La globalización y sus efectos en la destrucción de la base industrial de Terrassa.

 

Una aportación al debate: El caso de AEG

 

 

I - Definición de conceptos

 

Dice Joaquín Estefanía en su habitual columna de economía, de un reciente dominical de “El País”, que uno de los temas del debate europeo de mayor actualidad, por la alarma social que provoca, está en la materialización en nuestro país, y en los de nuestro entorno, de las consecuencias de la globalización, provocada por la informatización y la desreglamentación de la economía y de los mercados financieros que funcionan a escala mundial 24 horas al día sin limitaciones fronterizas. Una de sus temidas consecuencias es la deslocalización; esto es, el desmantelamiento de las plantas industriales de producción y su traslado a otros países, donde las condiciones tecnológicas, salariales y fiscales permiten producir el mismo producto a menor coste. En algunos casos el coste de un componente electromecánico, a pie de cadena de montaje, elaborado en España es de cuatro hasta diez veces superior al del mismo componente elaborado en China.

 

Hace más de una década que la industria europea trasladaba sus plantas productivas a países periféricos: Philips desde Holanda a Turquía, el textil catalán a Marruecos. Ahora Marruecos pide ayuda porque sus productos textiles y de confección no pueden competir con los textiles provenientes de China. Véase el artículo de Ignacio Cembrero: El Magreb pide auxilio a la Unión Europea, publicado en el suplemento económico de “El País” de 1 de mayo de 2005.

 

La situación es la lógica consecuencia de la aplicación de las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en su etapa actual de neoliberalismo; donde se defiende a ultranza las tres “libertades”: de comercio, de circulación de capitales y de inversiones. Así, algo tan lejano para los trabajadores de AEG de Terrassa como son las directivas de la OMC tiene el paradójico efecto de permitirnos, por un lado, comprar por sólo 3 € una prenda de vestir en una gran superficie o el mercado al aire libre de los miércoles; y por otro, las mismas reglas ponen en cuestión, a muy corto plazo, la continuidad de cientos de puestos de trabajo, los 290 directos de la plantilla actual de AEG más los indirectos, de las empresas de proveedores externos.   

 

 

II – La destrucción de empleo industrial en Terrassa

 

La reciente historia de la planta de AEG en Terrassa corre paralela a la de la industria local en general. Terrassa fue una ciudad eminentemente industrial: la primera industria era la textil en todas sus fases: hilado, tinte, tejido, hasta la manufactura de la lana, desde su obtención a partir de pieles de oveja en crudo importadas de Australia y de América, por tenerías, como la conocida Ernesto Baumann S.A. deslocalizada hace más de 20 años de su antigua ubicación junto a la estación de ferrocarril.

 

AEG también se instaló junto a la línea de ferrocarril, en consideración a una previsión de logística y de evolución del transporte de mercancías que resultó errónea. Ahora todas las grandes industrias textiles han desaparecido y sus solares están ocupados por el sector inmobiliario. En algunos casos sólo permanecen las esbeltas chimeneas prueba de que en esos lugares alguna vez hubo una “máquina de vapor” que accionaba extensos embarrados de poleas con sus correas de transmisión dando simultáneamente vida a cientos de telares y otras máquinas textiles.

 

Hoy una treintena de trabajadores de Tintes Viscolán (TIVISA), como los últimos de Filipinas, hacen guardia permanente a la puerta de su fábrica para evitar que alguien se lleve los medios de producción que aún permanecen en el interior de la misma. Su objetivo es garantizar parte de las indemnizaciones que les pertenecen tras el reciente cierre de la empresa por quiebra. Algunos de sus trabajadores llevan más de un año sin cobrar el finiquito.

 

La segunda industria local hasta 2004 ha sido la metalúrgica, ahora es la primera, no por mérito propio sino porque el textil-confección pierde empleo a mayor velocidad que el metal. AEG y Agut eran fábricas las más destacadas por el número de trabajadores. En 1970 AEG contaba con cerca de 1900 trabajadores y producía interruptores, motores y transformadores. Hoy Agut S.A., tras ser absorbida por General Electric, está en vías de desaparición; por su parte, AEG sólo cuenta con 290 trabajadores y está en situación legal de “suspensión de pagos” ahora llamada de “concurso de acreedores” donde, además, la dirección de la empresa ha solicitado al juez mercantil la autorización para despedir a 124 trabajadores, el 43% de la plantilla.

