La llave del deseo
 por Rodano
 
En una tarde de otoño de esas en las que un gélido viento recorre las calles y la gente se agazapa dentro de su chaquetón, en ese momento que las calles quedan cubiertas de hojas amarillentas de árboles de hoja caduca, dos señoras corrían acurrucadas la una en la otra por la acera.

La primera era delgada, se llamaba Hespería, media melena piel morena y aunque la mirada reflejaba el paso de los años conservaba la silueta de una colegiala. La otra era rubia, no demasiado alta, con una cara  algo más llena que su compañera de paseo, había visto más primaveras que su acompañante pero en el fondo de su ser aún guardaba cierta ingenuidad, atendía al nombre de Mamen.

Avanzaban a paso ligero, como el resto de los peatones ya que ese otoño prometía ser la antesala de un invierno duro. Por fin llegaron a su destino, el edificio  tenía una puerta de fundición oscura como barrera para penetrar al interior de la entrada, tras subir un pequeño tramo de escaleras entraron al ascensor y seleccionaron la tecla adecuada para subir a la altura donde se encontraba su piso. Se subieron las dos juntas al ascensor todavía arropándose la una con el cuerpo de la otra. Ante la intimidad del recinto cerrado que constituía el ascensor, se relajaron, Hespería colocó sus manos sobre el rostro de Mamen advirtiendo que estaba muy frío, y con leves caricias se propuso a que volviera a su temperatura normal, tras unos instantes el ascensor  paró   en el piso demandado por sus usuarias. Salieron del ascensor y se encaminaron al interior de su pisito, no era demasiado grande pero tenía calefacción central y era  muy acogedor. Lo tenían pertrechado con muebles de esos que compras desmontados y tú tienes que montarlos.

Nada más llegar fueron a su habitación constituida por una  cama de matrimonio inmensa, dos armarios y una mesa dividida en dos partes muy diferenciadas que cumplía la función de tocador. Hespería se quitó el abrigo y tras guardarlo cuidadosamente en su armario, ya que cada una guardaba las cosas en una armario determinado giró la llave de la cerradura del mismo, las llaves las conservaban en sus cerraduras, ya que tenían una acabado muy bonito y mantenía las puertas cerradas evitando por tanto que alguna de las dos por la noche tropezará con alguna puerta entreabierta

Hespería se sentó sobre la cama, se quitó los zapatos, colocando los pies en unas cómodas zapatillas, a continuación se quitó el jersey y la blusa. Los dobló con cuidado y concluyó terminado con desprenderse de unos pantalones negros ajustados a su cuerpo ya que su anatomía se lo permitía. Quedando tan solo con la ropa interior. Mamen que había seguido con atención la operación, se dio cuenta que su compañera estaba luciendo un conjunto de bragas y sujetador nuevo. El sujetador era sin tirantes y ambas piezas de indumentaria eran de un color rojo oscuro, color vino.

Se acercó a ella y suavemente acarició el atuendo de Hespería, le colocó el pelo por detrás de las orejas y la besó en la mejilla.

-Oye niña que bien te sienta eso-comentó Mamén.

-Gracias preciosa-respondió

Tras darle un beso en la mejilla  Hesperia se puso una bata de casa.

Mamen cogió también su bata de su armario también y algo de ropa más cómoda, para estar por casa, y se encaminó hacia la ducha, tras desnudarse se metió detrás de la cortina y comenzó a  ducharse. El ruido del agua chocando con la bañera no la dejaba oír lo que ocurría en el cuarto de baño, Hespería aprovechando el estruendo del agua se introdujo sigilosa y cogió la ropa que había dejado su compañera, para poco después guardarla en su armario, cerrar los dos armarios con llave y guardar las llaves. Sólo le dejo para ponerse una camiseta de manga corta de verano.

Cuando Mamen salió de la ducha y se secó advirtió la ausencia de su ropa, se puso la camiseta que la cubría lo mínimo y entró en su habitación, comprobó que ambos armarios estaban cerrados en ese momento entendió que su compañera le había gastado una broma, fue a la sala de estar donde su compañera leía divertida y le preguntó:

-¿Dónde están las llaves de los armarios?

-Tendrás que buscarlas, corazón-contestó su compañera divertida.

Mamen con cara de fastidio se agachó por si las llaves se encontraban debajo de los cojines del sofá, dado al reducido tamaño de su atuendo, dejó su trasero descubierto dándole a su compañera la oportunidad de darle un pellizco en su glúteo izquierdo.

Acompañada de unas sonora risa, a continuación miro en un pequeño armario donde guardaban vasos y tampoco encontró nada acentuando la diversión de su compañera. Hespería salió de la habitación  y le dio otro pellizco a su compañera ahora en su glúteo derecho aprovechando que su compañera con el culo en pompa miraba debajo del sofá. Volvió al dormitorio

Mitad en verdad, mitad en broma  Hespería fue sorprendida por  Mamen y ambas cayeron a la cama, Mamen se colocó encima de ella inmovilizándola en la cama y le dijo:
 

-Venga pendón dime donde está lo que busco.

Mamen comenzó a forcejear con su compañera  y en uno de los forcejeos se rompió la camiseta, dejándola completamente desnuda, aún más divertida Hesperia le propuso a su compañera el siguiente juego:

-Oye mira, llevo las llaves en mi ropa, te doy una oportunidad para recuperarla.

Al instante se abrió la bata y dejó sus prendas rojas como el vino a la vista de Mamen, la cual que no era tonta fue poquito a poco acercándose a las bragas, ya que había visto un reflejo metálico en el sujetador, para que cuando apenas las rozaba con los dedos, abalanzarse hacia las copas del sujetador de su compañera, bajándoselas, saliendo despedidas las llave y dejando los pechos de la otra contendiente también  descubiertos.

Ambas excitadas por la contienda siguieron forcejeando hasta que Mamen volvió a inmovilizar los brazos de su contendiente y la besó en la boca, un largo y apasionado beso. En la segunda escaramuza había desaparecido todo rastro de ropa del cuerpo de ambas adversarias  Estaban muy excitadas por el forcejeo y se volvieron a besar ahora con mucha más intensidad si cabe. Las caricias se multiplicaron, cada una de ellas deseaba el cuerpo de la otra, las caricias de amantes consagradas llegaban certeras a aquellos lugares donde eran requeridas.

Ambas con los pechos erectos  por la excitación continuaron la contienda ahora centrándose en sus pezones .La excitación iba en aumento, ambas con las pupilas dilatadas, la respiración alterada estaban siendo poseídas  por un calor sobrenatural que les recorría las entrañas y las obligaba a saciarlo.

Mamen se tumbo en la cama y dejó que la lengua de su amante la recorriera y le diera cuartel al hambre de su cuerpo, a continuación se repitió la operación a la inversa.  Se pusieron  de rodillas sobre la cama agarrándose los pechos con las manos, y acariciándoselos con mucho tacto. Estaban frente a frente, entrechocándose sus alientos, notando el calor  en el pecho y el calor de su amante en las manos, se fundieron en un largo abrazo, cuerpo con cuerpo, pecho con pecho, piel con piel.

Se querían, se deseaban se amaban, Mamen le puso a Hespería una goma elástica para recogerle su melena y se perdieron al abrigo de la manta para compartir los secretos de sus cuerpos. Esos secretos que sólo ellas conocían y con los que disfrutaban.
 
 
 

por Rodano
 
 

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