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Ana era la dueña y directora de su empresa. Durante años había trabajado duro para abrirse un hueco en un mundo hostil a las iniciativas de las mujeres. Y antes de los 37 años había conseguido ser la propietaria de una empresa de mas de 60 trabajadores y con una facturación aproximada de 1200 millones de €. Pero eso le había costado su esfuerzo y alguna que otra renuncia personal. No se había casado y no tenia ganas de hacerlo. Siempre veía el lado positivo de las cosas y aprovechaba siempre de las ventajas que le había dado la vida. Su soltería también era libertad, libertad de hacer con su vida todo aquello que deseaba y le salía de sus instintos. Tanta corrección, tanto trabajo, tanta eficacia escondía el alma de una mujer ardiente. Siempre había procurado que su vida intima no se mezclara con el trabajo pero cuando conoció a Joan todo cambio.Joan era el último contratado de la empresa, era informático y llevaba la Intranet de la empresa, recién salido de la facultad todavía tenia un aspecto infantil a pesar de su 1.78. Era alto y atlético y no pasaba desapercibido. Joan muchos días entraba a trabajar por la tarde y estaba en las oficinas hasta altas hora de la madrugada. Prefería la tranquilidad de la noche para la gestión y mantenimiento de la Intranet de la empresa.
Ana lo descubrió un día en el ascensor. En el corto trayecto de un viaje ella tuvo tiempo de repasarlo con la mirada y descubrir como su timidez no le permitía aguantarle la mirada. Eran las 20:30 de la noche El ascensor se detuvo y ambos salieron al vestíbulo de la oficina. Ella sabiendo que ya casi no quedaba nadie en la planta no dudo en preguntarle.
-¿Que desea...?
- ¿Yo? Nada, vengo aquí.
- ¿Aquí?..
- Si, yo trabajo aquí.
- ¿En ACEROS Y PERFILES?
- Si, soy el nuevo informático, llevo dos semanas
- Perdón, y yo soy Ana, Ana Galindo la directora. Soy una despistada, de personal ya me lo comentaron tu incorporación
- Yo me llamo Joan, Joan Matéu.
- Ya nos iremos viendo.
De esta forma se conocieron. Ana algunas noches se quedaba hasta tarde, esperando alguna amiga con la que había quedado para salir. Esa noche se fue a su despacho y se puso a trabajar. Joan hizo lo mismo. Cuando ella ya llevaba más de una hora, salio de su despacho y se fue a la pequeña sala donde tenían organizado el Office, una cafetera de monedas, un microondas y una gran mesa llenaban la estancia. De camino devuelta hizo un rodeo y paso por la mesa de Joan. Se le acerco por detrás silenciosamente. Él cuando la vio tuvo el tiempo suficiente para cerrar las ventanas de su ordenador algo nervioso. Ana percibió algo extraño. Estaba bastante colorado y congestionado., pero no le dio mas importancia. Lo único que le volvió llamar la atención era el buen tipo que tenia, unas espaldas anchas que se marcaban bajo la camisa blanca impecable.
Desde su despacho no podía ver que es lo que hacia Joan con el ordenador. Saber que lo tenía cerca le inquietaba y le despertaba cierto morbo. Así que no dudo en dar la vuelta por toda la planta para ponerse detrás de su mesa de sin ser visto. Su sorpresa fue mayúscula cuando lo pillo mirando unas fotos pornográficas mientras con una mano blandía un enorme miembro sacudiéndolo con fuerza. De golpe a Ana se le seco la boca, no supo como reaccionar, en seguida descarto decirle nada y salio corriendo en silencio hacia su despacho. Entonces no se le ocurrió otra cosa que volver la oficina donde estaba Joan pero entrando por la puerta frontal. Tuvo tiempo de ver como Joan hacia extraños movimientos y cuando llego a sus altura, el estaba todo congestionado pero haciendo ver que trabajaba como si no hubiera pasado nada. Ella aprovecho para mirarle la entrepierna cuando él disimulando señalaba algo que había en la pantalla.
