PARÁBOLAS DEL AIRE
"El poeta cuenta su vida primero a los hombres; después, cuando
los hombres se duermen, a los pájaros;
más tarde, cuando los pájaros se van, se la cuenta a los árboles..."
"Y todo es una canción compuesta para el Viento..."
(León Felipe)
Buscaba la forma de explicarme cada brizna de sentimiento captado
en mi retina, cada impacto de ternura en la piel, instantes plenos que hicieron
fogonazos de flash dentro de mi alma. Cada luz que se cruzaba con la mía,
ventanas de dolor o de alegría, ojos para la lluvia o la esperanza, cristales
que reflejan mi mirada. Mares por donde mi corazón navegaba o se detenía,
ojos para el naufragio o la añoranza... Segundos infinitos, imágenes
que se quedaron en mí y siempre me acompañan. Y quería
contarme y quería contarte cuanto mis ojos ven. Aún no sabía
cómo. Y fue entonces cuando descubrí eso que tú llamarías
palabras. Hilos de estrellas para enlazar los sueños.
PARÁBOLAS DEL AIRE
No busquéis las altísimas palabras.
Perseguid el camino que los vientos
abren entre los árboles.
Escalad por las sendas a la cumbre
donde el sol se deshace y se destrenza.
Creced en las estrellas
donde el cielo
escribe las parábolas del aire.
Y creed que la luz aún es posible
en el vientre sedoso de la nube.
Podéis nombrar los dedos de los soles
o del único Sol.
Todo es posible.
Aún estamos a tiempo
para la última luz inalcanzable.
(De "Tal vez sea la luz")
Y creí que estaban llenas de fuerza y de luz, que podía empuñarlas
para cambiarlo todo. Para dibujar la realidad de nuevo y hacerla más
amable. Creí que las palabras tenían el poder, que ellas podían
...
POEMISIVA
(A Silvia y a Juan)
Esta tarde quisiera ver el mundo
con los ojos agudos del payaso,
ir mucho más allá de las miradas,
o traer una alondra en el bolsillo.
Y mañana quisiera, al encontrarnos,
hacer de cada verso un lazo rojo
para poder ataros las sonrisas
al anónimo blanco de las sábanas
y a las batas sin nombre pensativas.
Demostradme que sí, que en un poema
hay espadas de luz, que las palabras,
en esta broma absurda de la vida,
aún pueden derribar a los dragones.
¡Demostradme que sí!
Toda la fuerza
indomable y antigua de este abrazo.
( De "Poemas a Viva Voz III")
Empecé a navegar por territorios mágicos, he bailado con un ritmo
distinto del ritmo cotidiano, he cambiado de significado a las palabras. He
hecho que ellas se convirtiesen en sortilegios mágicos para conjurar
la tristeza, o convocar la alegría. He creado mundos donde nadie los
había descubierto. No he necesitado viajar en el espacio. Ni siquiera
ha sido preciso... Algunos me llaman mago, otros me llaman poeta. ¿Cómo
me llamas tú? Tú, que hasta mí te acercas para que nombre
o para que explique lo que sientes.
LA HERMANDAD DE LOS PERROS
"Pobres poetas, pobres hermanos de los perros"
(Luís Andrés Hernández)
Era un lugar de sombras.
Acechaba el dolor las patas de los perros
y marcaba con brasas corazones dormidos.
Mutilaba la risa la tristeza.
Un no quedarse,
un nunca,
a ningún lado.
Pero alguien dijo: "¡Aquí!
¡Hoy es el día!"
Se fueron acercando con su miedo,
las frentes seccionadas por el hacha
de un finísimo rayo de deseo.
Encendieron la sed y la esperanza:
-Háblanos tú, que entiendes el vacío.
Aún no hemos abrazado entre las sombras
la mitad intocable de nosotros.
(Y les abrió la paz en las palabras).
-Háblanos tú, que nombras las estrellas.
