La fiesta de graduación
 THE ANGEL OF DARKNESS
 
Te lo repetí interminablemente. Te amo como una loca... eres todo para mí. Por fin el momento que esperaba había llegado. Era nuestra fiesta de graduación... nunca te volvería a ver.

Era el momento. La cena había estado de lo mejor y ahora todos en la pista bailaban al ritmo de las canciones... movidas, románticas y unas llevándome a ser la atención de todos pos mis movimientos provocativos y sexys (realmente nunca creyeron que la chica de la pista era yo)... tú no aguantabas... lo supe por tu pene que estaba tratando de salir de su prisión al tiempo que con tu misma mirada provocativa de siempre y tu respiración cortada me lo decían cada que me acercaba... ¿No me querías? ¿No provocaba en ti placer? O era el miedo que tenías a que te hiciera daño, no lo sé... pero sí, te gustaba, y cada que me acercaba a ti con aquel gesto que te hacía perder el control sentías que sudabas... te pasabas la lengua por los labios mientras yo al mismo tiempo me mordía el labio inferior provocándote... meneaba mi cintura con las manos encima para darme la vuelta enseñándote mi hermoso culo... y al final me acercaba a ti, tranquila, jugando y tratando de provocarte... para que miraras por dentro de aquel escote que te estaba matando de deseo mientras bailaba con tu cuerpo quieto.

Me sonreías y me tomabas de la cintura de vez en cuando... pero no hacía falta que hicieras algo más, sabía que me deseabas... eso me decían tu mirada y tu cuerpo, que nunca antes se había acercado a mí de la manera en que lo hacías en aquel momento.

El escotado vestido de noche me iba de maravilla y lo sabías. Largo, color rojo carmín... el cabello castaño  suelto y delgado, cayendo sobre los hombros desnudos... las zapatillas un poco altas... el rostro completamente limpio, sin mucho maquillaje pero sí con los labios rojos... recuerdo como tu mirada recorrió mi cuerpo de cabeza a pies enseguida que me viste.

Notaste que como siempre, al portar cualquier vestido no traía brassiere y ésta vez no sería la excepción, mis senos (en tu mirada) tenían la forma perfecta... y te quedaste observando fijamente a mis labios enseguida de eso, porque querías besarme pero yo pasé de ti, y ahora... tú aún con la camisa y la corbata en su lugar... sin el saco y con una copa en la mano reías conmigo mientras yo te animaba a bailar conmigo una de las tantas piezas. No querías... pero no podías resistirte, porque cuando nos acercamos frente a frente y bajé mi mano recorriendo desde tu cuello hasta el borde de tu pantalón un escalofrío recorrió todo tu cuerpo... te morías de placer... me querías entre tus brazos esa noche y yo no me negaría porque quería ser tuya... completamente tuya.

Hubo un silencio... tu y yo nos miramos, nos acercamos más y me decidí a abrazarte. Pasaste tu mano por mi espalda llegando hasta mí trasero y ahí dejaste descansar tu mano... me besaste en el cuello (incluso me mordiste) cuando un escalofrío excitante recorrió cada poro de mí piel... (sin pensar en que todos nos verían y empezarían a hablar de que mí amor imposible por fin me había hecho caso) – Vamos a otro lado... – me dijiste al oído y me llevaste de la cintura dejando la copa de vino en la primera mesa que encontraste para salir al patio trasero del enorme salón.

Y tú mano aúno no se retiraba de mi trasero que feliz apretabas mientras ambos caminábamos. Nunca pensé que fueras así pero no te decía nada... la situación me resultaba excitante. Como me gustas de traje... te va tan bien con tu personalidad, pero siempre serio... incluso cuando salimos y me recargaste contra aquella pared fría luego de haber caminado por un rato.

Me miraste a los ojos... – Mira, yo... – Te puse mi dedo índice en los labios porque no quería oírte. Tu abriste tu boca tomando mi mano y comiéndote mi dedo medio cariñosamente... sentía mi tanguita súper mojada... cada roce de tu cuerpo me excitaba y esto que hacías me estaba matando por dentro también.

