Casualidades
 por Pauline en la playa
.......para ella, para él.

Una noche, no hace mucho tiempo tuve una de esas conversaciones que no llevan a nada y que tanto me gustan. Divagar por el simple gusto de hablar. Él, enfrascado en que eran posibilidades de que ocurran las cosas, yo, alegando que no eran más que simples casualidades con las que tropezamos día a día.

Él siempre quiere tener la razón, le hace sentir bien pensar que te ha convencido con sus argumentos, así, que por no provocar una segunda ronda de divagaciones sobre las casualidades, diré que ha sido la posibilidad de que pasen las cosas lo que ha hecho que está mañana me topara con ella en el tren.

Tampoco diré que se parecía mucho a mi o viceversa ya que esto me llevaría a otra discusión con él, que siempre dice que este tipo de afirmaciones demuestran que las personas que las hacen carecen de una visión global de la situación o de la persona. Pero aún así, las similitudes han sido innegables. Y que él diga lo que quiera.

Y queriendo hacer una visión global de ella intentaré describir únicamente los atisbos que nos diferencian, aunque ya por adelantado sé que caeré en los detalles que inevitablemente nos han unido.

Empezaré diciendo que era más guapa que yo y que esta belleza residía prácticamente en sus labios que me han parecido perfectos y que perfilaban una media sonrisa picara y juguetona acorde con el movimiento de sus rodillas. Del vaivén de sus rodillas mejor no hablar ahora, ya que el mío era muy similar al de ella.

Otra diferencia visible y que me sería recriminada no indicar es su cabello. Su media melena pelirroja contrastaba con mi corto flequillo oscurecido a base de un tinte de color azabache.

La posibilidad de que coincidieran nuestros nombres era muy dispar, pero yo confundida ante la intensidad de sus ojos de color igual a los míos, he hecho que coincidieran, cosa que le ha provocado una sonrisa felina a toda regla que a mi me ha dejado aturdida.

Él me dirá que soy una mentirosa y en este caso no podré rebatirle en absoluto; sólo podré decir que cuanto sé lo he aprendido de él.

- Anda, que coincidencia! – Dijo Laura.

Lo que también ha quedado demostrado esta mañana es que Laura es un poco más atrevida que yo. Después de varios minutos en los que no nos hemos quitado el ojo la una de encima de la otra, ha sido ella la que se ha levantado y ha venido hacia mi.

En ese momento, mientras ella acortaba la distancia de los pocos asientos que nos separaban pero que ya nos habían unido, me he fijado en sus caderas y me atrevo a decir que las mías son ligeramente más anchas, por si a alguien le interesa el detalle.

Y dando un salto brusco en el tono de los detalles explicaré que aunque el tamaño de nuestras tetas era afín y ausente de detalles desiguales a los que me pueda aferrar, sus pezones divergían sustancialmente de los míos. He sentido envidia de ellos y mientras se los acariciaba con la yema de mis dedos he podido complacerme con el tacto suave de sus aureolas.

La ausencia de ropa interior no puedo decir que nos diferenciara en absoluto, es más, digo que es el detalle que más nos ha unido y también digo que es una lastima que no pueda hablar sobre él si no quiero caer en la carencia de visión global de la situación.

Así que retornando a encontrar las diferencias entre la una y la otra señalaré tomando como referencia las palabras de él, que el sabor de Laura siendo exquisito no se parecía en nada al gusto salado que él siempre dice que tengo.

La he besado y he saboreado el perfil de sus labios, sabía a miel caliente. Dulce miel que impregnaba mi boca, mis labios y mi lengua mientras nos besábamos a escondidas de las miradas de los otros viajeros.

Y justo en este momento, cuando me dispongo a hablaros de las preciosas manos de Laura, que son más finas y con una manicura realmente impecable comparadas con las mías, que me muerdo las uñas, él me interrumpirá y saltándose sus anteriores argumentos me pedirá que por favor obvie los detalles sobre la manicura y demás y retroceda al punto donde la ropa interior brilla claramente por su ausencia. Me pedirá detalles y detallitos de cómo ese hecho claramente morboso nos ha unido a Laura y a mi, me exigirá los pormenores de cómo ha ocurrido todo y reclamará un relato casi táctil de lo ocurrido en el asiento de tren.

Ahora sabiendo que él está ansioso por oírme hablar empezaré de nuevo diciéndole que esta mañana en el tren por casualidades de la vida he tocado y me han tocado el cielo.

Le recordaré con una sonrisa en los labios la última noche que pasamos juntos y la fantasía que tenía de depilarme el coño; como minuciosamente con su maquinilla de afeitar fue rasurándome el pubis y como desde atrás, separando mis nalgas me dejó perfecta, sin un sólo pelo.

Le explicaré como esta mañana, cuando él ya se había ido, me miré y me toqué la suavidad que él había dejado entre mis piernas mientras pensaba en como sacarle partido y en como ,quizás, hacer realidad una de mis fantasías.

Y el momento era entonces ya que aquella mañana tenía que coger un regional para ir a comer a casa de un antiguo amigo de la facultad que vive en Sitges.

Le diré que me di una ducha de agua caliente y acto seguido sin pensarlo me vestí poniendo el tanga dentro de mi bolso. Durante el trayecto en metro hacia la estación no paré de arreglarme la minifalda y en una ocasión a punto estuve de entrar en los servicios y olvidarme de mi perversión, pero me armé de valor y me subí al tren.