(De "Poemas a Viva Voz III")
He escapado de las cárceles de la melancolía empuñando conjuros de versos. He volado a países que nadie más conoce. He hecho soñar y reír, amar y llorar, dibujar sentimientos. Pero yo, al igual que tú, también he descubierto que el mejor libro no está escrito en ninguna de las páginas, en ningún pergamino, en ningún incunable, en ningún ejemplar de poesía... El mejor libro está escrito sobre el terciopelo moreno o blanquísimo, suave o apergaminado de la piel de aquellos que amamos. Que nada hay más hermoso que deslizar nuestros dedos sobre la piel amada y escribir poemas de amor para que sean leídos muy despacio.
TAL VEZ POR ESO, o porque todo cabe,
alimento ahora mismo a las alondras
que me abren las ventanas.
Dejo que vengan hacia mí los pájaros
y aniden en mi falda,
y que en mi frente
picoteen la paz y las ideas.
Nombro las cosas, las miradas nombro,
los sueños atesoro, la nostalgia,
y, aunque sé que es inútil y que nadie
puede guardar en cofres las palabras,
las anoto en tus manos, amor mío,
las escribo en tu piel,
grabo en tu cuerpo
con mis dedos de lluvia las palabras
que sustraigo a la luz y que rescato
en mis labios terrosos para el aire.
Algún día,
mientras ande en tu boca atando versos,
el hachazo de un viento ineludible
barrerá una a una mis palabras
y tu piel quedará para nombrarme.
El rastro de mi voz sobre tu cuerpo.
Para que yo recuerde y tú no olvides
el mar del otro lado
desatará la lengua para hablarme.
Para que yo no olvide y tú recuerdes.
En tus ojos marinos mis palabras
se abrirán para ti como esta tarde
en que grabo mi voz sobre tu cuerpo.
(De "Tal vez sea la luz")
Algunos me llaman poeta, otros me llaman loco. ¿Cómo me llamas
tú?
Porque el nombre que tú me dés será mi nombre. Y yo seré
un elemento de tu mundo en la misma medida que las cosas que imagino son parte
de mi universo imaginado. Y seré tan real para ti como lo son esos mundos
para mi alma.
Recorro el territorio familiar de la tristeza. Me he habituado a vivir allí,
a refugiarme cuando no hay nada que crear y nada en qué creer. Es inútil
que vengas a rescatarme, porque hoy he cerrado mi ojos y he clausurado el mundo.
Y ya no existes tú a quien no quiero ver. No existes porque soy yo quien
decide qué es real y posible y qué es lo que nunca será.
Algunos te llaman lector y tú, ¿cómo te llamas?
Yo te llamo mi mano izquierda, porque sobre ella descansan mis libros más
queridos. Esos que me pueblan los silencios de misterio, la soledad de luna,
el cuarto de agua de mar... Mi mano que se posa sobre mi corazón a veces,
con el peso de todas mis derrotas.
ESCRIBO PORQUE SÉ QUE MIS PALABRAS
volarán una tarde hasta tus ojos
como palomas de humo,
herirán
con sus alas calientes tu mirada.
Escribo porque sé que alguna tarde
en el hueco de lluvia de tus manos
caerán las palabras que hoy anudo
y que enhebro pensando sólo en ti.
Escribo porque sé que a tu mirada
volarán las palomas de mis versos
y anclarán en la arena de tus manos.
El latido del mar hasta la playa
de tus ojos marinos y distantes
acercará mi voz y las palabras
que hoy escribo pensando sólo en ti.
A veces busco el sueño del vacío y me dejo caer y me deslizo en
busca de un vértigo infinito que para siempre destruya el agujero negro
de la melancolía... "Pero todo es un sueño", dice alguno.
"Briznas para un gran fuego que se extingue. Nada infinita y vacías
palabras", me señalan. ¿Y qué quedará después?
¿Qué será, qué habrá tras las últimas
palabras?
LAS ÚLTIMAS PALABRAS
¿Qué será de los hombres que empuñan las palabras,
de las mujeres que tejen las palabras
de los niños que juegan con palabras?
¿Qué será de los árboles
que recogen un viento de palabras,
del pájaro que canta,
de las piedras que escuchan,
de la boca sonora de los ríos?
