Carmen 
Sábado 10:30 a.m.

Felipe se hallaba en su oficina tratando de contestar correspondencia y revisar otros papeles. Trataba, digo, porque su cabeza le dolía a causa del desenfreno de la noche anterior. Había salido y se le habían pasado los tragos. Rememorando la noche anterior, había conocido varias chicas, pero todas a la hora de la verdad, no se habían decidido a tener sexo.

De pronto, Felipe recordó a su amiga Carmen. Esa si era una mujer que a toda hora estaba dispuesta a tener sexo. Tenía 23 años y un cuerpo despampanante. Con razón la contrataban a menudo para que posara desnuda en la Facultad de Bellas Artes. Felipe buscó el número de teléfono y la llamó sin pérdida de tiempo.

- Haló.
-¿Hola Carmen, qué haces?
- Hola, mi amor. ¿No mucho y tú?
- Bueno, yo aquí tratando de trabajar. ¿Quieres venir a mi oficina y pasar momentos agradables?
- Bueno, ya voy. Dame unos 30 minutos, hasta llegar.

En efecto, a los 30 minutos, más o menos, tocaban a la puerta de la oficina de Felipe. Este se apresuró a abrirla. Carmen entró propiciándole un caluroso beso en la boca. Se sentó en el sillón más próximo y preguntó si había algo de tomar. Felipe entró a otra habitación, donde comúnmente guardaba los tragos y le sirvió un whisky con Coca Cola.

Carmen estaba magnifica. Llevaba una falda larga negra abotonada al frente. Una blusa blanca con unos encajes que caían por el centro donde se abotonaba. Zapatos de tacón alto que la hacían lucir más alta de lo que era, pero, que producían un efecto muy sensual en sus movimientos cuando caminaba. Sus tetas se marcaban contra la blusa denotando su tamaño, forma y voluptuosidad. La falda igualmente caía sueltamente sobre la parte baja de su cuerpo delineando en la parte de atrás su culo de magníficas proporciones.

Felipe la miraba constantemente extasiado. Ella le hizo una señal para que se sentara a su lado. Felipe, inmediatamente se levantó de la silla que ocupaba frente a su escritorio y fue hacia ella. Se disponía a sentarse, cuando Carmen le dijo cariñosa y picarezcamente, déjame saludar con ese bulto precioso que tienes allí. Felipe se paró frente a ella y esta enseguida abrió la bragueta del pantalón, metió la mano y sacó la verga. Seguidamente, le dio un beso en la cabeza y le empezó a lamer a todo su largo. Hacía largos lengüetazos a esa verga que la fascinaba. Finalmente, se la introdujo en la boca y la mamaba con mucho cariño y suavidad.

Felipe dirigió sus manos hacia la cabeza de Carmen y la sujetaba de la misma de tal manera que le permitía dirigir el movimiento de su verga, hacia dentro y afuera de su boca. Era, en efecto, como que le estaba culeando por la boca, esa magnifica boca de Carmen. Felipe estaba disfrutando grandemente de la experiencia. Sentía como el calor de la boca de Carmen obraba dándole oleada tras oleada de placer en su verga y a través de ella a todo su cuerpo. Felipe metía y sacaba su verga de la boca de Carmen extasiado. Pronto sintió que sus huevos se apretaban. La leche empezó a subirle por la verga y súbitamente empezó a salir por borbotones dentro de la boca de Carmen, quien apretaba más sus labios para no dejar escapar ni un poquito. Carmen tragaba la leche de Felipe extasiada. Luego, cuando la leche dejó de salir, muy cariñosamente lamió hasta el último vestigio de la leche que Felipe tenía en su verga. Ordeñó esa verga completamente y la dejó limpia totalmente.

Acto seguido, Carmen tomó el vaso de whisky con Coca Cola y tomó un sorbo diciendo que el sabor del whisky mezclado con la leche de Felipe era estupendo. Felipe se sentó a su lado y empezaron a conversar de una cosa y de otra. De vez en cuando, Carmen le daba el vaso a Felipe para que sorbiera un poco de licor. Felipe tomaba pero solo pequeñas cantidades pues se hallaba todavía bajo los efectos de lo que había bebido la noche anterior.

