DECLIVE Y DESAPARICIÓN

  INVENTARIO(3)
 

 EN EL CORO

    Primeramente una sillería buena de nogal que tiene treinta sillas por bajo y cuarenta y tres por alto con un remate de diversas figuras, al testero tiene un Santo Ecce Homo pintado en lienzo.

- Iten un facistol grande de nogal en medio del coro con cuatro caras y un Santo Cristo por remate.

- Iten un estante grande que sirve para guardar los libros del coro.

- Iten treinta y tres libros cantorales buenos y en pergamino todos.

- Iten un órgano grande con caja de talla dorada y jaspeada.

- Iten otra caja vieja dorada que fue de órgano.

- Iten una rueda con diez campanillas.

- Iten dos breviarios grandes y viejos.

- Iten un libro para la calenda.

- Iten una lucerna grande con dos mecheros.

- Iten otra lucerna pequeña de oja de lata.

- Iten dos facistoles pequeños.

- Iten un calderillo pequeño de bronce con sus aspersorios de lo mismo.

- Iten un balaustrado de hierro con unas bolas de bronce y en la de en medio hay una cruz también de bronce.

 

CAPILLA DEL SANTO ECCE HOMO DEL CAPITULO

 Primeramente un altar con la efigie del Santo Eccehomo.

- Iten seis blandones de madera plateados.

- Iten dos faroles grandes con sus varas.

- Iten dos gradillas pintadas.

- Iten una urna grande dorada que sirve para el monumento.

- Iten unas andas de madera dorada para San Marcelino.

- Iten catorce cuadros, todos con su marco, dos grandes, cuatro medianos, y los seis restantes más pequeños.

- Iten cuatro bancos de respaldo de pino viejos y malos.

- Iten nueve frontales con marcos de varios colores.

- Iten tres campanas grandes en la espadaña de la Iglesia.

- Iten seis campanillas para tocar en las misas rezadas.

   

En esta forma se concluyó este inventario sin que el Padre Fray Nicanor Cantabrana encargado que estaba de lo perteneciente a la Iglesia, Sacristía y demás perteneciente al culto divino haya manifestado ni entregado más de lo que en este inventario se contiene y lo mismo de que se dio  por entregado el R. P. Fray Manuel Gil como representante en virtud de comisión del ilustrísimo Sr. Obispo a quien principalmente corresponde entregarse de dichas alhajas por el artículo 29 de la ley de 25 de Octubre sobre reformas de regulares, y para que así conste, lo firmó dicho señor Alcalde y los predichos PP. Fray Nicanor y Fray Manuel Gil, de lo que yo el infrascrito fiel de fechos certifico y doy fe en cuanto puedo en san Gerónimo de Espeja y enero 24 de 1.821.

           Tomás Llorente. == Firmado y Rubricado.

Fray Manuel Gil. == Firmado y Rubricado.

Fray Nicanor Cantabrana. == Firmado y Rubricado.

Como fiel de fechos. == Domingo Ortega. == Firmado y Rubricado.

    Vemos que se trata de un inventario realizado con todo escrúpulo. En él se contienen tanto obras de gran envergadura artística como objetos menores de escaso o nulo valor.

    El inventario del 4 de Diciembre de 1.835 es prácticamente igual al anteriormente transcrito, aporta algunas variantes pero de escasa relevancia, obviamos, por tanto, su relación.

    Este fue el principio del fin del desmantelamiento físico del convento. Poco tiempo después de los hechos relacionados, empezaron a desperdigarse por las parroquias cercanas algunos objetos e imágenes [1][7]. En los libros de carta-cuenta de la parroquial de Espeja hay una anotación de 1.846 en la que se pagan seis reales por colgar los cuadros del Convento, ese mismo año queda constancia del traslado de "los santos del convento".

  

En la iglesia de Espeja se conservan, por citar algunos ejemplos, la urna con las reliquias de San Marcelino; un terno de damasco negro con bordados de oro; el cuadro de Ntra. Sra. de la Antigua que se halla encima de la puerta de la sacristía o el lienzo de la Inmaculada enfrente del anterior.

     En la parroquial de Guijosa está la arqueta de pasta y plata con los restos de san Diódoro; una cruz relicario de madera; un juego de candelabros; imagen de San Jerónimo ...

   En Orillares podemos contemplar dos bustos relicarios; un Cristo; retablo de las once mil vírgenes ....

   En La Hinojosa está instalada una de las antiguas cajonerías de nogal que estuvo ubicada en la sacristía del convento.

   Es decir, todos aquellos objetos transportables fueron sacados y repartidos por diferentes iglesias. Algunos de ellos, afortunadamente, se quedaron por las proximidades y, hoy en día, pueden ser admirados y disfrutados aunque sea fuera de su primitiva ubicación. La gran mayoría de los otros tesoros salieron con rumbo desconocido, fruto de especulaciones, ventas, compensaciones y negocios varios.

