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La realidad... ¿o no?No había usado un ordenador en mi vida hasta aquella noche.
Era otoño, los días empezaban a ser más cortos, empezaba a hacer frío. Había tenido un amor de esos tan dulcemente dolorosos de verano, y me costaba dormir sin tener que viajar hasta aquel sitio de costa dónde le dejé para siempre.
Fue entonces cuando decidí probar con aquel ordenador que me había comprado para poder realizar algún trabajo de la facultad, y para subirme al carro de las "Generaciones Web".
Sabía como se encendía y poco más... En una ocasión un amigo de la facultad estuvo en mi casa, una casa que había comprado hacía muy pocos meses y en la que vivía sola. Vino para ayudarme con unos trabajos de literatura y, en un parón del "interminable trabajo sobre la literatura en el Siglo de Oro", nos conectamos a un "chat" para despejarnos y reírnos un poco.
Esos eran todos mis conocimientos sobre internet; pero aquella noche me pareció que podría entrar un rato más al mismo chat que entré con ese compañero de clase, hasta que me venciera el sueño...
Me costó encontrarlo pero, al cabo de unos quince minutos, allí me encontraba, con un nick absurdo (INSOMNIA) que era un intento de hacer referencia a mi sexo, mi nombre y mi estado. La sala estaba repleta de otros nicks que se escribían unos a otros en una pantalla, a veces besándose y a veces insultándose. No lograba entenderlo pero tampoco podía dejar de mirar lo que allí sucedía, hasta que unas letras de color rojo irrumpieron en mi pantalla, encabezadas por la palabra "Privado".
- Discover: Hola rubita. ¿Cuál es tu película de terror preferida?
No sé que me sorprendió más. Si el miedo a esa frase que me sonaba muchísimo de una conocida película de terror, si el desconcierto de pensar cómo una persona, probablemente a cientos de kilómetros de dónde yo me encontraba, supiera que el color de mi pelo era rubio.... o simplemente me sorprendió que esa persona se hubiera fijado en mi absurdo nick.
No sé ni para qué respondí, pero supongo que nadie puede resistirse al morbo que otorga este medio. Saber que tus palabras sólo pueden ser leídas por esa otra persona, saber que no tienes que esconderte al decir una u otra cosa porque ya estás escondido tras una pantalla, saber que gozas de una completa confidencialidad............ ¿o no?
El caso es que respondí a aquel desconocido.
- Insomnia: ¿Cómo?
- Discover: La pregunta ha sido muy clara. ¡¡Responde!!
- Insomnia: "El Resplandor".
- Discover: mmm, mmm, error, respuesta incorrecta. La respuesta era "Scream". Sabes cual es tu castigo por haber errado, ¿verdad? Debes despojarte de una de las prendas que ahora mismo cubren tu cuerpo.
Y lo hice; pero lo más extraño es que lo hice en cuanto lo leí en la pantalla, y ni siquiera me planteé la posibilidad de quejarme. Sí lo pensé mientras me deshacía de una sudadera enorme, vieja, de algodón, con unas letras bordadas que hacían referencia a un equipo de baloncesto. Pensaba, ¿cómo podía ser ese extraño tan arrogante?... yo no había fallado ninguna respuesta; su pregunta era ambigua; yo podía tener miles de películas de terror preferidas, ¿por qué no podía ser El Resplandor? Pero no dije nada. No sé si fue porque realmente quería quitarme aquella horrible sudadera, o porque en mi interior yo sabía que mi película de terror preferida era "Scream", y no "El resplandor".
- Insomnia: Me la quité. ¿Dejamos ya este absurdo juego?
- Discover: Esto no es un juego. ¿Dé que color son mis ojos?
- Insomnia: Marrones.
- Discover: No, no. Verdes. ¿Qué prenda te vas a quitar ahora?
