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En la caja de cartón de la pizza solo quedan restos de mozzarela seca, tomate y una porción de masa que acabara en la basura. No ha sido la cena muy romántica. Dos Cervezas y una pizza no dan mucho de sí.La ciudad ha cambiado de aspecto. Las ultimas horas de una atardecer naranja de primavera es sustituido por un cielo amarillento, reflejo de la luz de la ciudad.
Cuando cierras las cortinas, lo haces como si cerraras el telón de ese escenario urbano que queda fuera. Aislándonos en poco metros cuadrados. Creando nuestra propia espacio. Música y Luz, dos elementos que inundan la estancia con tonos cálidos creando una atmósfera suave.
No ha sido mala idea sentarnos el gran sofá rojo. Apoyada mi espalda sobre el respaldo contemplo tus ojos. Contemplo tu cara, tu cabello, todo tu cuerpo. Extendida sobre el sofá con tu cabeza en mi regazo. Los movimientos se vuelven lentos. Las palabras son sustituidas, por las miradas. En silencio, casi reteniendo la respiración intentamos alargar estos instantes. Con una mano acaricio tu cabello. Con la otra la extiendo hasta alcanzar tu estomago. Avanzo lentamente con mis dedos por el jersey rojo, hasta alcanzar el final de este. Entre el pantalón y el jersey la piel blanca aparece garabateada por tinta azul. Un gran animal mitológico hace de centinela de tu vientre. Al primer contacto de mis dedos sobre tu piel tu dermis se eriza. Solo unos segundos, para después relajarse y ser más suave si cabe. Piel de seda. Piel que se deja acariciar.
Sigo mirando tus ojos. Mis dedos siguen la silueta alada dibujada alrededor de tu ombligo. Sigues mirando mis ojos. Leves movimientos en tus labios, casi imperceptibles, me animan a seguir el camino que inicie en tu ombligo. Con la mano extendida, separo la cintura de tu pantalón. Avanzo furtivamente, hasta alcanzar el elástico de tus braguitas. No tardo en vencer su resistencia y continuo avanzando con mis dedos hasta percibir el vello rizado que se extiende como bosque encantado al final de tu vientre. Tus ojos se cierran. Los míos también. No hace falta vernos. Solo sentirnos.
Con leves movimientos acomodas tu cuerpo a mis caricias. Te dejas hacer. Dibujo con mis dedos los bordes carnosos de tu sexo. Con parsimonia lo recorro con el índice. Entre la maraña de tu vello, dejo el espacio despejado y recorro tu sexo longitudinalmente. Con la yema del dedo subo desde el final de tu rosa. Como pétalos desojados, se abren los labios, suaves y tierno. El rocío de tu placer lubrica, las carnes sedosas. Mi dedo alcanza el montículo hinchado donde confluyen tus labios. Dibujo pequeños círculos a su alrededor. El Dragón se mueve en tu vientre. Su cola se mueve, sus alas toman vida. Tu vientre empieza a vibrar.
Mientras tanto tu boca se abre, humedeces tus labios, los mordisqueas. Mis movimientos siguen lentos. Mis caricias insistentes siguen siendo pausadas. Tu espalda se arquea. Mueves tu pelvis buscando sentir una sensación más intensa.
Tus pechos, bajo el jersey, delatan la excitación. Tiesos y duros deben de estar tus pezones que se marcan en el tejido lanoso. Con la palma de la mano presiono tu pubis. Mi dedo sigue despacio intentando arrancarte pequeñas descargas que recorran tu cuerpo. Cierras los ojos, aprietas los párpados. Respiras hondo. Aguantas la respiración. Con tu mano coges mi muñeca y haces que presione con fuerza tu vientre. Con tu otra mano, me ofreces tus dedos que no dudo en chupar despacio, saboreándolos. Tus piernas se abren, tus muslos se separan, permitiendo que mis maniobras sean más amplias. Dejo tu perla, deslizo el dedo hasta llegar a la entrada de tu sexo. Esta húmedo y tembloroso. Entra con facilidad. Lanzas un pequeño gemido y tus músculos presionan mi apéndice. Retiro mi dedo, empapado, mojado y vuelvo a deslizarlo por tu clítoris. Resbalando suavemente aumento la intensidad de las caricias. Dejo de chupar tus dedos y ahora soy yo el que ofrece los míos a tu boca. Tus mordiscos acompasados marcan el ritmo de mis caricias. Mueves la cabeza de un lado a otro. Aspiras. Inspiras. Tensas el cuerpo. Estiras las piernas. Acelero las caricias. Pequeños gemidos....Tus piernas vibran, tu estomago vibra, tu vientre se mueve convulsivamente.
El Dragón parece que quiera echar a volar. Mi dedo índice aprieta suavemente con mas insistencia, resbalando sobre tu clítoris humedecido. Aspiras fuerte, aguantas la respiración. Tu cabeza presiona mis piernas. Cierras los muslos, aprisionas mi mano, mi dedo sigue torpemente acariciándote. Ya no hace falta.....un grito agudo anuncia el final.....pequeños estertores....leves movimientos...dejas caer todo tu cuerpo sobre el sofá. Recuperas la respiración. Abres los ojos y sonríes. Solo puedo contestarte con el contacto de mis labios en los tuyos.
Mi mano reposa en tu vientre. Sigues despacio recuperando el aliento y yo sigo como ser privilegiado observándote desde mi atalaya. Tienes una sonrisa en tu cara.Paremos el tiempo..........
Alatriste
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