 

Sólo permanecen dinámicos en la economía local dos sectores: el comercio, cada día se abren más tiendas y oficinas inmobiliarias, y el de la construcción, aunque en Terrassa tenemos miles de pisos vacíos, la construcción de nuevas viviendas no cesa. Los antiguos solares industriales se ocupan por nuevos edificios de viviendas: SAPHIL, Tarrasa Industrial, El Vapor Gran, Torredemer, “Pepito Sala”, y otros muchos son ejemplos de este proceso transformador de suelo industrial en suelo residencial. La demanda de vivienda no cesa, dadas las particulares condiciones de la población de Terrassa, que ya contabiliza 200.000 habitantes y tiene un elevado crecimiento demográfico, en parte debido al alto índice de inmigración. Hay censados cerca de 10.000 magrebies y más de 7000 sudamericanos. Tales condiciones posibilitan que, como en el resto de nuestro entorno nacional,  el precio de la vivienda crezca al vertiginoso ritmo de hasta el 17% anual. Están por ver las consecuencias a largo plazo del endeudamiento que las jóvenes parejas asumen, prácticamente de por vida, para cubrir las hipotecas a que se obligan con la adquisición de sus viviendas.

 

La prueba de que la industria local está en crisis, se evidencia en los siguientes gráficos que muestran la evolución del metal  y del textil-confección en Terrassa durante el período 1987-2003:

 

 

 

Estos gráficos confirman el imparable retroceso de la actividad industrial local. Los datos han sido publicados por el Ajuntament de Terrassa en su informe de coyuntura del año 2004. En este informe se destaca que a pesar de la fuerte crisis del sector del metal, en el 2004 en número de empleados metalúrgicos superó por primera vez a los del textil-confección.

 

 

III – El ascenso y caída de la AEG de Terrassa

 

La fábrica de AEG en Terrassa, no ha sido una excepción a la tendencia local, ha seguido fielmente la pauta de reducción de empleo de la industria local en general. La emblemática fábrica, de origen alemán, fue construida en un solar de 44.000 metros cuadrados, en la confluencia de la Carretera de Castellar y la línea del Ferrocarril. El terreno fue cedido por el municipio, tras la Victoria del General Franco sobre la República en 1939. Su construcción se inició simultáneamente a la expansión militar de Hitler sobre Europa. Aquella inversión alemana en Terrassa fue una excepción dentro del período autárquico de la economía franquista. Se empezó por contratar, para la producción en la fábrica, a los mismos trabajadores que construyeron el edificio de oficinas y la primera nave, desde ese momento, la plantilla de AEG creció hasta alcanzar los 1900 trabajadores en el año 1970; entonces empezó el declive con la reducción paulatina del número de trabajadores. Se liquidaron los negocios de interruptores, transformadores y contadores (éstos últimos se hacían en la factoría de Rubí), también se redujo ampliamente la gama de motores producidos en Terrassa. Para la producción de los tipos de motores que subsistieron se externalizaron algunos procesos, (deberíamos decir que se deslocalizaron), tales como el matrizado de chapa magnética, la fundición de aluminio, la construcción de utillajes y el bobinado de tipos especiales.

 

En la primera mitad de los años noventas Daimler-Benz Industrie decidió desprenderse de sus filiales dedicadas a la fabricación de motores eléctricos, entre ellas planta de AEG de Terrassa, que le producía perdidas de 1.000 millones de pesetas al año. Del grupo de fábricas de motores segregadas de Daimler-Benz se hizo cargo, primero una sociedad creada a tal efecto llamada Elexis, con sede en el Reino Unido. Después otro grupo de inversores llamado H. T. Finanz llevó la fábrica de Terrassa hasta la suspensión de pagos de 1998 y preparó la cesión, sin cargo, al actual propietario italiano.

