Las doce llamas que marcaban el paso del tiempo en la torre del reloj de fuego ya se habían desvanecido. En el cielo nocturno, como tratando de aliviar las heridas de los jóvenes que por primera vez en la historia habían desafiado al Santuario, en la ya llamada batalla de las 12 casas, el resplandor de innumerables estrellas iluminaba suavemente.
La cruel batalla que había durado más de 12 horas, había llegado a su fin.
Incluso después de que los caballeros de oro supervivientes se hubieran llevado a Shiryu y a sus compañeros para que los atendiesen, Saori continuaba abrazada a Seiya apretándole contra su pecho. Por mucho que le llamara, a Seiya ya no le quedaban fuerzas para responder y ella ni siquiera podía secarse las lágrimas que fluían libres por sus mejillas. Saori continuaba llamando a Seiya desde el fondo de su corazón.
Capitulo I: Florecimiento
-Seiya.......-
Cuantas veces habría pronunciado ya ese nombre...
En la época en que Saori era una niña caprichosa y egoista, antes de comprender su propio destino como Atenea, Seiya era el único que se le había enfrentado abiertamente.
Seiya,al que le habían separado de su hermana, su único familiar en este mundo, al que habían tomado como candidato a caballero y forzado a un durísimo entrenamiento, como aquel que se piensa que no vale nada y se convierte en un juguete del viento odiaba su destino y con todas sus fuerzas trataba de volcar toda su impaciencia y su ira sobre Saori.
Saori, cuanto más se revolvía contra ella pensaba que más lo odiaba, pero sin embargo ya desde su infancia había comprendido una cosa
-Seiya y yo nos parecemos...
Como única heredera de la fundación parecía que vivia una vida sin privaciones, pero en realidad Saori no tenía a nadie a quien confiar su corazón, estaba sola. Aunque muchos sirvientes y aspirantes a caballeros se arrodillaran ante ella, eso no la llenaba.
Saori sentía como todos ellos bajaban la cabeza ante la autoridad del presidente de la fundación Mitsumasa Kido, no ante ella por su voluntad. Su soledad, impaciencia, inestabilidad, ira.....cuando se miraba a si misma en los ojos de Seiya se daba cuanta de que eran iguales. Y mientras atormentaba a Seiya, a la vez, gritaba desde el fondo de su alma.
-Seiya....dime...¿que debería hacer ahora?-
-¿Qué va a ser de mi?-
Tan pronto como comprendió su destino como Atenea, Saori había intentado asesinarse a si misma
Hacía seis años que Seiya y los demas para obtener sus armaduras habían sido dispersados por el mundo. Cuando de nuevo volvieron a Japón ella les enfrentó a una nueva prueba, el llamado Torneo Galáctico. Sólo para conseguir sus armaduras habían sufrido muchísimo y ella cruelmente les había ordenado que lucharan entre ellos.
Saori, ciertamente, se comportaba como la reina ante la cual los esclavos que luchaban en el Coliseo, ya desde las antiguas leyendas griegas, se inclinaban y admiraban. Al menos no había duda de que así es como miraba a Seiya y a los otros.
Incluso cuando el semblante de Seiya que vestía la armadura de pegaso y que se había desarrollado vigorosamente, desprendía la rebosante autoconfianza del caballero en que se había convertido y que se encontraba ante ella, los ojos de Saori que le contemplaban seguían viéndole como en el pasado.
Saori se trago sus palabras de agradecimiento para Seiya. De que serviría decir ahora esas palabras.
El cosmos que como Atenea despertaba dentro de ella, sentía claramente que este torneo galáctico no sería más que un fácil preludio, y que de ahora en adelante excesivas batallas involucrarían a Seiya y los otros caballeros.
Desde entonces, pasaron tiempos tormentosos y en algún momento despareció la fría tirantez entre Saori y los Caballeros. En cada momento de duras pruebas o de repetidas batallas que pasaban juntos, cada vez que superaban un obstáculo, la distancia se iba estrechando.
Saori ya no era Saori Kido, era Atenea...Seiya y los otros como caballeros de Atenea habían protegido a Saori y Saori también quería protegerles a ellos.
-¡Saori san!, ¡Atenea!, ¡Seiya!
Durante toda la batalla la sonrisa de Seiya que atravesaba las barreras del tiempo, en algunos momentos llego a deslumbrarla.
Por supuesto, Seiya no la ofrecía para Saori Kido, sino para Atenea y para el símbolo de la paz que traería a la tierra que ella representaba.
Sin embargo Saori se alegro de poder devolver esa sonrisa desde dentro de su corazón.
Cuando eran niños, dentro de su corazón gritaba a Seiya y la respuesta a ese ruego ahora se la había estado devolviendo convertida en una dulce sonrisa.
Cuando ese cálido sentimiento bullía en su pecho, de repente Saori dejaba de ser Atenea, volvía a ser una simple joven.
