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¿ Podría ser una sola persona? ¿Somos una sola persona?Sí, lo somos. Sin duda es así. No concibo mi vida separada de él. Seria partirnos por la mitad....dejarnos a los dos cojos, quedarme con la mitad del estómago, dejarlo herido.
Nunca creí estar pensando esto, pero ahora, hoy, esta mañana, la idea salpica mis ideas de una forma indecente.
¿Cómo seria mi vida sin él? ¿Cómo seria vivir a mi ritmo, sin tenerle las 24 horas del día pegado a mi?Por mucho que lo piense o lo imagine, no soy capaz de acertar en tal magnitud. La independencia de movimientos, la ligereza al andar, el decidir por una misma hacia donde ir: derecha o izquierda....lo asemejo a cabalgar un caballo de pura raza, tomando las riendas yo sola. Y yo no se montar.
Yo estoy despierta en la cama, él duerme a mi lado, pegado a mi, notando su respiración y sus latidos; sus latidos, mis latidos...laten acompasados.
¿Cómo es posible que yo esté aquí, pensando, dándole vueltas a algo que cambiaria nuestras vidas por completo, y él en cambio, sonríe mientras duerme?
¿Cómo es posible que sea tan mala?Me siento culpable al pensar así. Hace ya muchos años hablamos sobre la posibilidad de separarnos, nos pareció atroz pensar que podríamos sobrevivir separados. Una locura impensable en aquellos años. Siempre estaríamos juntos. Siempre, hasta que uno de los dos falleciera. Siempre juntos...como golpean estas palabras mi cabeza. Siempre, siempre, siempre. Siempre es una eternidad.
Y, ahora amigos míos, quizás penséis – tranquila mujer, anda que no he roto yo veces una relación, cuando la cosa se termina, se acabó –
Yo no puedo romper con él. Me es imposible hacerlo por las buenas. Imposible decirle – hasta aquí hemos llegado - y dar un portazo....y desaparecer. No volver a verle nunca jamás. No es posible, a menos que uno de los dos muera. Esta es la no-solución a mis problemas. No puedo matarle, no voy a suicidarme.
Miro hacia atrás, y le veo a él, siempre a mi lado, siempre ahí, juntos. Juntos desde siempre, juntos para siempre. Es mi hermano, es mi amante, es mi amigo, es parte de mi. Estamos unidos, y no es una metáfora. Nacimos pegados, el destino nos jugó una mala pasada. Aprendimos a aceptarlo. La palabra resignación nunca estuvo en nuestras mentes. Ahora, esta mañana, esta palabra me golpea; cierro los ojos y veo un antiguo cine de los años 60. Arriba, en cartelera, miles de luces, bombillas luminosas forman una palabra “RESIGNACIÓN”. No puedo cerrar los ojos.
Hermanos siameses. Que palabra tan rara, que cosa tan rara. Unidos por el costado, compartiendo estómago, bazo y un riñón. Dos mentes, dos corazones, dos sexos. Una sola vida, una sola existencia. Inseparables. Me siento culpable al estar dudando de todos estos años de convivencia forzada.
Soy consciente que son muchos los puntos que hacen que ahora esté pensando esto. No puedo tener secretos, nada es solo mío, siempre estamos los dos. La palabra “yo” no existe, siempre es “nosotros”. Yo quiero tener mi propia identidad, pero ¿cómo?
Ambos, tenemos que soportar muchas cosas del otro, los hábitos de higiene, la enfermedad,...TODO. No me gusta sentirme así, no se ni como insinuárselo.
Yo soy mujer. Mis pechos, mi vagina y la menstruación, son signos inequívocos de mi feminidad.
Él es hombre. Su voz grave, su pene y el semen, que tantas veces he ayudado a que salga, demuestran su masculinidad.Él y yo hemos sido durante todos estos años y desde nuestra pubertad, amantes, nuestras únicas parejas sexuales. Los únicos que nos hemos proporcionado placer, orgasmos y caricias. Nunca me han penetrado, nunca ha penetrado a nadie. Es una de las imposibilidades de estar unidos por el costado, por mucho que lo hayamos intentado, no hay forma de que yo me acople a él, no hay postura en el kamasutra o en nuestra imaginación que nos proporcione el utópico placer de poder rozar nuestros sexos. No conozco la penetración, no conozco el sexo oral. Son mis fantasías. Fantasías truncadas, imposibles de realizar mientras sigamos así, juntos, inseparables.
