Primeras impresiones 
 por Bambino
 
 

Los semáforos en rojo se hacían eternos, la circulación por  momentos era más densa, los segundos languidecían, de reojo él miraba  el asiento derecho donde  teléfono permanecía silencioso. No pudo esperar mas, estaba a 500 metros del Hotel. Él marcó el número de ella y espero la contestación.

- ¿Si?
- ¿Amalia?
- Sí- afirma ella
- ¿Que hago? – Le pregunta él.- ¿Bajas al vestíbulo? ¿O…?
- Sube, es la habitación 533. Al fondo del vestíbulo a la derecha están los ascensores. - Dice con voz nerviosa.

Ella fue quien toma la decisión  de quedar en la habitación. Hasta ese momento ninguno de los dos sabía como acabarían.

Muchas conversaciones, algunas llamadas telefónicas, muchas pasiones y calentones. Todo se agolpaba en sus cabezas momentos antes de encontrarse por primera vez. Habían pasado más de 5 meses desde que se conocieron en la red.

Traga saliva y avanza por la avenida con su coche, El hotel se levanta cortando el paso. Un edificio impersonal de color gris y de grandes ventanales. Entra en el parking, el corazón deja de ir al relentí para acelerarse. Sube por la rampa, aparca el coche y  entra en el hotel sin mirar a ningún lado, solo con la mirada fija en los ascensores. Da al botón y no tarda en abrirse la puerta de uno de ellos. Entra en el habitáculo de  metal y le da al botón de la quinta planta. Respira hondo, las manos le sudan. Se mira en el espejo y no es capaz de reconocerse.

Avanza por un largo pasillo  hasta alcanzar la puerta que esta numerada con el 533. Golpea con los nudillos la puerta de madera y prueba abrirla. En ese momento una mezcla de miedo y excitación recorre su cuerpo desde la punta de los pies hasta su cabeza. La puerta no esta cerrada y la abre.

Al fondo de la estancia la figura de ella vestida de negro al lado de un gran ventanal de cristal, pantalón ceñido y camisa negra. La visión le resulta turbadora y excitante. Es mucho más hermosa de lo que él imaginaba, y eso que tenia muy buenas referencias. Por un momento los dos se repasan de abajo arriba y empiezan a dimensionar sus cuerpos, a prender sus geografías. Van los dos al encuentro hasta fundirse en un abrazo. Él apoya su cara en el hombro izquierdo de ella, mientras la abraza. Con una mano acaricia su espalda. Con la yema de los dedos recorre el cuerpo de ella intentando provocar una suave caricia.  Recorriendo caminos imaginados, caminos deseados durante mucho tiempo. Liturgia de un encuentro, movimientos torpes y premeditados. Buscando leer en sus reacciones las sensaciones que le agradan.

Mete la mano por la cintura del pantalón y palpa el pequeño tanga que apenas cubre los dos hemisferios duros y simétricos de un culo bien puesto. La ciudad los contempla desde a fuera.

Fundidos en un abrazo, de sus bocas salen las primeras palabras.

- Te quiero -  Dice él
- y yo -  le replica  ella
- Cuanto tiempo deseando este momento.
- No me lo puedo creer que estemos juntos aquí.

Se miran a los ojos e intentan relacionar las voces conocidas con los cuerpos descubiertos en aquellos momentos. Una situación  extraña que se desvanece muy rápido. Dos desconocidos que enseguida se reconocen... Ella separa su mejilla de la cara de él y con sus labios entreabiertos busca la boca de él. El primer beso es seguido por besos más apasionados, las manos acarician los cuerpos. Aprietan pecho contra pecho. Vientre contra vientre. Él besa el cuello de ella, la huele, la escucha, la palpa. Ella de nuevo le besa e introduce su lengua de terciopelo en la boca de él. Los dos de pie al lado de la cama, inician un ritual nuevo.  Él le intenta desabrochar los botones de la camisa negra. Los nervios y las prisas hacen la labor más complicada de lo que es.

