Contigo
 La rosa descalza
Siempre había encontrado palabras que me resultaban útiles a la hora de definir sensaciones, emociones, estados de ánimo, el placer y el dolor. Siempre, hasta ahora.

Tú me dejas sin palabras... Es mi alma la que me dicta estos sentimientos, en voz alta, para llegar a ti. Intento sustituirlas por silencios y en cada una de ellas enviarte una caricia.

No sé describir lo que siento cuando tú apareces y yo sé que estás ahí. No puedo fingir que no te he visto. Estás ante el ordenador, igual que yo. En este momento estamos unidos. Tus ojos recorren cada una de mis palabras y yo quiero entregarte en ellas todas las inmensas sensaciones que despiertas en mi cuerpo cuando estoy contigo.

Es como una fuerza misteriosa que no sabe por dónde salir y lo hace a través de mis manos, de mis dedos. Ahora para escribirte y luego para acariciarte.

Voy acercándome a ti y siento como crece la excitación en cada latido. Es la emoción por descubrirte.

Estoy detrás de ti. Desnuda. Sólo llevo un braguitas blancas. Descanso mis manos en tus hombros y mis cálidos labios empiezan a recorrer tu nuca, besándola, mordiendo dulcemente tu cuello. No te muevas, ni te gires. Déjame darte placer.

Siénteme....

Mi cuerpo pegado a tu espalda y mi respiración acelerada cerca de ti. Susurrándote al oído esas palabras sugerentes que tanto te gusta oír. Mis manos bajando despacio por tu pecho. Acariciándote. Subiendo para quitarte la camiseta hasta dejar tu torso desnudo. Desnúdate... No quiero barreras entre tu piel y la mía. Apoyo mis pechos en tu espalda para sentir el calor de tu cuerpo, buscando tu cobijo. Rozándote con la dureza de mis pezones. Ardientes. Sedientos de ti. Pellizco los tuyos suavemente. Notas mis manos frías en tu piel. Sientes mi boca caliente en tu cuello. Mojándote con mi lengua, lamiéndote. Un escalofrío de deseo. Calor y frío.

Mírame....

Te miro a los ojos y lees en ellos que no te pido nada. Sólo quiero éste momento para mí. Y sientes que estamos conectados por un deseo. Un mismo deseo.

Me dejo llevar por el instinto y el me lleva a ti. Desde éste instante, tus manos son las mías. Tengo ganas de tocarme. De tocarte.... De que tú sientas conmigo.

Tócame....

Me siento a horcajadas encima de tus piernas. Quiero sentir tus manos entrelazadas con las mías, los dedos apretando, aferrándose fuertemente.
Son tus manos las que ahora tocan mi cuerpo, recorriéndolo con la punta de tus dedos, capturando sus formas. Tus dedos en mis labios delineando mi boca y mi lengua persiguiéndolos. Bajando por mi cuello, en línea recta, pasando entre mis senos sin detenerse hasta llegar a mi ombligo. Rodeando mi cintura con tus manos y marcando un camino ascendente por mi espalda hasta llegar a mis hombros. Para volver a bajar y quedarte en el refugio de mis pechos, sintiendo entre tus dedos la excitación de mis pezones. Apretándolos. Caricias improvisadas y anheladas. Tu mirada hablándome de pasión. Prolongando el placer.

Bésame...

Acerca tus labios a los míos, rozándolos levemente. Recorro poco a poco el contorno de tu boca con la punta de mi lengua. Son tiernos, jugosos, húmedos. Dibujados por el deseo y te invitan a entrar. Necesito tu lengua, quiero casi correrme con el primer contacto de ella. Sé que me espera, y yo a ella. Hundo mi lengua en tu boca, primero tímida, después incisiva. Como si de un nuevo sabor de ácido se tratara notamos como un escalofrío recorre nuestros cuerpos. Me estremezco al sentir tu calor, tu saliva, tu sabor. El calor y el deseo se escapan por nuestras bocas. No le dejes ir, atrápalo en cada beso. Tiemblo, pero no siento frío. Saboréalo... Es el temblor del deseo.

Abrázame...

Hoy necesito que me abraces fuerte. Sin que nada me separe de ti, de tu cuerpo. Rodéame con tus brazos y acércame más a ti. Mis piernas enroscadas en tu cintura. Tu aliento en mi cuello. Mi pecho unido al tuyo. Tu sexo erecto rozando en el mío. Nuestras pieles formando otra piel. Un único tacto, un solo aroma, un mismo sabor. Desbordando todos los sentidos. Átame a tu cuerpo y no me sueltes hasta llenarme de ti... Te quiero amor.

Ámame...

No puedo evitarlo, mi cuerpo entero se deja llevar por el ritmo de las sensaciones. Muerdo mis labios. Los humedezco mirándote, tus ojos me encienden de deseos. Cojo tus manos y las acompaño al interior de mis piernas. Sabes lo que te piden. Las dejo solas acariciándome los muslos. Besándonos sin cesar. Comiéndonos a besos.