Además, ahora, cuando sentía la calidez del rostro de Seiya , herido y exhausto, como si durmiera, reposando sobre su pecho, el dolor provocado por la flecha de oro disparada por Tremi de Sagita desaparecía y se convertía en una sensación de bienestar.
Sin que ya los caballeros tuvieran que enfrentarse a crueles batallas, sin tener que llevar a sus espaldas la pesada responsabilidad de Atenea, así, de esta forma, deseaba estar para siempre.
La expresión del rostro de Saori que alzaba la vista lanzando una demanda a la estatua de Atenea que se alzaba dominante justo a su lado, era la expresión de Saori Kido, la simple chica que ciertamente parecía asustada como un pajarillo que empieza a levantar el vuelo.
Había un hombre que se había quedado silenciosamente vigilando los movimientos de Saori, Mu caballero de oro de Aries.
Capitulo II: El amor de Atenea
A la mañana del día siguiente, una oleada de clamores que rompían el silencio, sacudiendo el Santuario. Era el clamor que todos alzaban para alabar a Atenea y celebrabar su advenimiento.
Debido a la conspiración de Saga de Géminis su figura había estado envuelta en un velo de misterio e incluso algunos habían dudado de su existencia, pero, ahora la misma diosa se mostraba ante ellos en toda su hermosura y nobleza.
Todos los habitantes del Santuario se regocijaban del resultado de la batalla y la victoria de la justicia y rezaban, confiaban en que de ahora en adelante la paz devuelta perduraría para siempre.
Ese era el mismo sentimiento que albergaba Saori.
El Santuario que era un lugar que podría considerarase como un punto clave para el mantenimiento de la tierra se había convertido en un campo de batalla y la sangre de muchos amigos había sido vertida.
En la dulce y a la vez llena de fuerza sonrisa que Atenea devolvia a los que estaban ante ella no había nadie que pudiera percibir un solo punto oscuro.
Excepto una persona....
En las afueras del Santuario, en un frondoso bosque se alzaba silencioso un antiguo y pequeño templo que nadie advertía. Era conocido como "La fuente de Atenea", pero esto no era por que allí existiese una hermosa fuente sino por que el aire de esos alrededores durante miles de años, había parecido como si punzase la piel, hélándola.
Incluso dentro del Santuario podría decirse que casi nadie conocía la existencia de este templo. Era como una UCI( Unidad de Cuidados Intensivos) para caballeros. Y tanto Seiya como sus compañeros, los cinco, que habían quedado agonizando tras las graves heridas recibidas en la batalla, ahora estaban siendo allí atendidos en todo lo que fuera posible hacer por ellos.
En ese bosque de oscuro verdor, con la falda del vestido, completamente blanco casi transparente, ondeando tras ella, Saori andaba presurosa.
A la mañana del día siguiente, una oleada de clamores que rompían el silencio, sacudiendo el Santuario. Era el clamor que todos alzaban para alabar a Atenea y celebrabar su advenimiento.
Debido a la conspiración de Saga de Géminis su figura había estado envuelta en un velo de misterio e incluso algunos habían dudado de su existencia, pero, ahora la misma diosa se mostraba ante ellos en toda su hermosura y nobleza.
Todos los habitantes del Santuario se regocijaban del resultado de la batalla y la victoria de la justicia y rezaban, confiaban en que de ahora en adelante la paz devuelta perduraría para siempre.
Ese era el mismo sentimiento que albergaba Saori.
El Santuario que era un lugar que podría considerarase como un punto clave para el mantenimiento de la tierra se había convertido en un campo de batalla y la sangre de muchos amigos había sido vertida.
En la dulce y a la vez llena de fuerza sonrisa que Atenea devolvia a los que estaban ante ella no había nadie que pudiera percibir un solo punto oscuro.
Excepto una persona....
En las afueras del Santuario, en un frondoso bosque se alzaba silencioso un antiguo y pequeño templo que nadie advertía. Era conocido como "La fuente de Atenea", pero esto no era por que allí existiese una hermosa fuente sino por que el aire de esos alrededores durante miles de años, había parecido como si punzase la piel, hélándola.
Incluso dentro del Santuario podría decirse que casi nadie conocía la existencia de este templo. Era como una UCI( Unidad de Cuidados Intensivos) para caballeros. Y tanto Seiya como sus compañeros, los cinco, que habían quedado agonizando tras las graves heridas recibidas en la batalla, ahora estaban siendo allí atendidos en todo lo que fuera posible hacer por ellos.
En ese bosque de oscuro verdor, con la falda del vestido, completamente blanco casi transparente, ondeando tras ella, Saori andaba presurosa.
-Imaginaba que vendriaís Atenea-
Ante ella Mu le cortaba el paso.
Mu, en ese momento, no pasó por alto en la expresión de Saori el miedo que por un instante apareció en su rostro. El miedo de quien se cree culpable de un terrible crimen, algo que no era propio de Atenea.