Abrazos, besos, de nuevo cuerpo contra cuerpo. La boca de él busca el oído de ella. Las manos de él acarician los pechos por encima de la ropa. Busca la entrepierna y la nota caliente y húmeda bajo el pantalón. Realmente su entrepierna esta viva desde hace rato.  Intenta desabrocharlo y con las prisas casi rompe el cinturón rojo de piel que rodea la cintura de la Amalia. Ella facilita la labor y deja que el cinturón caiga a sus pies. Le desabrocha el pantalón y acaricia el pubis de ella. Introduce sus dedos por el borde del tanga negro y alcanza los labios húmedos, momento en que ella se estremece. Con los dedos alcanza a tocar un cordón de algodón que le cuelga de la vagina. Por un momento él se sorprende:

- ¿Que llevas ahí? - le dice él sonriendo y sabiendo la respuesta.

- ¿Que te imaginas? - Le dice mientras con sus ojos verdes le lanza una mirada perversa.

- ¿Las bolas?  Uffffff.- le dice él, mientras nota como el corazón se acelera cambiando de ritmo.

Las prisas por desnudarse se apoderan de  ambos. Se separan y él de pie y ella sentada en la cama empiezan una loca carrera por desvestirse. No tardan en tumbarse sobre la cama. De costado besándose de nuevo. Se miran a los ojos, se observan, para fundirse en un abrazo piel contra  piel. Él la recorre con la mirada. Ella se gira dándole la espalda y empieza a notar los besos que van cubriendo cada milímetro de piel. Ella se deja hacer, él sigue besándole la espalda, los costados, la columna, los hombros, la nuca. Recorre sus nalgas, sus pies, sus muslos en un masaje con la lengua y labios que la lleva a la ensoñación. Hunde su cara entre los cachetes duros de su culo y extendiendo la lengua empieza a besarle el culo. Lamérselo, chupárselo. Ella se estremece. La lengua dibuja el vuelo de una mariposa alrededor del estrecho orifico. Ella se deja hacer. El cordón de algodón sigue colgando de vagina.

Aromas, olores, imágenes, caricias, todo va conformando un mundo deseado desde hace tiempo y que en pocos minutos se esta materializando.
 
 

Él se separa de nuevo y ve como ella se gira ofreciéndole sus pechos, que no tardan en ser acariciados, besados y mordidos hasta  hundirle los pezones con la punta de la lengua, sin tregua, sin descanso.

Ella sobre la cama, con las piernas largas y torneadas abiertas con desenfado. Con la sonrisa perversa de sus ojos. El pelo negro alborotado. Mujer con mayúsculas. Mordiéndose los labios. Lanzando besos al aire. Mujer húmeda y sabrosa. Mujer de seda y piel morena.

De nuevo él deja de observarla y navega con boca por el canal que separa ambos pechos. Baja por su estomago y ombligo hasta el sexo pasando su lengua de abajo arriba entre los húmedos y carnoso labios que se hinchan por momentos. Bebe de su sexo para acabar con la sequedad de su boca, mientras le mira a los ojos. Extiende su lengua y con la punta dibuja el contorno del clítoris. Se separa un poco y la observa de nuevo. Ella se incorpora lo suficiente para viajar hasta su vientre y mientras con una mano aferra su polla, con los labios la captura y la engulle sin dejar de mirarle a los ojos. Empieza una frenética mamada hasta que deja el miembro duro y tenso. Él no duda en estirar del cordón de algodón y la vagina se abre  dejando salir una bola de silicona de color naranja, sigue tirando hasta que de nuevo sale la otra bola. Se las mira y no duda en chuparlas y saborear los restos de esencia que están impregnados sobre la superficie de las bolas.

- Penétrame.- Le dice ella.

Él se  incorpora y agarrando su pene con la mano lo dirige hasta la entrada de ese sexo chorreante. Abierta de piernas y receptiva ella  no tarda en  engullir con su coño el miembro de su amante. Un estremecimiento total  se apodera de ella. Los movimientos torpes del principio buscan el ritmo y la carencia que ella marca con su pelvis. Los muslos torneados de ella flanquean la pelvis de él. Con el cuerpo extendidas entre sus piernas. Besos rápidos y húmedos. Miradas profundas.

