enero de mil ochocientos veinte y uno pasó el Sr. Alcalde constitucional de la villa de Espeja Tomás Llorente al Monasterio de San Gerónimo de dicha jurisdicción a efecto de hacer formal entrega de los vasos sagrados, ornamentos, imágenes y demás pertenecientes al culto al R. P. Fray Manuel Gil encargado por el ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis para recibirlo, y custodiarlo en su nombre y representación; y dicho P. Comisionado mediante no haber acompañado al Sr. Avinareta el inventario que de orden del gobierno se ha hecho de dichos objetos pidió que, con toda especificación, se hiciese uno del que pudiera salir responsable y se verificó en la forma siguiente:

 

CRUCERO, ALTAR MAYOR

    Primeramente se le hizo entrega de la Yglesia en que se contienen el altar mayor, con un tabernáculo bueno, dorado, dentro del cual hay un copón (en que se reserva el Santísimo) y es de plata.

- Iten una imagen grande de Nuestra Señora de la Asunción.

- Iten cuatro cuadros o medallas grandes, que representan varios misterios de Nuestra Señora.

- Iten una imagen grande de bulto de un Santo Cristo, y otra de nuestro Padre san Gerónimo, puesto de rodillas.

- Iten dos mesas de credencias.

- Iten dos balaustrados de hierro en el presviterio.

- Iten una lámpara de oja de lata labrada y grande.

- Iten un altar colateral al lado del Evangelio en el crucero de la Iglesia, con un cuadro grande de Nuestro Padre san Gerónimo.

- Iten otro cuadro de San José al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay una urna de cristal en que se contienen las reliquias del glorioso san Marcelino.

- Iten otro colateral al lado de la Epístola con un cuadro grande de Nuestra Señora, San Juan Evangelista y Santa Catalina.

- Iten un cuadro pequeño de santa Teresa al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay un arca labrada de varios metales, que contiene las reliquias del martir San Diódoro.

 

CUERPO DE LA IGLESIA

          - Iten cuatro altares en el cuerpo de la Iglesia el uno de San Rafael, ambos de bulto, otro de la Visitación de Nuestra señora y el otro de Santa Catalina, estos dos en cuadros pequeños.

- Iten un enrejado grande de hierro que divide la Iglesia del crucero.

- Iten un púlpito con el pie de jaspe bien labrado enrejado de hierro  dorado con un guardavoz de talla bien trabajado y dorado.

- Iten cuatro confesionarios en el cuerpo de la Iglesia, y uno en la capilla de San Marcelino.

- Iten otro cuadro grande con marco de Nuestra señora de la Asunción sobre la puerta de la sacristía.

- Iten un sepulcro al lado del Evangelio del altar mayor con una efigie del Señor Obispo D. Diego de Avellaneda todo de alabastro.

- Iten otro sepulcro en la capilla de san Marcelino de jaspe y alabastro en que yace D. Lope de Avellaneda.

- Iten otro sepulcro en la capilla de Santa Catalina de alabastro y jaspe con una estatua del Caballero D. Diego De Avellaneda.

- Iten dos enrrejados grandes de hierro uno al lado del Evangelio y el otro al lado de la Epístola, que sirvieron de tribunas.  

 ".

 SACRISTÍA

    Primeramente un altar en la capilla que se dice de Santo Eccehomo por estar en él su Santa imagen, sumamente devota colocada, entre cristales y en dicho altar hay un Santo Cristo de bulto por remate.

- Iten en dicha capilla hay una estatua pequeña de San Sebastián; otra de Santa Agueda, y ocho cornucopias doradas con sus cristales.

- Iten un cuadro pequeño con marco de San Lorenzo.

- Iten otro pequeño sin marco de San Esteban.

- Iten un altar con una estatua grande del Santo Cristo con su cortina, dos cornucopias, dos espejos grandes, dos gradillas y u tabernáculo.

- Iten una urna pequeña dorada con una imagen de San José.

- Iten cuatro cuadros, dos embutidos en la pared, uno pequeño con marco común y el otro grande con marco dorado.

- Iten un altar de talla dorado con un cuadro grande de Nuestro Padre San Gerónimo.

- Iten por el interior de dicho altar hay una cruz grande de ébano con un santo Cristo de marfil.

- Iten dos medios cuerpos de las once mil vírgenes con sus reliquias.

- Iten dos medios brazos con reliquias de los santos mártires de Agreda.

- Iten otro altar de la coronación de espinas del salvador en un cuadro grande.

- Iten dentro de dicho altar hay una cruz grande de ébano en que estan embutidas varias reliquias y le falta el remate del brazo izquierdo.

- Iten dos medios brazos cada uno con sus reliquias.

- Iten dos adornos de bronces para reliquias.

- Iten en el cuerpo de la sacristía dos urnas con sus cristales en la una hay una estatua de N.P.S. Gerónimo, y en la otra un Niño Jesús.

 

- Iten una cajonería nueva de nogal con seis cajones grandes, un niño en el medio, y por remate un Santo Cristo con adorno de talla dorado.

