El día de navidad
 por Pauline en la playa
El día de navidad, el 25 de diciembre, empieza pronto en mi casa. Que yo recuerde, de toda la vida, este día viene toda...(TODA) la familia a comer a mi casa, bueno, es de mi madre y mía, por que si fuera mía...solo mía...no vendrían a comer y a ponerlo todo patas arriba a nuestra casa.

Como apuntaba arriba, el día de navidad, empieza temprano. Hay que hacer cosas, muchas cosas. Son las nueve de la mañana y yo estoy durmiendo, metida en la cama, todo a oscuras, calentita, durmiendo más bien... Lo primero que veo es la luz que entra por la persiana que mi querida madre está subiendo, justo me da en el ojo. Me callo la bordería que me viene a la mente y me doy media vuelta.

- Gina, levántate. ¿Te traigo la leche?

Obviamente no le digo nada, emito un ronroneo parecido al del ñu africano en celo. Ha entendido que si quiero leche. Me medio duermo, oigo como baja las escaleras, cierro los ojos y me tapo con el edredón. No me enterado de nada...y de repente la tengo a mi lado, dándome pequeños empujones.

- Bébete la leche o se enfriará.

- Sí, ma. – musito, pero no me muevo ni un centímetro.

La oigo volver a bajar las escaleras. Son las nueve y media, abro el ojo y tengo la intención de levantarme, pero me lo repienso, me quedo dos minutos más.

- Levántate ya! Tenemos que hacer los canelones.

- Noooooo, caneloneeeeees nooooooooooo! – mi voz sale ronca, pero clara. – No quiero hacer canelones, no me gustan los canelones, odio envolver los canelones. ( si que me gustan, pero la cuestión es ponerle dramatismo al asunto)

Ahora es ella, la que no me contesta. Por tercera vez, la oigo bajar las escaleras. Me incorporo un poco en la cama y me bebo la leche. Esta buena y tengo la garganta reseca, toda de un sorbo. Me levanto.

Desde que me levanto hasta que estoy abajo en la cocina...han pasado veinte minutos. No incluyo el repertorio de cosas que hago en ese intervalo. Son intimas y muy pulcras.

En la cocina.

Está todo preparado. A las doce empezaran a llegar. Pregunto cuántos serán, la respuesta, suponen muchos canelones a hacer.

- Con los primos contados, seremos en total trece...ai no, espera,  doce, doce...que me descontaba.

12 ( canelones) x 3 ( que mi madre va a poner en cada plato)= 36 (canelones)

36 canelones más dos docenas que siempre se lleva mi abuela, es que dice que los hacemos muy buenos. En total, 60 canelones, de un tirón. Me lo tomo con paciencia, eso si, no pienso abrir la boca. Si lo hago, me voy a parir con todos, quizás Iván, mi primo se salve, por que me apetece verle...pero a los otros....uffff. Paciencia, calma.

Y ahora, si continuáis leyendo aprenderéis como se hacen los 60 canelones en mi casa.

Mi madre, eso si, tiene preparada la masta-plasta (el relleno de carne) en un recipiente. Yo preparo las dos bandejas del horno, las unto con mantequilla – aquí me viene a la cabeza una guarrada que hice con un novio que tuve y con la mantequilla – el tacto resbaladizo de ésta, me recuerda vagamente a algo.

La pasta del canelón, está a remojo con agua fría durante casi una hora – esto mi señora madre, también lo ha preparado – así, que me entretengo en sacar del barreño, canelón a canelón: los extiendo sobre el paño de cocina, que anteriormente he extendido por la barra y la mesa de la cocina.

Cuando termino, me siento y me fumo un cigarro...es de esos que sientan de puta madre, por que sabes que te lo has ganado.

- Ni 61, ni 59...60 canelones está haciendo la nena – digo en tono jocoso, esperando la bordería de mi madre.

- Son  casi las once, si no te das prisa no se que vamos a comer.

- (me indigno)Comer¿?¿? Si nos comemos todo lo que tú estás preparando vamos a parecer cerdos. Así que, digo yo, que he pensado que este año no hacemos canelones. Y por la masta-plasta no te preocupes, hacemos unas cuantas croquetas y el resto se lo damos al Hiru ( es mi perro)  - doy la última calada y me entretengo apagándolo en el cenicero metálico; se que me está mirando, esperando que levante la vista...para entonces, fulminarme. No le doy el gusto, me doy la vuelta sin mirarla y me pongo a hablar con el perro.
 

