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Cierta vez existió sobre la tierra una mujer morena de largos cabello y piel oscura. Vivía a las orillas del Mediterráneo, muy al sur, ahí donde el mar se juntaba con el océano. Cierto día cuando paseaba por la orilla del mar en un día de calma chicha, vestida con un vestido blanco no muy largo, andaba por la orilla mojándose los pies en un placentero paseo, se levantó una brisa de Levante, al poco sus cabellos empezaron a ondear y la mar hasta ese momento inmóvil se rizó chocando con sus pies y mojando sus pantorrillas.El vuelo del vestido blanco que vestía empezó a ondear y notó una extraña sensación que la recorría. Sentía como si esa brisa la acariciara. Sus cabellos por extraño que pudiera parecer no se enredaban, era como si la mano del viento la peinara. Al poco en los labios sintió un roce muy suave y la brisa cesó.
Entre extrañada y divertida volvió a su casa, vivía en una ciudad a la orilla de una bahía, en una casa de dos pisos de blancas paredes de cal. Su dormitorio estaba en la primera planta y tenía adosado un pequeño balcón. A la siguiente mañana cuando se levantó salió a su balcón desde donde se alcanzaba a ver la bahía. La brisa vino a su encuentro, pero no era fría, sino cálida, la envolvió todo el cuerpo, al poco volvió a sentir la misma sensación en los labios que el día anterior y la brisa volvió a cesar.
Los padres de esta niña tenían una taberna en el bajo del edificio de cal blanca y ella se encargaba, de bajar a la bodega por licores, al puerto por pescado y ese tipo de cosas.
Cierto día en la lonja de los pescadores, vio un pequeño bote que entraba por el puerto, cuando estaba próximo a atracar se dio cuenta que había pescado calamares, al estar muy frescos decidió comprarles unos pocos para la comida. Una vez en la cocina de la taberna mientras los limpiaba encontró en el buche de uno, un pequeño anillo, con una gema azul coronándolo.
Al terminar el día subió a su habitación y en la intimidad que le proporcionaban sus muros comenzó a acariciar a ese regalo del mar. Era muy bonito, no llevaba inscripciones. Una ráfaga de viento abrió la puerta de su balcón introduciéndose en su habitación y volvió a notar esa extraña sensación en los labios, sólo que está vez la saboreó más intensamente. Una paloma se posó en la barandilla de su balcón, esa paloma levantó el vuelo dejando sobre la terraza un ristre de plumas que se convirtieron en jazmines. Era algo sobrenatural, nuestra niña no acertaba a entender lo que estaba pasando.
Esa noche un temporal terriblemente fuerte se levantó, las olas inundaban los puertos, la arena de las playas desapareció. La puerta de su balcón se abrió mientras dormía. Notó como si la levantaran en vilo, abrió sus ojos y se vio rodeada de nubes mientras todas las estrellas del firmamento la contemplaban, al verla tiritando ya que sólo llevaba un pequeño camisón la propia hija de Eolo, Alcione, con una nube le hizo una túnica finísima, casi transparente, pero dado a la divinidad de su creadora abrigaba a su poseedora del más gélido de los vientos. Alcione la acompañó a uno de sus aposentos para que nuestra protagonista pudiera cambiarse de indumentaria en calma. Alcione, aparentaba su misma edad y como si se trataran de quinceañeras un viernes por la tarde estuvieron acicalándose la una a la otra, Alcione le peinó sus cabellos, nuestra niña cerró los ojos y al abrirlos se vio en una playa, su prenda dada su finura dejaba ver el color oscuro de los pezones, la playa estaba cubierta de cientos de estrellas y el anillo que llevaba vibraba de un modo especial. Divisó a varios delfines saltando a lo lejos y el mástil de un velero en la lejanía. La mar la atraía como si se tratase de un imán, se introdujo en el agua hasta la altura de las rodillas, al poco delante suya, la cara de un hombre se reflejó en el agua. Volvió a sentir la sensación en los labios, notó como una fuerza le tiraba de los tobillos quedando tumbada, con la cabeza fuera del agua, un torrente de burbujas se le introdujo por dentro de la túnica, y sintió mil caricias, estaba todo en calma.
Una mano invisible le levantó la túnica y su amante sobre ella, centro sus energías sobrenaturales en complacer a su cuerpo, su amante yacía sobre ella, materializado de agua cristalina, a cada uno de sus embates, suavemente las olas se veían arrastradas hacia la orilla. Poco a poco el mar la terminó desprendiendo de su túnica, inundando sus pechos
Así estuvieron amándose nadie sabe a ciencia cierta cuanto tiempo, segundo, días, años, siglos... En ese periodo surgieron unos imperceptibles cambios en nuestra niña, el anillo se le soldó a su dedo, su apariencia física cambio, parecía algo más mayor, gozando de todos sus atributos femeninos en su máximo esplendor. Cuando ambos se saciaron, ella salió del agua el mar la acompañó fuera ya que su túnica la había arrastrado la brisa al interior de la playa, sus cabellos estaban hechos un revoltijo y Alcione con cierta complicidad le mandó con una paloma que se le posó en el hombro una goma para el pelo, con una sonrisa aceptó el regalo de la diosa y se recogió sus cabellos. El mar con suma amabilidad le dio su túnica, ambos se sentaron sobre el tronco de un árbol que había arrastrado la marea a la playa, allí su amante le contó que ella también era una diosa, ya que según parecía Eolo cierta vez a cierta señora se hizo pasar por su marido. Según parece estaba allí porque Alcione quería que su hermana estuviera entre los dioses como le correspondía.
Tras esta revelación se quedó un tanto turbada, pero reaccionó al poco, se introdujo otra vez en el agua, se levantó la túnica y separó las piernas dejando su sexo al total alcance de su amante y el mar la volvió a embestir, pero esta vez, era distinto dejó que una fuerza sobrenatural se le introdujera hasta al fondo de sus entrañas, sus caderas aceptaban los embates de su amante, pero decidió imponer un ritmo mayor, el mar se vio un tanto desbordado, levantándose un gran temporal, ella gemía cada vez más fuerte, la estaba desgastando, erosionando..... Cuando lo creyó conveniente sumergió su cabeza dentro del agua. Con el paso del tiempo se convirtió en una gran roca con una cala en su interior abarcada por la que habían sido sus piernas, como se tenía sujeta la túnica con las manos al transformarse el anillo se quedó en su regazo, emanando de él multitud de jazmineros que crecieron al resguardo de la cala. Nuestra diosa decidió consagrarse a los amantes furtivos, y en el interior de su cala, sus seguidores podían sentirse tranquilos de no ser perturbados mientras se amaban.
Cada cierto tiempo se levantaban temporales de levante, y el mar irrumpía salvaje al interior de la cala, el viento hacía un extraño ruido entre las rocas de la cala aunque hay muchos que opinan que son los gemidos de la diosa al ser amada.
por Rodano
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