 

Antes de ceder la empresa el equipo directivo saliente, que en 1998 era alemán, propuso a los mandos de confianza que considerasen la opción de hacerse cargo de la empresa. Se trataba de una solución usual y en ocasiones con éxito para salvar empresas en crisis. En aquellos años era normal que empresas en crisis fuesen adquiridas por sus directivos, pero en AEG de Terrassa no fue aprobada la propuesta, tal vez por la edad próxima a la jubilación de algunos directivos y por la perspectiva de suculentas indemnizaciones para algunos de los altos cargos cesantes.

 

Cuando cesaron los altos responsables alemanes también se aplicó el despido de 71 trabajadores de la plantilla y la reducción de un 5 % en los salarios de los trabajadores que siguieron en la fábrica. Estas dos últimas medidas fueron aprobadas por la Asamblea de trabajadores a propuesta del Comité de Empresa, en una irregular votación secreta donde los miembros del Comité podían ver quienes cogían la papeleta del SÍ y quienes la del NO.

 

El Comité de Empresa ha dirigido, al menos desde los últimos 25 años, todas las acciones de los trabajadores en AEG, a pesar de que en ocasiones se ha pretendido hacer pasar algunas de esas acciones por espontáneas; pero hay dos momentos especialmente relevantes donde el Comité ha decidido y ha impuesto el ¿qué hacer? En primer lugar, fue durante el período de la transición de la titularidad alemana a la italiana, y después, tal vez la acción de mayores consecuencias para la continuidad de la firma, durante el posterior proceso de la venta de los terrenos de AEG a Inmobiliaria Colonial S. A. vinculada a “La Caixa” En ambas ocasiones destacó el poder absoluto y unívoco del presidente del Comité; la misma persona que en 2004, cesó en la empresa de forma imprevista, sin informar a sus compañeros y sin despedirse de la plantilla, a la cual representaba y que le había concedido el decisivo cargo que había detentado durante años. Fue  una conducta, que, cuando menos, debemos calificar de irregular.  Sería interesante conocer las actas del Comité de Empresa de las fechas inmediatamente posteriores a la desaparición sin explicaciones de su presidente. También deberían conocerse las reacciones de las secciones sindicales: la de CCOO, sindicato al que estaba afiliado el presidente del Comité de Empresa, y la de UGT, sindicato al que había pertenecido durante muchos años hasta el curioso episodio de transfuguismo masivo. Fue éste un sorprendente el traspaso masivo de muchos miembros de la sección sindical de UGT, incluido el presidente del Comité de Empresa a CCOO, ocurrido poco antes de la venta de los terrenos de AEG a Colonial.

 

Los trabajadores que votaron unas siglas y que apoyaron con su voto una sección sindical determinada tienen derecho a saber las razones de tales cambios. También hoy los trabajadores de AEG merecen una explicación del Comité que aclare las dudas originadas tras la marcha, (sin explicaciones), del presidente del Comité de Empresa. Se trata de una persona que había mantenido reuniones en privado con los actuales propietarios italianos o sólo acompañado por el secretario del Comité. Es una obviedad recordar que los acuerdos y los compromisos del secretario y del presidente de un Comité de Empresa, refrendados por la firma del resto de los miembros del Comité, son vinculantes para la totalidad de los trabajadores a quienes representan.

 

¿Cuánto obtuvieron los propietarios italianos por la venta de los terrenos de AEG de Carretera de Castellar? La cifra más alta está en 4800 millones de pesetas según se dice en el Diari de Terrassa del 27.05.2005, citando al anterior secretario del Comité de Empresa. Hoy expertos en el tema inmobiliario valoran los antiguos terrenos de AEG en 16.000 millones de pesetas.

 

La versión más plausible, es que la propiedad italiana ha invertido todos los recursos financieros producidos por la venta de los terrenos, además de los créditos obtenidos del Institut Català de Finances (ICF), y de la Banca Nazionale del Lavoro (BNL) en la financiación de su proyecto empresarial y en el reparto de beneficios (cuando los hubo) entre sus accionistas, de tal forma, que a lo largo de los últimos cinco años esos recursos se han agotado. Al mismo tiempo, se han generado unas perdidas de 10 millones de € desde el año 2002 (Véase nota de Lalo Agustina en La Vanguardia Digital del 12.04.2005)

 

El destino de los recursos económicos propios y ajenos no se han ocultado, fuera de la lógica y licita confidencialidad de las decisiones propias del Consejo de Administración. Sorprende, por tanto, la reciente afirmación del Comité de Empresa, aparecida en la prensa local, proclamando “que han sido engañados”.

