Origen del Universo
(nueva teoría)
Tal vez hemos puesto una explosión donde pudo ocurrir algo muy parecido:
el universo pudo haberse desarrollado a partir de una
gran colisión entre dos enormes masas a velocidad quizá cercana a la luz,
en lugar del conocido Big Bang.
La descomunal energía cinética de esas masas sería el motor para
la expansión y desarrollo del universo. En su dispersión radial produciría
una expansión más o menos parecida en todas direcciones con velocidad
proporcional a la distancia entre todos los puntos, encontrando una
expansión mayor en las zonas más lejanas al observador que en las
cercanas visto desde cualquier lugar, semejante a lo que hoy conocemos.
No entraré ahora a considerar el origen de esa materia y el
espacio-tiempo correspondiente. Eso es otro tema que en
este modelo se puede tratar aparte, como dos fases consecutivas de un
mismo universo, y aquí tenemos que arrancar necesariamente en presencia
de materia, puesto que no puede haber colisión sin contar previamente con
dos masas. Además, antes de la colisión no podemos tener ninguna pista
material en que basarnos, pudiendo tan sólo especular de forma teórica
con más o menos lógica, aunque está claro
que tuvo que ocurrir algún proceso previo.
La estructura jerárquica del universo podría haberse generado por
fragmentación sucesiva a partir de esa colisión. Las dos masas iniciales
se habrían aplastado una contra otra hasta producirse las primeras
fracturas de mayor tamaño correspondientes a supercúmulos.
A su vez estos grandes fragmentos continuarían en
colisión disgregándose de nuevo en otras partes de tamaño variable,
correspondientes a otros cúmulos o galaxias, que a partir de ahí
comenzarían a alejarse mutuamente. En todo caso, lo que está claro
es que todo comenzó en un solo foco (debido a la expansión general),
que la distribución de los cúmulos de galaxias puede encajar con una
fragmentación, y que las galaxias se ajustan bien al modelo de colisión,
como veremos a continuación.
Galaxias
Como último eslabón de la fragmentación, la colisión se completaría en el
núcleo de las galaxias, cuya sección podría ser parecida a la imagen de
abajo, en la que suponemos una densidad muy elevada pero no infinita
(las proporciones del gráfico no tienen por qué ser realistas). Las flechas negras
indican el recorrido interno que sigue la materia (preatómica) a medida
que la colisión avanza. En el plano de choque, donde la presión es máxima,
la materia toma dirección hacia el exterior produciendo eyección de
plasma subatómico, que es el punto de partida para el resto de la materia.
A partir de ahí, seguirá una nucleosíntesis semejante a la
propuesta en el Big Bang, pero en forma de flujo continuo
y no como un suceso único. Posteriormente el gas formado se
condensará en estrellas, en las que se sintetizan elementos pesados.
El círculo de trazo intermitente representa un posible horizonte de sucesos,
que estaría en continua reducción por la pérdida de masa. Se supone que
un agujero negro no permitirá escapar o expulsar nada al exterior,
pero eso se refiere a un estado "pasivo", mientras que en un fuerte choque
entre dos masas similares (ninguna domina a la otra) hay que añadir
además una presión interna superior a la que resulta de la propia
gravedad y suficiente para vencerla, empujando hacia fuera como una
erupción. Igual que a un diamante sólo puede rayarlo otro diamante,
lo único que puede reventar a un agujero negro es otro agujero negro.
Quizá la colisión sea su única escapatoria posible.
No deben ser tan malos estos monstruos si alguna vez usted y yo
también pudimos formar parte de ellos.
Desde la colisión inicial hasta llegar a la galaxia, en todo momento
se produce plasma que conduce a la formación de gas.
Ciertas cantidades de ese gas quedarán dispersas durante la fragmentación,
formando galaxias irregulares (carentes de núcleo) si tiene sufiente
densidad, o en otro caso quedará vagando en el espacio intergaláctico.
Cuanto mayor sea la velocidad del choque, mayor intensidad tendrá
la fragmentación, mientras que una velocidad demasiado baja sólo
conseguiría unir los bloques mansamente sin expulsar nada.
En el rango intermedio, la velocidad será lo bastante alta como para
producir eyección, pero no tanto como para activar una disgregación
excesiva, y es ahí donde las galaxias pueden encontrar su estabilidad.
Comparando galaxias jóvenes (lejanas) con otras actuales (cercanas),
se observa que las espirales no han parado de crecer en todo ese tiempo.
Mientras tanto, parece que el núcleo comienza con gran actividad,
como en los quásares, para ir decreciendo posteriormente.
