Milán
 Denke
Marc no podía creerlo... cinco días de seminario en Italia, en hotel de cinco estrellas, y con todos los gastos pagados! ¿Cómo negarse?
 
Su italiano no era ni mucho menos perfecto, pero siempre había pensado que un poco de jeta puede suplir a las mejores academias, en lo que a comunicación se refiere.

El trayecto de Barcelona  Milán se hizo largísimo. En el avión, desestimo todas las advertencias de la tripulación para no escuchar su discman, y se deleito escuchando el flamenquito rico de EA! Por los auriculares.
 
Una vez en Milán, hospedado en un albergue del corso Buenos Aires. Salió a pasear un rato por la ciudad para  distraerse, y así, mirando lujosos escaparates,  observando las diferencias de moda en la gente de la calle, intentó engañar al tiempo para distraer las ganas de ver a sus amigos, que le hacían mirar el reloj continuamente, esperando que llegasen ya las nueve de la noche…
 
Por fin, el móvil lo sacó de la ducha, y lo obligó a vestirse  lleno de emoción y prisas. Salió a la callé y notó como el frió golpe de Milano en su cara le encendía las mejillas. De pronto, encontró dos rostros conocidos, que le sonreían con sinceridad, y lo llenaban de besos y abrazos. Laura y Daniele. Hacia un año que no se veían, desde que vino a Italia para su boda. Daniele tenia 28 años, era pelirrojo, y menudo, un chico normal, pero pura personalidad. Había conquistado a Laura con la alegría que irradiaba. Ella era una chica preciosa, alta morena, con unos ojos verdes increíbles, y una personalidad encantadora, absolutamente alejada de la típica niña mona que se lo tiene creidísimo… De hecho Marc y Laura, siempre se habían gustado. Desde que se conocían, se demostraban abiertamente ante sus respectivas parejas, que eran íntimos amigos, el aprecio y la atracción que ambos sentían por el otro.  Ahora que Marc no tenía pareja, sabía que lo normal, seria relajar dicha conducta…
 
La velada se inició en la Hosteria da Edo´s, la preferida por Marc, y regentada por un amigo de Daniele. Unas bruschettas, pizza, y un delicioso lambrusco animaron la noche y el reencuentro, que temprano para los horarios de Marc, parecía llegar a su fin. Daniele tenía que jugar un partido de fútbol al día siguiente, y no podía recogerse demasiado tarde. Así que a la una de la mañana, propuso a Laura irse hacia casa. Ésta empezó a hacer unos divertidos pucheros, y le recordó que nunca quería llevarla a bailar, cosa que Àlex, siempre había hecho encantado en ocasiones anteriores. Finalmente, Daniele se retiró, y Laura se llevó a Àlex, a recordar la noche lombarda…
 
Recorrieron varios locales, hasta llegar al preferido de Laura, el “Mojito”. Mostraron sus respetos al local degustando un par de combinados del mismo nombre, y se entregaron por completo a la pista a la salsa y a los recuerdos.
 
La mente es un lienzo complicado. Puedes pintar en el casi cualquier cosa, con los colores que tengas a mano. Pero con el tiempo, el dibujo que recordabas se transforma. Y eso es lo que estaba ocurriendo en aquella pista de baile. Laura y Marc recordaban la amistad, el cariño, y la atracción que sentían el uno por el otro, pero en aquel momento al verse el uno al otro, sonrientes y sudorosos, no veían a un amigo, encontraban lo que su libido llevaba años buscando. Atracción, complicidad, y deseo.
 
El baile, propició los roces, los roces despertaron el deseo, y el deseo los empujo a besarse. No fue un beso, fue una liberación. Tres años de represión llevaron a las manos de Marc, a buscar el culo que tantas veces había observado. Laura aferraba la cabeza y la espalda de su pareja de baile, alargando aquel beso, mientas intentaba aclarar su mente y decir lo que quería hacer, intentando no pensar en las manos que acariciaban su espalda y sus nalgas.
 