 

Nos constan las múltiples informaciones y comunicados dirigidos al Comité de Empresa relativas a las anomalías en la producción, que muchos trabajadores observaban en sus propios puestos de trabajo. Nadie desde el Comité de Empresa ha puesto remedio a procesos y sistemas que sólo podían generar pérdidas económicas constantes, no se ha denunciado por escrito ni se hecho constar en actas dichas anomalías para probar la viabilidad de la empresa, ahora, ente el juez . La realidad es que hay pérdidas, que éstas han acabado por conducirnos a la situación actual; desde donde, tal vez irremediablemente, ya no hay vuelta atrás. Se han dejado hacer las cosas mal; año tras año, en un mercado cada vez más competitivo, lejos de mejorar la productividad se ha multiplicado los costes de producción de forma que la adquisición de componentes más baratos apenas ha podido compensar el incremento de costes por deficiencias..

 

La dirección económica de la empresa argumenta que otro de los factores que la han llevado a la zona de pérdidas está en el elevado número de trabajadores en situación de baja laboral. La fábrica AEG de Terrassa había sido modelo de empresa, con el menor  índice de absentismo de todo el entrono, claro está estamos refiriéndonos al período anterior a 1980, con una plantilla joven. Hoy la edad media de los trabajadores de AEG está situada entorno a los 50 años. Muchos de los trabajadores tienen una larga vida profesional, y han desarrollado enfermedades laborales que les incapacitan periódicamente para proseguir su actividad; otros, han desarrollado enfermedades más graves, que les apartan definitivamente de la actividad laboral y de la misma vida.

 

En función de los datos económicos irrefutables, obviamente conocidos por el Comité de Empresa, podemos ver que la continuidad de la empresa AEG Electric Motors S.A. es inviable si no se adoptan cambios radicales de inmediato. Por el momento, a finales de mayo de 2005, la decisión a tomar está sobre la mesa del juez responsable del caso: aprobar la solicitud de rescisión de 124 contratos, o dejar que el barco se hunda por quiebra en pocas semanas.

 

IV – Alternativas

 

Nadie, desde el Comité de Empresa, ha refutado los datos económicos presentados por la dirección de AEG de Terrassa. Sólo, sottovoce, se plantea como única consigna la de que “Si quieren rescindir contratos de trabajo que los paguen”. La cuestión es, quién debe pagar y cuánto. La empresa no tiene liquidez para indemnizar, según la legislación vigente, a los trabajadores afectados. A la vista de la presentación del ERE y del concurso de acreedores el pasado 08.04.2004, la solución no es fácil, ni tan siquiera será posible acogerse el Fondo de Garantía Salarial que está previsto sólo para casos de empresas en quiebra.

 

El problema de la pérdida de empleo industrial es una constante en nuestra Comarca (Vallés Occidental); por tanto, es normal que surjan iniciativas desde organizaciones de carácter sindical, social, o político proponiendo reuniones para debatir sobre el problema y decidir acciones encaminadas a frenar la destrucción de tejido industrial.

 

En ese sentido, media docena de organizaciones locales (minoritarias) convocaron para el pasado 24 de mayo una charla-coloquio, a las 7:30 de la tarde en el Centre Cívic Avel.lí Estrenger, bajo el título: La lluita obrera contra els tancaments, les deslocalitzacions i la precarietat.

 

En la nota de la convocatoria, repartida en mano a la puerta de AEG, se citaba la participación de:

-          Francisco Lara y José Luis Navarrete (trabajadores de TIVISA)

-          Un trabajador de AEG (sin especificar nombre ni cargo)

-          Jorge Amador trabajador de FASINPAT (fábrica argentina bajo control obrero, antigua ZANON)

-          Josep Bel (Xarxa Solidària contra el tancament…)

 

Sorprendentemente en la mañana del 24.05.2005 el Comité de Empresa, prácticamente desautorizó la charla-coloquio publicando en el tablón de anuncios el siguiente aviso:

 

Ante la nota del viernes día 20

aparecida en el aparcamiento de la

empresa informando de la

asistencia de un trabajador de

AEG en la charla-coloquio del 24

de Mayo, el Comité de Empresa

informa:

Ningún representante del Comité

de Empresa asistirá en

representación del mismo a dicho

acto.

