El que busca encuentra
 
Esto que voy a contar, es una historia real, que me ha sucedido, desde el mes de Mayo y que actualmente sigue en plena actividad.

Tengo 60 años, estoy casado hace 35 años y debo confesar tristemente, que mi vida sexual con mi esposa ha sido un fiasco. A mi me gusta el sexo, con todas sus variantes (menos con hombres). Para mi esposa, hija única y tal vez criada en un ambiente de soledad, sin amigas ni amigos, el desconocimiento del placer sexual ha sido total y jamás, en todos estos años de matrimonio ha consentido cualquier variante, que no fuera la penetración por mi parte. Penetración, por otra parte, puramente biológica y procreativa. Nunca ha querido hablar de sexo. Pero en lo concerniente a lo religioso, no le faltan estampas de santos, santas, imágenes, novenas, etc. etc. Creo que es un fiel reflejo de la represión que hubo en los años de la dictadura, y que tan bien ha funcionado en mi esposa. Yo, cuando me casé, no lo sabía. De novios aunque permitía los besos, no me dejó jamás rozarle, ni tan siquiera, sus hermosas y turgentes tetas. Mucho menos sus bajos.Yo pensaba que era castidad de novia y que todo vendría después.

Pues no. Me equivoqué. Después vino lo que les he contado al principio. Ahora, vivimos como dos hermanos, con la única diferencia de que dormimosen la misma cama.

Siempre me han gustado mucho las mujeres. El primer polvo lo eché con 13 años, por supuesto con una prostituta; creo que entonces costaba 12 pts. con condón incluido. Una paja 2 pts.

He follado muchísimo, con toda clase de mujeres, delgadas, gordas, tan gordas que por delante no se la podía meter y tenia que ser por detrás, guapas, feas, en fin todo un elenco de personajes femeninos. En todo este follamiento, se incluye el tiempo en que estoy casado.

Pero mi deseo, ha sido siempre, encontrar una mujer que me quisiera y que además le gustara el follar y los juegos anejos.

Desde años, he leído las secciones de contactos de diversas revistas, me he suscrito a algunas (con un desembolso económico bastante importante) me han remitido fotos, pero casualidad grande: Nunca había mujeres de mi ciudad.

Yo no buscaba una mujer solamente para sexo. Quería una amiga con quien compartir cosas que no se pueden decir a nadie, ni siquiera a los amigos.

Era asiduo de las paginas de contactos de Internet, pero la mujer que yo buscaba, era de una edad en que difícilmente podría acceder a estos medios informáticos, ya que solamente esta nueva generación y salvo excepciones, tiene acceso a ello.

Pues bien, a pesar de todo, por este medio, encontré una dirección de relaciones personales. Había que llamar a un numero de teléfono para poner el anuncio consiguiente en un diario y después ampliar con tu propia voz, tu propia recomendación.

Así lo hice. Puse un anuncio en el que mas o menos decía " Somos mayores y la vida de nos irá mas o menos pronto. Hay que disfrutar todo lo posible de lo que nos queda"

A los dos días, llame a mi buzón para ver (sin esperanza) si había alguna respuesta. Y si, la había. Había una voz de mujer, firme y sabiendo lo que decía. Decía : Soy Ana, tengo 55 años y estoy cansada de ser una buena chica. Mi teléfono es..................Llámame a partir de las 8,30.

La llamé a la hora indicada. Yo le dije que estaba casado. Ella me dijo que era soltera, pero no virgen. Que vivía sola y por lo que pude entender, buscaba lo mismo que yo. Que estaba deprimida y necesitaba la ayuda de una persona cariñosa y amable con quien compartir algunos momentos de su soledad.

Quedamos para el sábado por la tarde para conocernos. Nos dimos algunas señales para reconocernos y por fin, nos vimos.

Era alta, bien formada y estaba un poco atemorizada (según me contó después y bastante arrepentida del arranque que había tenido al dejar el mensaje).

Ahora, ya no.

Le expliqué que como casado y vida mas o menos sujeta a horarios fijos,
nuestros encuentros, si es que se llevaban a cabo, serían cortos pero intensos.

