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Juan y yo debimos quedarnos dormidos, tumbados y acurrucados en la hamaca, mientras nos llegó la noche y con ella la blandura, haciendo que nuestros cuerpos buscaran el calor mutuo. Fue entonces cuando me desperté.
Entre mis brazos, Juan, empezó a besarme mostrando una gran sonrisa y también fue justo entonces cuando, sorprendida, pregunté por David y Luís.- ¿Y David? ¿Y Luís? ¿Dónde están?
- No, sé. Por ahí dentro, supongo.
- ¿Crees que nos habrán visto?
- No, bueno, no lo sé…. –dijo Juan mientras se sonreía-
- ¿Dónde le ves la gracia? Y… ¿si nos han visto?
- Pues si lo han hecho se habrán hecho algunas pajas a nuestra salud, o al menos yo me las habría hecho –contestó Juan ante mi perplejidad al ver la tranquilidad con la que decía aquello, al ver que le importaba poco el que nos hubieran visto…
Juan se levantó de la hamaca y cogió la ropa que se había quitado horas antes. Me ofreció su camisa que me coloqué inmediatamente, estirándola lo más posible para que no dejara ver mis nalgas y todo lo que llevaba al aire. Juan se acercó a la casa para después volverse hacia mí y decirme en tono de confesión: “están dentro viendo la tele, pero siguen desnudos”. A lo que yo contesté: “¿es que no piensan vestirse?”. Juan seguía sonriendo de forma pícara y cogiendo mi mano entramos los dos en la casa ante la mirada de David y Luís. Con algo de cortedad, pedí me dijeran dónde me podía dar una ducha y enseguida David se levantó, me pidió le acompañara al piso de arriba y ya allí me mostró el baño. Sacó de un armario una toalla y me dijo que podía coger lo que quisiera. Esperé a que se fuera, sin querer mirar su pene balanceándose mientras andaba.
Abrí el grifo de la bañera, tocando el agua hasta que estuvo bien caliente puse el tapón para que se llenase. Mientras oía el agua caer, pensaba en todo lo que me acababa de pasar, en todo lo que había experimentado y en el placer que había sentido, por mucho que mi razón intentara juzgarme… Me miré al espejo mientras me quitaba la camisa de Juan para después apretarla contra mi pecho y olerla, olía a él y eso me gustaba. El espejo empezaba a empañarse y mientras iba deslizando mis manos por él para despejar de su superficie el vapor condensado, iba descubriendo la imagen de una mujer diferente, de una mujer que ya no era la misma que llegó y no pude evitar sonreirme a mí misma con gran satisfacción.
Entré a la bañera, me deslicé en ella y me dispuse a tomar un largo y relajante baño. Cerré los ojos y debí quedarme dormida, porque no me enteré de que alguien entraba en la habitación hasta que sentí sus caricias. Era Juan.- ¿Qué haces aquí?-le pregunté.
- Como tardabas no sabía si es que te pasaba algo o es que te daba vergüenza bajar al salón con nosotros.
- No. Es que la idea de un baño me gustó…Pero… pero sí que me da un poco de vergüenza de Luís y David. ¿Les has preguntado si nos han visto?
- No ha hecho falta, me han descrito las pajas que se han hecho…
- ¡Dios mío! ¡qué vergüenza!
Juan hizo que me pusiera de pie en la bañera, quitó el tapón y mientras ésta se vaciaba, él me fue secando suavemente, dulcemente, lo que hacía se me erizaran los pelillos del cogote y una sensación muy grata recorriera mi cuerpo. Después cogió un bote de aceite de baño del armario y me preguntó si me apetecía recibir un buen masaje, a lo que yo contesté que sí, que me encantaba la idea…
Desnuda y de su mano entramos en la primera habitación que resultó ser la de los padres. No era muy grande pero tenía pocos muebles. La cama era enorme y mientras Juan se desnudaba yo me metí en ella. Pude contemplar su cuerpo, el cuál estaba bien formado, con un abdomen firme, unos brazos más musculosos de lo que dejaban ver cuando llevaba ropa y unas manos grandes, de largos dedos… Sus nalgas estaban apretadas y duras, no envidiaban a ningún culo que hubiera visto antes. Pero lo que más me gustaba era su pene y el balanceo que tenía mientras se acercaba a la cama provocando mis risas.
- Ah, ¿te ríes?
