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Todos mis amigos creen que mi trabajo es un poco aburrido. Es evidente que estar varias horas en la sala de control del centro comercial, pendiente de las diferentes cámaras de vigilancia no es una labor muy divertida. Aunque como todos los trabajos tiene sus alicientes. Elegí este puesto porque siempre me agradó la observación anónima. Observar a las personas sin que ellas sepan que está siendo observadas. No se si es algo bueno o algo malo, simplemente me gusta y con eso me basta.En el centro de control siempre suelo estar solo. Mi trabajo es sencillo pero a veces algo tedioso. A mi cargo están un buen número de cámaras de seguridad en busca de robos y situaciones irregulares. Mi monitor favorito es sin duda el de la cámara de la sección de textil, de vez en cuando y sin que nadie los sospeche, logro moverla y situarla sobre los probadores de mujeres.
Mi jornada laboral estaba a punto de finalizar, tan sólo quedaba una hora para el cierre de las instalaciones. Era martes y ciertamente había sido un día algo aburrido y sin demasiada afluencia de público. Mi mirada estaba siguiendo a un tipo algo sospechoso que merodeaba por la sección de droguería. Pero algo consiguió desviar mi atención. Acababa de entrar una preciosa chica en mi monitor favorito.
Era una bonita chica, esbelta y con unas curvas muy bien marcadas desde sus ajustados vaqueros hasta su ceñida blusa. Poseía una larga y lisa melena negra que le acentuaba la calidez de su precioso rostro. En sus manos portaba una camisa oscura que se iba a probar. Comenzó a desabrocharse su ceñida blusa. En pocos segundos pude comprobar los encantos de su firme busto realzado con una fina lencería.
De repente, en el probador entró impetuosamente un chico. Éste cerró con presteza la puerta del probador. La chica pareció sorprenderse tanto como yo. Yo ya estaba decidido a poner en aviso a mis compañeros de patrulla, puesto que aquello parecía una agresión en toda regla. Pero algo me hizo cambiar de opinión. Parecían conocerse, intercambiaron varias palabras y rápidamente ambos empezaron a besarse.
Él comenzó a agarrarla de su esbelta cintura mientras continuaba besándola apasionadamente. Poco a poco sus manos se fueron desplazando hacía el sujetador de ella, en pocos segundos éste ya yacía en el frío suelo del probador. Sin perder el tiempo sus manos ya rodeaban los voluptuosos pechos de la chica. Pero ella tampoco parecía quedarse atrás. No tardó en situar sus gráciles manos en la cremallera de los pantalones de él. Se los desabrochó y enseguida se los arrebató. Le empujó levemente y lo situó sobre la pared. En aquel preciso momento su precioso rostro femenino comenzó a bajar por el cuerpo de él hasta que llegó a su sexo. Lo agarró con firmeza y comenzó a masturbarle a la par que iniciaba su profunda degustación. Aquel afortunado estaba disfrutando de aquel excitante momento, al menos así lo atestiguaba su compungido rostro.
Sus movimientos eran lentos pero continuos, aquel rostro no paraba de moverse incesantemente sobre su sexo. La visión de aquellos espontáneos amantes estaba logrando despertar mi excitación más oculta. De repente él la hizo parar y apartó su rostro. Fue entonces cuando cambiaron las tornas, esta vez fue él quien la situó a ella sobre la pared y le bajó drásticamente sus braguitas. Se agachó y comenzó a darle placer a ella. Arriba y abajo, abajo y arriba. Ella extasiada, situó sus manos sobre la cabeza de él al tiempo que no paraba de mirar hacia el infinito.
Tras unos breves minutos de incesantes y repetitivos movimientos, ella le hizo parar. Y le susurró algo al oído. Fue en aquel preciso instante cuando él la cogió y la empujó sobre el espejo. Ella sin perder un segundo apoyó sus piernas sobre el cuerpo de él rodeándole cual boa ansiosa. Circunstancia que aprovechó el chico para penetrarla sin compasión. Con sus manos agarraba las nalgas de ella para así sujetarla mejor. Mientras su pelvis no paraba de moverse frenéticamente. Una y otra vez, la estaba penetrando. Ella debió soltar algún gemido de pasión puesto que él velozmente desplazó una de sus manos hasta su boca para hacerla callar. Ambos estaban en el cenit del placer, al menos sus desencajadas caras así lo corroboraban. Sus endiabladas sacudidas seguían sin descanso.
Su estallido sexual no tardó en llegar pues ambos pararon en seco sus libidinosos movimientos. Al tiempo que empezaron a besarse de manera más sosegada y relajante.
Pero el gemido que anteriormente ella no había podido evitar, había puesto en alerta a la empleada de textil quien se estaba dirigiendo hacia los probadores femeninos a investigar.
Llegó a la puerta del probador y tocó, ellos sorprendidos se vistieron rápidamente y en menos de un minuto abrieron la puerta. Las palabras que le dijeron a la empleada debieron bastar puesto que salieron rápidamente y sin problemas del lugar.
Minutos más tarde recibí una llamada de la chica de textil, preguntándome si había visto algo en los probadores, le dije que no, que la cámara no suele estar mirando nunca a esa zona. Qué habían estado poco tiempo en el probador y que dudaba que les hubiera dado tiempo a hacer nada. La cinta desapareció misteriosamente.
por Nicte
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