Situación embarazosa
 por Alatriste
Cuando entro en la cafetería vio que estaba casi desierta aunque en un rincón estaba sentada aquella joven mama que tantas veces había visto por las calles de su barrio. Estaba en una mesa tomando una café con leche y un croissant, a su lado estaba el cochecito con una criatura que apenas llegaba al año. Él no dudo en sentarse en una mesa quedando frente a ella. Aunque nunca se habían cruzado una palabra ambos no eran desconocidos del todo. Ella con sus veintetantos años era hermosa, su media melena de pelo revuelto y la piel más bien bastante blanca, lucia unos pechos que no pasaban desapercibidos. Era bastante más mayor que ella, pasaba de la cuarentena y alguna cana ya despuntaba en su cabello. Ella también le llamo la atención la presencia del semidesconocido, era un caballero de buen ver y vestía con una corrección que rayaba una elegancia natural. También lo conocía de vista, de verlo acompañado de su mujer los domingos de paseo por el bulevar de la estación.

-   Un café, por favor-  Pidió al camarero.

Los dos furtivamente se seguían con la mirada, intentando no coincidir. La miraba a través del reflejo del gran ventanal. Ella tampoco dudaba en mirarlo a través del cristal como si aquella visión fuera menos embarazosa que mirarse a los ojos. Entre ambos algo se estaba produciendo.  La miraba con deseo. Ella lo percibía pero disimulaba a pesar de su repentina excitación.

....una musiquilla de móvil sonó dentro del bolso.

-  Hola cariño.....¿como estas?... ......... Aquí con el niño, merendando... ¿No acabáis hoy?.......... ¿no sabes si vendrás mañana o pasado

Mientras hablaba veía como él no dejaba de mirarla. Él comprendió enseguida que quien llamaba era su marido

- Contigo nunca se pueden hacer planes......  Eso espero...ya me avisaras...un beso...... Un besooo...adiós

Mientras ella cerro el teléfono lo miro a los ojos, en su rostro se  dibujaba una leve sonrisa de complicidad. Cada vez ambos estaba mas seguros que una atracción mutua crecía por momentos. Él no dejaba de mirarle descaradamente a los ojos, esta vez sin cristales de por medio. Ella le aguantaba la mirada. Cada vez que subía la taza y mientras sorbía el café con leche, sus ojos se hundían en la mirada de él, no se le escapaba el detalle que bajo la blusa blanca se marcaba como dos garbanzos unos pezones cada vez más hinchados.

- ¿Me puede vigilar él niño, mientras voy al lavabo?

Le dijo con decisión. Él quedo sorprendido y apenas balbuceo una afirmación.

- No se preocupe….
 

Al levantarse dejo ver la curvatura de su vientre. Era evidente que estaba embarazada. Aquella visión acabo por excitarlo aun más si cabía. Aquellos pechos abundantes, aquella barriga prominente. Nunca había experimentado aquellas sensaciones.

Fue hasta el final de la sala y antes de entrar en el lavabo se giro observando que él seguía a cierta distancia las evoluciones del pequeño del carrito.

Al poco rato y mientras se estaba colocando la ropa oyó como el silencio era roto por el llanto de su hijo. Se apresuro a recomponerse y salir. El hombre movía con una mano el carro intentando mecer al niño. Mientras avanzaba hacia ellos los lloriqueos se fueron calmando.

- Supongo que al despertarse y no verte se habrá asustado.

- Gracias de todos modos.. Debe de estar cansado de estar aquí dentro.  Será mejor que nos vayamos. A mi las tardes se me hace largisimas, supongo que a él también.

 - Si no te molesta os acompaño, no tengo nada que hacer

Le dijo él

Mientras ella se preparaba para salir, él  se dirigió a la barra y pago las consumiciones. En silencio y sin cruzarse una palabra  se pusieron el uno  junto al otro y salieron a la calle.

- Hago largas caminatas, me va bien para la circulación, ya ves, no acabo de tener uno que ya esta pidiendo paso el otro. Hay que cuidarse.

La conversación se fue animando a medida que andaban y pasaba el tiempo. Ambos se miraban con  deseo. La pasión estaba saliendo a flor de piel. Los dos intentaban que aquel paseo no se acabara nunca. Cuando salieron del barrio por la avenida, se atrevieron a que sus manos se juntaran en el manillar del carro.

 - Ves se ha vuelto a despertar, es muy bueno, se pasara el resto de la tarde durmiendo, tendría que amantarlo y cambiarle de pañales. Tendría que entra en ese centro comercial.

 -¿Puedo acompañaros…? le pidió él.