- Hiru, Hiru...ven, ven aquí!. Mira que cosa más buena te ha cocinado mamá. ¿A qué huele bien?

- ( ha subido el tono de voz) Jorgina ( ups! Acaba de decir mi nombre completo; está enfadada y nerviosa) Deja de hacer el imbécil con el perro y empieza con los canelones....DE UNA VEZ!!!!ahh, y de paso deja de decir idioteces. – Se da la vuelta y sigue con los entremeses.

Bien, dada la situación...si hay que hacerlos, se hacen.

Con una cuchara empiezo a menear la masta-plasta, cojo un poco y lo extiendo sobre la pasta...así hasta sesenta cucharadas. Me duele la espalda, debido a la mala posición de “extendedora de masta-plasta de canelones”.

Voy a poner música, así mientras los hago cantaré. Pongo un cd de La Buena Vida...subo el volumen y empiezo a cantar.

Frente a los canelones...ahora toca enrollarlos. No se por que me viene a la cabeza, que son porros que tengo que liar...así que empiezo, primero uno y después otro. Cuidando que no salga nada por los lados, que queden rectos y más o menos de una misma anchura. Los pliego y los coloco en fila en la bandeja. Cuando dejo el último, en el cd está sonando la última canción...dice algo así como : allelujah!!!

Otro cigarro, merecidísimo. Me voy directa a la ducha, mientras, mi madre empieza a poner el mantel, los platos, las copas de vino, agua y cava, los cubiertos, las servilletas...ahhh...y los candelabros.

Estoy delante del espejo, con el albornoz puesto y la toalla enroscada por la cabeza. Miro dentro del armario...yo me pondría unos téjanos...pero se que la propuesta no hubiera sido bien aceptada...Tengo que estar súper mona...elijo una falda que me compré antes de venir por navidad al pueblo, una camiseta roja ( que me encanta) y encima el jersey azul marino, que le encanta a  mi madre. Me calzó mi regalo, unos zuecos de madera y piel rojos. Taconeo un poco al son de “David y Claudia” de Los Planetas, me hago dos coletas y me voy al baño.

Al pasar por delante de la habitación de mi madre, la veo poniéndose las botas de tacón marrón, me medio grita, que acaban de llamar a la puerta. Le digo que ahora bajaré, que aún no estoy lista, haciéndome la sueca con lo de la puerta.

Oigo voces, pero no me esfuerzo en reconocerlas. Me pongo colonia, un poco de colorete en las mejillas, rimel en las pestañas ( aún sabiendo que es  la forma más rápida de terminar en un par de horas, con los ojos negros), brillo en los labios, me vuelvo a peinar para dar un efecto de estar despeinada...y bajo.

Besos, mejillas babosas y felices navidades!!! A todos, para todos, sin excepción alguna. Odio estos formalismos hipócritas, pero es lo que toca...casi ni se me nota. Mucha risita y demasiadas preguntas.

¿Ya tienes novio, cielo?
¿Y eso?
¿Cuando terminas de estudiar?
¿Hace mucho que estás en Barcelona?¿no?
¿Te estás dejando el pelo largo?
Que zapatos más chulos prima, ¿a ver cuando me los dejas? ¿ehhh?
¿Me das un cigarro, tía?
¿Gina, puedes sacar al perro fuera?
¿Me has comprado la barbie que quería?
¿Dónde está?
...

Respondo como puedo y escucho todos sus comentarios, lo que ellos creen...lo que ellos harían...etc. Sacamos los regalos para los peques...y por fin nos sentamos a comer. Los papás y mamás al fondo...los primos y primas en el centro y los abuelos en el otro fondo. El ambiente se distiende y puedo destensarme, comer de todo un poco y aprovechar para escuchar a Iván. Es con el único con el que me llevo bien. Mi prima Clara, es una petarda pija, con novio desde los 14, que juega al papel de mujer florero. Su hermana Laura, tiene 7 años y está jugando con la barbie nueva. Juan, tiene 19, lleva un resacón encima...y un grano en la fente...que parece un cráter. Iván, sentado a mi lado, me escucha, me habla de los últimos conciertos a los que ha ido y por lo bajini, dice que me tiene que explicar un par de historias. Le sonrió cómplicemente, mientras me pregunta si este año, también he hecho yo los canelones.