Por ello si hay alguien que

intervenga en el acto, no será en

representación de los trabajadores

de AEG, sino a título personal.

El Comité de Empresa – 23.05.05

 

La charla se inició más tarde de la hora prevista, con unos setenta asistentes, sólo siete eran de AEG. Los trabajadores de Tintes Viscolán. S. A. expusieron su situación de empresa en quiebra, y de cómo se había llegado a ella, según explicaron, por la malversación del capital de la empresa a manos del Gerente Amadeo Cazador. En segundo lugar debiera haber intervenido un trabajador de AEG; según los organizadores del acto se había invitado a miembros del Comité de Empresa; pero, tal como habían anunciado en el aviso de la mañana, no se presentó ningún representante del Comité de AEG a la charla-coloquio. Cómo último recurso, uno de los asistentes, trabajador de AEG y miembro de la Sección Sindical de CCOO, expuso, a título personal, la evolución de la empresa; caracterizada, desde los ochentas por la constante reducción de plantilla hasta la crítica situación actual, donde la totalidad de los 290 puestos de trabajo están en vilo. Se criticó la hermeticidad con la que el Comité de AEG dirige las acciones, que dosifica la información en las asambleas, que ni siquiera se convoca a la sección sindical mayoritaria, en este caso CCOO. La ausencia de miembros representativos de AEG fue interpretada como una muestra más de del autoaislamiento del que se acusó al Comité de Empresa de AEG. También se criticó la ausencia en la charla-coloquio de representantes autorizados de la centrales sindicales mayoritarias, CCOO y UGT

 

Después tomó la palabra Jorge Amador, trabajador de FASINPAT, fábrica bajo control obrero de Argentina;  explicó la evolución de su empresa, desde el intento de cierre en 1999, cuando ZANON, una multinacional italiana dedicada a la construcción de pavimento cerámico, quiso trasladar la planta que entonces ocupaba a unos 300 trabajadores. La oposición de los trabajadores organizados en asamblea y apoyados por la población impidieron el cierre. La fábrica de cerámica está en una ciudad de 300.000 habitantes, y cuando por mandato judicial o gubernamental se intentó el desalojo de las instalaciones por la fuerza pública, 5000 ciudadanos rodearon la planta industrial impidieron así su desmantelamiento. A pesar de las agresiones físicas, de las presiones contra familiares, y del boicot de los antiguos proveedores, los trabajadores reanudaron la producción de pavimento cerámico en régimen de autogestión. Aprovechando un artículo de la Constitución argentina han conseguido imponer una estatus empresarial donde pueden seguir produciendo dentro de la legalidad. Hoy son 400 los trabajadores en ese ejemplo de fábrica autogestionada. Amador explicó que la empresa está organizada en departamentos que se ocupan de las tareas específicas de la empresa: compras, ventas, administración, etc., uno de sus departamentos se dedica a la publicidad, no del producto, sino de su modo de producción. La presencia de Jorge Amador en Terrassa fue fruto de la actividad de ese departamento de “propaganda”.

 

En las intervenciones de los asistentes al coloquio se afirmó que la experiencia de FISANPAT no es trasladable a nuestra ciudad, donde no se toleraría la menor traza de ocupación o apropiación por la fuerza de los medios de producción. Por otra parte entre los asistentes a la charla con experiencias de creación de cooperativas manifestaron que sus resultados no fueron esperanzadores, porque los cooperativistas tuvieron que asumir las inmensas deudas de los anteriores propietarios, lastrando de tal forma el proyecto industrial que los hacía inviables. Caso aparte son los casos de las cooperativas vascas Mondragón y Eroski que han acabado también con plantas de producción en China.