 - Así me ayudaras- -le dijo ella sonriendo

Ambos avanzaron hasta la gran entrada del centro comercial. Aquel lunes del mes de febrero  estaba bastante vació. Avanzaron por el pasillo porticado para llegar a la zona de servicios. El niño empezó a llorar en el cochecito. Ella se dirigió hacia el lavabo femenino y un cartel azulado indicaba que había servicio para bebes.

 - Entra, acompáñame, no hay nadie, nadie te dirá nada.

Los tres entraron con el carrito en un aséptico y espacioso lavabo equipado con una pequeña camilla donde se podía cambiar con tranquilidad al bebe. La operación era rutinaria y él la siguió con expectación sentado sobre la tapa del water. Una vez que había cambiado los pañales ella se sentó también, tomo al niño y abriéndose la blusa y el sujetador ofreció su pecho a la boca del bebe. El pequeño no dudo a chupar y chupar sorbiendo aquel manjar materno. Ella sintiéndose observada tenía una mezcla de sensaciones, excitada y turbada. Él no perdía detalle sonriéndole cada vez que ambos se cruzaban las miradas. El niño se durmió y la madre todavía sin esconderse el pecho puso al pequeño sobre el cochecito.

 - Ves, ya se ha dormido, tiene para un par de horas de sueño profundo. Después de darle el pecho se queda muy relajado.

 - No me extraña, dijo él.

Ella se lo quedo mirando, y él se acerco hasta tener aquel pecho descubierto a escasos centímetros de su boca. Mirándole a los ojos y viendo que no mostraba ningún gesto de desaprobación acerco sus labios hasta capturar el pezón. Ella gimió. Él chupo, primero con delicadeza, después con mas empeño...Ella con ambos dedos agarro el pecho y facilito la operación. Él empezó a saborear aquella leche que salía poco a poco.

 - Es lo mas dulce que he probado en mi vida.. Le dijo mientras de nuevo volvía a chupar como un bebe.
 
- Sabe a leche condensada, ¿no?
 
- Agua con azúcar, mucho azúcar.

Ella lo agarro por la cabeza mirando la escena reflejada en el gran espejo. Libero su otro pecho y con un ligero gesto lo invito a seguir. Ambos se miraron a los ojos y  juntaron sus labios mezclando saliva y leche  mientras se besaban acaloradamente. Ella bajo su mano por encima de la camisa hasta  el estomago y el vientre de él. La excitación  había tomado forma de un gran bulto bajo el pantalón. Él intento levantar la falda. Los movimientos eran torpes. Ella se aparto un poco y desabrocho la falda que callo al suelo. Unas grandes bragas blancas cubrían su barriga. El no dudo en dejar caer sus pantalones y calzoncillos. Los dos abrazados se frotaron, se restregaron, se acariciaron y se besaron subiendo la temperatura. El niño dormía. Los dos no dudaron en buscar una posición ventajosa.

 - Me has puesto a cien chupándome las tetas.. Le dijo ella. No tengas miedo aunque este embarazada también follo.

Él le acabo de quitar las bragas y girándola le hizo poner sobre la tapa del water un pie dejando el culo a su merced. Casi sin preámbulos, agarro su polla y la encamino a un coño empapado desde hacia rato. Ella movió el culo buscando el acomodo de aquella polla. Entro sin problemas.

 - Siempre estoy muy dilatada

Él se movía con cuidado, no quería dañar al inquilino que permanecía en el vientre de su ocasional amante. Ella lo animo espoleándole con la mano a que aumentara el ritmo. La imagen transgresora se reflejaba en el gran espejo. Ella con un pie en el suelo, el otro sobre el water, una mano sobre el lavabo otra sobre el manillar del carrito. Era penetrada desde atrás y en cada embestida ayudaba a mecer el carro. La polla entraba y salía de aquel coño que no tardo en ponerse a palpitar. Ambos tensaron su cuerpo casi simultáneamente. Ella se mordía los labios mientras notaba que el calor que explotaba en su vientre se extendía por su cuerpo a la vez que todos los músculos le empezaron a temblar. Él no pudo más y tras un extraño ruido gutural empezó a vaciar su esperma en el interior de ella. Ambos se tensaron para acabar abrazados mientras por los muslos de ella resbalaba el semen que a borbotones el había vaciado en ella.

No tardaron en recomponerse y salir al exterior del pasillo del centro comercial.

 - Creo que todavía hay rebajas en la ropa de niño. Me acompañas

 - Te acompaño al fin del mundo… le dijo él.
 
 

por Alatriste
 

Volver al Indice de Alatriste