-Por supuesto Mu.....como Atenea que soy, es natural que me preocupe el estado de mis caballeros, los caballeros de Atenea. Además es por mi culpa que ellos.....
-Si son caballeros es normal que sean heridos en nombre de Atenea e incluso aunque mueran en su nombre deben sentirse satisfechos por ello. Eso es algo que debeís ya saber bien.
Mu estaba leyendo su corazón y comprendía perfectamente que la muchacha que estaba ante el no era Atenea era Saori Kido.
-Pero si llegara a perder a Seiya yo...
Sólo con pensarlo su autodominio se volvía incluso más fragil que el vestido de seda que llevaba.
-Por favor, apartate Mu-.
-No esta permitido que el amor de Atenea sea vertido sobre un solo caballero.....el amor de Atenea debe ser para todos sus caballeros por igual.
Saori trató de escabullirse de Mu, pero por alguna razón sus piernas parecían estar atadas por alambres y no podía moverse.
-El amor de Atenea....sólo en un caballero...en uno....-
Saori tenía la sensación de poder oir los gemidos y el débil latido del pulso de Hyoga, Shiryu, Shun e Ikki que junto con Seiya permanecian tendidos sin sentido en la fuente de Atenea, intentando con todas sus fuerzas volver a hacer arder la llama de sus vidas que se desvanecía.
Y no sólo eran ellos, el corazón de Saori se compungía al recordar los numerosos caballeros que por Atenea habían caido y vertido su sangre.
Ante esta situación Mu le explicó a Saori el origen del nombre de la fuente de Atenea
En los tiempos mitológicos, cada vez que tenía lugar una guerra sagrada, los caballeros que recibían heridas mortales eran llevados a ese templo. Se decía que un golpe de los caballeros podía desgarrar el aire, romper el suelo. Incluso los que llevaban armadura de bronce en un segundo podían lanzar más de 100 golpes que rebasaban la velocidad del sonido. Los caballeros de plata podían lanzar el doble o incluso el triple y con respecto a aquellos que portaban las armaduras doradas se decía que podían lanzar más de 100 millones de golpes que alcanzaban la velocidad de la luz.
Por tanto, sus combates eran algo inimaginable y asi mismo el daño que podían recibir no podía ser poco. La estructura de la materia, es decir el fundamento de la misma era atacada y se llegaba a romper por lo que ni siquiera los médicos actuales podrían posiblemente salvar a la mayoría de los heridos en estas luchas.
Muchos de los caballeros heridos, esperaba apaciblemente en este templo del Santuario, que era como su segunda casa, a que la muerte viniera a buscarlos. Pero entonces, dice la leyenda, que desde las lejanas alturas de la estatua de Atenea cayó una lágrima. Una lágrima que era como un cosmos dorado que humedecía un reseco desierto como si de un oasis se tratara. Este cosmos envolvió todo el templo y sus alrededores y se dice que todos los caballeros se recobraron de sus heridas salvando sus vidas.
Saori, aún con dolor comprendió bien el sentido de lo que Mu quería indirectamente decirle con esa historia. Al volverse y mirar hacia el cielo, através de los frondosos árboles podía ver la expresión noble y a la vez dulce de la estatua de Atenea.
-Ya no soís una simple joven, como la reencarnación de Atenea en esta época moderna donde todavía pupulan las fuerzas maliganas tendreís que librar muchas batallas-.
Esta vez no miró a Saori directamente por el contrario permaneció con la mirada apartada de ella quizá con respeto como si esa fuera la prueba de que la reconocía como Atenea y la veneraba o tal vez fue producto de un extraño presentimiento al percibir que desde la lejania la estrella polar había empezado a emitir un cosmos inquietante.
Finalmente tras hacer a Saori una respetuosa reverencia Mu desapareció entre los árboles.
Al poco Saori siguió el consejo de Mu y volvió a la mansión Kido llavandose a Jabu, Kiki y a los demás consigo.
-El amor de...Atenea...
En contraste con su agitado corazón el mar Egeo que contemplaba desde el avión brillaba suavemente en un tono verde esmeralda.
Capitulo III: Ataque misterioso
Ya habían pasado varios días desde que Saori abandonó el Santuario y a pesar de que la estación templada ya había llegado, en el santuario el tiempo permanecia siendo limpio y fresco como si él también celebrase el advenimiento de Atenea.
Sin embargo esa mañana, por alguna razón, había momentos en que podía sentirse una intensa corriente helada. En la Fuente de Atenea, donde recibían toda la atención que era posible, Seiya y sus compañeros aún no habían recobrado el sentido y todavía vagaban por la frontera entre la vida y la muerte. ¿Sería que sus cuerpo, al igual que sus armaduras, no iban a sobrevivir a la batalla de las doce casas?
La intranquilidad de los caballeros de Oro había aumentado considerablemente cuando recibieron de Mu la noticia de que las armaduras de Seiya y los demas habían muerto.
Esa noche....