- Este último virus es muy peligroso, pero ya he podido activar todos los antivirus de la Intranet.
- Muy bien Joan, ya veo que no pierde el tiempo, le dijo Ana. Por cierto Joan ¿no ha llegado ningún fax?
- No, mientras yo he estado aquí no ha sonado en ningún momento.
Ana dio la vuelta a toda la planta para llegar de nuevo a su despacho. Un poco más y lo pilla masturbándose, ella seguía con la boca seca. Pero percibió que su sexo se había humedecido. Aquella noche no dejo de pensar en aquel miembro hasta que se masturbo en su cama.
Varios días después, Ana se volvió a quedar en el despacho por la noche, dejo su puerta entreabierta para ver si Joan llegaba. Ella miraba de reojo mientras se entretenía en buscar por Internet webs que hablaran sobre Tai-Chi. Al cabo de unos minutos, Joan apareció y se sentó en su mesa. Ella desde lejos lo observaba y empezaba a notar como su boca se le secaba proporcionalmente a la sensación de humedad que percibía en su sexo.
- ¿Ha llegado algún fax?
- No, no nunca he visto funcionar este fax. Le dijo él.
Ella a pesar de su sensatez se había fijado encaprichado de él. Le despertaba un extraño morbo que quería apaciguar. Cuando entro de nuevo en su despacho, cerro la puerta, encendió su fotocopiadora y tras esperar unos segundos para que se calentara, abrió la tapa, se subió su jersey, libero sus tetas del sujetador y las puso sobre el frió cristal. Le dio al “star” y un haz de luz verde recorrió de cerca sus pechos provocándole una extraña vibración caliente. En la bandeja de papel salio la impresión de sus pechos aplastados sobre el cristal. Los círculos de sus pezones oscuros quedaban simétricos. Su sexo se empapaba por momentos. Escondió sus pechos, se recompuso el jersey y desde su despacho envió un fax a un número muy conocido. Se aproximo a su puerta, la entreabrió y se preparo para observar la reacción de Joan.
El fax empezó a sonar en medio de la sala, Joan se giro pero el papel todavía no salía. Al cabo de unos segundo, salio la hoja impresionada. Joan al girarse no acabo de ver que es lo que había salido, se levanto y al cogerlo se quedo perplejo, después de unos segundo de asombro y girar el papel para verlo en diversas posiciones, miro al su alrededor. Ana escondió la cabeza. No sabia si tirar aquella, hoja, si esconderla o que hacer con ella. Ana se puso nerviosa al pensar que podía salir el número de teléfono de quien enviaba el fax, pero luego se relajo a pensar que su número no era de la centralita y empezaba diferente. Era más bien un número privado. Ana salio de su despecho y saludando a Joan le dijo:
- Hola buenas noches, no sabia que estabas aquí. Ya me voy, que te vaya bien la noche.
- Gracias….
Ana hizo ver que se dirigía la puerta de salida, pero dio la vuelta por los pasillos de la oficina hasta colocarse detrás de Joan. Y entre un armario y un archivador observo a Joan. Este empezó a buscar paginas de Internet y aunque ella estaba un poco lejos era fácil adivinar que aquellas fotos que apenes se distinguían correspondían a paginas por porno. Sin levantarse de la silla Joan cogió la fotocopia, la puso encima del teclado, se separo de la mesa, extendió las piernas, se abrió la bragueta y saco su “tranca” que brillaba de lo hinchada que estaba y empezó a masturbarse lentamente. Ana no lo veía bien, extendía el cuello desde su escondite, pero temía que él la oyera o viera. El brazo de Joan se movía con persistencia, cada vez más rápido. Ana cuando se quiso dar cuenta estaba frotando u vientre contra la esquina redonda del armario. Su vientre le ardía, el corazón palpitaba y sus manos acariciaban sus pechos. Por un momento se vio reflejada en un cristal que hacia de mampara y se sintió avergonzada, sigilosamente se fue de la sala, para salir de la oficina. En el ascensor todavía le palpitaba el sexo, le latía acelerado el corazón imaginados que Joan estaría acabando aquella paja mirando la fotocopia de sus tetas.
