La oscuridad como aliado 
 por Nuria
Hola, me conoceréis por el relato de anti-Nayara, pero quiero confesaros que no soy anti-Nayara ni anti-nada, al contrario, me encanta como relata sus historias esta escritora. Mis anteriores relatos los escribí, como Nuria, pero realmente soy un hombre, aunque ya seguiré escribiendo con el seudónimo de Nuria.

Lo que os cuento son historias reales. Nuria es la mujer de mi mejor amigo. Pero hace algo más de un año, me tiró los tejos y yo no pude decir no, pues siempre me había gustado.

Esta es mi última relación con ella, aproximadamente hace diez días. Muchas veces hablamos por teléfono y nos masturbamos juntos, o me llama al trabajo y se masturba mientras yo la oigo y me pongo a cien. Un día después de masturbarse, mientras yo la oía en el curro, me quedé muy cachondo y lo estuve durante todo el día. En el curro, me pasé el resto del día leyendo relatos del callejón. Tenía la polla que me iba a explotar, así que antes de subir a casa, me hice una paja en el garaje y al día siguiente se lo conté por mail y también la dije que había imaginado muchas veces que follábamos en el garaje de mi casa.

Esto debió excitarla mucho, porque en todos sus mails insistía que le encantaría hacerlo en el parking de un centro comercial cerca de nuestras casas. Un día la contesté que cuando quisiera que desde hoy, me pasaría todos los días por la puerta del parking y si estaba ella, la recogería y nos meteríamos.

Así que, así empezó todo, durante dos días pasé por la puerta, pero no estaba, así que seguía mi camino a casa.

Pero un día, cuando volvía a casa, pasé por la puerta del parking y estabas allí, esperándome, vestida con una falda y una blusa con los tres primeros botones desabrochados, paré, te montaste en el coche y nos metimos en el garaje, buscando el sitio más oscuro y tranquilo.

Mientras lo buscábamos, me desabrochaste los pantalones, me sacaste la polla, que la tenía durísima y empezaste a chupármela, yo mientras buscaba un sitio para aparcar, intentando disimular los gestos de placer que marcaba mi cara, hasta que lo encontré. Una vez aparcados, te pusiste de rodillas en el asiento, con las piernas un poco abiertas,  y seguiste comiéndola más cómodamente, despacio, pero desde el capullo hasta los huevos. Te subí la falda y metí la mano por debajo, empecé a acariciarte el sexo, por encima del tanga (el que tienes reservado para estrenar conmigo) primero, hasta que empezó a humedecerse, entonces de un tirón te lo arranqué, eso te excitó de sobremanera y diste un leve grito, menos mal que tenías mi polla en la boca, sino nos hubiera pillado todo el
centro comercial. Continué acariciándote la raja, de arriba abajo y de abajo arriba, esta vez sólo con un dedo, ya estabas empapada, de vez en cuando te pellizcaba el clítoris, lo que te producía unos gemidos que me ponían a cien. Mientras, tú seguías haciéndome una mamada increíble. Con lo que me gustó correrme dentro de tu boca, no sabía si avisarte o no. Al final pensé que sí, que habíamos entrado para follar.

Así que te dije que me follaras. Te subiste encima de mí y como tenías el coño tan dilatado, te la clavaste de un golpe. Empezaste a cabalgar encima de mí, muy deprisa, golpeando tu culo contra mis muslos, gimiendo de placer. Mientras te comía los pezones que quedaban a la altura de mi boca. Cada vez cabalgabas más y más rápido. Tu cuerpo se encorvaba hacia atrás, señalando aún más tus pechos. No puedo aguantar más y te aviso que me voy a correr ya, tú asientes con la cabeza y dices que tú también te estás corriendo. Dios, ah, ah, ah, nos corremos los dos a la vez, lleno tu cuerpo de mi leche.

Bueno, perdonad que parezca que sólo se lo escribo a ella, pero es que me parece que es más erótico. Ya iré contando más aventuras.

Espero que os haya gustado y ojalá reciba vuestros comentarios.
 
 

por Nuria
 
 
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