 

Desde el punto de vista de los organizadores de la charla las alternativas a los cierres de empresas empiezan por tomar conciencia de que se trata de un problema social, y, que es esencial la unidad de todos los trabajadores. Para evitar los cierres es necesario que se abandone el mal camino de intentar resolver los problemas de cada empresa individualmente. Por ello pidieron que trasladásemos a los trabajadores de AEG y sobre todo a sus dirigentes del Comité de Empresa la disposición de las organizaciones convocantes a colaborar en lucha contra el cierre de empresas incluida la AEG de Terrassa.

 

V – Conclusión

 

Desgraciadamente no hay motivos para la confianza en los resultados positivos de propuestas voluntaristas como las de la charla del pasado 24 de mayo, la realidad de los cierres de empresas y de los Expedientes de Reducción de Empleo que vemos en nuestro entorno, son casos donde los trabajadores de cada empresa se las arreglan solos. Los trabajadores de AEG de Terrassa perdieron su oportunidad en el momento de la venta de los terrenos de la fábrica de Carretera de Castellar a Inmobiliaria Colonial S.A. Véase, por el contrario, el reciente caso de la liquidación de la planta de Miniwat, filial de LG- Philips, es un claro ejemplo de actuación con mayor visión económica, allí, los trabajadores han cedido a la destrucción de empleo en Zona Franca de Barcelona, pero a cambio han conseguido grandes indemnizaciones financiadas por lo que podemos denominar: garantía inmobiliaria, proporcionada por el suelo industrial donde se ubicaba la planta productiva. En una asamblea AEG, antes de la venta de los terrenos, una trabajadora sugirió esa posibilidad pero fue descalificada inmediatamente por el presidente del Comité de Empresa que le contestó  - “No pretenderás que tengamos los terrenos como aval” – Nadie defendió, entonces, aquella propuesta. Tal vez, en las próximas semanas, algunos lamentarán haber perdido aquella ocasión única de salvar algo del desastre. 

 

La realidad es obstinada, y la globalización es imparable. Los países del primer mundo deberán adaptarse a nuevas circunstancias productivas y asumir que el desplazamiento de la producción industrial, la de mayor mano de obra y de tecnología baja-media, hacia países asiáticos es un hecho irreversible. El reto está en encontrar alternativas para el desarrollo global sostenible, basado en transacciones comerciales socialmente justas, y en aplicar medidas de financiación que acaben con el endeudamiento progresivo de los países del Tercer Mundo, fuente de futuras tensiones y desequilibrios. Para hacernos una idea del alcance de la expoliación a que se somete a dichos países transcribo un párrafo de Arnaud Zacharie de su artículo “Los Mercados Financieros"

 

 

... desde el estallido en 1982 de la precedente crisis de la deuda, los países del Tercer Mundo han devuelto 4 veces lo que debían y se encuentran actualmente 3,5 veces más endeudados que entonces. En efecto, en 1982, la deuda total del Tercer Mundo se elevaba a alrededor de 590.000 millones de dólares, mientras que al final de 1998, alcanzaba 2,03 billones. Esto cuando ha devuelto alrededor de 2,5 billones durante el mismo periodo. Esta situación no impide por otro lado que el Sur, a pesar de las ideas recibidas, transfiera más dinero al Norte de lo que él recibe en contrapartida; en efecto, en 1998, el Tercer Mundo devolvió 30.000 millones de más de lo que recibió como nuevos préstamos.

 

 

Volviendo a la situación local, nuestro entorno industrial heredado del siglo pasado con sectores de contenido tecnológico medio-bajo es insostenible. La Fundación de las Cajas de Ahorro  publicó en un reciente número de sus revista Papeles de Economía que la inversión extranjera que hasta ahora se localizaba en España ahora lo hace en los nuevos países comunitarios. España hoy está a la cola de países comunitarios perceptores de inversiones.

 

Para acabar citaré de nuevo el artículo de Joaquín Estefanía con la que se iniciaba este escrito, cuyo fin no ha sido otro que la aportación de argumentos para el debate que sirva para buscar soluciones a la crisis que se nos avecina.

 

            “Hay cuatro factores que ayudan a evitar la deslocalización de las empresas: una alta cualificación, infraestructuras de proximidad, alta inversión en I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación) y políticas públicas de ayuda. España es muy frágil en los cuatro.”

 

 

 M. Pastor

Licenciado en Historia por la UAB

Terrassa 31 de Mayo de 2005