Miguel Pastor                                      Terrassa, 10 de enero de 2004

 

Ha muerto otro tornero de AEG.       

J

uan Luna, cordobés de origen, ha muerto en Terrassa, demasiado pronto. Hoy, en este excepcionalmente cálido sábado de enero hemos acompañado su féretro; yo, que le conocí cuando él era tornero en la “Sección 210” a finales de los sesentas y otros muchos compañeros de los departamentos de la AEG donde trabajó a lo largo de su vida. También ha estado presente, claro está, toda de la sección sindical de UGT en AEG, de la que fue miembro fundador. Lamentablemente ha sido notoria la ausencia de afiliados de la “otra sección sindical”, así como la de una representación oficial de la dirección de la empresa; aun más, cuando si ha estado presente un representante del Excelentísimo Ayuntamiento de Terrassa.

 

Me permito hablar de Juan Luna desde la posición de quién le conoció, desde siempre. Fue, sobra decirlo, un trabajador honesto y responsable de su trabajo, no necesitaba control de jefes para cumplir con sus obligaciones; aunque sin dejar de exigir sus derechos. En él se cumplía rigurosamente el precepto de que para ser un cargo sindical que representa a los compañeros primero se ha de ser un modelo de responsabilidad y honestidad.

 

Espero, y aún más mi cónyuge, que algún día algún miembro de la otra sección sindical nos aclare la incógnita que ha dejado Luna tras su muerte. Se trata del singular caso de los zapatos de seguridad que martirizaron a Ángela durante más de un año. Juan Luna nos dijo, meses antes de iniciar su baja laboral a causa del cáncer que le mató : “Algún día os contaré lo que se dijo en el Comité de Empresa a propósito de tu caso. ¡Es vergonzoso...!”. Luna ha muerto, sin dejar que fuésemos a visitarle, pudoroso con su agonía como lo fueron mi padre y Manuel Pastor, otro tornero de AEG. En el respeto a la voluntad de Juan Luna no hemos podido despedirnos de él en vida. Así fue su deseo, así se ha cumplido.

 

Para terminar este panegírico quiero citar la obra de Martin Heidegger “Sein und Zeit”, edición mexicana del F. C .E, que me regaló Juan Luna hacia el año 1968: En este libro, que ahora tengo sobre la mesa, se analiza el hecho de la muerte y en la página 261 dice: “La muerte se desemboza sin duda como una pérdida, pero más bien como una pérdida que experimentan los supervivientes” 

 

Todos hemos perdido a Juan Luna.