   El paso siguiente, de las diferentes etapas de la desamortización, fue la enajenación y posterior subasta de fincas y tierras. El Boletín Oficial de Soria del 5 de abril de 1.843 publicaba el anuncio de subasta y tasación de los bienes del convento. Las tierras se fijaron en 32.000 reales de salida. El 13 de mayo de ese mismo año fueron adjudicados la mayor parte de las fincas a D. Juán José Vicente , vecino de Madrid, por 102.100 reales de vellón; el lote estaba compuesto por las fincas rústicas, la cerca, el palomar y la huerta.[1][8] No habiendo satisfecho el importe en el plazo señalado, los bienes fueron traspasados a D. Ignacio Martín Díez en 73.183 reales y 22 maravedíes.

   El edificio de la iglesia, que estaba tasado en 379.730 reales, fue cedido por la reina Isabel a la Comisión de Monumentos de Soria en 1.847.[1][9]

   Existe un trabajo aún más completo que el anterior relativo a la desamortización en sentido estricto; me refiero a "Las desamortizaciones de Mendizabal y Madoz en Soria" obra de Rosa Ortega Canadell; en él recoge listados muy completos de todas las propiedades y rentas que fueron subastadas en Soria durante los dos períodos principales del fenómeno. Para nosotros es muy interesante pues podemos conocer una gran parte del poderío económico del Convento de Espeja hasta su desaparición.

   Vamos a robarle una serie de datos a la Sra. Canadell relativos a las subastas, ordenadas cronológicamente, y con consignación del precio de salida y remate; más adelante examinaremos el perfil de los principales compradores, algunos de ellos ya citados por Zamora Lucas.

 


FINCAS Y CENSOS[1][10] DEL MONASTERIO DE ESPEJA SUBASTADOS ENTRE 1.843-1.849.

 - 1.843: 126 fanegas de tierra fuera de la cerca del monasterio, tasadas en 30.040 reales. En remate 102.000 reales.

 - 1.844: Un cercado unido al monasterio con 228 frutales y un palomar y un casillo, todo con 72 fanegas y 4 celemines, tasado en 72.900 reales. En remate 263.000 reales.

   - Una dehesa de pasto y labor en Espejón, 178 fanegas, tasada en 66.750 reales. En remate 124.000 reales.

- 1.845: 130 heredades en Rejas de Ucero, 34 fanegas y 5 celemines, tasadas en 5.520 reales. En remate 5.520 reales.

   - 10 heredades en Guijosa, 64 fanegas y 6 celemines, tasadas en 29.125 reales. En remate 60.000 reales.

   - 14 heredades en Espeja, 36 fanegas y 2 celemines, tasadas  en 25.186 reales. En remate 75.000 reales.

   - Un molino harinero contiguo al monasterio, tasado en 13.640 reales. En remate 35.000 reales.

   - 14 heredades en Orillares, 46 fanegas y 11 celemines, tasadas en 14.202 reales. En remate 14.202 reales.

   - 15 heredades en La Hinojosa, 12 fanegas y 7 celemines, tasadas en 11.593 reales. En remate 11.593 reales.

  - 1.849: Un censo que paga el concejo del pueblo de Villálbaro con un rédito anual de 35 fanegas de trigo y 35 de cebada, tasado en 107.330 reales. En remate 160.000 reales.

   - Un censo sobre un molino de dos piedras en Guijosa con un rédito anual de 25 fanegas de trigo, tasado en 47.066 reales. En remate 48.000 reales.

 


COMPRADORES CON RELACIÓN DE FINCAS ADQUIRIDAS.

    1. Ignacio Martín Díez: Natural de Madrid. Adquirió cinco fincas rústicas (10 heredades en Guijosa; 14 en Espeja; un molino harinero en Espeja; 14 heredades en Orillares y 15 heredades en La Hinojosa) y el censo del pueblo de Villálbaro. Todo ello valorado en 355.795 reales y una extensión de 102 hectáreas.

     2. Manuel Pascual Vela: Natural de Madrid. Adquirió una dehesa en Espejón. Valorada en 124.000 reales y una extensión de 114 hectáreas.

     3. Juán José Vicente: Vecino de Madrid. Adquirió 2 fincas (una fuera de la cerca del Convento y el cercado con frutales) y un censo sobre un molino harinero. Todo ello valorado en 413.000 reales.

     Una vez vaciado de objetos artísticos, subastados las tierras y abandonado completamente a su suerte, se inicia el desmoronamiento físico del ex-convento de Jerónimos de Espeja. La Comisión de Monumentos, ya citada anteriormente, anuncia en el Boletín Oficial del 11 de septiembre de 1.854 la "enajenación de escombros del derruido monasterio de Espeja".

     Entiendo que para esa fecha, 1.854, tan solo queda en pie la iglesia, que aún conserva los sepulcros y buena parte de los objetos de culto así como algunos retablos e imágenes.