Ana empezó a cambiar sus hábitos, empezó a entra a trabajar por la tarde, y se pasaba el día pensando solo en la “tranca” de Joan de una manera obsesiva.
Una tarde cuando la oficina ya estaba vacía y Joan no había llegado todavía, Ana se encerró en sus despacho, se metió las manos bajo la falda y se saco una bragas, y las extendió sobre la fotocopiadora y no dudo impresionarlas sobre el papel. Cogio las bragas, las guardo en el cajón y se sentó en su cómodo sillón. Y sin quererlo dejo que su dedo índice recorriera su sexo de abajo arriba. Entrecerró los ojos y se dejo sumergir en un mar de sensaciones que ella misma se estaba provocando ayuda por la “tranca” de Joan, que se imaginaba como entraba y salía. Cogio un rotulador de un tamaño considerable y lleno su vagina con aquel objeto metálico y frió. No tardo en acabar derrotada por aquel pequeño éxtasis. Pocos minutos después llegaba Joan.
Dejo pasar una hora y volvió a enviar la fotocopia de sus bragas. Sonó de nuevo el fax de la oficina y Joan no tardo en descubrir el nuevo envió “perverso”. Esta vez la imagen venia acompañada de dos palabras: “para Joan”, no había duda, no era una equivocación. Allí estaba pasando algo que no acaba de comprender pero que lo tenia muy excitado. Ana salio de sus despacho y anuncio su partida. Joan la saludo y esperando unos minutos. No dudo de nuevo en masturbarse ante aquella imagen. Ya no le hacia falta ni las fotos de la pagina web.
Al día siguiente Ana estaba mas excitada que nunca, espero a que no quedara nadie en la oficina, cerro la puerta de su despacho se subió la falda se quito las bragas y busco la forma de quitar la tapa a su pequeña fotocopiadora. Se abrió de piernas y…zaaaaaaaazzz un haz de luz verdoso alumbro sus nalgas y su coño aplastados contra el cristal. La fotocopia salio oscura, así que repitió… zaaaaassss…. Otra vez esa sensación extraña recorrió su entrepierna. Esta vez la impresión salio mas clara. Tuvo que limpiar el cristal de la fotocopiadora pues había quedado pringoso por los jugos que estaba destilando. Cerro la luz de su despacho, se sentó en su cómodo sillón y espero. Sin bragas y con los dedos jugando en el ensortijado vello. Sentía como su vientre le ardía. Estaba deseosa, los pezones le dolían prisioneros de la blusa blanca que llevaba. La falda negra y ceñida la llevaba arremangada.
Oyó la puerta de la oficina como se abría. Joan estaba entrando. El corazón le empezó a latir con fuerza, mientras se disponía a lanzar el fax. Espero un instante y cuando calculo que ya estaría al lado de su mesa, le dio al botón de “Star”, unos segundos eternos y el fax de la oficina empezó a sonar. Ana se levanto y avanzo en silencio hasta su puerta, la entreabrió un poco. Joan estaba al lado del fax. Cogio la hoja y los ojos se le salían de sus orbitas mirando aquella imagen impresa en el papel de un sexo que en la distancia se le ofrecía. A Joan se le veía nervioso, fue hasta la puerta de la oficina, comprobó que estaba cerrada, bajo las persianas y se aseguro que nadie le podía ver. Fue hasta la fotocopiadora se abrió los pantalones, y intento poner su miembro sobre el cristal. Pero no alcanzaba a ponerlo todo en su extensión. Ana no aguantaba ante lo que estaba viendo, Joan intentando fotocopiar su polla. Ella estaba toda alterada, deseosa de tener algo más que una hoja de papel.