Te pegaste a mí, arrinconándome entre la pared y tu cuerpo. Noté un brillo especial en tus ojos a pesar de la oscuridad que emanaba la noche... la luna era mí único testigo de lo que estaba pasando y de que por fin, aquel hombre de cabello oscuro y los ojos cafés que más amaba en el planeta me iba a hacer suya bajo el manto de la noche. No oíamos nada... nos habíamos alejado mucho de aquel salón. Te seguías pegando a mí, mirándome fijamente a los ojos mientras yo dejaba que por mi olfato entrara tu singular loción. Me dejaste sentirte... tu pene estaba a la altura de mí pubis indicándome lo excitado que estabas... y justo cuando dejaste ir tus manos para abrazarme por primera vez me besaste, tomando mis labios entre tus dientes y mordiéndome con furia... no sabía que me deseabas en tal grado, porque nunca me dijiste si quiera que me querías...

Te dejé hacerme mientras tú te dedicabas a envolverme entre tus brazos. Los besos me llenaban por dentro y me excitaban más. Tu besar tan especial envolvía mí mente... me mordías, te quedabas mis labios y luego entrelazabas tu lengua con la mía... frenética y rápidamente... no me dejabas escapar, sólo oía tu respiración acelerada... sentía tus manos recorrer ansiosamente mi cuerpo... no sé qué me hiciste pero rápido me vine en un orgasmo que notaste cuando me dejé ir hacia atrás soltándote los labios y dejándome venir... me sostuviste para luego hacerme recostarme sobre el pasto... mientras tú te perdías bajo el vestido rojo entre mis piernas.

- Francisco... – fue lo único que solté cuando logré sentir tu lengua lamiendo la cara interna de mis piernas. Estabas ansioso... sin dejarme respirar. Mí pecho me impedía mirar lo que hacías... sólo había notado que alzabas el vestido dejándolo hasta mi cintura. Tus manos... tibias como siempre... se deshacían de aquella tanga roja que había decido ponerme... las bajabas lentamente mientras yo me retorcía de placer por dentro... el sólo roce de tus dedos me hacia venirme. Me tocaste a tu antojo... besaste encima de mi pubis ya mojado y lleno de tu saliva también. Me martirizabas tan sólo respirando y tocándome hasta donde tus manos lograban alcanzar.

Ya no oía nada y mis ojos ya se habían cerrado, para poder dejar todos mis sentidos en el tacto y en el gusto haciéndome vibrar. No te detenías... seguías con mí cuerpo... mientras emitía gemidos y tú no dejabas de jugar... – Ya... – te pedí en un gemido de placer haciéndote llegar a lo que quería... – Hazme tuya... – te pedí, sentiste un escalofrío por todo tu cuerpo y enseguida abriste mi pubis para poder comer de mí... cuanto placer me dabas, nunca lo habría imaginado... me matabas de placer con las succiones tan profundas que me hacías... mis piernas envolvían tu cara entre ellas mientras tu dedicado y loco frenesí me hacían llegar al éxtasis inevitable. Me comías... mí clítoris pedía las caricias de tu lengua, mi vagina ardiente pedía palpitando ser penetrada, más tu seguías manejándome a tu antojo. Pasabas tu lengua por todo mi pubis... mí espalda se arqueaba con un solo roce, apenas lograbas entrar cuando tu lengua ya estaba afuera jugando. No seguiste, te detuviste y enseguida sentí tu lengua dentro de mí vagina tragándote mis flujos... – Más, más... – te pedía agitadamente y tu seguías, dándome placer y matándome por dentro... – ¡Sigue, no pares! – te ordenaba, mientras tus caricias tan profundas como nunca me hacían venirme en un orgasmo inevitable... tus dedos hurgaron en mí vagina otro rato haciéndome traer otro... no habías acabado y yo quería que siguieras... no pensaba en nada, tan sólo sentirte dentro de mí de alguna manera.

Continuara...
 

por THE ANGEL OF DARKNESS
 
 

Volver al de The Angel Of Darkness