La reforma de mi cocina
 Kenizé
Las 7 y media de la mañana y aún con el albornoz puesto! Hoy seguro que llego tarde a todos lados... y encima, tengo que esperar al de la reforma de las cocina. Mi marido se ha empeñado en que nos la haga un amigo suyo que se dedica a las chapuzas, pero va y al cabrón le sale una reunión de última hora y me tengo que quedar yo esperándole.
 
Llaman a la puerta.. ¿Quien debe ser? Jaime (que por lo visto se llama así el colega) no tiene que venir hasta las 8. Será mi marido que olvidó algo. Contesto por el interfono:

- Daniel eres tu?
 
- No soy Jaime, el de la cocina.
 
Ufffff, abro y dejo que suba, pero no me da tiempo de cambiarme porque en seguida ya está llamando a la puerta de arriba. Hacemos las presentaciones mientras le indico donde está la cocina.
 
- ¿quieres tomar un café? le pregunto mientras me hago uno para mí.

- Si gracias, un cortado
 
Ya estamos, pensé yo. El carajillero de toda la vida. Seguro que ahora me pide que le eche un chorrito de algo. Pero no, me pregunta sólo donde está la leche y le señalo encima del mármol.
 
La coge y me roza mientras dirige su mano hacia el brik. Creo que ha sido inconscientemente, pero a mi me ha erizado el vello de mi cuerpo.
 
Hablamos un poquito sobre su relación con mi marido y de cómo quiero que quede la nueva cocina. Pero veo que no deja de fijar su vista en la abertura del albornoz, mirando mis pechos... Hago como si me cayera algo y me agacho enfrente de él, dejando que vea un poco más de mis tetas. Son bastante grandes y del peso, se salen del albornoz. Me incorporo, y él, sin decirme nada, empieza a rodear la aureola de mis pezones con suavidad, hasta que mis pezones se ponen duros. Se mete uno en la boca mientras me magrea mi otra teta con fuerza. Me encanta esta sensación y sé que Daniel no volverá hasta la noche... Me siento encima de la mesa de la cocina y abro mis piernas, dejando ver mi coño depilado.
 
Él se lanza hasta mis bajos como un loco. Me empieza a lamer la raja y va buscando mi clítoris. Lo chupa, lo suelta, lo pellizca... me hace gozar como una perra..
 
Se baja los pantalones y me va a clavar su polla, pero le paro. Primero quiero hacerle una mamada que no olvide en su vida... Me encanta chupar pollas y empecé con el tronco, lamiéndole y siguiendo las venas que se le marcaban. Luego dejé las sutilezas y me la metí en la boca, chupando con fruición. Cuando llegaba a la base del capullo le apretaba un poco más para que le diera más placer. El me apretaba la cabeza contra su polla y me iba marcando el ritmo mientras le iba haciendo un masaje en los huevos. Saqué su polla de mi boca y volví a meneársela mientras le chupaba los huevos. Se iba calentando de mala manera, porque aquella chorra le estaba empezando a temblar.
 
Entonces es me volvió a agarrar y me sentó en el mármol de la cocina. Ese helor en mi culazo y en mi chochito me hizo estremecer. El se dio cuenta y aprovecho ese momento para abrirme las piernas con fuerza y metérmela entera en el coño de un sólo golpe. Empezó a empujar y bombear con violencia. Me levantó del mármol y amarrándose a mi culo me siguió follando a peso y me mordía los pezones.
 
- Aaaaaaaaaah, pedazo de cabrón, dale más rápido, venga...
 
Dicho y hecho, me tumbó en suelo y empezó a embestir mientras me agarraba las muñecas.
 
- ¿Ahora si? ¿Te gusta zorra? seguro que de pequeña te hacías dedos con los muñecos...
 
- Me encanta, me voy a correr ya mismo, no la saques, aaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh. Justo en ese momento en que me corría, noté en mis entrañas un chorrazo de leche caliente. El muy hijo de puta se había corrido dentro de mi, sin avisarme y se había perdido todo mi postre... yo quería bebérmelo y así se lo dije.
 
Una voz contestó: no te preocupes zorrilla, bébete la mía.
 
Me giré de golpe y vi a Daniel con su pollaza fuera. No sé ni cuanto rato llevaba ahí chascándosela, sólo noté su tranca en mi boca a punto de correrse y su voz susurrándome: Feliz Cumpleaños, puta.
 

Kenizé
 
 

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