El tren estaba casi vacío y yo apenas podía mirar a nadie, la vergüenza me invadía y en aquel primer instante tan solo quería llegar a mi destino y poder comer tranquila con mi amigo.

Pero de repente todo cambió, cuando unos asientos más adelante vi a Laura. Era guapa y el hecho que fuera pelirroja captó mi atención pero fue al bajar la mirada cuando todo tomó otro color, se me iluminó la cara. La miré a los ojos y al ver su pose de distraída y el vaivén de sus rodillas no pude hacer más que sonreír.

Él me interrumpirá y dirá que no, que no puede ser, que me lo estoy inventando. Yo le diré que se callé por una vez, que no sea maleducado y que me deje continuar.

Le comentaré que sus rodillas me dieron el valor suficiente para ir abriendo mis piernas e ir tomando la inclinación justa en el asiento para que ella pudiera ver lo mismo que ella le mostraba al mundo. No sabré como describirle la emoción que sentí cuando noté que la chica posaba sus ojos en los míos, descendía su mirada dentro de mis piernas y volvía a mirarme a los ojos.

En la distancia, de unos pocos metros, yo miraba el coño de Laura y ella parecía no perderse detalle del mío. Juro que sentí la necesidad de acariciarla y prometo que deseé que ella se acercara, se sentará en mis rodillas y poder perder mis manos por toda ella. Poder besarla mientras la desnudaba. Poder apresar sus pechos entre mis dedos mientras los suyos tocaban mi coño rasurado y los míos dejaban de pellizcarle los pezones para empezar a penetrarla con dos de mis dedos, mezclando así nuestro placer y nuestra humedad.

- Hola. ¿ Puedo sentarme a tu lado?

Se sentó a mi lado, evidentemente, y perturbada como me encontraba sólo acerté a decirle que me llamaba como ella. Comentó que aunque cuando salió esta mañana de casa no pensaba acabar sentada al lado de una chica, todas estas coincidencias parecían no dejarnos otra salida. Me costaba articular palabra, pero aún así, le dije que sí, que era imposible obviar esas deliciosas casualidades.

Él, tozudo como el que más, dirá que no existen las casualidades, que simplemente esta mañana al salir sin bragas a la calle tenía la posibilidad de encontrarme con otra chica que tampoco llevara. Le diré que sí, asintiendo con la cabeza o simplemente soltaré una sonora carcajada. Continuará replicando y yo le silenciaré besándolo como Laura me besó en el tren.

Laura me besó acariciándome con sus perfectos labios y me entregó su dulce sabor a miel. Apresó mis labios entre los suyos e introdujo su cálida lengua en mi boca. Cálido y húmedo calor que me estremeció mientras empezaba a introducir mis dedos por debajo de su falda. Ardiente y fresca excitación la que encontró en mi piel desnuda. Sus otros cinco dedos buscaron mi ombligo y al notar sus tibias caricias en mi cintura mi boca empezó a morder sus labios y mi lengua perdió el control unida a la suya.

Le diré, mirándolo fijamente a los ojos, que en aquel momento ansiando tener los dedos de Laura dentro de mi, la penetré de un solo golpe, sintiendo sus suspiros cerca de mi cuello. Su boca acarició mi nuca y una de sus manos aprisionó bruscamente una de mis tetas. La capturó entre sus dedos y mientras los míos hacían que ella abriera cada vez más las piernas un susurro de placer se escapó de mi ser.

Volvió a besarme, pero esta vez sus labios no aprisionaban los míos ni su lengua jugaba con mi lengua; sorbía deliciosamente mi pezón, mordisqueaba todo el contorno y con la mano me pellizcaba el otro enrojecido pezón. Saqué los dedos de su coño para poder saborear el deleite de miel caliente de Laura e inmediatamente penetrarme con esa dulce mezcla de miel y saliva.

Laura levantó su boca de mi pezón y mientras con las manos seguía acariciándome los pechos me pidió que volviera dentro de ella; la obedecí y esta vez puse un tercer dedo dentro de ella. Me correspondió tocándome el clítoris, besándome los senos y cuando con mi mano libre empecé a pellizcar sus pezones alternativamente se introdujo en mi coño. Nuestros dedos resbalaban dentro y fuera de nosotras. Nos masturbábamos con los dedos y nuestras caricias iban más allá de nuestra piel.

Llegado a este punto, a él, ni siquiera le quedarán fuerzas para interrumpirme con la palabra. Su polla parecerá que vaya a romperle el pantalón.

Y es que la polla de Iñaki me encanta. No es como otras que saben insípidas y no huelen a nada. Su polla desprende un olor morboso que hace que me encante chupársela; es una delicia de olor exótico que hace que me excite cada vez que hundo mi cara en su entrepierna.

Le miraré, desabrocharé su pantalón y sentiré como me arropa entre sus piernas. Empezaré a comerle con deliciosos bocados y oiré como me dice cuanto le gusta que con los labios enrojecidos y húmedos de saliva aprisione su pene, y que con la boca completamente abierta y forzando las comisuras vaya follándole, mientras, Iñaki se ira moviendo lentamente, murmurará algunas palabras inteligibles y acariciará mi nuca, subiendo y bajando sus dedos por mis cervicales. Los clavará en mi piel mientras yo voy jugando con mi lengua en su polla.

Se correrá en mi boca. Y Laura no derramará ni una sola gota.

por Pauline en la playa
 
 

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