Daba igual la prenda así que ya me había quitado mis braguitas. Cuando estaba escribiendo "marrones", ya sabía que la respuesta era errónea. Y él también lo sabía. Ambos sabíamos que la respuesta era incorrecta, porque era evidente que a él le gustaban las películas de terror, ya que la frase "de qué color son mis ojos" también es de un conocido film en dónde muere hasta el apuntador; y también sabíamos que en esa película la respuesta correcta era "verdes" y no "marrones". Supongo que dejé entrever, de un modo inconsciente eso sí, que mi intención era la misma que la de él; desnudarme y permanecer desnuda frente a la pantalla. Y no sé si él también se iba desnudando mientras me hacía una y otra y otra pregunta, las cuales todas eran erradas por mí. El caso es que poco a poco me fui excitando sin saber muy bien el por qué... lentamente mi cuerpo fue llenándose de vicio y deseo.
- Discover: ¿Desnuda por completo?
- Insomnia: Por completo.
- Discover: Hasta mañana rubita.
Tan sólo tuve tiempo de leer un mensaje escrito por algún robot informático en la pantalla general que ponía:
Discover ha abandonado el chat
No sé muy bien si le odié, si me sentí humillada allí desnuda sin poder decir nada, si lo que me corría por el cuerpo era una horrible ansiedad de querer "estrangularle" por haberme dejado así de ridícula o si, por el contrario, lo que deseaba era besarle y que tomara ese cuerpo desnudo que tiritaba por el aire de otoño, mientras me hacía el amor con la misma pasión con la que asesinan en todas esas películas de terror que esa noche nos habían unido.
Evidentemente, el siguiente mensaje de aquel robot informático supongo que fue:
Insomnia ha abandonado el chat
Y digo que es un robot informático, porque si hubiera sido alguien, y no algo que se programa, el mensaje hubiera sido: "Insomnia, completamente excitada, con su sexo empapado por el deseo hacia aquel arrogante desconocido, abandona el chat".
Me tumbé en la cama, igual de desnuda que me había dejado Discover, con mis piernas ligeramente separadas, sólo que ahora mis dedos no golpeaban las teclas de un ordenador, sino que golpeaban mi sexo. Las yemas de mis dedos ya no pulsaban un "enter" ni una "a" ni una "barra espaciadora"; las yemas de mis dedos ahora pulsaban con total delicadeza mis pezones, erectos por una mezcla de frío y de completa excitación. Mi lengua acariciaba mis labios en un esfuerzo por mojarlos y parecer sexy, no sé muy bien para quién; supongo que para mí misma y para no tener esa horrible sensación de saber que me disponía a follar sola.
Creo que en mi vida he llegado al orgasmo de una manera tan rápida, casi fugaz, porque fue introducir un dedo en mi vagina y dejarme ir como alma que lleva el diablo. No pude controlar ni un segundo mi orgasmo; era como si el dedo que me penetraba fuera el sexo de Discover, castigándome por haber fallado las respuestas una y otra vez... Creo que fue una mezcla de placer y rabia... El caso es que, una vez saciado mi deseo, el sueño y el cansancio me vencieron y me quedé dormida casi sin darme cuenta.
Al despertar, una grandísima vergüenza me inundó y juré no volverme a conectar; de hecho no sabia ni si él volvería algún día... Recogí mi habitación, vi la televisión un rato y telefoneé a ese amigo de la facultad para ir a tomar un café a alguna cafetería. Creo que mi intención al llamarle era poder contarle a alguien aquella experiencia que, aunque pueda parecer absurda, a mí me rondaba la cabeza sin dejarme pensar en otra cosa ni un solo segundo.
Mi amigo accedió a quedar conmigo esa tarde y tomar algo juntos. Nada más encontrarnos en aquel café de barrio, se lo conté... con pelos y señales... Creo que no debí contárselo, porque su cara mostraba... no sé muy bien como explicar lo que mostraba su cara... Era una especie de celos, de deseo, de excitación.... Durante los años que había compartido con él, jamás había sospechado que Daniel, ese era su nombre, podría sentir algo por mí.
