Colegiala traviesa
 Kenizé
Viví desde los 8 a los 16 años en un internado femenino. En mi país, la educación es obligatoria hasta los 18, pero por un asunto que os contaré en breve tuve que cambiar de colegio... eso sí, con unas notas brillantes en química...

Ese curso empezó de manera especial. El profesor Andrele se había jubilado y todas esperábamos que su suplente, María Esbera, ocuparía su puesto; pero no... La llamaron para un proyecto en los laboratorios del gobierno y por supuesto, no pudo ni quiso decir que no.

Entonces llegó el substituto... un hombre de mediana edad, de unos 43 o 44 años bastante atractivo. La verdad es que atractiva nos parecía casi cualquier cosa, porque excepto los fines de semana que hacíamos pequeñas escapadas al centro de la ciudad aprovechando que la vigilancia era menor, no veíamos un hombre ni a un chico en semanas, si no era en las fotos de novios o hermanos..

En fin, el problema fue que aquel curso, por motivos familiares, los estudios se me resintieron un poco. Yo era bastante estudiosa, pero la química ese año no me entraba... la verdad es que me apetecía que me "entraran" otras cosas. Tenía yo 16 años, pero un cuerpo de mujer formada: cintura estrechita, un buen culo y por herencia de mi madre... una 100 de pecho, eso sí, duras y firmes como el acero... y eso lo veían los chicos del fin de semana, los cuales se me acercaban bastante por mi fama de zorrilla, pero... ¿que tiene de malo disfrutar del sexo cuando ya estás preparada?
Mi profesor también se había dado cuenta de mi cuerpo. Lo notaba cuando me sacaba a la pizarra, cuando "casualmente" recogía algo del suelo y él estaba detrás mío... sabía que la faldita azul marino no era suficiente para que no se viera algo más que mis piernas...

Total, que llegó el fin de curso y aproveché sus apetencias para aprobar esa asignatura que tanto se me resistía. Fui a verle a la sala de profesores el viernes, cuando sabía que sólo un profesor se quedaba de guardia para hablar de mis progresos. Eso sí... olvidé ponerme sujetador y braguitas.

Hola Alberto - le dije tal como entré

El ni contestó. Levantó la cabeza y su mirada fue directamente a mis pechos. Viendo como la camisa que transparentaba el marrón de mis pezones, estaba a punto de reventar... supo a lo que venía, pero yo me hice la despistada: - Vengo a hablar de mi último examen, creo que lo puntuaste muy bajo. Mientras, disimuladamente había desbrochado un botón de la camisa.. Me incliné cerca de su cara y con el peso de la gravedad, saltaron un par de botones más y el pecho izquierdo se salió, erguido y deseoso de jugar.

Alberto, mi profesor, siguió sin decir nada. Agarró fuertemente ese pecho, magreandolo hasta que el pezón se puso duro... lo metió en la boca y empezó a chupar como un niño pequeño. Mientras su otra mano, separó el resto de la camisa y sacó el otro pecho y empezó a alternar el chupeteo de un pezón a otro. Me levantó la falda y me quiso comer mi coñito, pero le paré... me agaché, desabroche su pantalón y salió una verga inmensa que ya estaba durísima y la metí entre mis dos pechos, haciéndole una paja increíble... después se la empecé a chupar con fruición. Primero el glande, luego abajo, arriba, abajo... y hasta el fondo, porque me agarró la cabeza y me hizo tragar ese pedazo de polla hasta que me rozó la campanilla de la garganta. Casi me ahogo! Intentaba sacármela, pero el me empujaba la nuca para metérmela más y más adentro...de pronto aquello empezó a temblar y su semen caliente llenó mi boca, saliéndose por las comisuras de mis labios.
Sin lavarse ni nada, me levantó y abrió mis piernas y me empotró contra el escritorio: una y otra vez me clavaba su inmensa polla, y mientras empujaba, sin querer tiré la lámpara del escritorio...estropicio que oyó la celadora, y al entrar a ver qué había pasado, nos pilló en pleno apogeo mientras yo tenia mis dos piernas sobre sus hombros.

Ni os cuento lo que pasó allí: expulsiones, expedientes, padres llorando.... y yo, con un cambio de colegio que tampoco no fue nada mal (eso ya os lo contaré otro día). La suerte fue, que en el momento que había llegado a su despacho, él ya había enviado sus notas desde su PC y tenía un excelente!!! Así que no hacía ni falta habérmelo follado (o que me follara él, si vamos a ser sinceros), eso sí... que me quiten lo bailao!!!
 

Kenizé
 
 

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