La mirada de cocodrilo
 por Alatriste
Cuando me miro enfurecido y gritándome realmente me asusto. Yo no tenía el expediente que me reclamaba y no lo había visto nunca. Yo también le grite. Fueron unos momentos bastante amargos.

Yo ya llevaba un tiempo trabajando en aquel bufete de abogados de Sevilla, él era el jefe de mi departamento. Debería tener unos 49 o 50 años, era alto, entrado en canas y sobre todo muy apuesto. Un caballero, o  eso me parecía a mí hasta que lo vi tan enfurecido y enfadado conmigo. En el departamento a todas las chicas se nos hacia la boca agua con aquel maduro tan apetecible.

Cuando él abandono el despacho para asistir a un juicio, todas me miraron como recriminándome por el enfado de nuestro jefe. “¿Que había yo hecho con el expediente? “

Pase una mañana bastante desagradable pues nunca antes nadie me había gritado así y encima me estaba llevando las miradas enfurecidas de mis compañeras. No soporto cuando las demás te miran con desprecio como si les hubieras robado la tranquilidad.
 

Al mediodía mi jefe volvió del juicio y lo primero que hizo fue venir a hablar conmigo. De nuevo me congestione ante una nueva reprimenda. Todas las compañeras me clavaron sus miradas.

- María, lo siento, el expediente se lo habían enviado a Martínez por error, yo creí que lo tenias tu. Siento mucho lo de esta mañana. Estaba muy nervioso…

- No, ya, ..Bueno… ya me parecía a mí.  No supe ligar una frase entera.

- Siento haber sido tan grosero.

- No pasa nada-  le dije con cierta satisfacción, a lo que el aprovecho para acercarse mas y decirme casi al oído.

- No quiero que esto acaba  así, te debo una disculpa, espero que aceptes una invitación para cenar esta noche conmigo.

- Esta noche, ¿tiene que ser esta noche?

- Ya sabes que mañana me voy de vacaciones, y no quiero te quedes con el recuerdo de la discusión de esta mañana.

- De acuerdo, pues ya me dirás, donde y cuando quedamos. Le dije, encantada de la oferta que me estaba haciendo. El resto de las compañeras me miraron sin acabar de entender a que se debían nuestras sonrisas. Cuando él marcho, no tardo ni tres segundos en venir Macarena y preguntarme.

- ¿Que ha pasado?

- Me acabara echado, le dije sin acabar de aclararle que es lo que me iba echar…..

Por la tarde, cuando estaba delante del espejo, después de ponerme el tanga rosa de licra, me puse la falda corta, y el top negro. Me observaba como en otras ocasiones había hecho. Mis pechos desafiando a la gravedad se mantenían firmes y bien modelados. Realmente muchas veces me acaba masturbando disfrutando de verme ante el espejo medio desnuda e imaginando como los hombres me podían desear. La idea de ir a cenar con mi jefe me estaba excitando. Era el hombre mas deseado de mi entorno. Y nadie lo sabia pero un mal entendido me iba posibilitar estar aquella noche con él.  Ante el espejo me veía como si me estuviera vistiendo para ponerme hacer la “carrera” en el Paseo de Colon, me quite la falda y me puse otra un poco mas larga. Por un momento pensé que no se lo podía poner tan fácil, y por mucho que lo deseara una tenia su orgullo, pero mi sexo se licuaba por momentos. Mi coño no entiende de “orgullos”. Acabe masturbándome ante el espejo.

Habíamos quedado para cenar en un restaurante que hay en la calle Betis, cuando yo llegue, el camarero me acompaño hasta la mesa que él había reservado y allí estaba, sentado y mas elegante que nunca. La velada fue agradable y su conversación fue como una caricia constante de buen gusto, pero sus ojos lo delataban. Me hablaba con cordialidad, con cariño, pero manteniendo las distancias, mientras que sus ojos me desnudaron en varias ocasiones y no dejaron de acariciarme los pechos. Cuando me fui al lavabo, sentí como su mirada acompañaba a mi culo.