Nos conocíamos desde hacía muchísimo tiempo. Éramos amigos, habíamos compartido gastos en docenas de regalos para el cumpleaños de algún otro compañero; habíamos compartido tardes en docenas de pubs sin parar de hablar; habíamos compartido miles de críticas sobre el look de una de nuestras compañeras de clase; habíamos compartido miles de risas, cientos de lágrimas; habíamos compartido un montón de tardes de invierno viendo películas de video en su casa y, más recientemente, en la mía. No sé. Era mi amigo...
Jamás había tenido prisa por dejar ese viejo café cuando tomaba algo conmigo. Pero aquella tarde tuvo prisa, tenía que hacer mil cosas. Recoger unos apuntes, acercar a su madre a un gran centro comercial, hacer unas fotocopias, llevar el gato al veterinario... Y todo tenía que hacerlo en ese mismo instante. No podía ser antes, ni después, sino en el mismo instante en que yo confesé que había sentido la noche anterior un orgasmo como no había sentido nunca.
Antes de levantarse y dejarme allí sentada, ridícula por haber contado algo tan íntimo, me hizo prometer que tendría cuidado y que no volvería a hablar con ese chico, que no le gustaba... Y se lo prometí... Quería que se marchara ya, para que me dejara allí con mi café delante, sintiendo de nuevo esa sensación de rabia, de humillación, de... deseo...
Eran ya aproximadamente las 12 de la noche cuando me conecté... Sé que me juré no hacerlo, sé que le prometí a Daniel no hacerlo, pero mis dedos tenían vida propia. La I, la N, la S, la O.... INSOMNIA... Otra vez allí, mirando la pantalla fijamente, esperando que unas letras rojas irrumpieran de nuevo delante de mi retina... Y allí estaba...
-Discover: Hola rubita, ¿has dormido bien?
- Insomnia: No, no he dormido bien y me he conectado sólo para decirte que no voy a volver a hacerlo.
- Discover: Me parece bien.
Seré tonta, pero además no una tonta normal, sino rematadamente tonta... "No voy a volver a hacerlo"....... ¿Para qué dije esa tremenda tontería si pensaba volver a hacerlo las veces que fueran necesarias hasta que no fuera mi dedo el que se introdujera en mi vagina, sino su sexo el que me follará todas las veces que le diera la gana, igual que me hizo preguntas absurdas de películas todas las veces que le dio la gana?
Intenté no decir más tonterías y, lo único que conseguí para solucionarlo, fue decir una idiotez aún más grande.
- Insomnia: ¿cómo te llamas?
- Discover: Daniel
- Insomnia: ¿¿¿¿Daniel????
- Discover: sí, Daniel, Sonia, me llamo Daniel.
- Insomnia: ¿¿¿Sonia???
- Discover: Sí, Sonia, me llamo Daniel. Jajaja, ¿qué te pasa?
- Insomnia: ¿Cómo sabes que mi nombre es Sonia?
Otra vez... ¿Cómo sabes que mi nombre es Sonia? Seré tonta; claro que sabía que mi nombre era Sonia, de hecho mi intención al ponerme el nick INSOMNIA era revelar mi nombre real, mi sexo y mi estado... Pero en ese momento no pensé de un modo lógico. Fue más fácil asociar a Discover con Daniel, mi amigo, cosa que es absurda, porque habrá unos 200 millones de hombres que se llamen Daniel en el mundo. Pero era más morboso pensar que era él, que por eso sabía que yo era rubia, que por eso sabía que me gusta el cine de terror, que por eso sabía que mi nombre real era Sonia y que me conectaría aquella noche al chat, a ese chat en concreto...
- Insomnia: ¿Eres Daniel?
- Discover: Claro que soy Daniel, te he dicho que mi nombre es Daniel.
- Insomnia: ya pero........ ¿Qué Daniel?
- Discover: Mira, yo creo que te estás haciendo un lío. Soy el Daniel que tú quieras que sea, soy el Daniel que ayer hizo que te desnudaras, que logró que te corrieras de un modo que no habías experimentado nunca y que te dejó....... y hoy vienes a buscar de nuevo.