Postre, turrón, polvorones, roscos de vino, más cava ( más viajes a la cocina), café...Antes de la copa y el puro, Laura duerme estirada en el sofá, prima Clara acaba de irse con el “cholo” de su novio y Juan está arriba en el ordenador. Iván me ayuda a recoger algunas de las cosas de la mesa...y sin dar mucha explicación salimos a dar un paseo.

Ya sabemos a dónde nos dirigimos, vamos a una parcela que no está construida y que tiene un árbol partido, donde nos podemos sentar.

- ¿Primita...sigues con las buenas costumbres de siempre?

- ¿Jejeje, claro que sí. Te lo lías tú o me dejas a mi?

En cinco minutos, Iván me pasa el canuto, hace frío y me notó las manos heladas. Iván empieza a explicar sus historias. Siempre se lleva líos de faldas, es un conquistador y las lleva a todas de cabeza...es un cabroncete...pero yo le quiero muchísimo.

Yo, como casi todas las primas y primos de este mundo, había fantaseado primero y luego consumado algunos besos, caricias y toqueteos indecentes con mi primo. Pero cuando esto pasó no tenía aún los 18...así que...pasemos página.

Después de fumarnos el peta, Iván ya ha terminado con sus relatos. Esta saliendo con dos chicas a la vez y en una noche de mucho alcohol y porros le había besado un chico. Yo le he estado interrumpiendo, añadiendo detalles sobre mis hazañas en estos últimos seis meses. Nos quedamos callados y me pregunta si me apetece un segundo cigarrillo. Le digo que paso, que no quiero volver a casa y tener movida por los ojos rojos. Nos encendemos un cigarro.

Es bien sabido por mi primo, que el haixix, produce en mi...un efecto caliente y cachondo...así que en aquellos momentos y sin hacer nada...mi mente había mojado mis braguitas. Seguimos hablando, riendo...mientras, dentro de sus pantalones algo empieza tomar rigidez...y algo debajo de mis medias empieza a mojarse. Nos reímos, mucho...casi a carcajada limpia...cuando la boca de Iván me aborda. Casi me caigo de espaldas.

Noto la calidez y la humedad de su lengua chocando contra mis dientes, la punta de su nariz está helada. Se separa y sin despasar su mano de mi cintura me dice:

- Estás muy cambiada...y muy guapa, primita. – y sonríe.

Me acerco a él, acerco mi boca a la suya y empiezo a chuparle los labios. La punta de la lengua hace la aparición de entre sus labios y empezamos a morrearnos como si de unos quinceañeros se tratara. Besos y más besos...ahora son queridos, deseados, calientes. Dejo que se trague mi lengua, que muerda mis labios. Abro la boca y atrapo toda la suya, meto mi lengua en su boca y cuando se encuentra con la suya, juega, baila lento, nos rozamos los dientes... y de nuevo succiona mi labio inferior. Y así, solo besándonos pasamos un buen rato.

El bulto de su pantalón ha crecido considerablemente...me apetece tocarlo y así lo higo. Empiezo con la ronda de besos de nuevo, mis manos golosas empiezan unas caricias masturbatorias sobre el pene de mi primo. Noto sus manos, sus dedos fríos intentándose colar por debajo de mis medias, pero la costura se lo impide. Dejo su boca y acercándome a su oído, le susurro que me acaricie los pechos. Vuelvo a comer de su boca y de su lengua. Sus sabias manos se adentran por dentro de la camiseta y apartando el sujetador noto las yemas de sus dedos, frías y suaves sobre mis erectos pezones. Siento varios escalofríos y la piel se me eriza. Iván me pellizca y me acaricia alternativamente...hasta que empiezo a suspirar, a besarle con mucha más furia y a desabrochar la hebilla de su cinturón.

Deja mi boca, deja que acomode mi mano dentro de su calzoncillo (rojo) y vuelve a la carga. Mete su cabeza como puede por dentro del jersey y la camiseta, se apoya sobre mi brazo y noto como su lengua empieza a lamer mis senos. Quiero guardar un poco la compostura, pero estoy a punto de volverme loca.