Los orgasmos no son comparables. Son explosión de placer en todos los casos, pero nadie nunca podrá comparar los suyos a los de otra persona. Yo siento por mi, yo siento por él. Él siente por él y por mi. Qué extraño suena!!!pero sí, he sentido el orgasmo masculino en mis carnes; estamos unidos por el tronco, esta unión carnal nos hace sensibles al otro, es un conducto capaz de hacer sentirnos doble placer.
Mientras le acaricio el pene con la mano, noto como se le acelera la respiración; se me acelera a mi. Mientras se humedece los dedos dentro de mi sexo, una corriente eléctrica le inunda el pecho y llega a vibrar cuando me corro. Realmente es placentero notar el placer del otro, él sabe que disfrutas cuando te toca, yo disfruto doblemente cuando le acaricio.
Pero yo, yo quiero ver como “alguien” se acerca a paso lento hacia mi, verle andar mientras me sonríe. No saber lo que me espera. Que ese alguien me bese y me abrace, poder notar el contacto de dos cuerpos enteros que se dan calor uno al otro. De repente verle andar hacia mi, de repente tenerlo dentro de mi, estar unida a alguien de nuevo, quizás para siempre, pero no las 24 horas del día. Descansar juntos en la cama y poder darme la vuelta o levantarme para ir al baño, sin tener siempre pegado a alguien. Ser libre de pensamiento, de actos, de cuerpo y de sexo. Ser libre, estar sola de vez en cuando, poder seducir a un hombre independiente , libre y con un pene capaz de penetrarme. Solo eso quiero.
Mi hermano sigue durmiendo, sonriendo; en cambio ,mi cabeza, mis pensamientos van más lejos.
Se me plantea un dilema. Cerrar mi mente ante un pensamiento horroroso que no quiero dejar salir, pero que ya se cual es. O afrontar y poner en practica lo que temo hacer o aceptar la realidad; toda nuestra eternidad juntos.
...
Seria fácil coger la almohada y hundirla en su cara. Él ni lo notaria, dejaría de respirar con esa sonrisa en los labios. No sufriría el desengaño de ver como le quito la vida.
Solo el imaginarme ser una mujer, una mujer dueña de mi cuerpo y de mis actos, me hace sonreír. Dueña de mi cuerpo, dueña de mi sexo.
Una calentura latente y deseada aparta de mi cabeza las ideas asesinas. Se llena de fantasías, de ilusiones sexuales que me calientan y que me hacen empezar a odiar a mi hermano.Calor, excitación,...me dejo ir. E imagino...mis fantasías.
Son manos, torsos, figuras que no llevan cara, ni siquiera se como son. En este momento no me fijo en la cara, solo siento y me acompaño de mis manos en busca del deseo, del placer. No hay sonido, todo ocurre en silencio, las palabras sobran cuando me doy placer. Perfección de movimientos, coordinación de mi mente con el deseo de todo lo que siento.
Amo a la figura de mi fantasía. Sabe lo que más deseo y con el rostro borroso que lo caracteriza, me abre las piernas y notando solo su tibio aliento por mis muslos, empiezo a excitarme. La figura está entre mis piernas y yo que nunca he sentido una lengua allí abajo, me recreo imaginando como seria notar la textura húmeda y caliente de las papilas gustativas posadas entre los pliegues internos, mientras introduzco levemente la yema de uno de mis dedos en mi vagina, noto como la punta de una lengua rosada y tensa, dura, entra en mi cavidad. Mi cuerpo se desborda y el silencio se rompe con pequeños suspiros que salen de mis labios hinchados, mordidos. Muevo la cabeza de un lado a otro, mientras tu boca, más definida que nunca me brinda suaves mordiscos en el coño. Una raja ya húmeda...a cada mordisco puedo verme abrir las piernas más y más mientras apego mi pelvis a tu boca. Fuerte, dentro, mojado, siiiiii!Mi mano izquierda, y única que tengo, se mueve sabiamente, sabe que caricia me apetece en cada momento. Y tú, en mi fantasía también lo sabes; sin apartar tus labios de mi clítoris acercas una mano. Una mano grande, de dedos finos y largos que se mezclan con mis fluidos y empiezan a resbalar por las paredes externas, empiezan a meterse en mi interior. Un leve escalofrío al notarte perfilando mi entrada. Agitación muscular de mi vagina a la entrada del segundo dedo.