- Insomnia: ¿Y tú cómo sabes que yo me masturbé ayer y que me corrí?
- Discover: ¿Lo hiciste?
Insomnia ha abandonado el chat
Dejé el chat. No me salían las palabras; de nuevo esa horrible sensación de confusión, de no saber si realmente me asqueaba la idea de que pudiera ser Daniel, mi Daniel, o si por el contrario deseaba que aquella persona que había compartido lágrimas, risas, regalos y cafés conmigo, esa persona que jamás me había excitado, pudiera excitarme ahora de una manera tan morbosa, tan humillante y al mismo tiempo tan brutal, tan auténtica... O si deseaba que no tuviera nada que ver con mi compañero de facultad; que fuera de verdad un auténtico desconocido el que lograba continuamente con cada palabra, por absurda y poco sexual que fuera, hacer que mi sexo se humedeciera hasta el punto de mojarme el alma.
Desconocía si era real. Y qué casualidad, no sabía que era sí y que era no, estaba confundida y al mismo tiempo deseaba seguir...
Volví a conectarme.
Insomnia ha entrado al chat
Insomnia: Daniel, discúlpame pero tuve que salir, era urgente.
Discover: No te preocupes, ¿te ocurre algo? Te noto rara.
Insomnia: No, no me ocurre nada; es que esto de internet me pone un poco nerviosa. Por un momento pensé que te conocía de algo.
Discover: De algo me conoces, ¿no? Hemos compartido películas de terror, hemos compartido el frío del otoño, hemos compartido nuestros cuerpos desnudos...
Insomnia: Calla, Daniel, por favor. Bastante avergonzada me siento ya.
Discover: Me callo, pero esta noche hará falta que te haga un examen......... ¿o te desnudarás directamente para mí?
Ahora ya no había ninguna duda; le odiaba, y además con todas mis fuerzas. Le odiaba hasta el punto de amarle. Es como esas mezclas de los restaurantes chinos que te enganchan, lo amargo con lo dulce, sabores fuertes con sabores terriblemente dulces... Una especie de salsa agridulce que hacía que desease metérmelo en la boca; aunque el sabor en el paladar fuera dulce y la sensación final en mi boca fuera amarga.
- Insomnia: Completamente desnuda.
- Discover: Lo sabía, te conozco. Pero la pregunta es ¿me conoces tú a mí, Sonia?
- Insomnia: Sí, te conozco porque estás desnudo tú también frente a la pantalla.
- Discover: Exacto. Me conoces.
Transcurrieron unas semanas. Tres semanas, y cada noche lo mismo, lograba excitarme hasta el punto de no poder dejar de ir a buscarle al día siguiente a aquella fría pantalla. Pero aquella noche era el momento supongo, tampoco hubiera podido retrasarlo más, me dolía hasta el cuerpo de desearle...
-Discover: ¿Voy a tu casa?
- Insomnia: Sí
- Discover: ¿Sí o no?
Allí estaba de nuevo.... ¿el blanco y el negro?, ¿Daniel o Discover?, ¿la realidad o la ficción?, ¿el conocimiento o la absoluta ignorancia?, ¿la muerte o la vida?, ¿dulce o amargo?
No me había parado nunca a pensarlo, pero la vida, cualquier detalle de la vida por nimio que parezca, es una eterna duda... Elegir... Y no sé porqué, pero sabía que en unos segundos Discover me haría elegir. Elegir lo que iba a ser una de las cosas más importantes de mi vida, sino la más importante... Y eso no era lo peor, lo peor es que no era consciente de ello. Me refiero a que cuando elegimos el blanco, a veces no sabemos que lo que realmente estamos eligiendo es el negro; que cuando elegimos morir, estamos eligiendo vivir... Que cuando decimos sí, a veces lo que estamos diciendo a gritos es un NO.
- Insomnia: Sí, sí...
O realmente....... ¿era un no?