Una y otra se miran a los ojos. Una y otra vez ambos se siente felices de consumar aquel encuentro furtivo. La verga entra y sale cada vez mas mojada. Ella cierra los ojos, aprieta los dientes y con las paredes de la vagina masajea la polla. Vientre contra vientre. Con el tronco de su miembro él frota los labios del sexo de ella. Ella mueve su pelvis buscando cada embestida. La respiración se acelera, el corazón bombea sin parar. Nota como su polla es estrujada. Acelera los movimientos de su pelvis, le tiemblan las piernas. Ella sonríe mientras se muerde los labios. Él no tarda en vaciarse en su interior. Mucha excitación acumulada. Son las primeras impresiones de dos amantes escondidos en la habitación de un hotel, en una ciudad cualquiera. En una noche cualquiera. En un mundo cualquiera. Un abrazo. Una tregua.

Apenas un cigarro, palabras de amor al oído y de nuevo, los besos y caricias se repiten. Ella postrada sobre la cama, como una diosa del amor de antiguas mitologías esperando ser pintada en el lienzo del firmamento. Él hunde su cabeza entre sus muslos siendo su cuerpo flanqueado por las bonitas piernas de ella. Con la lengua recorre los pétalos de lo rosa abierta y carnosa. De la rosa palpitante y aromática, de la rosa llena de roció. Extiende la lengua, la pone rígida y no deja de acariciar el nacarado sexo. Discurre por caminos de plata humedecidos por la saliva. Mira a los ojos verdes que con  complicidad le guían  por el  buen camino. Él le acerca dos dedos a la boca, dibuja el contorno de los labios y ella los lame como si de un miembro se tratara, los succiona, juega con la lengua. Los engulle con  habilidad casi profesional. Ella le hace prisionero en su sexo, los muslos capturan las mejillas de él, agarrando su cabeza contra su vientre y acaricia su cabello negro mientras nota como la lengua lame su húmedo territorio..  Sus músculos se tensan, se mantiene mucho rato en una fase de suma excitación hasta relajarse de nuevo. Los dos alargan en el tiempo caricias y amor. Fuera la ciudad empieza a languidecer. En el interior de la habitación la vida es cada vez más intensa.

Él se incorpora y poniéndose de rodillas al lado de la cabeza de ella. Te agacha lo suficiente para que ella con la boca capture su miembro. Con la punta de la lengua dibuja el contorno de glande, baja siguiendo la vena que recorre el tronco. Y mientras con una mano agarra el pene con la boca acaba por introducírselo.

- Metela lo que más puedas.

Ella sonríe y sigue las instrucciones, solo queda la raíz del miembro en el exterior de su boca. Él se estremece. Ella inicia una loca carrera de succión, metiendose y sacando de su boca el miembro que crece por momentos. Él cierra  los ojos y ve el paraíso. Ella sacándose la polla de la boca le dice:

- Esto te va a gustar.- le dice ella con su intensa mirada transgresora.

Ella se pone de costado  con una pierna extendida y otra doblada dejando su sexo a su merced.

- Ponte de lado. Le pide ella.

Él le obedece y pensando que comprende las intenciones de ella. Dirige su pene de nuevo al sexo de ella.

- Ahí no, tonto

Sorprendido ve como ella agarrando su miembro empieza a frotarse la entrada angosta de su ano. Despacio pero sin pausa el ano se va dilatando. Despacio el glande va enterrándose en el estrecho conducto. Ella nota que su interior es perforado. Él presiona para conseguir entrar todo su sexo en el interior de ella. Despacio empieza un movimiento con su pelvis, entrando y saliendo con un miembro que excitado aumenta de tamaño. Nuevas sensaciones. Nuevos placeres. Él la agarra por los hombros y aferrándose a ella entra y sale procurando hacerlo con suavidad. El ano lubrificado aprieta placenteramente la verga que cada vez esta más deseosa de vaciarse. Los movimientos acompasados suben de intensidad, los dos cuerpos sudan. La piel de ella toma un tono brillante, que la hace más hermosa todavía. Seda natural. Sus pómulos enrojecen. De nuevo su cuerpo se arquea, se tensa. El pelo alborotado, los ojos entrecerrados y la boca se abre lascivamente. Él no aguanta mas el placer recibido y nota como sus testículos se descargan en sacudidas rítmicas lanzando su semen a borbotones en la sima oscura del culo de ella. Él se siente morir.

Abrazados desnudos los dos consumen los últimos minutos de un encuentro furtivo. Él todavía nota como su pene palpita excitado, ella nota como de su ano un fino hilo de semen baja por sus nalgas. Ya nunca más volverán a tener “primeras impresiones”.
 
 
 
 

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