Veo la imagen ampliada. Mi sexo húmedo y abierto. Veo tus dos dedos doblados, veo como entran en mi vagina, veo como me muevo intentando hacerte llegar más dentro. Tus dedos van desapareciendo en mi interior, y veo perfectamente el movimiento que hacen; húmedos y resbaladizos van penetrando, surcando el calor desprendido. Estoy abierta, notó el orgasmo cerca. Esta imagen visual en mi imaginación...va a hacer que me corra muy rápido...y yo quiero que dude más.
Aparto la mano de mi sexo, me saco los dedos y me acaricio los pechos; vuelvo a imaginar, ahora son dos las lenguas que me dan placer, dos bocas apoyadas en mi pechos, provocando que los pezones se pongan aún más duros, explosivos mirando hacia fuera, sorbidos por dos lenguas que los ensalivan y muerden, cuatro manos que me acarician y me propinan temblores y un rubor que se refleja en mi cara. Agitada, sudorosa y con la mano amasándome los pechos.
Sigo imaginando esas manos incansables que recorren mi cuerpo y siento la necesidad de probar ese miembro duro que no veo, ese pene erecto que deseo sentir fundirse en mi ser, llenándome hasta le límite.
Mis dedos están haciendo un trabajo magistral, la humedad brilla sobre mis dedos y la voy repartiendo por mis senos, mi tripa, mi ombligo,...mi cuerpo. Y te imagino. Duro y firme delante de mi boca. Te chupo, abro la boca y chupo tu pene. Trago, como y no puedo parar. Me entretengo con tus pelotas, masajeándolas y llevándomelas a la boca, de una en una, las dos a la vez mientras recorro el tronco con los dedos. El capullo rosado, hinchado reluce con los primeros líquidos preseminales. Puedo pasar mi boca abierta y tragar lo que me entregas.
El silencio del lugar cada vez es más ruidoso, suaves gemidos y mi respiración rápida llenan la estancia. Mis dedos, ya no siguen ningún orden, entran y salen, buscan en mi interior, no tienen compasión, me rompo a mi misma. Temo despertar a mi hermano. Temo tener que compartir este momento con él. Duerme, sigue sonriendo.
Y de repente puedo notar que te has introducido en mi interior, me estas cogiendo por los muslos; los levantas y te clavas en el interior de ellos, movimientos lentos, densos que llegan hasta dentro. Tus idas y venidas levantan mi pelvis del colchón. Siento fundirme, miles de estímulos recorren mi cuerpo de arriba a bajo. Punto de salida....mi vagina, detonante... tu sexo duro que no deja de latir caliente entre mis paredes y aún en fantasías, me lleva a orgasmos dulces; mordiscos en la almohada, mordiscos en tus hombros. Saliva salada que moja la sabana, semen espeso recorriendo mis paredes vaginales.
Descanso, el momento del descanso, de relajación. Cierro los ojos y siento como fluye el cuerpo, como recupero la respiración y estoy a punto de cerrar los ojos. Me falta el aire, no puedo respirar.
Color blanco nubla mi vista. Una almohada blanca que se aproxima a mi faz y presiona, ahoga. El miedo se apodera de mi y mi brazo se golpea contra la mesita, un último gesto desesperado. Nada que hacer, último suspiro. Se me ha adelantado, me ha ganado la vida...ha esperado a que disfrutara por última vez de mi cuerpo. Ahora el cuerpo es de él. Ahora él es una sola y única persona. No intento defenderme, dejo de respirar intentando reflejar una sonrisa en mi cara. Me duermo para siempre.
por Pauline en la playa
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