- Discover: ¿Sí o no?
- Insomnia: No....... Calle Núñez de Balboa, número 32, 4º C.
Le dije un No, seguido de la dirección completa de mi casa, calle, número, piso... No me paré a pensar ni tan siquiera si se encontraba en la misma ciudad que yo. Me daba igual; aunque se encontrara a cientos de kilómetros, hubiera esperado horas, días, a que él llegara hasta mi casa... Hubiera esperado inerte, desnuda, húmeda, deseosa... No me planteé la posibilidad de que se tratase de una insensatez por mi parte el abrir la puerta a un completo desconocido, del que no conocía sus verdaderas intenciones. Me daba igual, me hubiera dejado penetrar por aquel loco... Hubiera permanecido deseosa, húmeda, inerte, desnuda... Ni siquiera me importó que pudiera tratarse de Daniel, me daba igual... Le hubiera esperado, hubiera permanecido exactamente igual de húmeda, deseosa, desnuda, inerte; hubiese esperado a que él me diera la vida a través de un inmenso dolor, o me la quitara entre grandes gemidos de placer.
- Discover: Apaga las luces cuando llame a la puerta, por favor.
- Insomnia: Ya están apagadas.
Discover ha abandonado el chat
Las volví a encender. Todas. Incluso las que no iluminaban nada. Corrí a llamar a mi amigo Daniel; no sé muy bien si en un intento de que me auxiliara de aquella locura que iba a cometer, o para comprobar que realmente era él, el que iba a hacer realidad esa noche lo que, tantas otras noches, habíamos compartido en forma de películas de terror en mi viejo sofá...
El miedo se apoderó de mí; oía la señal de llamada mientras empecé a imaginarme a Daniel metido en la piel de alguno de aquellos personajes de las películas. Entonces una voz respondió al otro lado e, inmediatamente, empecé a imaginar a ese otro Daniel, penetrándome con tal violencia como para hacerme morir de placer... Al otro lado de la línea respondió una voz femenina, la hermana de Daniel, y, con la misma velocidad con que temblaban mis manos, imaginé de nuevo a mi amigo Daniel, irrumpiendo en mi casa, escondido tras la oscuridad de las luces apagadas, abalanzándose sobre mí...
- ¿Está Daniel? soy Sonia....
Su hermana respondió: "no, no está.......". Sin darme tiempo a oír más, mi mente de nuevo voló, imaginando una y otra vez secuencias de todas aquellas películas en las que un asesino acaba lentamente con la vida de una chica ... "No, no está; ha bajado a tomar algo, Sonia".
Colgué el teléfono sin decir ni adiós, y de nuevo vino a mi cabeza la imagen del otro Daniel, penetrándome sobre mi cama, mientras sus manos se mostraban, igual de firmes que su sexo, sobre mi cuello, apretándome...Quería salir corriendo de allí. Me vestí deprisa; y, según iba atravesando cada habitación, fui apagando las luces. Quería salir de allí antes de que fuera demasiado tarde... Pero al mismo tiempo que iba apagando una luz, sin darme apenas cuenta, iba despojándome de nuevo de una de mis prendas... Cuando llegué al pasillo, a la última luz, mi cuerpo ya estaba desnudo... Quería salir de allí... Quería salir de allí........... ¿O no?
Fue entonces cuando sonó el timbre de la puerta. No podía ni acercarme a ella para abrir; no se veía nada. Recuerdo que, al acercarme a la puerta, tropecé con uno de mis zapatos, que me había quitado al mismo tiempo que presionaba el interruptor de la última luz para apagarla. Y abrí...