- Sí, es que es gracioso como se mueve…-y me acerqué para tocarlo, pero él se retiró de golpe
- Ehi, que si la tocas comenzará a ponerse morcillona y no podré demostrarte mis dotes como masajista –todo esto lo decía mirándome de una forma picante pero encantadora y haciéndome reír.Se acercó a mí, me besó, me acarició el pelo, las mejillas, el cuello y me pidió me tumbara boca abajo en la cama. Se colocó de rodillas a mi costado y como si de un especialista se tratase empezó a acariciar mi piel, primero sin aceite y después con él. Me lo untó por toda la espalda, los hombros, los glúteos y mis piernas. Yo me dejaba hacer, relajándome, destensando los músculos de mi cuello y vientre mientras Juan dibujaba con sus manos cada parte de mi cuerpo, cada rincón de mi anatomía dorsal, preguntando “¿te gusta?”. Bajó hasta las pantorrillas, deslizó sus manos por la planta de mis pies y comenzó a masajearlos suavemente. Cuando quise darme cuenta me estaba chupando los dedos y eso empezó a excitarme, a ponerme los vellos de punta. Así que me di la vuelta y me acaricié los pechos mientras él seguía con mis pies…
Juan subía con sus manos por mis piernas hasta llegar a mis rodillas y con gran maestría comenzó a buscar puntos erógenos en mis corvas, encontrándolos de seguida y haciéndome gemir de gusto. Mientras, seguía subiendo por mis muslos hasta mis caderas para después proseguir por su cara interna, me toqué mi concha y pude comprobar que estaba húmeda, bien húmeda y solo con rozarla me estremecí. Cuando la lengua de Juan llegó a mi vulva, yo ya estaba chorreando, moviéndome como una posesa… deseosa llegara ya y se deleitara ahí.
Recorría con su lengua toda mi raja, soplando mi vello púbico y erizando toda mi piel. Me humedecía los labios, me los mordisqueba y me pellizacaba los pechos cuando, de repente, me vi sorprendida por otra mano que quería ayudarme en esos quehaceres y otra boca que comenzó a besar mis párpados… Eran David y Luís. Ambos me miraron y yo incrédula busqué la mirada de Juan, quién dulcemente me pidió los dejara hacer. No me lo pensé y obedecí.Luís me besaba las mejillas, la frente, rozaba su nariz con la mía sintiendo su respiración agitada pero acompasada. Cuando rozó con su lengua mis labios yo entreabría mi boca para que buscara dentro, cosa que hizo y de forma enérgica entrelazó mi lengua enjugándola con su saliva. David comenzó a acariciar mis pechos, con su mano abarcaba todo mi seno derecho y con la otra se tocaba el pene que comenzaba a bombear sangre hasta su extremo y a cambiar de color.
Decidí buscar el pene de Luís, quería verlo, quería comparar los tres y juzgar si el de Juan seguía siendo el más grande. Luís tenía un pene más pequeño que sus amigos pero los huevos sí que eran más grandes. Lo tenía ya erguido, firme, así que comencé a tocarlo, a masajearlo deslizando su pellejo de arriba abajo hasta dejar libre y a la vista un glande muy sonrosado y brillante que comenzaba a expulsar sus primeros jugos. No tengo mi boca muy grande, así que el miembro de Luís parecía hecho a mi medida, me era cómodo al metérmelo en la boca y enjugarlo con mi saliva mientras él gemía y seguía masajeando mis pechos junto a David.
Estaba claro que el mejor cuerpo era el de David, se podía decir que era el que estaba mejor formado, más musculoso, con un pecho y hombros impresionantes. Su pene era más oscuro que el de Juan, pero también de buen tamaño y se podría decir que más gordo bastante. Él parecía cerrar los ojos para así aguantar más tiempo la voluntad sobre su órgano, pero ante eso yo decidí quebrantar dicha voluntad y alternándolo con el de Luís me lo metía en la boca, lo recorría con mi lengua y me metía sus huevos de uno en uno en la boca enjugándolos y saboreándolos, pues me gustaba su sabor.
Juan seguía atareado con mi concha y empezó a dar lengüetazos a mi clítoris al compás que iba metiendo y sacando su dedo corazón de mi vagina. Yo estaba cada vez más excitada y aunque tenía mis manos ocupadas con las poyas de Luís y David, me agitaba, movía mis caderas, levantaba mis nalgas de la cama pidiendo que Juan me penetrase. Cuando Juan se percató de ello llamó a David y fue este el que se dispuso a entrar en mí mientras Juan le pedía que lo hiciera con delicadeza… Sentí como iba entrando en mí aquella poya gorda, deliciosa, mientras Juan masajeaba mi clítoris y enjugaba mi ano con mis propios flujos.
David me embestía, primero suavemente para ir incrementando el ritmo al compás que Juan le iba marcando. Cada vez eran más fuertes sus sacudidas. David me pidió tumbarse él en la cama mientras yo lo cabalgaba y así lo hicimos. Empecé a comprobar que aquella postura me gustaba más, pues era yo la que marcaba el ritmo, pues de esa forma entraba en mí toda la poya de David (hasta sus huevos, que sentía en los alrededores de mi concha) y porque moviendo mis caderas en círculos conseguía un placer indescriptible.