Esta merma progresiva del núcleo encaja mejor con la colisión que
poco a poco lo dispersa (de más a menos), que con el núcleo que
absorbe material con el tiempo (de menos a más). Por eso es probable
que las galaxias espirales se hayan formado por expulsión de materia
del centro hacia fuera, en lugar de hacerlo por atracción gravitatoria
de fuera hacia dentro, aunque la gravedad también actúe.
La gran mayoría de estrellas del disco de la Vía Láctea se alejan
unas de otras. Este hecho es incompatible con la idea de la absorción
por parte del núcleo, pues no puede haber expansión y contracción al
mismo tiempo. Si hubiese absorción hacia el centro, podría haber como
mucho un pequeño alejamiento radial por la distinta velocidad, pero en
todo caso tendría que haber al menos un acercamiento transversal
por la concentración del material. Pero en el caso de una expansión
multidireccional es imposible la contracción y absorción hacia
el centro, y dando mentalmente marcha atrás podemos deducir que
todo el material del disco inició su andadura en el núcleo.
Recordemos que la idea de una contracción hacia el centro (acrección)
sólo es una invención teórica, una mera suposición, mientras que la
expansión general de la Vía Láctea es una observación empírica,
tiene la certeza de un hecho constatado.
Sin embargo, las galaxias elípticas pueden seguir un patrón
distinto respecto a este punto, formándose por atracción gravitatoria
a partir de un núcleo inactivo que haya escapado a la colisión
(no produce gas). Del mismo modo que ocurre en todas las colisiones,
algunos fragmentos desprendidos no encuentran nada por delante,
no coinciden con otros fragmentos en sentido opuesto, y de esa forma
pueden escapar sin chocar con nada. El núcleo de las elípticas podría
tener este origen, y en estas galaxias podría cumplirse el movimiento
orbital clásico sin demasiadas sorpresas, pudiendo tener cada estrella
su propia órbita distinta de las demás (mientras no choquen).
El material de estas galaxias ya no procedería del núcleo como en las
espirales, sino que habría sido capturado gravitatoriamente del exterior.
No creo que las elípticas sean una etapa más de las galaxias espirales,
sino un objeto distinto con sus propias características, aunque eso no
impide que hayan podido capturar también otras galaxias del exterior.
Por su parte, los cúmulos globulares podrían haberse formado
a partir de fragmentos menores desprendidos en uno u otro borde del
plano de choque en el núcleo de la galaxia, quedando intactos al eludir
de esta manera la colisión y evitando así convertirse en gas. Más tarde
pueden capturar gravitatoriamente a las estrellas que van encontrando
en su trayectoria de fuga. Estos cúmulos serían como galaxias elípticas
en miniatura. No creo que se hayan formado a partir
de nubes de elevada densidad, porque entonces habrían desarrollando
un contenido en elementos pesados mucho más alto del que tienen,
ya que en ese caso la formación de supernovas habría sido abundante.
A diferencia del disco, la zona del bulbo que rodea al núcleo
también puede seguir la misma pauta que las galaxias elípticas y
los cúmulos globulares. Este abultamiento central puede formarse
por la captura de una parte del gas cuya trayectoria "balística" no sea la
adecuada para escapar hacia la zona exterior, quedando atrapado
gravitatoriamente alrededor del núcleo. Las estrellas que lo forman
pueden presentar el mismo patrón de movimiento orbital que los objetos
citados, y no será nada fácil que una estrella caiga en el agujero negro
mientras mantenga una órbita estable. Por el contrario, los movimientos
de las estrellas del disco probablemente sigan un esquema muy diferente,
que expongo a continuación.
Movimiento de la espiral
El disco galáctico aparenta girar todo entero como si fuese de una pieza,
lo cual no concuerda con las leyes del movimiento orbital.
Para justificar esa aparente anomalía se ha propuesto la existencia de
algún tipo nuevo de materia en cantidad suficiente como para cuadrar
las cuentas gravitatorias, y se la ha denominado materia oscura.
Sin embargo, en caso de existir tal materia, sus efectos también
tendrían que notarse en el sistema solar, alterando nuestras órbitas
de alguna forma (cosa que no se observa).
Pero para explicar el movimiento del disco galáctico podemos encontrar
otra razón más sencilla sin necesidad de materia oscura: la confusión
puede deberse a que la espiral conserva su forma al crecer, repitiendo
la misma figura en torno a un eje. Después nuestra imaginación puede
interpretarlo como un giro rígido que en realidad no existe. Recordemos
que el supuesto giro del disco sólo es una interpretación a partir de
datos de velocidad lineal, pero no es una observación directa como tal.