Joan puso dos cajas de papel para imprimir al lado de la fotocopiadora y subiéndose en ellas, puso su miembro sobre el cristal, el pantalón le cayo, dejando su culo blanco al descubierto, Ana no se pudo aguantar y salio de su escondite. Joan la oyó, se giro y la vio. La tapa de la fotocopiadora cayó pillándole toda la polla. Él todavía subido en los paquetes lanzo un grito y empezó a tambalearse. Ana corrió hasta él aguantándolo por la espalda antes que se desplomase. Le ayudo a bajar mientras Joan se arreglaba el pantalón.
Unas lágrimas salían de sus ojos.- ¿Te duele?. Él asintió con la cabeza. – Siéntate
Ella lo hizo sentar y le decidía le abrió la bragueta. Y Saco aquel miembro que por momentos se estaba deshinchando. Al agarrarlo con las manos. Joan sintió de nuevo dolor.
- Perdona, es solo el golpe, no tienes ninguna herida.- Le dijo Ana mientras le observaba aquel miembro convaleciente. Se agacho un poco y le estampo un beso en el glande. Joan intentaba retomar aliento cuando Ana empezó a llenar de besos aquel rabo que la traía loca .Él se dejo hacer y se acomodo en la silla separando mas la piernas y poniendo su culo en la punta del asiento. Ella de cuclillas, no tardo en succionar todo aquel tronco carnoso. Le acabo de bajar los pantalones y calzoncillos. Levantándole el miembro le pasaba la lengua por los testículos. Arrastro sus labios por toda la longitud. Él sentía una mezcal de dolor y placer que se confundían. Busco con las manos abrirle la blusa y las dos tetas asomaron hinchadas y deseosas de ser manoseadas. Ana puso su cabeza en la vertical de aquel rabo y la bajo hasta que noto el glande como le tocaba la campanilla de su garganta. Y empezó a moverse.. Aquel rabo olvido el reciente dolor y ante las sabias lamidas recupero todo su vigor y brillo, se tenso e hincho como no lo había hecho nunca.
- Ahora le toca un buen masaje caliente. Le dijo Ana mientras se levantaba, se acaba de quitar la falda y abriendo sus piernas y montándolo se dejo caer sobre aquel “pollon” que le lleno su coño encharcado. Los jugos bajaron mojándolo todo. Tenía el coño tan empapado y dilatado que tenia que apretar para sentir aquella polla. El la agarro por el culo y la subía y bajaba. Ana procuraba que al bajar los pliegues que protegen al clítoris se abrieran para frotarse sobre el tronco carnoso y duro. El intentaba morderle las tetas. Ella solo busca su placer. Flexionando las piernas, moviendo su pelvis buscando un ritmo que le provocara un aumento de placer. Apretaba los músculos de su vagina. Cerraba los ojos y sentía como el glande llegaba hasta lo más profundo de su sexo.
Aquel “pollon “ palpitaba. Los jugos lubrificaban aquella relación de jefa – empleado. Él no pudo aguantar mas, se sentía dominado allí sentado. Así que asiéndola por el culo la levanto y avanzo con los pantalones enredados en sus tobillos hasta la fotocopiadora. Abrió la tapa, dejo a Ana subida el cristal y de nuevo subiéndose en las dos cajas de papel consiguió de nuevo meter la polla en el coño vicioso de su jefa. Con una mano puso la cantidad de 100 y le dio al Star. El haz de luz verde empezó a escáner y la maquina empezó a lanzar hojas impresas. Él cada vez la metía con más fuerza y más coraje. Ella aguantaba los envites como podía. Sus tetas bailaban en cada embestida. En las fotocopias salía el culo aplastado, el ojete de ella comprimido, y los huevos de él siempre movidos…. El se tensó y lanzo un largo grito mientras se vaciaba.. Ella apretó con todas sus fuerzas su vagina y aguatando la tensión dejo irse al explotar en un largo orgasmo…. Los dos se quedaron allí subidos sobre la fotocopiadora.
En la última fotocopia, un reguero de semen blanco unía una polla morcillona, con un culo empapado de jugos.-No ha salido bien la fotocopia habrá que repetirla, dijo Ana.
Como usted diga, Señorita Ana, dijo Joan con mucha educación.
por Alatriste
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