Sorpresas te da la vida
 por Alatriste
Las calles estaban colapsadas, las fiestas navideñas hacían intransitable el centro de la ciudad y yo tenía la sensación de ser prisionero de mis propias comodidades. Hubiera sido mejor dejar el coche en casa, pero luego por la noche no hay quien encuentre un taxi. No estaba muy lejos del restaurante donde había quedado con mi mujer y unos amigos, el teléfono sin batería y ya pasaban más de 10 minutos de la hora en que habíamos quedado. Soy asquerosamente puntual y eso me hacia sentirme mal, no soporto la falta de puntualidad de los demás y cuando yo llego tarde a una cita un mecanismo interior se encarga de crearme ansiedad.

Por fin encontré un parking próximo al restaurante. Entré y empecé a bajar por una rampa circular. Fuera quedaba el bullicio de las calles y su derroche de iluminación y color. La luz mortecina de los fluorescentes empastan los pocos colores que decoraban el parking, grises y azules desconchados se mezclaban con un suelo grasiento y sucio. Después de unas cuantas vueltas conseguí llegar a la última planta donde encontré una plaza entre una columna y un todo terreno que apenas me permitía entrar.

Una vez  que dejé el coche la odisea empezó para encontrar la salida correcta del parking sin tener que volver a subir por la rampa de acceso de los vehículos. A unos diez metros vi una mujer que se dirigía segura hacia un extremo de la planta. Enseguida encontre un cartelito donde había dibujado un ascensor y la palabra: salida. No cabía duda, iba en la dirección adecuada. Tal vez esté exagerando un poco, pero llegaba tarde y aumentaba mi ansiedad.

Normalmente cuando las cosas van mal, suelen tender tendencia a ir a peor. Seguí a la mujer y tras atravesar una pequeña puerta vi como llamaba al ascensor. Su mano fue al culo y por encima de la falda intento recolocar su ropa interior. Al descubrir mi presencia retiró la mano y se puso a mirar el indicador del ascensor, la flecha señalaba que bajaba.

Esas situaciones suelen ser embarazosas, yo intenté disimular para no incomodarla. Le salude con un “hola” a lo que contestó con un sonido ininteligible. Lo único que consiguió es que la repasara de arriba abajo. Llevaba una cazadora de cuero, una falda negra corta y ajustada, unas medias de rejilla y unas botas altas que acaban en punta. Su media melena castaña tapaba el cuello de la cazadora. Su rostro estaba adornado con unas gafas de fina pasta negra. Realmente iba vestida para matar.

Se abrieron las puertas y entramos en el ascensor. A través del espejo podía ver su espalda. Ella  estaba nerviosa, no paraba de moverse. Por unos instantes imaginé que le levantaba la falda y allí mismo la poseía. Mientras pensaba eso sentía palpitar mi polla que se estaba despertando. Se abrieron las puertas y salimos a un portal que daba a la calle. Ella se dirigió muy decidida hacia la izquierda. Yo me resitué y me fui hacia la derecha en busca del restaurante.

Al entrar en el comedor, enseguida encontré la mesa donde estaba mi mujer y una pareja, amigos del trabajo de ella. Me senté y vi que llevaban una animada conversación de un tema del que no tenía ni la más remota idea. Hablaban de su trabajo. Es lo que suele pasar cuando vas de acompañante.

Empezamos a cenar y parecía que la cosa no variaría, yo  bostezaba y ellos seguian enzarzados en su conversación. Pero todo cambió en unos instantes, como una exhalación paso por mi lado la joven del ascensor, iba acompañada por un hombre de su misma edad. Se sentaron en una mesa contigua a la nuestra. Desde ese momento mi cena cambió de punto de atención. Mis miradas estaban más en la mesa de enfrente que en la mía.

La joven se situó de cara a mí y su acompañante me daba su espalda, no tardé en notar que ella me había reconocido. Me miró y una disimulada sonrisa se dibujó en sus labios, pero en seguida aparto la vista, con lo que no me dio tiempo a corresponderle con otra sonrisa.

