|
|
Estábamos de boda, llevaba un vestido corto y ajustado, te sentaste enfrente de tu mujer, que estaba a mi lado, con el vino de la comida la cosa se fue alegrando y nos abrimos más en la conversación. En un momento, te cambiaste de sitio y te pusiste enfrente de mí, en ese instante, te quitaste el zapato y empezaste a acariciarme los muslos con los pies, me iba abriendo cada vez más, hasta que las yemas de tus dedos rozaron mi sexo, di un pequeño respingo. Después de decir que es que te había pisado, volví a arrimarme a la mesa y entonces empecaste un gran sobeteo con el pie en mi coño, que ya lo tenía húmedo. Me levanté y dije que iba al baño.Tu vista iba desnudando y besando todo mi cuerpo, mientras me alejaba. Cuando levanté la cabeza y se juntaron nuestras miradas, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo, que enseguida despertó su sed de sexo.
En ese momento se me pasó por la cabeza que sería maravilloso que me sorprendieras en el lavabo y poder apagar toda la ansiedad que teníamos el uno por el otro.
Estaba lavándome las manos cuando se abrió la puerta, yo estaba un poco inclinada hacia los grifos. Al estar en esa posición, se levantaba un poco el vestido ajustado que llevaba y dejaba todo para la imaginación. Así que te acercaste por detrás y apretaste mi cuerpo contra el tuyo, sentía tu polla dura rozando con mi culo. Desde ese momento cerré los ojos y no paré de respirar profundamente, fruto de mi excitación.
Me agarraste las tetas por encima del vestido y apretaba fuertemente, rápidamente metiste las manos por el escote y pellizcabas mis pezones, al mismo tiempo que me apretabas más con tu miembro contra el lavabo hasta levantarme del suelo.
Te subiste el vestido y me bajaste un poco las medias, tocabas mi húmedo coño por encima de las bragas, las tenía empapadas, húmedas, metiste la mano por debajo y empecaste a acariciarlo. Cada vez se separaban más mis labios, soltaba muchos líquidos, mi respiración era cada vez más fuerte, convirtiéndose en gemidos. Con la voz entrecortada, de la propia excitación, te pedí que me follaras en una de las cabinas.
Nos metimos en una cabina y me pusistes con las manos apoyada en la taza, me levanté el vestido y de un tirón me arrancastes las bragas, al mismo tiempo sacabas tu miembro de los pantalones y me la introducistes de un empujón. Empecaste a moverte despacito, contoneándote dentro de mi, me la metías suavemente y, la sacabas totalmente mojada y brillante. No podía más, te pedía que te la metiera más deprisa. Empecé a correrme, ya no podía aguantar más y empecé a gritar “ ah, ah, me corro, me corro, fóllame, fóllame, me estoy corriendo”, aceleraste el ritmo y acabamos corriéndonos al mismo tiempo.
Quería darte las gracias por haberme follado a cuatro patas, que lo estaba deseando, así que te senté en la taza, me puse de rodillas y empecé a chupártela. Primero te limpié la poca leche que quedaba en tu pene, después de haberte vaciado dentro de mi y después empecé a chupártela despacio pero profundamente, sabía que primero tendría que reanimarte, así que la tenía un rato dentro de mi boca, tocando mi garganta y luego la sacaba, para darte lengüetazos al capullo. Ya estaba empezando a crecer. Mientras la tenía dentro de mi boca, succionaba como si estuviera sacando el gusto a un chupa-chups, eso sí que me daba placer. Mientras chupaba el capullo, te pajeaba con la mano derecha. Estaba muy caliente, no podía aguantarlo, con la otra mano, estaba acariciándome el clítoris, me introducía un dedo. De vez en cuando tenía que sacarme tu sexo duro, para coger aire. Después me la metí entera y empecé a comértela de arriba a abajo, estabas a punto de correrte, pero no me importaba, quería tu leche, saborearla en mi paladar directamente de tu rabo, y estallastes en mi boca, yo seguía chupando, parecía que no terminabas de correrte nunca. Cuando me comí toda tu leche, seguía muy caliente, así que me tumbé en el suelo y seguí masturbándome. Metiste la cabeza entre mis piernas y empezaste a lamer mi rosado sexo, me follabas con la lengua, empezaron a darme espasmos, no paraba de gritar, me estaba corriendo en tu boca,” ah, ah, me corro, que placer, no pares cabrón sigue follándome”.
Nos fuimos a la discoteca y no hacía otra cosa que pensar en el morbo que me habíad dado que me hubieses manoseado el sexo con el pie, por debajo de la mesa, con todos nuestros amigos alrededor, y el polvazo que habíamos echado en el lavabo. Todavía podía notar el sabor de tu leche en la boca, estaba super caliente y más sabiendo que no llevaba bragas, que me las había arrancado en el lavabo. Me excitaba pensar que me estabas mirando desde la planta de abajo y veías mi sexo desnudo.
No aguanté más y me fui al baño, me encerré en una cabina y me senté en una taza. Empecé a acariciarme los muslos, mi excitación era enorme, no aguantaba más, me pellizcabas los muslos. Me subí el vestí y empecé a acariciar mi húmedo sexo, pensaba que era tu lengua, que subía y bajaba por mi sexo, se paraba y empezaba a follarme, era mi dedo, con la otra mano me acariciaba los pezones, estaban muy duros, los pellizcaba, pensando que me los estaba mordisqueando.
Mi dedo húmedo de líquidos, lo acercaba a mis labios, acariciándolos, pensando que era tu sexo, me lo metía en la boca y lo lamía, lo chupaba.
Ya no podía más, empecé a meterme primero un dedo, luego otro, los metía y los sacaba, cada vez más rápido, ya no aguanta más: “aaah, aaah, me corro” pensaste para tus adentros.
por Chalexal
Volver al Indice de Chalexal