Podía intuir una silueta... Me giró colocándome delante de él; podía notar su ropa, húmeda por el aire de otoño, en mi piel desnuda. Se me erizó la piel mientras él ejercía una dulce presión tras de mí, para que yo caminara hacia la habitación, delante de él, de espaldas a él. Quería girarme para intentar captar algún rasgo; algo que me hiciera descubrir, por fin, si esa persona era conocida o desconocida. Pero al mismo tiempo no quería saberlo... Caminé y mientras caminaba seguía notando su ropa fría sobre la calidez de mi espalda, de mi culo... Dicen que, cuando no puedes usar unos de los sentidos, el resto de ellos se agudiza. Y es cierto; porque podía olerle, podía oír su respiración como si la hubieran ampliado con un altavoz, podía sentir el tacto de cada uno de los botones de su cazadora pegándose a mi columna, helados...
Y caminé hasta llegar a la habitación. No había nada violento. Lo único terriblemente violento era el ritmo de mi corazón; estaba asustada, estaba excitada, estaba completamente entregada... Aún de espaldas, aún de pie, me rodeó con sus brazos y, con una de sus manos, agarró mis muñecas y las guió dulcemente hasta mi espalda... Y con ellas sujetas por encima de mi culo, me obligó a pegar los pechos a la pared. Soltó mis manos y con las suyas empezó a explorarme de arriba abajo; mis pechos, mi cuello, mi boca, mis labios, mi lengua.... Sus dedos bajaron hasta mi coño; los introdujo en mi sexo, buscando mi clítoris que permanecía escondido entre mis labios, pero mi humedad era tal que sus dedos resbalaron hasta dar con mi clítoris. Se le empaparon las manos de mí; lo sé, porque después volvió a subir a mis pezones y mi piel acalorada podía notar el frescor de mi flujo en sus dedos. Volvió a meterme los dedos en mi boca y los chupé. De golpe, paró.
Me tumbó boca abajo sobre la cama... No me moví, no me giré... Mis oídos alcanzaban a escuchar el sonido de sus manos despojándose de su ropa. Escuchaba perfectamente cómo su ropa caía sobre el suelo de la habitación... Tenía tantas ganas de verle desnudo, de verle igual que estaba yo, de verle entregado, que creo que mi alma se hizo física y se convirtió en unos enormes ojos, porque, sin ver, pude observar sus ojos verdes clavados en mi cuerpo, su pelo moreno, su polla erecta apuntándome...
Entonces escuché su respiración más cerca; noté como el colchón se hundía por el peso de su cuerpo al apoyar las rodillas en la cama; sentí sus piernas rodear la parte exterior de mis muslos; noté sus manos acariciando mi pelo, bajando por mi cuello como la más dulce de las sogas... Sentí cómo hacia una ligera presión en mi tráquea que, lejos de hacerme sentir mal, lo que consiguió fue que jadeara, no de dolor sino de excitación.... Mi mente viajó de nuevo a aquellas películas, donde siempre moría alguna chica estrangulada, e intenté que separara sus manos de mi cuello. Lo hizo, pero pasados unos segundos, resbaló las yemas de sus dedos por el medio de mi columna.
Fue en ese justo momento, mientras sus dedos me rozaban, cuando su polla también rozó el interior de mis muslos abriéndose paso hasta la entrada de mi coño. No me penetró; creo que él era consciente de que mi sexo estaba temblando y quiso calmarlo con la firmeza de su polla.
Me rodeó la cintura con su brazo; me alzó para que mostrara, aparte de mi culo, mi coño. Y me empezó a lamer, desde atrás, siempre escondido a mis ojos; su lengua golpeando mi clítoris. Me excitaba, pero mi mente imaginaba aquella lengua golpeando en mi sexo, igual que deben retumbar las palabras "vas a morir" en los oídos de esa chica que ha cometido el error de abrirle la puerta a un extraño... Sus manos se asían a mis tetas y las balanceaba como se balancean los péndulos de los relojes de las casas antiguas cuando va a dar la medianoche, y la chica de la película está a punto de ser asesinada. Sus piernas se metían entre las mías para dejar asomar mi sexo, del mismo modo que el asesino de cualquier película intenta buscar el lugar exacto donde va a clavar su puñal... Y noté su polla entre mis muslos crecer, igual que una navaja permanece escondida hasta el momento de abrirse para ser usada, y escuché como cogía algo que anteriormente él mismo había dejado sobre la cama.