Pronto comenzaron a hablar de sexo. Recordaron la primera vez que estuvieron juntos hacía ya un par de años y lo bien que lo habían pasado aquella tarde en un motel de la ciudad, luego de que los había presentado un mutuo amigo cantante de rancheras mejicanas. Es así que cada vez se introdujeron más y más en el tema del sexo y Carmen le confesó a Felipe que siempre tenía fantasías sexuales con una mujer. Ella mencionó que era una experiencia que nunca había tenido, pero que sus fantasías eran de lo más fuertes.

Felipe le preguntó que si quería probar a lo que Carmen respondió con una mirada llena de anticipación pero con duda. Felipe se levantó de la silla y se dirigió a su escritorio, abrió una agenda que allí se hallaba y marcó un número telefónico.

-Aló.
-A Cecilia por favor.
-Si, con la misma.
-Cecilia, soy Felipe.
-Hola Felipe, a los años que me llamas.
-Bueno te llamaba para ver si quieres venir a mi oficina a conversar y pegarte un trago.
-Esta bien, déjame arreglarme un poco y salgo para allá. Chao.

Carmen enseguida mencionó a Felipe que no le había oído decirle a Cecilia el verdadero motivo de la invitación. Felipe le respondió que eso era mejor tratarlo en persona cuando Cecilia viniera.

Los dos siguieron bebiendo y conversando animadamente. Finalmente, oyeron que alguien golpeaba a la puerta. Felipe se levantó a abrir la puerta, era Cecilia.

-Hola, dijo Felipe.
-Qué tal? Respondió Cecilia.

Felipe llevó a Cecilia ante Carmen y se la presentó. Carmen no pudo contenerse y la miró de pies a cabeza. A pesar de que Cecilia no era muy joven, todavía guardaba una belleza especial, exótica. Inmediatamente, Carmen se levantó del sillón y fue a la cocineta a preparar un trago para Cecilia, mientras ésta se sentaba en el sillón opuesto al que estaban Felipe y Carmen.

Carmen entregó a Cecilia el trago y se acomodó en su sillón, justo enfrente de Cecilia.

-Mira Cecilia, la verdad es que decidí llamarte porque Carmen tiene una  fantasía de estar con otra mujer y pensé en ti, pues eres alguien en quien tengo confianza.
-Ruborizándose, Cecilia respondió: Bueno, yo no había contado con esto. La verdad yo tampoco lo he hecho nunca. No sé, ya veremos qué pasa, ¿no?

Los tres siguieron conversando acerca de que casi toda mujer, si no todas, en algún momento en su vida habían tenido alguna fantasía de estar con otra mujer. Esto, claro esta, sin ser lesbianas. Carmen mencionó que ella pensaba  que esto se debía a que al fin y al cabo las primeras experiencias de cariño y placer, al igual que los niños recién nacidos, las niñas también las tenían con sus respectivas madres. Al igual que los varones, las niñas también derivan, no solo alimento, sino también placer al mamar las tetas de su madre,  ¿no? Es obvio, decía Carmen, que aquellas experiencias estaban guardadas en el subconsciente de toda mujer. No era de sorprenderse, entonces, que de cuando en vez aparecieran fantasías de la índole de lo que estamos hablando.

Buen rato permanecieron los tres conversando sobre esto cuando el teléfono sonó. Era Manuel, un amigo de Felipe, que además trabajaba en una agencia de prostitutas caras (call girls).

-Haló.
-Don Felipe, es Manuel, cómo esta?
-Bien, y tu? Qué cuentas.
-Bueno, le llamaba porque estoy aquí con Samantha y quisiera presentársela. Ella arde en deseos de conocerlo.
-Bueno, si quieres ven y les invito un trago.
-Ya esta. Entonces dentro de unos treinta minutos estamos allá.