Saco la mano de dentro de su pantalón y le afierro contra mi pecho, entiende que deseo más de esas caricias linguales y su lengua, acompañada por labios y dientes, empieza a surcar mis senos. Noto la presión de los dientes alrededor del pezón mientras que con la mano amasa el otro seno. Lame el canalillo y muerde mi piel.

- Iván, I...ván....creo que voy a correrme. Muérdeme los pezones. – digo con una voz que me sale suave y melosa.

Y me muerde los pezones...y yo, me pierdo en el gozo del éxtasis, un intenso orgasmo me sacude. Junto las piernas, aprieto los muslos y clavo mis dedos en su brazo ( menos mal,  que no tengo su polla en la mano, no quiero pensar en el dolor que le hubiera causado mi apretón).

Sale de la camiseta, tiene los colores subidos, las mejillas rojas y está despeinado. Me uno a sus labios y empiezo a acariciarle los labios con la lengua y la polla, que sigue erguida, con las manos. El juego de caricias va subiendo de temperatura, yo estoy volviendo a ponerme caliente. Cada vez me apetece más y más follarme a mi primo. Me levanto y me bajo las medias y las bragas, sigo con la falda puesta, por lo que mi primo no puede ver lo cambiado que está mi coño, desde la última visita que él le ha hecho. Apenas me queda pelo.

Me siento encima tuyo, asegurándome de que mi humedad de justo en su diana, pero sin dejar que me penetre. Seguimos besándonos y nuestros cuerpos inician un suave balanceo, mi cuerpo se levanta levemente, su polla me roza y mi excitación me hace volver a suspirar rápido. Sus manos me acarician las nalgas, las amasan y aprietan con fuerza y garbo, sus dedos se mezclan con la humedad que me él me provoca y gimo cuando sus dedos, dos por delante y unos por detrás entran en mi. Si sigue así, me volveré a correr de inmediato...y yo quiero que él goce como yo lo estoy haciendo. Le pido que pare.

- Iván, para, para...espera. ¿Tienes condón?

- Ostia...tengo uno...pero está en la cartera y la cartera está dentro del bolso de mi madre...joder, mierda puta, primita.

Veo la decepción en su cara...supongo que él ve la mía...de verdad me hubiera apetecido montarme encima de él, pero sin gomita...yo no me subo a nada. Bueno...no hay condón, pero a ninguno de los dos se nos pasa por la cabeza dejar aquello zanjado. Así que buscamos alternativas.

Vuelvo a sentarme sobre el tronco del árbol ( tampoco es cuestión de calentar más  la máquina). Las manos traviesas de mi primo suben la falda y sus ojos sorprendidos ante la simple hilera de pelos...no se está quieto y pone los dedos, de nuevo, dentro de mi cueva. Una entrada resbaladiza y húmeda se traga sus dedos de dos en dos. Abierta de piernas ante sus ojos, mis caderas y sus dedos hacen todo el trabajo; hago fuerza con las manos contra el tronco, mis caderas se mueven como locas de un lado al otro y levanto el culo ante según que caricias. Le miro, me mira...y le encuentro guapísimo. Le sonrío y gozo del placer que me está propinando.

Y así, entre sus dedos y notando la fría brisa en el interior de mis muslos me corro por segunda vez. Es una sacudida más larga que la primera, tenso los músculos y echo la cabeza atrás, dejando salir un sonoro gemido. Arqueo la espalda y me dejo caer hacia atrás, el placer sentido me ha dejado sin fuerza y necesito un momento de sosiego. Por raro, que pueda sonar, en esta postura me siento descansada y cómoda. Así que, una vez recuperada la voz, pido a Iván que venga a darme un beso, que se traslade él, ya que yo me he quedado en la gloria y no soy capaz de moverme..

Baja sus labios hacia los míos y yo los acepto con gula, con pasión y con cierto desespero empiezo a chupar su lengua, empezando a imaginar los dos que es otra cosa.

Sin decir palabra y guiándonos con las manos, su polla se situa a rozar mis labios. Yo estoy boca abajo, con la cabeza apoyada en el suelo, así que tiene que ser él quien realice mayoritariamente los movimientos de entrada y salida de mi boca.