Mientras Juan seguía tocando mi clítoris enérgicamente y de cuando en cuando hacía el intento de meter uno de sus dedos por mi ano mientras con su lengua recorría toda mi boca. Luís llevaba un rato masturbándose y cuando subió a la cama se colocó justo a mi lado para meterme su pene en la boca y se lo chupara, cosa que hice al ritmo que David me follaba y Juan me preparaba para algo más…
Luís comenzó a gemir fuertemente, a entrecortar su respiración y por lo tanto estaba a punto de correrse en mi boca. Con mi lengua recorriendo todo su glande y enjugándolo con mi saliva se lo masajeaba con mi mano debajo de la suya hasta que empezaron a salir pequeños chorritos de leche que caían sobre mi cara.
Una vez satisfecho Luís, Juan me pidió besara a David y eso hice. Recorrí con mi lengua aquél pecho tan firme, libre de todo vello, agitado... Cuando llegué a su boca, él estaba jadeando, se notaba que estaba intentando controlar su corrida y me pidió cesara un poco en mis movimientos. Juan comenzó a lamer mis glúteos, a introducir su lengua húmeda y caliente en mi ano que si bien en un principio la rechazaba, poco a poco la esperaba y se abría ante ella con la ayuda de Luís que separaba los cachetes de mi trasero mientras les daba pequeñas palmaditas que lejos de molestar, me proporcionaban un nuevo placer.
David chupaba mis pezones y jugaba con mis pechos que se balanceaban a poca distancia de su cara. Sentí un fuerte dolor en el ano cuando Juan introdujo su dedo en él y poco a poco fue lubricándomelo hasta que admitió metiera dos y luego tres. El dolor parecía menguar mientras yo no era ya dueña de mis esfínteres, sobre todo cuando Juan fue introduciendo suavemente su pene mientras Luís le ayudaba. El placer que sentía era muy distinto al que había sentido horas antes al pie de la piscina, era un placer más brusco, menos dulce, más fuerte, pero me gustaba, me agradaba la idea de que fuera Juan quien me había desvirgado también por detrás.
David, Juan y yo acompasamos nuestros movimientos y mientras sentía como si me fuera a partir, una cantidad incesante de flujos caían por la cara interna de mis muslos, la temperatura entre los tres estaba al rojo y el olor a sudor hacía que mi excitación creciera cada vez más. Juan hubo de cambiar de posición y David salió de mí para después introducirme su brillante poya en la boca, donde pensaba correrse.
A cuatro patas sobre la cama, con Juan follándome por detrás, sintiendo como sus huevos golpeaban mis muslos en un dulce vaivén acompasado con sus embestidas que iban creciendo en intensidad, con David corriéndose en mi boca y Luís masajeando mi cuerpo… no podía dejar de pensar que con quien quería correrme era con Juan, sólo con él. Así se lo pedí y sin decir nada David y Luís salieron de la cama, si bien no de la habitación.
Juan sacó su pene de mi ano para introducirlo en mi vagina y tumbados de costado en la cama siguió follándome a la vez que acariciaba y separaba mis piernas. Yo lo asía contra mí apretando sus glúteos, acercándolo hacia mí y pidiendo desesperada su lengua con la mía. Él estaba mucho más excitado de lo que yo lo había visto hasta el momento, parecía un poseso, pero sin embargo yo no sé por qué no sentía los calambres que había sentido antes, a pesar de que sí sentía placer y me gustaba lo que me estaba haciendo. Juan salió de mí, se sentó en la cama y me pidió me introdujera su poya para que lo cabalgara como lo había hecho con David y eso hice.Ahora la que lo follaba era yo. Mientras él quería asir mis pechos, los apretaba y se mojaba los labios, yo fui sintiendo su verga dentro de mí, toda entera, hasta límites insondables. Con mis movimientos conseguía sentirla recorrerme toda por dentro, ardiente, hermosa, mientras iba aumentando el ritmo de los movimientos de mis caderas y pelvis… Juan, bruscamente y sin salir de mí me tumbó en la cama y comenzó a embestirme fuertemente, rítmicamente, mientras yo saboreaba el sudor de su cara y de su pecho. Los espasmos comenzaron, los calambres me recorrían la médula haciendo que me agitara como si estuviese poseída y apretándolo fuertemente con mis piernas le pedí se corriera dentro de mí, quería sentir su leche dentro, caliente, rica… Estaba toda encharcada, el calor entre los dos era casi asfixiante y el placer total.
Tensaba todos sus músculos en cada embestida y yo recibía su corrida al tiempo que sentía la mía… No sé cuánto duró ese momento, pero el sentirlo dentro, su leche dentro, todo él dentro de mí, hizo que me estremeciera de una forma que no podría explicar, solo puedo decir, aún en estos momentos, que todavía no he podido igualar lo que entonces sentí.Nuestra noche en el chalet de los padres de David había terminado y pronto deberíamos partir de regreso. Sin embargo os puedo asegurar de que no ha sido la última vez que nos hemos visto en estas últimas semanas.
Laika
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