Tenemos en mente la imagen del remolino que todo se lo traga por el
desagüe, pero hasta en ellos se cumple el movimiento orbital, acelerándose
hacia el centro. Por el contrario, la galaxia más bien se mueve como el
riego por aspersión. Precisamente, uno de los indicios a favor del origen
central del disco es la forma en que aparenta moverse, porque la gravedad
no hace trampas, pero la geometría a veces gasta bromas.
Veamos ahora cómo puede desarrollarse una espiral desde el centro hacia
la periferia al girar el núcleo, a semejanza del riego giratorio:
En la posición inicial del gráfico, nuestro punto rojo de referencia
coincide con la salida del núcleo. La flecha roja es la trayectoria real
que sigue nuestro punto, y es la resultante de combinar la velocidad
tangencial del núcleo (1) con la velocidad radial de salida (2). Por lo tanto,
la combinación de diferentes velocidades dará lugar a espirales más
abiertas o cerradas según el caso. He escogido para el esquema un ángulo
cualquiera a modo de ejemplo, que no tiene por qué coincidir
con ningún caso concreto.
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Después que el núcleo ha girado un determinado ángulo (3), nuestro punto
rojo se ha quedado retrasado (4). Por esta razón,
un observador que girase a la vez que el núcleo vería crecer el disco
hacia atrás. La trayectoria real (flecha roja), se aproxima cada vez más
a la radial a medida que nos alejamos del centro. La flecha azul punteada
(5) señala la trayectoria aparente, que en nuestro caso es completamente
falsa,
tratándose sólo de una ilusión visual, ya que nuestro punto rojo de
referencia nunca estuvo allí. El ángulo de este falso avance
(de apariencia orbital) es igual que el avance del núcleo (5 = 3),
y es lo que puede interpretarse erróneamente como un giro del disco.
Para simplificar la explicación se han representado todas las trayectorias
como rectas, aunque en la realidad habría que incorporar
el efecto de la potente atracción gravitatoria del núcleo,
que desviará la trayectoria con una curvatura cada vez más abierta
a medida que nos alejamos de él. Igualmente, la potencia del
chorro de salida se irá reduciendo al consumirse el núcleo,
reflejándose en el desarrollo global de la espiral y produciendo
expansión también en dirección radial por la distintas velocidades.
Pero todos estos detalles no son esenciales para una exposición
esquemática como esta, y se pueden omitir aunque
en la realidad estén presentes.
Si este modelo fuese correcto, entonces el Sol nunca ha dado ni dará
una sola vuelta alrededor de la galaxia, a diferencia de lo que ahora se
piensa. En el supuesto caso de una trayectoria orbital, desde nuestro
punto de observación el aspecto de la Vía Láctea tendría pocos cambios
en el tiempo (al moverse toda a la vez), sin embargo no podría ocurrir
lo mismo con la posición del resto de galaxias exteriores, las cuales
tendrían que moverse poco a poco en torno al eje central de la nuestra,
girando todas ellas en un mismo sentido y ángulo respecto a las estrellas
de nuestra galaxia. Lógicamente ese desplazamiento sería más perceptible
en las galaxias visualmente cercanas al disco (o "ecuador") de la Vía Láctea.
En nuestro caso, dividiendo la supuesta órbita de 225 millones de años
entre 360º, obtenemos 625.000 años por grado, unos 174 años
por cada segundo de giro.
Aunque pueda parecer poco, es asequible para la capacidad
de la intrumentación actual, de modo que ya tenemos por donde empezar
para saber si el disco realmente tiene movimiento giratorio o no.
Lo que se ha denominado como "Gran Atractor", que supuestamente
es una inmensa concentración de masa que nos atrae en esa dirección,
en realidad no corresponde más que a la trayectoria
con la que nos movemos según lo anteriormente descrito.
Pero este movimiento no se debe a la atracción gravitatoria de nadie,
sino que se mantiene por nuestra propia inercia, con nuestra propia
energía cinética. Por lo tanto, creo que el supuesto "Gran Atractor"
en realidad no existe, y menos aún pensando que un objeto tan masivo
pueda ser a la vez transparente o invisible, ya que como mínimo
debería estar rodeado por millones de estrellas (visibles) girando a su
alrededor. Además, la teoría del Big Bang
debería explicar cómo podría concentrarse en tan poco tiempo
una masa tan gigantesca, pues no olvidemos que
la atracción es inversa con el cuadrado de la distancia.
Entonces, según el modelo que aquí se presenta, la trayectoria real
del Sol será la resultante de combinar vectorialmente dos movimientos,
por un lado tenemos el desplazamiento conjunto de toda la Vía Láctea,
y por otro nuestra propia trayectoria dentro de la galaxia.
De esto se deduce que la trayectoria del movimiento final no coincidirá
ni con uno ni con otro, sino que será una mezcla de ambos.