Con la conversación y los tragos, los tres se habían puesto más relajados.
Cecilia aprovechaba cada movimiento para enseñar que por debajo de su falta no llevaba nada más puesto. Es así que cuando se estiraba en el sillón entreabría  las piernas enfrentando a Felipe y Carmen con una chucha depilada muy bien puesta. Aparentemente, Cecilia disfrutaba grandemente de que los dos miraran entre sus piernas.

Al rato se oyó unos golpes en la puerta y Felipe se levantó a abrirla. Era  Manuel acompañado de una mujer extremadamente atractiva. Enseguida Manuel se la presentó a Felipe diciendo: esta es Samantha, la chica de la que le hablé por teléfono. Felipe le dio un beso en la mejilla y entraron a la oficina.

Allí Felipe presentó a Samantha a Carmen y Cecilia. Inmediatamente, Carmen se hizo un poquito a un lado para permitir que Samantha se sentara al lado suyo y empezaron a conversar entre las dos, mientras Felipe y Manuel se dirigieron a la cocineta a preparar los tragos.

Era obvio, que desde que Carmen miró a Samantha, ésta le había gustado. Regresaron Felipe y Manuel, el primero se sentó con las dos chicas y Manuel junto a Cecilia, con quien empezó ha hablar amigablemente. Le contó que el trabajaba en una agencia de putas caras y que si ella tenía interés le podía incluir en su plantilla. Mientras tanto, Felipe y las dos chicas conversaban animadamente.

Hablaron de muchas cosas, a cada rato alguien contaba algún chiste picante y los cinco reían animadamente. De repente, Felipe se levanto y tomó por las manos a Carmen y Samantha y las llevó a una habitación contigua en donde el tenía un dormitorio armado para cuando le cogiera la noche trabajando quedarse allí mismo a dormir. Ni bien Felipe cerró la puerta, Carmen y Samantha se entrelazaron en un beso apasionado. Se veía como sus lenguas hurgaban sus bocas profundamente. Sus manos recorrían sus respectivos cuerpos esparciendo caricias por todos lados. Felipe las miraba extasiado. Las dos se tumbaron sobre la cama sin soltarse. Felipe se les unió y mientras ellas se besaban el
acariciaba a ambas por encima de sus ropas. Les besaba en  la parte de atrás del cuello. Los tres fueron despojándose de sus ropas simultáneamente. Mientras tanto se besaban y acariciaban sin cesar. Una vez desnudos, Carmen agarró la verga de Felipe y se la introdujo en la boca mientras Samantha le abría las piernas y le mamaba la chucha. Felipe frotaba la mojada chucha de Samantha, introduciendo sus dedos en ella. Pronto, su dedo índice topaba el punto de G de Samantha, el anular bordeaba su culo y un tercer dedo, sobaba lentamente el clítoris de Samantha.

Pronto los movimientos de los tres se hicieron más intensos. Los tres cuerpos se convulsionaban al unísono con un orgasmo general verdaderamente de otro mundo. Carmen mamaba la verga de Felipe tratando de no dejar escapar ni una gota de su la leche que vertía de ella sin cesar. Samantha trataba a toda costa de introducir su lengua lo más adentro posible en la chucha de Carmen. Sorbía los jugos que esta botaba fluidamente. Felipe frotaba con fuerza, pero con cariño dentro y fuera de la chucha de Samantha y su dedo hacía las delicias dentro del culo de la misma. Con su mano libre acariciaba e introducía un dedo en el culo de Carmen.

Al finalizar los tres se miraron extasiados y rieron a carcajadas no recordando cuando habían tenido un orgasmo tan fuerte y prolongado. Permanecieron un largo rato mirándose y acariciándose suavemente el uno al otro. Finalmente se acordaron de Manuel y Cecilia y se vistieron rápidamente para salir a donde ellos estaban.

La tarde continuó entre tragos, chistes y caricias que los tres se propiciaban frente a Manuel y Cecilia. Después se despidieron todos prometiéndose volver a repetir tan calurosa manera de tener sexo.

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 Octavio

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