Ella me comentó, que por fuerza habían de serlo, pues su horario de trabajo diario era hasta las 19,30 horas y tambien la limitaba.

Nos sentamos en una terraza, hablamos de nuestras cosas y poco a poco se fue rompiendo el hielo.

La dejé cerca de su casa, y quedamos para el próximo sábado. Fue mas o menos como el anterior, pero mas relajado. Había conseguido su confianza de tal manera que la próxima cita sería en su casa.

Llegó el día deseado, entré por primera vez en su casa, algo nerviosillo, como si de un novio se tratara. No besamos tímidamente en la mejillas y nos sentamos en el sofá. Hablamos de cosas intranscendentes, hasta que en un momento dado le pasé el brazo por los hombros sin que hubiera resistencia.

La atraje hacia mí, y la besé en los labios. El beso fue largamente correspondido. Pasé la mano por su espalda y la acaricié suavemente hasta llegar al cierre del sostén, que desabroché. Se quitó la camiseta que llevaba y sus pechos no muy grandes, pero sí en su sitio, salieron a la luz de la tarde. Los cogí con una mano (estabamos sentados) acariciando uno y después otro. Los pezones se endurecían y agrandaban por momentos. Nos pusimos de pie. Me quité la camisa y apreté suavemente sus pechos contra mí. Le acariciaba su espalda hasta llegar al límite de las bragas y metiendo los dedos en la rabadilla. Ella, nerviosamente quería quitarme el cinturón.

Así de pie, yo le quité la falda y las bragas y ella me quitó los pantalones y el slip. Apretamos nuestras pelvis con fuerza. Bajé la mano hasta su vulva y estaba supermojada. La metí un dedo y froté suavemente. Ella se iba. Cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. Subía y bajaba aceleradamente.

De pronto, me cogió de la mano y me llevo a su dormitorio.

La senté al borde de la cama, con los labios y lengua unidos, tocándole los pechos con las manos. Nuevamente mi mano descendió hasta su limpio y bien cuidado Monte de Venus y volvió a acariciar su clítoris. Cuando yo la vi jadear de tal manera y mover la cabeza de un lado a otro la puse hacia atrás con las piernas colgando. Se las puse al borde de la cama y empecé a besar y lamerle los muslos por la parte interior, las ingles, el ombligo; todo menos el clítoris. Cuando ella ya había tenido varios orgasmos, acaricié con la lengua su pepita de oro. Yo tenia las manos encima de lacama cogidas fuertemente por las de ella y sabia cuando se corría. Chupe,besé, lamí y mordí todos sus bajos. Cuando ya estaba ella casi fuera de sí, cogí mi pene para introducirlo en su vagina. Me lo quitó de las manos y ella misma se lo introdujo hasta el fondo dando un ligero grito de placer.

Ella tuvo un gran orgasmo y yo una gran corrida, de la que no me arrepiento. Después estuvimos un largo rato en la cama, descansando de la batalla, hasta que llegó el momento de irme. Toda la ropa estaba por el suelo, pantalones, bragas, sostén, slip, camisa, camiseta como resultado del encuentro. Cogí mis ropas del suelo y me vestí. A la hora de la despedida, había en el descansillo de la escalera unos vecinos que se estaban despidiendo. Esperando que se fueran, volví a besarla y a apretarla. Empezó a calentarse otra vez. Su vulva estaba otra vez mojada y mi pene tieso. Como aun no llevaba bragas, le levante el vestido, me baje los pantalones y allí, de pie, a un metro escaso de sus vecinos, separados únicamente por la puerta se la metí nuevamente en su coño. Ella subía y bajaba alocadamente. Nos corrimos silenciosamente los dos. Yo he encontrado lo que durante tantos años he buscado. Me ha llegado un poco tarde. Pero, nunca es tarde si la dicha es buena.

A los que estén en mi situación, les digo que no desesperen. Cuando menos se lo esperen surgirá la felicidad siempre tan buscada. A mi me ha sucedido y así lo cuento.

Debo decir, que la historia continua, y que todos los sábados tenemos la misma agradable situación. Gracias a Dios.
 ue con ella no jugase.
MONCHÚ FALAURCE

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