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La habitación estaba únicamente iluminada por la luz del monitor y la de un flexo que ayudaba a que la oscuridad no fuera absoluta. Había llegado a casa tarde, cansado del trabajo, y me apetecía descansar un rato navegando por la red.Me bajé el correo y me encontré con un mail de Chalexal, una de mis autoras favoritas de relatos eróticos. Enseguida me puse a contestarle al mail, al menos esa fue mi primera intención, pero el sueño me iba venciendo y los ojos se me cerraban.
Me desperté de pronto, en una especie de despacho. Detrás de una mesa una mujer morena, de voluptuosa belleza y con largo pelo recogido me miraba con una sonrisa pícara y me invitaba con un gesto a pasar adelante.
Sin saber aún muy bien donde estaba seguí sus órdenes. Sin articular palabra fui avanzando poco a poco hacia ella. Iba vestida con un traje chaqueta y una falda corta, debajo de la cual se veían unas largas piernas cubiertas por unas medias negras. Estaba de pie, apenas tocando con los dedos de una mano la superficie de la mesa.
A medida que me acercaba podía observar mejor el escote que dejaba la chaqueta, parecía que debajo no llevara nada, teoría corroborada por los pezones marcados como queriéndose salir de la chaqueta.
No mediamos palabra. Me acerqué y ella puso la mano en mi ya excitado paquete. Yo todavía no sabía como reaccionar estaba boquiabierto y ella aprovechaba para besarme mientras su mano ya se introducía en mi bragueta haciendose la dueña de mi cipote, que se endureció entre aquellos dedos. Le aparté la cara un momento de mis labios y le pregunté... -Soy Chalexal, desde luego, estoy dentro de tus fantasías- me respondió. Como si esta respuesta fuera la más normal del mundo entonces ya empecé a desabotonarle la chaqueta y tal y como me había parecido no llevaba nada debajo. Dos hermosos pechos con unos rosados pezones muy erectos fueron enseguida las presas de mis manos. Los manoseaba, pellizcaba los pezones para ponerlos más duros, ella empezaba a gemir y yo deseaba que acabase lo que había empezado con la mano... Pronto dirigí mi boca hacia esos pezones que eran el punto de mi lujuria. Los besaba, los mordisqueaba, los estiraba con mis labios... Se me ocurrió pensar si quizá debajo de la falda no llevara tampoco nada, y mi mano se pasó rápidamente debajo de la prenda para comprobar que efectivamente estaba completamente desnuda debajo. Es más, estaba muy caliente, con una cantidad de flujos que enseguida hicieron que mi mano se sintiera pringosa. Empecé a acariciarle el coño y ella empezaba a gemir cada vez más profundamente, cerrando sus ojos, se notaba que estaba disfrutando. Cuando empezaba a incrementar el ritmo de sus gemidos y preveía que se iba a correr, paré súbitamente mis caricias.
Ella me miró con cara de furia pero su reacción fue muy distinta a la que yo me hubiera podido esperar.Se agachó delante de mí, sacó mi polla, no muy larga, pero según dicen sí que muy gorda y empezó a jugar con ella, a pajearme con su mano, a darle lametones en la punta. Yo eché mi cabeza hacia atrás con los ojos cerrados y me sentía en el séptimo cielo. De pronto un duro apretón en las pelotas y posiblemente algún arañazo con sus uñas me despertaron de mi placer y con cara de mala leche me replicó –Así aprenderás a dejar a una mujer a medias-
La tumbé sobre la mesa y empecé a besarle el cuello, el valle de sus pechos, sin dejar de estimular sus pezones con mis dedos, su ombligo... poco a poco me acercaba a aquella parte que más deseaba, su lindo coño, rasuradito y en ebullición.
Entonces ella me dijo que si iba a hacer algo más me valía que esta vez lo acabara y no volviera a dejarla con ganas... la miré pícaramente y hundí mi cara entre sus piernas. Mi lengua luchaba por meterse dentro de su raja, bajé mis manos y le metí primero un dedo que fácilmente dio paso a otro y a un tercero que entraban por su coño, mientras la otra mano estimulaba digitalmente su ano con un dedo que se introducía despacio. La besé en la boca y pensé en el gran placer que me producía poseerla a través de todos sus agujeros. Sus piernas pronto empezaron a temblar, los dedos que había en su coño empezaron a empaparse cada vez más con sus flujos y besándome aún con mayor intensidad llegó al primer orgasmo.
Volví a bajar hacia sus bajos, pero esta vez con una de mis manos apreté sus labios para obligar a su clítoris a salir al exterior. Me lo quedé mirando y en un principio no le hice nada. Después empecé a soplarle suavemente y ella se estremeció... se me ocurrió una idea maligna.
En un rincón de la habitación había una coctelera. Cogí un cubito de hielo y me lo metí en la boca. Empecé recorriendo su cuello, sus pezones que se ponían duros como piedras al sentir el frio del hielo, su ombligo... toda ella se estremecía y no paraba de gemir.... finalmente llegué donde quería, a su coñito... con el cubito en la boca empecé a hacer una ligera presion para que se le introdujera dentro del sexo, pero estaba tan caliente que el cubito enseguida empezó a derretirse. Ella levantava las piernas más y más, me atrapó la cabeza con las piernas, de nuevo empezó a gemir con fuerza y estremecerse y finalmente se corrió.
No pude aguantar más, me dolían las pelotas de tan duras que las tenía a pesar del rasguño que me había producido con sus uñas. El rabo no hubiera podido doblarlo ni el mejor de los forzudos de circo de duro que estaba.
La hice poner a cuatro patas sobre la mesa, en el borde, y desde atrás empecé a follarla como nunca antes había follado, la sujetaba de las tetas y haciendo fuerza hacia atrás podía de este modo penetrarla más profundamente. Ella empezó a acelerar de nuevo sus gemidos, en esta ocasión creo que sí que conseguí darle el placer que deseaba y de pronto yo.... yo.... yo me sentí estallar, la lava de un volcan en erupción pugnaba por salir de mi cipote y rápidamente salí de su coñito con la intención de correrme sobre sus tetas, pero por desgracia para mi, la realidad fue otra muy distinta...
Me desperté habiendo eyaculado en sueño, todavía confuso, y me preguntaba cómo explicaría al dia siguiente la mancha que el semen había dejado en mis pantalones.
Gentleman
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