Mi mirada se perdió bajo su mesa, enseñaba sus muslos, aquella falda corta no le tapaba mucho. Yo disimulaba, hacía como que seguía en la conversación de mi mujer y sus amigos, movía la cabeza afirmativamente sin saber a qué se referían, de vez en cuando hasta decía una frase completa, pero mi mirada y mi cabeza se perdían en el oscuro pasillo que se abría entre aquellos muslos con medias negras de rejilla. Ella se debió percatar y en vez de cerrar las piernas se puso a moverlas, abriéndolas y cerrándolas. Debía  de llevar unas bragas negras pues sólo veía un fondo oscuro. Mi polla se endurecía por momentos, arrime mi vientre contra la mesa y presione mi polla contra la madera.

Cuando ya íbamos por los postres, noté que la joven también me observaba y se traía un extraño juego de manos, había envuelto la servilleta como un rollo y con dos dedos en forma de círculo la recorría arriba y abajo, muy despacio y sin dejar de lanzarme miradas furtivas mientras hablaba con su compañero de mesa. La conversación se iba animando en la otra mesa y ambos reían. Su pareja recibió una llamada al móvil, se levantó y la dejó sola. Entonces la pude ver mejor. Su escote era considerable, llevaba una blusa blanca y los botones abiertos hasta donde se unían las dos copas del  sujetador. Ella con una mano sujetó la servilleta y con la otra siguió acariciándola, me miraba fijamente y yo le aguanté la mirada. En seguida llegó su compañero y ella dejó la servilleta. Yo seguía simulando estar pendiente de lo que se hablaba en mi mesa pero no me perdía un solo detalle de mi excitante desconocida. Ella busco mi mirada e hizo un gesto con los ojos señalando la puerta que daba acceso a los lavabos. Casi revienta mi corazón. Tragué saliva y antes de decir nada bebí un vaso de agua y me levanté disimulando mi erección.

- Voy al lavabo y a que me dé el aire, no estoy acostumbrado a tanto humo, desde que he dejado de fumar….hacia tiempo que no cenaba en un local publico... no tardaré…

Mientras me alejaba de mi mesa y pasaba por la mesa de ella, iba pensando que sobraban tantas explicaciones, sólo se dan cuando los motivos no son claros, mi mente estaba confusa y desde hacía unos minutos sólo se dejaba regir por las palpitaciones de mi polla. Miré de reojo para observar si me seguía la joven. Ella estaba todavía en su silla. Pasé por un patio interior y me quedé quieto en la puerta de acceso a los lavabos esperando verla aparecer. El corazón me dio un vuelco cuando por la puerta apareció su acompañante y se dirigió hacia a mi.

- ¿Qué, sorprendido? ¿quieres follarte a mi mujer?  Me dijo mientras indicaba que entrara al lavabo

Le acompañé sin atreverme a decirle nada. Entramos en los lavabos y volvió a dirigirse a mí.

- te la vas a follar hoy pero antes me vas hacer un favor.

Yo me había quedado mudo, él se me acercó y poniendo su mano en mi pantalón me dijo:

- Joder se te esta poniendo morcillona, con ese rabo no te follas a nadie, antes tendrás que saber lo que es una buena polla .- Cogió mi mano e hizo que le palpara su rabo. Por primera vez en mi vida, siendo consciente de lo que hacia me estaba excitando un hombre, mi polla de golpe se endureció y la temperatura subió. Notaba un sofoco que calentaba mi cara. El tío me indico un lavabo y me hizo sentar en él sobre la tapa del water. Se abrió la bragueta y saco su polla. Yo estaba entre asustado y excitado, y lo que más me sorprendia era precisamente eso, mi excitación, sentirme completamente empalmado. Hacía unos momentos me había levantado de la mesa pensando que aquella mujer me iba hacer algún trabajillo y ahora era yo quien estaba allí, rodeando con mis dedos aquel pene que me miraba desafiante. Sabía como masturbarlo pero mi curiosidad me llevó a probarlo con mis labios, a meterlo en la boca. Cuando lo hice el hombre se estremeció. Recordé la imagen de tantas “pelis” pornos donde veía a la protagonista hacer aquellas mamadas perfectas. Estiré la lengua y rodee el glande, era una sensación agradable rodear con mis labios aquel falo, con una mano le agarraba por el culo y con la otra movía su falo subiendo y bajando su piel por aquel tronco venoso. Mi boca intentaba cada vez engullir mas aquella vara carnosa. Con los labios protegía mis dientes para no herir  la piel sensible de su glande. De vez en cuando succionaba, el seguía respondiendo con pequeños estertores. Cuando más animados estabamos se abrió la puerta y apareció la joven. Entró y cerró. Sin dudarlo fue en busca de mi polla, abrió la bragueta y saco mi polla. Se agacho lo suficiente para poder meterse mi polla en la boca. Entonces me empecé a mover al compás de su mamada, trasmitiendo el ritmo a la polla de su amigo. Ella me mamaba, yo lo mamaba….algo no iba bien, alguien no disfrutaba. El joven saco su polla de mi boca y dijo:

