Delante del espejo
 por Bekele
Una vez que la maleta está hecha el viaje ya ha comenzado. Así pues, en cuanto me adentré en los territorios de mis fantasías sexuales con afán exploratorio, supe que una aventura había comenzado... Poco a poco me fui entregando a ciertos rituales en los que ir cargando mi anhelo de pasiones desconocidas, al cuidado de todo aquello que pudiera excitar a aquella hembra que yo deseara.

Por casualidad, como se encuentran los lugares más bonitos fuera de las rutas turísticas, seguramente porque el azar llena de su personalidad ese paraje, así llegue yo a esta experiencia que te cuento.

Abrí la puerta del hotel, era una noche en una ciudad desconocida a la que había ido a recalar por cuestiones de trabajo, era una noche a solas... Siempre me gusta curiosear el baño para ver el tamaño de la bañera, es una costumbre desde aquellas épocas en las que iba con mis primeras novias con la idea de un excitante baño en el que lavarnos delicada e íntimamente antes del encontronazo sexual... Algunas veces éste, urgido por las ansiedades de la juventud, no esperaba a que finalizara el ritual higiénico y se desataba entre olas cálidas con espuma de jabón...

Efectivamente la bañera era grande, de esas para dos, pero lo que más llamó mi atención fue el enorme espejo que ocupaba toda una de las paredes laterales... Allí me vi reflejado, tal y como los demás me habían mirado durante todo aquel día. Me abstraí por un momento imaginando cómo me mirarías si pudieras, qué de todo mi te habría llamado la atención.

El juego con el espejo comenzó situándome en tus ojos, haciendo que los míos me vieran con el morbo de aquella anónima mujer que se recrea en mí... Me costaba encontrar en mí esas pupilas femeninas que me permitieran jugar. La imagen reflejaba por entero la altura de mi cuerpo, ese metro ochenta pasado... Mi pelo castaño, despeinado, sembrado de rizos. Una camiseta de manga corta con rayas horizontales, qué bonita, marrón, negro, amarillo, ocre... Se notan los pezones, joder! En eso no había caído en cuenta nunca. Dos pequeñas puntas asomando desde la meseta de un pecho bien formado. Los brazos tostados parecen barnizados por una leve capa de sudor que los lubrifica, son fuertes, levemente musculados poblados de una fina capa de hierba capilar. Esconden la fuerza de los millones de abrazos dados y de los infinitos por dar, leves presiones pecho a pecho o pecho a espalda que van "in crescendo" por la rítmica melodía de la pasión hasta llegar a una intensidad que funde cuerpos.

El aire en general de la imagen es desenfadado, como real, alejado de cualquier artificiosidad, pero lleno de vida, de chispa, de energía. Una imagen con personalidad cuyo atractivo no está tanto en la fisonomía sino en un mensaje subliminal que se lee mejor cuanto más cerca te encuentres...