Fue un beso largo, como tenia que ser. Los separó una columna que se interpuso en su cadencioso baile. Se miraron, intentando reconocer a la amistad en algún recodo de sus ojos, pero solo encontraron deseo. Marc volvió a la carga con un beso en el cuello, y mientras una mano se apoyaba sugestivamente en la cintura de Laura, la otra bajó hasta la riílla, buscando el pliega de su falda. Este era el momento de tirase atrás. La mano de Marc, se detuvo, esperando una señal para detenerlo todo. Laura buscó la repuesta en su interior, pero se descubrió a si misma, pensando donde podían encontrar algo de tranquilidad… Marc captó el mensaje, y se olvidó de la tranquilidad. Escaló la parte posterior de los muslos hasta llegar a la sedosa nalga y juguetear con el tanga de Laura, en busca de indicios de excitación, y los encontró. Laura estaba entregada, subió su pierna para facilitar la exploración, mientras mordisqueaba nerviosamente la oreja de Marc, y le acariciaba el paquete por encima del pantalón. Marc reaccionó a ese impulso, levantando levemente a su pareja, y girando sobre la columna encontraron algo mas de intimidad. Ese desinhibió a la ragazza, que se decidió a desabotonar el pantalón, e introducir en el su tibia mano, que empezó a juguetear con su compañero. Marc se excitó de sobre manera, y separándose un poco de su pareja de baile, le dio la vuelta dejándola contra la columna, y abrazándola desde atrás, introdujo sus manos por debajo de la camiseta de Laura, acariciando sus pechos con energía, y besando su cuello. Laura quería más, y buscó con su mano el miembro de su compañero, y lo introdujo entre sus muslos, para frotarlo contra su clítoris, y masturbar a ambos. La excitación fue en aumento, y finalmente, inclinándose un poco hacia delante, Laura guió la polla de Marc, para que este la introdujese lentamente en su ya humedecida entrada. Marc no pudo más, y a las pocas envestidas se derramó en el interior de Laura. En ese momento, no podía creerlo, tanto tiempo esperando aquel momento, para ahora no poder satisfacer a Laura por completo. Pero la subestimó, por que ella sabía perfectamente lo que quería, y como conseguirlo. Se giró, besó tiernamente a Marc, y lo arrastró hacia una mesa esquinera sumida en penumbra del fondo de la sala. Sentó a Marc, y arrodillándose en el sofá  empezó a besar el miembro de su amigo, para poco a poco, empezar a lamerlo, hasta engullirlo entero.

Marc no podía creerlo, esa chica era una joya, se incorporó levemente, y dejó que sus manos se perdiesen bajo la falda de Laura, buscando su clítoris para juguetear con el. En pocos minutos, ambos volvían a estar sumamente excitados, así que Laura se incorporó, y se sentó sobre el falo de Marc, incrustándose hasta el fondo, y llevando ella esta vez el ritmo. Marc besaba sus pechos, y no podía creer que estuviese haciendo todo aquello con aquella preciosa mujer en una discoteca a la vista de cualquiera se acercase al fondo de la sala. De repente notó como su entrepierna se humedecía, y pudo ver en el rostro de Laura brillaba el placer, mezclado con el sudor. Y para hacer aquella experiencia inolvidable, dirigió su dilatado capullo hacia la entrada posterior de su amiga, que lo miró con cierta duda… La besó, y poco a poco empezó a introducirse en ella, con tanta delicadeza como la excitación le permitía. Laura lo besó, y aprisiono su labio inferir con los dientes, mordiéndolo al ritmo que el se introducía, para hacerle conocedor de la sensación que tenía. Marc empezó a moverse poco a poco, y los dientes de Laura dieron paso a una dulce y húmeda lengua que le comía la boca con pasión. Marc no pudo más, y se corrió emitiendo un suave gemido que cortó el beso de Laura, que lo miró con una divertida sonrisa, que se reflejo en su rostro.

Volvían a ser amigos.
 
 

por Denke
 
 

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