- No quiero desperdiciar mi leche en la boca de un desconocido, Laura, por favor mámamela a mí.

Aquello fue un poco  “el camarote de los hermanos Marx”. Yo me levanté con mi polla al aire y bien empalmada. Ella se situó ante el rabo de su amigo y la engullo hasta la raíz. Me quedé expectante hasta que el joven me dijo:

- Venga, ¿no te la querías follar?, a qué esperas…venga.

No lo dudé me puse detrás de ella que coloco su culo en pompa y con un pie en la tapa del water para facilitar la operación. Su culo estaba cubierto por la malla negra de sus medias.

- Rompe las pantys… que si no, no vas a poder meter tu polla.

Metí un dedo por la maya de las pantys y estirando con fuerza a la altura de su culo conseguí rasgarlas, ella con la mano que tenía libre de la mamada acabó por apartar su tanga y dejarme libre acceso a un coño completamente rasurado. Mi polla no se anduvo con contemplaciones y entró de una sola embestida en aquel angosto espacio, eso sí, mojadísimo. Empecé a bombear con un movimiento de cadera, a meter y sacar mi polla de aquel coño. Conseguimos acompasar nuestros movimientos en una danza ritmica, acompañada por jadeos y gemidos. El chapoteo de mi polla entrando en su coño y los golpes de mi vientre contra sus gluteos sonaban acompasados. Ella contraia con habilidad los musculos de su vagina ordeñando mi verga. Fuera alguien habia entrado en el lavabo.  Miré al joven y le sonreí, él me sonrió y me dijo:

- No puedo más, voy a correrme…. ufff vaya polvo, vaya historia… - y empezó a gemir.

Yo seguí bombeando con mi polla en su interior, ella retiro la boca de la polla de su amigo y recibió todas las descargas en sus gafas. Yo no pude aguantarme y empecé a correrme como un loco, apreté los pies contra el suelo contrayendo mi culo, ralentizando las embestidas contra aquel coño que se estaba contrayendo en pleno orgasmo. Mis manos se aferraron en su culo hundiendo los dedos y dejando una marca casi dolorosa en su piel blanca. Mientras daba los últimos estertores, yo me fui vaciando en aquella mujer morbosa y perversa que me había llevado a aquella encerrona.

Los dos se apresuraron en arreglar sus ropas y salieron del lavabo. Al salir del lavabo un hombre mayor que estaba secando las manos bajo una maquina ruidosa se quedo mirando  con cara de sorpresa, nos había visto salir a los tres del mismo lavabo. Cuando volví al comedor encontré a mi mujer y sus amigos muy animados en la conversación, apenas se habían dado cuenta de mi ausencia.

-¿Ya has tomado el aire, y se te ha escapado el pajarito?- Los tres ríeron con una sonora carcajada. Un chiste muy fácil y vulgar. Me había dejado la bragueta abierta y mientas me subía la cremallera no dejaba de pensar en los dos pájaros que sí se habían escapado sin dejar rastro.

Si los veís por ahi, ir con cuidado, disfrutar de esa mujer bien merece mamársela a su marido. Una experiencia muy interesante, os sorprenderá.
 

por Alatriste
 

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