Me encuentro cómodo con el juego. No termino de abandonar mi mirar pero puedo hacerlo convivir con tu mirada anónima y furtiva que me gusta sorprender... Empiezo a pasar mi mano por la cintura de mi vaquero, introduzco las mitad de los dedos de mi mano derecha por debajo del pantalón y del gallumbo y comienzo a acariciar mi ingle. Siempre me ha tranquilizado ese gesto. Hace poco supe que hay mujeres a las que les enciende observarlo. Un hombre, como distraído, acariciándose los arrabales de su sexo... La imagen no ofrecía dudas, allí estaba mi mano, justo en la mitad de mi cuerpo, entre las piernas vestidas de vaqueros y un pectoral levemente prominente, una mano que descubría una porción de mi abdomen liso, dorado... Jugaba ella y jugaba yo, juntos. De alguna forma empecé a jugar con aquella otra mirada, la de aquellas anónimas mujeres que hubiesen deseado ver aquella escena. Por ellas, por mi el juego seguía avanzando. La mano con maliciosas intenciones empezaba a desplazarse de derecha a izquierda por mi cintura, buscando llamar la atención de las miradas morbosas. Tras varios paseos, con un estilo casi de pasarela, se para delante del primero de los botones de la bragueta del pantalón... Con un gesto energético pero controlado el ojal libera no solo el primero sino también el segundo botón... El gallumbo queda parcialmente descubierto. La mano se pasea por esa nueva superficie descubierta. Es  suave, de un tejido delicado, tactel... y de un azul eléctrico que combina bien con el vaquero y con la tez de la piel que protege... De repente giro ciento cuarenta grados y quedo parcialmente de espaldas... La imagen cambia. De arriba a abajo, siguiendo una línea mitad imaginaria mitad real, está mi cabeza volteada, un hombro y uno de los brazos aparcados al lado de la espalda, un culo prieto del cual parece querer desprenderse el pantalón dejando entrever la piel azulada del boxer. Hay un erotismo en la imagen del no saber qué va a pasar, de la incertidumbre de lo que vaya a suceder... El pensamiento de ser deseado anónimamente, la presencia virtual de esa mirada que juega con mi cuerpo me excita. Noto cómo el espacio destinado a mi sexo empieza a ser insuficiente, la carrera de la excitación ha comenzado y mi miembro comienza a endurecerse... Hoy se siente objeto de deseo y esto acelera la erección. Una fortaleza que dedicar a esa mirada libidinosa que me están originando este placer de hoy, que me ha escrutado buscando mi virilidad. Mi mano pasa de las caricias por los lomos de mi culo endurecido por el ejercicio al tacto de mi sexo creciente. El contacto me estimula y provoca una leve contracción, premonitoria... Esas manos que se han bañado en las espumas del deseo de mujeres, hoy probarán la tibia y blanquecina ducha de mi semen. Presto, con mi polla completamente erizada, dura y preparada para la lucha del sexo sin cuartel, me voy desprendiendo de la ropa. Primero la camiseta descubre la espalda y el torso. Los zapatos, calcetines y el pantalón vuelan... Mi cuerpo queda como el de aquellos atletas que finalizan exhaustos una prueba, sudoroso, desnudo, caliente... El boxer apenas da cabida a la fortaleza de mi sexo que anhela roce, calor, que busca el movimiento, el baile sensual del erotismo, el rítmico son de la excitación. Me toco la ardiente pasión que de la entrepierna sube y sube queriendo elevarse hasta encontrar fuentes excelsas que mantengan ese deseo y que lo eleven hasta un estallido liberador. Me acaricio como hombre y como mujer, sintiendo ambos deseos mezclarse entre mis dedos, en los gemidos que no reprimo... Cierro los ojos y comienzo la danza conmigo mismo, compás a compás mano y polla se aprietan locos, fundidos del ardor. En ese momento mi mente viaja a Albarracín, a tu secreta intimidad, ojos de deseo, pechos descubriéndose, cavidades contrayéndose para ser tomadas por la rabiosa energía del hinchado miembro que ya vomita de excitación. La música sexual me inunda completamente, me hace danzar entre imágenes y recuerdos que hacen notas de pasión que vibran en cada uno de mis poros. Noto cómo de mis huevos comienza un suave temblor, una energía que desea salir, que sube en la misma medida que la intensidad de la música que toca... Busco una imagen concreta para regarla con mi esencia, un recuerdo en el que estallar del placer... Pasan por mi mente tu boca sedienta de mi jugo, relamiéndote después de una corrida profunda... Tu culo duro y abierto para llenarlo del dulce sabor de mi semen... Tus tetas apretadas por tus manos mientras estás mojada de excitación, pechos que acogen en abrazos a mi polla para bañar su extensión, sus pezones con la fina capa de producto de mi orgasmo... En esta imagen llega la potente descarga que describe una perfecta parábola, un trayecto como el de mi juego, como el de mi solitaria y placentera aventura de esa tarde... Goteando aún comienzo a escribir...

Bekele
 

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