     El Convento de Espeja es, a partir de estas fechas, una presa codiciada para todo tipo de expoliadores, bandas de maleantes, desaprensivos y aprovechados de toda condición. El estado ruinoso y la falta de vigilancia lo convierten, además, en un objetivo muy asequible para estas bandas de desalmados.

    


Varios fueron los saqueos sufridos por las egregias ruinas durante los primeros años de este siglo. El profesor Zamora Lucas narra dos de ellos en la obra ya reseñada.

     El primero de ellos protagonizado por un personaje ciertamente legendario; me refiero al Señor Izquierdo Jaúregui, escribano de Salas de los Infantes, profesor de Derecho Penal y de Economía política en la Universidad de Burgos. Este hombre de carácter y posición respetables, casado y amante padre de familia, se enamoró perdidamente de una gitana y, abandonando todo lo conocido, cambió su vida placentera y acomodada de incipiente burgués por las correrías sin tino, las noches en el carromato y la vida nómada y marginal de una partida de gitanos.

     Este curioso personaje, junto con algunos otros gitanos, fueron sorprendidos en el Convento en pleno acto delictivo por las autoridades de Guijosa. Detenidos inmediatamente, fueron juzgados al día siguiente en Aranda de Duero. Nada sabemos de la sentencia ni de los daños que pudieron causar en su acción; sí sabemos que el juicio despertó gran expectación por la fama del procesado. Aún hoy, se cantan coplillas y romances acerca de las aventuras y andanzas de este curioso individuo.

     La noche del 25 al 26 de julio de 1.912, otra partida de gitanos dio un nuevo golpe a las riquezas de la iglesia. Arrancaron valiosísimos cuadros de sus marcos -alguno de ellos atribuido a El Greco, según Zamora Lucas- que representaban escenas del Descendimiento, Santo Sepulcro y La Caridad. Fueron detenidos en Aranda y juzgados el 23 de octubre de ese mismo año. Las declaraciones de los inculpados debieron ser tan pintorescas y la capacidad del fiscal tan nula, que la acusación fue retirada sin poder recuperar nada de lo robado. Del paradero de los lienzos, obviamente, nada se sabe.

     A raíz de estos hechos se instaló un guarda permanente[1][11]. Demasiado tarde, ya que poco había que guardar.

    


En 1.931, se arrancaron los sepulcros de los Avellaneda para trasladarlos a lugar más seguro. [1][12] El del Obispo D. Diego de Avellaneda puede ser contemplado en la sacristía de la iglesia de San Pablo en Valladolid -aneja al Museo Nacional de Escultura-, de los otros dos nada se sabe, tan solo rumores que no han podido ser verificados.[1][13]

     A partir de 1.931 , sólo queda del Convento una iglesia vacía. Vacía pero intacta, tan orgullosa y majestuosa que hoy sería la envidia de la comarca y orgullo de los de la tierra. La iglesia también se perdió. Lo que hasta ahora había ocurrido con los objetos de cierto valor artístico, va a afectar también a las piedras, las tejas y hasta los ladrillos. Por el Convento de Espeja pasó la apisonadora de la incomprensión, del egoísmo y la barbarie. Muchos fueron los responsables, la mayoría por falta de capacidad pero otros con plena conciencia y, por ello, más culpables.

     Hace muchos años me contó D. Saturnino,[1][14]en aquella época anciano y venerable sacerdote ya jubilado, la historia verídica que me complazco en transmitir.

     Era el buen D. Saturnino el joven párroco de Pedraja de San Esteban y, estando la iglesia necesitada de reparaciones de cierta urgencia, acudió en demanda de ayuda económica ante el obispo de Osma. No se quién era el obispo de marras, ni intención de averiguarlo. Este noble prelado argumentó que la diócesis no disponía en aquellos momentos de fondos para tales menesteres; pero que, en un lugar no muy lejano, podría encontrar buenos materiales de deshecho que podrían muy bien ser reciclados para reparar su parroquia. El lugar en cuestión era el Convento de Jerónimos y el párroco de Pedraja obtuvo la autorización y el beneplácito -aún más, la sugerencia- para coger tanto como pudiera cargar. Efectivamente, varios vecinos del lugar, con 4 ó 5 carros y al frente su párroco, se dirigieron al lugar señalado, escoltados por una pareja de la guardia civil en previsión de posibles altercados y, durante horas, cargaron todo aquello que les pudiera ser útil. La mayor parte sillares y piedras pero también una fenomenal losa de jaspe que hasta hace pocos años estuvo instalada en el altar mayor de la iglesia de Pedraja.[1][15]

   De la muerte definitiva de la iglesia dice José María Martinez Frías[1][16] "lamentablemente será demolida en 1.939 por los vecinos de Guijosa, para, de esta manera, impedir el regreso de los monjes y la posible incautación de sus tierras por parte de éstos".


 
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