Sin previo aviso, me meto su polla en la boca, noto como termina de endurecerse en mi cavidad, noto como si estuviera lamiendo un polo de hielo, me ayudo con la mano, la muevo adelante y atrás, tratando de darle calor. En un principio, tengo la sensación de estar mamándosela a una estatua, pero mi primo empieza a moverse. Movimientos rápidos y bruscos para meterla más adentro y lentos para ir sacándola. Yo chupo a su ritmo, trago y presiono con los labios cada estocada. Su ritmo se acelera, cada vez va más deprisa y en un par de ocasiones tengo que pararle. Al parar un poco, aprovecho para presionar su puntita y dejar que mi lengua juegue a darle placer. Recorro todo su perímetro, un tacto sedoso que ya ha entrado en calor, de rigidez máxima y que intuyo por los gemidos que oigo, que no tardara mucho en descargarse.

Con las manos le aparto un poco de mi, su cuerpo cede y su polla sale de mi boca. Atrapo sus huevos con la otra mano y voy acercándolos a mis labios, se lo mucho que le ponen las caricias en los testículos y ni corta ni perezosa empiezo a morder delicadamente la piel, a sorberlos y finalmente me los meto dentro de mi boca. Con las manos en alza, recupero su pene y me dispongo a que termine entre mis dedos y con los huevos en mi boca. Le siento balancearse con cierta intensidad y noto como su mano se une a las mías, le dejo hacer y empiezo a masajearle las nalgas. Pocos movimientos después le oigo gemir muy tímidamente y noto como su semen resbala por mi rodilla. No puedo evitar, con los huevos ya fuera de mi boca, hacer un comentario sobre su puntería.

Nos reponemos un poco, me arregla el pelo, me limpia su semen con un pañuelo, me hace quitar las bragas y me sube las medias. Le devuelvo el interés, dándole unas últimas chupaditas a su miembro semierecto, despojándolo de sus calzoncillos y ayudándole a meterse de nuevo al camisa por dentro del pantalón. Nos sentamos, nos guardamos la ropa interior en los bolsillos y me invita a un cigarro. Más calmados, desandamos el camino a casa.

No sabemos que cara poner, aunque nadie sabe lo que acabamos de hacer, nosotros somos conscientes del festival que acabamos de darnos. Abro con mis llaves y todo,....sigue igual que un par de horas antes. Lo único diferente son las botellas, que están más vacías y los ceniceros que están más llenos. Los parientes siguen animados y metidos en delirantes conversaciones  sobre política y cotilleos varios del pueblo. Pasamos casi desapercibidos, vamos al baño, donde terminamos de asearnos. Vuelvo a ponerme colorete en los pómulos y nos dirigimos a la cocina, donde abrimos una botella de cava. Brindamos por nosotros.

Mi tía Marta, mi tío José y sus dos retoños se marchan pronto, dicen que están cansados y que Clara ya debe estar en casa, así que me dan un par de besos más y se despiden. Iván y yo hacemos el sofá nuestro, mientras sus padres, mi madre y mis abuelos siguen arreglando el mundo. Nos quedamos dormidos, mi cabeza se apoya sobre su hombro y su mano recae sobre mi muslo.

Son las once de la noche, mi madre nos despierta.

- Iván, cariño, tus padres se han ido hace rato, no han querido despertarte. Si quieres te llevo a tu casa ahora, o si lo prefieres puedes quedarte a dormir en casa. En la habitación de Gina, hay dos camas. Como tú prefieras. ¿Qué te apetece?

- Tía, mejor me quedo y ya me lleváis mañana a casa, no quiero molestaros y así – cogiéndome del brazo y pellizcándome – estoy más tiempo con esta petarda, que hace mucho que no nos veíamos y tenemos mucho que contarnos – me da un beso en la mejilla-

- (mi madre sonríe y acepta con la cabeza) Sí, ya supongo, esta tarde habéis dado un largo paseo, de siempre, que os habéis levado muy bien. Me alegra, que por lo menos contigo, se lleve bien mi hija.

- Jejejeje, mamá. Qué agradable que eres cuando te lo propones – digo mientras me levanto, la abrazo y le doy un sonoro beso.
 

Mi madre se aleja, en cuanto desaparece, recibo de nuevo los cálidos labios de Iván. Oímos a mi madre y a su tía, preguntar que si nos apetecen cuatro canelones para cenar. Respondemos al unísono que no, que no queremos canelones, que estamos muy cansados y que no tardaremos en irnos a dormir. Sonreímos y volvemos a juntar nuestras lenguas en un beso a escondidas.
 
 

por Pauline en la playa
 
 

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