Francisco de Quevedo y Villegas
(1580-1645)
Visita de los chistes (fragmento)
Página 131.
Ya estás diciendo entre ti: “¿Qué
perogrullada es esta?” El que tuviere tendrá –replicó luego-. Pues así
es. Que no tiene el que gana mucho, ni el que hereda mucho, ni el que recibe
mucho; sólo tiene el que tiene y no gasta. Y quien tiene poco, tiene, y si
tiene dos pocos, tiene algo, y si tiene dos algos más es, y si tiene dos mases,
tiene mucho, y si tiene dos muchos, es rico. Que el dinero (y llevaos esta
doctrina de Pero Grullo) es como las mujeres, amigo de andar y que le
manoseen y le obedezcan, enemigo de que le guarden, que se anda tras los que no
le merecen y, al cabo, deja a todos con dolor de sus almas, amigo de andar de
casa en casa. Y para ver cuán ruin es el dinero, que no parece sino que ha sido
cotorrera, habéis de ver a cuán ruin gente le da el Señor, y en esto conoceréis
lo que son los bienes de este mundo, en los dueños dellos. Echad los ojos por
esos mercaderes, si no es que estén ya allá, pues roban los ojos. Mirad esos
joyeros, que, a persuasión de la locura, venden enredos resplandecientes y embustes
de colores. Donde se anegan los dotes de los recién casados. ¡Pues qué si vais
a la platería! No volveréis enteros. Allí cuesta la honra, y hay quien hace
creer a un malaventurado se ciña su patrimonio al dedo, y, no sintiendo los
artejos el peso, está aullando en su casa.
...
El mundo por de dentro (fragmento)
Página 90.
Era un viejo venerable en sus canas,
maltratado, roto por mil partes el vestido y
pisado. No por eso ridículo: antes severo y digno de respeto.
-¿Quién eres –dije-, que así te confiesas
envidioso de mis gustos? Déjame que siempre los ancianos aborrecéis en los
mozos los placeres y deleites, no que dejáis de vuestra voluntad, sino que por
fuerza os quita el tiempo. Tu vas, yo vengo. Déjame gozar y ver el mundo.
Desmintiendo sus sentimientos, riéndose,
dijo:
-Ni te estorbo ni te envidio lo que
deseas; antes te tengo lástima. ¿Tú, por ventura sabes lo que vale un día?
¿Entiendes de cuánto precio es una hora? ¿Has examinado el valor del tiempo?
Cierto es que no, pues así alegre le dejas pasar hurtado de la hora, que,
fugitiva y secreta, te lleva preciosísimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que
ya fue volverá, cuando lo hayas menester, si lo llamares? Dime : ¿has visto
algunas pisadas de los días? No, por cierto, que ellos sólo vuelven la cabeza
ha reírse y burlarse de los que así los dejaron pasar. Sábete que la muerte y
ellos están eslabonados y en una cadena, y que, cuanto más caminan los días que
van delante de ti, tiran hacia ti y te acercan a la muerte, que quizá la
aguardas y es ya llegada y, según vives, antes será pasada que creída. Por
necio tengo al que toda la vida se muere de miedo que se ha de morir, y por
malo al que vive tan sin miedo della como si no la hubiese, Que éste la viene a
temer cuando la padece y, embarazado con el temor, ni haya remedio a la vida ni
consuelo a su fin. Cuerdo es sólo el que vive cada día como quien cada día y
cada hora puede morir.
(1) Edición de editorial Espasa Calpe . S.
A., Madrid, 2003