Y entonces supe que me iba a matar. Tenía miedo... Sentía excitación... Me daba igual lo que fuera a pasar; no pensaba mostrar resistencia, no tenía fuerzas. El deseo, el miedo, la excitación me había agotado, así que le pedí que me matara... Y me mató... porque en segundos noté un disparo certero en lo más profundo de mi interior. Noté como una terrible arma se clavaba dentro de mí, desgarrándome, y sentía como la metía y la sacaba, una y otra vez, despacio pero firme. Sentí como me llenaba y me vaciaba para, de una dulce embestida, volverme a llenar... Mi cuerpo se estremeció, se tensó, se relajó lentamente. Mi respiración emergía buscando aliento y se cortaba para volver a recuperar el oxígeno... Fueron segundos, minutos........ Pero eternos, notando aquello que me estaba penetrando más y más rápido.
Noté entonces, aproximadamente a la altura de mi sexo, brotar algo que fue cayendo por la cara interna de mis muslos. No pude evitar usar las manos, que permanecían libres, y las acerqué a mi sexo; estaba empapado y mi clítoris caliente, hinchado. No sé si estaba asustada o terriblemente excitada. No sé si mis manos se acercaron a mi sexo buscando parar aquello que brotaba de él, o intentando que no dejara de emanar; no sé si mi cuerpo se arqueaba hacia adelante buscando huir o para ser apresado con más fuerza.
No logré descifrar si mi respiración se agotaba por una excitación brutal, o porque estaba siendo consciente de que me rendía. Él jadeaba también; supongo que estaba agotado de introducir acompasadamente aquella dolorosa cosa dentro de mí... No estaba segura de si, lo que se hundía en mi interior, era la más letal de las navajas o era la polla de mi asesino; no sé si me estaba muriendo o rozando la vida... Sólo sé que si era la muerte, no quería que acabara jamás, y si era la vida, quería que durara eternamente...
Había oído alguna vez que, en ciertas religiones, consideran la muerte como la vida, porque morir es dejar de cometer errores y, mientras cometes errores, realmente es como si estuvieras muerto; por lo tanto necesitas morir para vivir. No lo había entendido nunca hasta ese momento; en ese momento comprendí que a veces el placer es un inmenso dolor que te mata, y el dolor un inmenso placer que te da la vida.
Sólo deseaba sentir placer y dolor; y que todo terminase para girarme y verle. Escucharle. Desenmascarar a mi asesino.
No sé si era Daniel o era Daniel...
Mi vida se escapaba por mi sexo con cada embestida; mis sentidos se desplazaban desde todas las partes de mi cuerpo hasta concentrarse entre mis piernas. Sus golpes. Sus sordos golpes. Piel contra piel. Sentía como enrojecía mi culo por los golpes de su cadera al meterme su polla hasta el alma. Mis brazos desfallecieron, teniendo que apoyar la cabeza y los hombros en la cama; según enterraba la cabeza entre las sábanas, la esperanza de ver algo de él se desvanecía. Ya solo le sentía; cada vez más duro y más caliente, casi ardiendo, perforando mis entrañas con su sexo incandescente. Me estaba rindiendo. Ya no recordaba quién era él ni quién era yo. Sólo pensaba si había sido él quien me había sometido, o aquel maldito robot que me dio la bienvenida a la sala de chat. Deseosa, ansiosa, en un último intento por recuperar la conciencia, auné mis últimas fuerzas para lograr mirar a los ojos de mi asesino. Como respondiendo a una señal inexistente, anticipándose a mi movimiento, hundió de un solo golpe su mortífera arma en mí. Sentí un sobresalto... una sorpresa... un espasmo... y todo terminó. Sentí como su semen en forma de vida ardía en mis entrañas. Temblé como nunca en mi vida. Gocé como nunca en mi vida. Me corrí como nunca en mi vida.
Y le entregué mi vida.
FIN.
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por Dominance
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