- Iten otra cajonería buena de nogal con quince cajones su resplandor y remate de la misma madera con un niño de bulto en medio.

- Iten una papelera de nogal para guardar cálices, amitos y otros menesteres pertenecientes al culto divino, con veinticuatro cajones pequeños y tres medianos.

- Iten un confesionario y un espejo pequeño.

- Iten siete cuadros incluidos dos que hay en el lavatorio.


  INVENTARIO (2)

SACRISTIA

- Iten una cruz de madera negra con la manzana, u guarnición de bronce.

- Iten dos ciriales de bronce.

- Iten un calderillo de bronce con su aspersorio de lo mismo.

- Iten un incensario y naveta de bronce.

- Iten un banco grande de nogal con respaldo y dos cajones.

- Iten dos alacenas de con sus puertas y cerraduras.

- Iten un Jesús Nazareno de bulto pequeño.

- Iten dos urnas de cristal, y una peana pequeña dorada.

- Iten un viril con la peana de plata en que se hallan embutidas varias piezas de ámbar y algunas le faltan.

- Iten un cofrecillo pequeño de marfil.

- Iten una cajita de plata afiligranada, y dorada por dentro.

- Iten un cáliz de plata dorado con su patena.

- Iten cuatro cálices de bronce con la copa de plata y sus patenas.

- Iten cinco platillos de peltre.

- Iten cinco pares de vinajeras pequeñas de plata.

- Iten una ampolla de plata con el óleo de la Santa Unción.

- Iten veinte y seis paños de cálices.

- Iten veinticuatro bolsas de corporales, cada una con los suyos.

- Iten veintidós cornualtares.

- Iten cuarenta purificadores.

-

 Iten ocho amitos, los tres con cintas.

- Iten tres cruces de ébano con sus crucifijos.

- Iten seis candeleros de ébano.

- Iten una sacra, y Evanjelio de ébano.

- Iten seis candeleros grandes de bronce.

- Iten una cruz grande de bronce con su crucifijo.

- Iten una sacra grande para el altar mayor.

- Iten diez candeleros pequeños de bronce y dos de estaño.

- Iten seis cruces de bronce con sus crucifijos.

- Iten siete misales con sus atriles.

- Iten nueve aras que estan e los altares.

- Iten seis sacras comunes en seis altares.

- Iten cuatro bancos de respaldo de pino en la Iglesia.

- Iten un candelero para el cirio.

- Iten otro triangulado para tinieblas.

- Iten cuatro gradillas para el monumento.

- Iten veinte ramos pequeños y cuatro grandes.

ROPA BLANCA

            - Iten dieciseis sabanillas para los altares y credencias.

- Iten ventinueve albas de lino algunas, y otras de erca buenas.

- Iten trece roquetes incluidos los de los chicos.

- Iten diez cíngulos.

- Iten tres almoadones.

- Iten una muceta para administrar.

 TERNOS

            - Iten un terno blanco de flores con su capa y azaleja de lo mismo.

- Iten dieciseis frontales sin marco de varios colores.

- Iten un terno de tarco blanco con capa de lo mismo.

- Iten un terno encarnado bueno y uno y una capa de brocado con aceleja.

- Iten cuatro casullas encarnadas de media seda.

- Iten un terno morado con su capa.

- Iten otro morado con sus planetas.

- Iten cuatro casullas moradas.

- Iten un terno de lama con capa y azaleja de lo mismo.

- Iten cuatro casullas tambien de lama.

- Iten un terno de damasco verde con capa de lo mismo.

- Iten cuatro casullas verdes de damasco.

- Iten otro terno verde de terciopelo con capa de lo mismo.

- Iten cuatro casullas blancas de media seda.

- Iten un terno blanco de media seda a medio andar con su capa.

- Iten otro terno blanco de damasco con capa de lo mismo.

- Iten un terno bueno dorado de hilo de seda, plata y oro, y paño de cáliz.

- Iten una bordada de lo mismo más andada.

- Iten otra casulla blanca bordada de seda.

- Iten un terno encarnado comun de damasco, y dos capas viejas de lo mismo.

- Iten un terno encarnado de pana con capa y la fenefa de brocado.

- Iten otro terno de terciopelo encarnado con su capa de lo mismo.

- Iten otro terno que se dice de San Marcelino con capa, frontal y paño de púlpito.

- Iten cinco casullas blancas comunes.

- Iten cinco casullas encarnadas comunes.

- Iten cuatro casullas negras de damas con dos dalmáticas, y capa de lo mismo.

- Iten otra capa vieja negra de damasco.

- Iten dos capas negras viejas de terciopelo.

- Iten un paño bueno encarnado de medio tisú.

- Iten un palio de seda con fenefa de terciopelo encarnado.

- Iten cuatro cortinas grandes de tafetán encarnado por el monumento.

- Iten dos alfombras, una grande y buena, y otra pequeña y mala.

- Iten dos paños de tumba, el uno grande de terciopelo con escudos de plata y el otro pequeño de tisú.


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