Sabores de Verano
 por Rodano
En una noche de verano atrozmente  calurosa Tania volvía a casa tras un duro día de trabajo limpiando en unas oficinas cercanas. Tenía una casa de planta baja de apenas ochenta metros cuadrados. Una cierta brisa ponía más intención que acierto en aliviar los padecimientos de la pequeña ciudad en la que vivía. Decidió darse una ducha bien fría para aliviar el intenso calor. Al salir recordó que una inoportuna lesión en la espalda se estaba quejando por  los rigores de un asfixiante  día de trabajo. Al poco sonó el móvil, era un amigo, a ella no le apetecía ver a nadie. Pero bueno  ese amigo era bastante especial y le invitó a pasar  un rato en su casa, tenía una barra de helado en  el congelador y lo invitó a tomar un poco, ya que era fin de mes y no llegaba el presupuesto para ir a una de las elegantes heladerías que florecían por toda la ciudad. Lo esperó vestida con un pareo y el bañador que solía usar para ir a la playa, dada la elevada temperatura no le pareció oportuno vestirse más. Tras un instante llamaron a la puerta, era Amancio, nada más verse el corazón de ambos dio un vuelco muy intenso acelerándose sin parar.

-Hola guapo-le saludó

A lo que él contestó con un beso en la mejilla y una leve sonrisa.
Lo introdujo  al interior de un modesto salón con un sofá y una televisión vieja. Al sentarse en el sofá  Tania se quejó por un fuerte pinchazo en la espalda. Amancio le preguntó si era otra vez la lesión de la espalda, a lo que ella respondió afirmativamente.

-¿Quieres que te de un masaje?-le preguntó

A lo que ella tras pensarlo un poco accedió.

-Coge una toalla grande y túmbate en la cama guapetona.

-¿Me abro de piernas también?-respondió

-Anda que no tienes morro-continuó

-Los hombres no pensáis más que en meter el churro .

-Venga mujer que sólo es para un  masaje, mira para que sea más cómodo, tú entras en tu habitación pones la toalla te tumbas y te bajas el bañador hasta la cintura, cuando estés lista me llamas, no te preocupes sólo tengo intereses terapéuticos.

Tras ésta última aclaración ella entró en la habitación con una media sonrisa mientras pensaba:

-“Los intereses terapéuticos que tendrá el melón éste, bueno si es tan terapéutico a ver que cara se le queda”

Se quitó el bañador quedando totalmente desnuda, sólo cubierta por el pareo, y le invitó a pasar.

Su masajista ocasional la miró un tanto sorprendido  por el ímpetu que mostraba su “paciente” en su dotes curativas.  Comenzó a acariciar su espalda poco a poco como intentando coger seguridad en su técnica  para continuar ejecutando unos movimientos aprendidos largos años atrás cuando un médico de la seguridad social le dijo que masajeara así a su madre que sufría una lesión parecida.

Tania comprobó sorprendida que el masaje surtía efecto y que el dolor tendía  a diluirse, tras finalizar, se volvió hacia Amancio entre extrañada, atraída y agradecida.

Se miraron un buen rato, se sentían muy atraídos, sus pupilas se dilataron , Tania retiró sus manos de sus senos que antes la cubrían por pudor para abrazarlo. Se besaron en la boca, primero un leve roce en los labios para culminar con un largo e intenso beso. Como una bocanada de brisa abandonó  su cuerpo y se fue para volver al rato con un pequeño plato, una cuchara y un corte de helado bastante generoso. Se trataba de una barra rectangular de helado de esas que se compran con pastas y te haces un sandwich.

Cogió un poco y se lo puso en los labios a lo que ella respondió con un helado beso que sellaba un acuerdo entre ambos, una acuerdo tácito de placer.

Dejó el plato sobre la mesilla de noche y comenzó ahora a reconocer los senos de su pareja en largos círculos para bajar sobre el vientre. Volvió a tomar sus senos dándoles un masaje capaz de curar  otra dolencia. Cuando se aseguró que estaban bien erectos acercó sus labios  a unos de los pezones sujetándolo con suavidad para estirarlo mientras sus dos manos lo acariciaban. A lo que ella respondió dejando su pubis expuesto a una descarga que se intuía en el ambiente. El helado se había derretido un poco dejando una mezcla de sabores líquidos sobre el plato. Amancio cogió el plato y lo volcó sobre el pubis de Tania, al poco una riada de distintos sabores de helado fluía sobre su clítoris, respondiendo con un jadeo entrecortado, el frío se le introducía entres las piernas. Empezó a estremecerse y continuó con espasmos en las piernas, mientras un frío amante se introducía dentro de ella.Amancio  una vez que vio el sexo de Tania inundado de sabores, empezó a lamerlo quedando impregnada su lengua de una mezcla de sabores de helados y de jugos. Le gustó el sabor y lamió con mucho más ahínco tanto que Tania lo cogió de la cabeza y lo empujaba hacia dentro de ella mientras gemía y se estremecía. Hasta que un sonido corto profundo se oyó por la habitación. Amancio se sentó en una silla de al lado de la cama mientras observaba el cuerpo de Tania ahora relajado y envuelto en un conjunto de aromas de helado y sexo. Tania se incorporó de la cama y se fue hacia la silla besando a Amancio en los labios  y abrazándose en un gesto agradecido.  Sus labios empezaron a recorrer con cuidado el cuello de Amancio, con sumo gusto. Desabrochó el cinturón de sus pantalones para luego colocarse de rodillas entre sus piernas. Con un tirón severo y certero le bajó los pantalones, para hacer otro tanto con unos boxer que se interponían hacia su objetivo. Le quitó las prendas que se veían enredadas entre sus tobillos. Para empezar a acariciarlo con cuidado. Primero suavemente entre los muslos pero aprovechando para hundir poco a poco su cara entre las piernas de su acompañante. Las caricias se hicieron más certeras. Alcanzando por sorpresa un pene erecto que agarró masajeándolo con violencia,arriba abajo, con energía, furia, para introducírselo dentro de la boca de un solo bocado como si fuera un sorbete. Y volvérselo a sacar para continuar sacudiéndolo, lo miró y le dijo:

-Yo también sé hacer buenos masajes ¿Verdad?

Al poco Amancio dejó escapar los jugos que se acumulaban en su sexo, con un suspiro entrecortado, Tania se incorporó, viéndola Amancio alejarse, estando su cuerpo cubierto de una emulsión de semen y helado.
l

por Rodano
 
 

Volver al Indice de Rodano