Al acabar me propuso ir a tomar una copa antes de que nos despidiéramos, y me propuso ir al barrio de Santa Cruz, a mí ya me iba bien pues es donde tenia mi apartamento.. Atravesamos el Puente de San Telmo. Por el camino disfrutamos de la noche, con el olor de azahar que lo inundaba todo. Sus palabras habían cambiado de tono y empezaban a acariciarme. Su cintura y sus brazos, rozaban mi costado. Cada vez lo notaba más próximo. Y después de acercarnos a la Catedral, nos dirigimos aun pequeño pub del barrio de Santa Cruz. Las distancias se hacen más cortas, pero yo intento mostrar me un poco distante. Él aumenta sus intereses y del comentario cariñoso paso hablarme de los desconocidos que somos todos. Que él hacia tiempo que se había fijado en mi (seria por mi tetas que no dejaba de mirar). Pero que las apariencias y las formas nos hacen esconder nuestros deseos…. Vaya...que cada vez iba hilando mas fino. Yo me dejaba que me regalara los oídos. Le sonreía pero no movía pieza.

Cuando le insinué que era tarde y que tenia que marchar, él no dudo en querer acompañarme a casa, le dije que vivía cerca y que no hacia falta. Pero el insistió, así que salimos los dos hacia mi casa. Al llegar al portal hice ademán de despedirme y él me miro con una cara de carnero para el degüello. Yo seguí firme. Y permití que se girara para marcharse, cuando percibí que había andado unos pasos, me gire y lo llame.

- Sube un momento.  Pero solo una copa…. ¿vale?-

Los dos sabíamos que habría algo más que una copa.
Cuando le di el vaso ancho de whisky el acaricio mi mano y mientras me quitaba el whisky besaba mis dedos y se los llevaba a la boca. Los dos de pie en medio del comedor. Se acerco hasta besar mi frente, con sus labios bajo por mi cara hasta buscar mis labios. El beso deseado se produjo como el choque de dos locomotoras sin frenos en la misma vía. Sus labios succionaron los míos, las lenguas iniciaron una lucha a muerte. Dejamos que la tensión acumulada en  la noche, se derramara sin control. Sus manos quitaron los finos tirantes de mi top, y sin dificultad liberó mis pechos. Sin dejar de besarme acaricio mis pechos, pellizcando suavemente los pezones endurecidos. Dejo mi boca y bajando por mi cuerpo llego hasta las tetas y las empezó a mamar. Eso me estremeció y agarre su cabeza y la apreté contra mí. Notaba su aliento en mis tetas. Que alternativamente las llenaba de besos. Yo lo separe un poco de mi cuerpo y le desabroche la camisa. Botón a boto, metiendo mis dedos por su pecho. Él se dejo hacer. Mis manos bajaron por su estomago hasta su cintura y baje hasta su vientre donde guardaba su “pasión” congestionada y con ganas de ver a luz.

Me arrodille ante él, puse mi mejilla contra su miembro escondido, le desabroche la hebilla metálica de su cinturón y después le baje la cremallera, los pantalones cayeron hasta sus rodillas. Con la mano baje la cintura elástica de su calzoncillo y como un resorte salio su polla. La agarre con una mano y levantándola y dejando sus huevos  mi vista, los lamí lentamente con mi lengua. Él se estremeció. A mi me empezaban  a doler las rodillas y recordaba las veces que en el colegio me habían castigado a estar de rodillas. Así que metí toda aquella tranca en mi boca y empecé a succionarla. Me sentía muy sucia majando la polla a mi jefe. Eso me ponía más cachondo si puede. Me hubiera encantado hacérselo en medio de la oficina delante de las demás.

Después de unas cuantas chupadas, el tomo mis hombros y me hizo levantar, el top lo llevaba por la cintura, con las tetas fueras, el me llevo hasta el sofá y dejando la falda como un cinturón junto  a mi top de un tirón quito mi tanga. Se puso una pierna en cada hombro y empezó a comer mi coño. Su aliento inundo mi sexo. Su boca lo recorría, con la lengua lo abría y con los labios lo acaba de acariciar. Y sus ojos desde aquella posición me recordaban la mirada del cocodrilo cuando espera a su presa, sumergido bajo el agua. Los ojos bien abiertos y sin perder detalle. No tuvo mas remedio que dejarme ir y regalarle mis primeros orgasmos en su cara, mientras lo aprisionaba con mis muslos.

No tardo en incorporarse y poniéndose de rodillas encaro su polla a mi coño y de un solo golpe la hundió hasta el fondo y empezó un lento pero intenso movimiento en mi vágina con aquel grueso miembro venoso que incendiaba mis entrañas.
Le rodee su espalda con mis piernas y con los tobillos le empecé a espolear hasta que los dos nos corrimos en medio de gritos de placer….Como me hubiera gustado que me vieran todas las compañeras de la oficina.

Él se fue de vacaciones, yo seguí en la oficina y todo fue como un sueño de una noche calurosa a orillas del Guadalquivir.

por Alatriste
 

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