Con impaciencia guío tu mano a mi sexo. Me acaricias por encima de las braguitas y las apartas a mi ingle. La palma de tu mano abierta apoyada en mi sexo, presionando suavemente mi clítoris. Tus hábiles dedos resbalando por mis labios. Mi coño, caliente, mojado, abierto, dispuesto a recibirte. Siento como entran y se deslizan en mi interior. Los mueves, cada vez más rápido y como se convierte en una danza de fuego que me derrite por dentro. Me retuerzo encima de ti. Me corro gimiéndote en la boca. Muerdes mis labios capturando cada suspiro de placer... Te deseo.

Fóllame....

No puedo más, me muero de ganas. Necesito sentir tu polla dura entrando en mi. Me inclino sobre tu mesa, de espaldas a ti. Mi cuerpo invitándote, ofrecido, y entregado a ti. Me bajo las húmedas bragas hasta los tobillos. Separo las piernas. Tus manos en mis caderas. Frotas tu polla por mi culo, deslizándola hasta rozar mi coño empapado que aún sigue latiendo. Vas penetrándome lentamente, sintiendo como mi sexo aprisiona tu verga. Agarras mis nalgas y las aprietas juntándolas. Inicias un balanceo rítmico, demoledor. Cada vez te siento más dentro.

Métemela fuerte... Sé que te gusta así. Las embestidas se aceleran. Los gemidos incrementan en cada nueva entrada. Acoplándonos en un movimiento frenético que ahora me está volviendo loca. Paso mi mano entre mis piernas para acariciar tus huevos mientras tú me follas. Arqueo la espalda. Me coges del pelo para dirigir mi boca a la tuya. Me lames la cara. Muerdes mis labios. Los jadeos anuncian el orgasmo. El ritmo es salvaje, bestial. Sáciame de ti.

Espera... Para. ¡¡Sshh!! Calla, no digas nada. Confía en mi. Sólo siente...

Relájate...

Los dos de pie, frente a frente. Calientes, muy calientes. Excitados. Beso tu cuello. Mi lengua baja por tu pecho y no se detiene. Me pongo de rodillas, delante de ti. Cojo tu polla con mi mano. Está muy dura, caliente, mojada de ti, de mí...de nosotros. La muevo despacio, no quiero que te corras todavía. Masajeo tus testículos. Los lamo. Meto mis dedos en tu boca para que los chupes. Ensalivados de tu vicio los hundo en mi coño, humedeciéndolos con mis jugos para que queden bien lubricados, y los llevo a tu culo. Yo también quiero entrar en ti. Mírame, no dejes de mirarme.

Tu polla en mi boca. Deleitándome con la lengua en tu capullo, lamiéndote de arriba a abajo, rodeando tu glande, aprisionándolo con mis labios. Engullendo poco a poco toda tu verga hasta tenerla por completo dentro de mi boca. Succionando con avidez, cada vez más rápido. Mi dedo entrando y saliendo de tu culo al mismo ritmo que mi lengua lame tu polla. Mi boca y mi dedo follándote. Tu cuerpo se tensa. Eyaculas. Te fundes en mi boca. Tu leche caliente en mis labios resbalando por mi cara. Mi lengua lamiendo tu capullo. Mojo mis dedos de ti. Acaricio con tu semen mis pezones, bajando por mi vientre hasta clavarlos en mi sexo. Me masturbo mojándome con tu orgasmo.

Bésame ahora...

El sabor de tu semen impregnado en mis labios. La respiración entrecortada. Tu boca sabe a vicio, la mía a sexo. Mezclamos nuestras salivas y nuestro placer. Tu lengua furiosa luchando con la mía en un combate de lujuria, pasión, y amor.

Llámame....

Estoy nerviosa, pero quiero oír tu voz excitada. Háblame tú. A mi no me salen las palabras, mis gemidos las ahogan. Necesito sentirte y que tú me sientas. Tu orgasmo es mi placer.

Dime un sitio dónde ir al encuentro de tu voz, tu piel, tu calor, tus besos, tus caricias, tu amor...

¿Sabes?... Hay citas que se conciertan sin decirlo. Encuentros que se pactan en el silencio. Nosotros lo hacemos todos los días. Todas las noches. En éste momento. Cuando tu te vas renuevo la voluntad de volverte a encontrar, con la esperanza de volverte a amar. Amándonos como si nunca hubiésemos amado. Descubriendo un amor nuevo en cada encuentro. Espontáneo. Transparente. Sincero. No quiero amar sino es contigo.

Tal vez soñé que te bastaba llegar hasta aquí, escapando quizás de algún naufragio, recuperando el aliento a la orilla de mis labios. Y desearemos que la noche venga lenta, que no se apaguen las estrellas radiantes de luz en esta noche encantada. No te vayas nunca. No puedo estar sin ti.

Cómplice de mis noches... Enloquecería, si antes del amanecer no te hubiese dicho cuanto te quiero. A veces, sueño que no amanece... Que nos perdemos en el silencio de la noche.

Y ahora. En éste instante, vuelvo a sentir que tengo más ganas de ti. Quédate conmigo.

Sonrío. Cierro los ojos. Una sensación que me llena. Me invade por dentro. Y siento, que en mi sueño yo te tuve. Desde esa noche, sueño con tu melodía. Cierra los ojos, y siempre estarás junto a mí. Una noche inolvidable. Contigo.
 

La rosa descalza
 
 

Volver al de Indice de La rosa descalza