¿Y de los mares, que borran con su lengua las palabras
de los cuerpos de arena de las playas?
¿Qué serán, sin los hombres, las palabras
con las que se hace el pan, la paz, el hambre,
la guerra y el amor,
la luz, las sombras,
los mitos y la vida?
¿Qué será de la altísima palabra
que busca las estrellas?
Porque sabedlo bien,
sabedlo todos:
vientos vendrán que rasguen las cortinas,
vendavales que barran las imágenes,
cierzos de luna que arrasen los espejos
y las bocas podridas de los mundos.
Y entonces, ¿qué será de las palabras?
Ésas que abandonamos al nacer
en el musgo carnoso de la tierra
y que sólo encontramos en los sueños.
Ésas que recobramos al dormirnos
en la senda extraviada de lo oculto.
¿Qué será de nosotros ese día
en que un viento desgarre, ineludible,
nuestras bocas de arena y arrebate
de los últimos labios las palabras?
(De "Tal vez sea la luz")
Te he visto a ti, a quien no conozco, repetir palabras que fueron mías
y que, una vez mostradas, ya no me pertenecen. He visto tu rostro repetido en
otros rostros que tampoco conozco.
Eres tú quien me ha hecho creer que cuando el poeta desaparece la palabra
permanece y le sobrevive. Y cuantos pasaron por su vida, siguen viviendo en
sus poemas. Eternos en la instantánea del tiempo.
Eres tú... Y son ellos... Tú. ¡Vosotros!
VOSOTROS
Buceaba en las sombras. No sabía
que el canto mineral de los silencios
heriría mi voz con su guadaña.
Escribía palabras entre sueños,
-la frente coronada de amapolas,
las manos horadadas por la luz-,
el miedo iba creciendo en mis papeles.
Iba dejando un rastro de añoranza,
para que, si me voy, queden los ojos,
las manos y las voces que he amado,
y siempre estéis ahí, en mis palabras,
uno a uno en la luz de mi retina,
vosotros, que encendisteis mi mirada
cuando andaba estrenando la ternura.
( De "Tal vez sea la luz")
Blanca Langa Hernández nace en Zaragoza el 3 de junio de 1958. Sin embargo,
sus raíces, están en Montón de Jiloca, donde pasó
su infancia. Allí despertó su pasión por la lectura y descubrió
que quería dedicarse a la enseñanza. Empezó muy pronto
a escribir poesía. Le gustaba -y le gusta- escuchar cuentos. Una de las
mejores escuelas literarias, pues tuvo la suerte de estar rodeada de buenos
narradores e, influenciada por ellos, escribió cuentos para niños;
género al que aún dedica algunas de las horas que consigue robarle
a la poesía.
En 1988 recibe el premio "Gerardo Diego" de la Diputación de
Soria por el libro "Cementerio de gorriones" (Soria, 1989), un libro
sobre recuerdos de infancia.
Una breve selección de su obra aparece publicada en "Poemas a viva
voz III" (Institución "Fernando el Católico", 1994).
Su segundo libro "Tal vez sea la luz" (Centro de Estudios Bilbilitanos,
I.F.C., Calatayud, 1996), recoge el poema "Las últimas palabras",
premiado en el "Concurso literario para personal del M.E.C., 1996".
En 1999 su libro "Franjas de sombra" recibió el premio de Poesía
"Santa Isabel de Aragón, reina de Portugal"
En "Franjas de sombra" nos cuenta las historias de unos seres humanos
a quienes la tristeza, la soledad, el desamor o la ausencia les ha llevado al
límite.Algunos, los más débiles, deciden cruzar la frontera
del miedo. Otros, los supervivientes, se enfrentan a él e intentan escapar
a la atracción del vacío.
Ha publicado dos relatos: "Ellas", dedicado a sus maestras de la infancia
(revista del CPR de Calatayud) y "Kamar". (Revista "Zangalleta",
junio 2003) Autora de varios cuentos infantiles (como "Julián y
los arboninos") y de relatos breves ("Tomás", "Iruáh"...)
todos ellos inéditos.