|
|
Voy a contaros una de las historias más extrañas que he vivido a lo
largo de mi vida. Fue en mi época estudiantil, en Barcelona. Estuve
lejos de mi ciudad natal estudiando una carrera universitaria,
residiendo en un apartamento compartido con varios compañeros.Era la primera vez que vivía fuera de la casa donde crecí y en cierto
modo fue un nacimiento de mi mismo, de mi verdadero yo, porque dejé
de verme condicionado por el rígido entorno familiar donde fui
educado.En la universidad conocí a una linda muchacha, era muy pecosa,
cabellos rojos y algo menudita de talla. Se llamaba Gloria. Enseguida
me enamoré de ella, de su cuello corto y sus redondas curvas. Era más
bien regordeta pero no me importaba. Nunca me interesaron los físicos
perfectos porque el mío tampoco lo es.Gloria tiene un hermano gemelo que era un poco extraño. Gabriel es su
nombre. Digo que era un poco raro no porque fuera mal chico, todo lo
contrario. Era encantador y simpático. Pero me daba la impresión de
que no podía encontrarse a sí mismo, como si en el interior de su
persona hubiera otra.Salimos a comer juntos alguna vez. La Universidad era muy agobiante
y me sentía solo en aquella ciudad tan inmensa como un océano.A Gloria y a Gabriel les pasaba lo mismo. Por eso nos hicimos muy
amigos e íbamos juntos a todas partes. Gloria me atraía, pero
ignoraba los sentimientos de Gabriel hacia mí. El muchacho se dio
cuenta de que era gay, pero le daba vergüenza reconocerlo. A veces
intentaba disimularlo. Tenía miedo de que en su casa lo descubrieran
y sus familiares le hicieran la vida imposible.Yo tenía unas ganas locas de acostarme con Gloria y Gabriel estaba
loco por acostarse conmigo. Yo no sabía entonces cuales eran los
sentimientos del pobre muchacho que entonces estaba en un mar de
dudas.Un día de lluvia no nos apetecía salir a pasear por la agobiante
Barcelona y nos quedamos los tres en el apartamento compartido.Calentamos una pizza en el horno y nos bebimos un buen priorato que
enseguida se nos fue subiendo a la cabeza. Aquel sabroso vinillo nos
alegró más de la cuenta y enseguida comenzamos a quitarnos la ropa.Jugamos a un strip póquer y así acabamos desnudos los tres. Fue la
primera vez que vi desnuda a Gloria, en realidad aquella fue la
primera vez que vi desnuda a una chica exceptuando las que salen en
las películas.Yo sentía una sensación muy rara, un cosquilleo en toda mi piel. La
chica se me puso a tiro y aproveché la ocasión, la abrace fuertemente
contra mí cuerpo. El contacto de su piel contra la mía me causó un
gran sobresalto. Jamás había sentido lo mismo, era para mi una
sensación nueva y agradable. Pero no me di cuenta entonces de las
miradas de deseo de Gabriel hacia mí.Andaba de un lugar para otro indeciso. Estaba muy cortado y además yo
iba a tirarme a su hermana delante de él. Aquellos primeros toqueteos
entre la chica y yo le pusieron muy nervioso, estaba frenético.Algunas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus temblorosas mejillas
Parecía que en su interior se estaba desarrollando una terrible
lucha, sus sentimientos contra sus prejuicios.Su cerebro era el caos.
Yo iba a mi rollo ignorando su lucha interior. Y empecé a palpar los
senos de la chiquilla que se dejó hacer complacida. En su interior
también se estaba desarrollando una terrible lucha, por una parte el
pudor fruto de su educación religiosa y por otra su oculto deseo de
una sexualidad plena.Ambos nos abrazamos una vez más, sentimos la transpiración del uno
hacia el otro.Mi polla comenzó a excitarse, volviéndose rígida. Yo besé su boca y
mi lengua se estiró todo lo que podía hasta dar diana en su garganta.
Ella a principio parecía apartarse, pero enseguida se dejó llevar y
me pidió más.Nos comíamos intensamente el uno al otro, mientras el pobre Gabriel
se sentía cada vez más confuso.Acaricié sus redonditos senos, no eran voluminosos ni atractivos pero
me daba igual. Cuando sientes afecto por una chica te olvidas de sus
imperfecciones, dejan de existir. Empecé a lamerle los senos con gran
cuidado, ella se excitaba cada vez más y Gabriel no sabía que hacerLa empujé hacia el sofá y se tumbó abriendo sus piernas. Yo inicié
entonces la embestida, la muchachita estaba a punto superando todos
sus temores. Y así, por vez primera introduje mi polla en su vagina
buscando ansiosamente resguardarse en su interior. La chica sangró,
era virgen hasta aquel momento.Derramó un par de lágrimas, pero se sentía muy feliz. Tumbados el uno
encima del otro comencé a mover mi pelvis, introduciendo y sacando mi
pene de su lubrificada vagina. Pero entonces una sensación extraña me
embargó. Gabriel no pudo contenerse e introdujo su pene en el
interior de mi ano. Al principio me dolió, incluso me asusté.Pero en aquellos momentos de gloria no sabía que hacer y me dejé
llevar por la situación. Los tres nos entregamos al placer
importándonos un bledo nuestros ancestrales prejuicios.Y sí, los tres jadeamos, gritamos, lloramos. Gabriel, con su pelvis
me la sacaba y me la volvía introducir otra vez, con su vigor
conseguía empujar la mía hacia el de su hermana introduciéndose y
sacando mi pene de su vagina mientras la muchacha gemía de placer.
En aquellos momentos inolvidable aprendí lo que era poseer y también
ser poseído, ambos sentimientos a la vez. Sentí confusión al
principio, pero después descubrí que aquella situación me excitaba.Mi polla en el interior de su hermana y la suya introducida en mis
esfínteres. Los tres jadeamos, nos excitamos y repetimos un par de
veces porque por fin descubrimos una parte de nosotros mismos que
hasta la fecha estaba anulado por una educación periclitada.Durante varios días no nos volvimos a ver. Los muy gilipollas nos
avergonzamos de aquel desenfreno. Por aquel entonces vivíamos
asustados, creyendo haber cometido algún pecado mortal que nos haría
acreedores de convertirnos en inquilinos del gran Lucifer.No nos vimos más y tiempo después lo lamenté.
Pasaron veinte años cuando en un encuentro de antiguos alumnos nos
volvimos a encontrar los tres. Al principio no nos reconocimos, pero
nos dio una gran alegría nuestro reencuentro.Para celebrarlo salimos a cenar juntos y volvimos a beber.
Después nos fuimos a un apartamento de unos amigos y la situación se
volvió a repetir. Nos quitamos la ropa y enseguida comenzamos a
toquetearnos. Pero ya no teníamos miedo ni de Lucifer ni de las iras
del Averno.Los tres nos dejamos llevar por nuestros sentimientos, ansiosos por
intentar recuperar el tiempo pedido.Ella introdujo primero mi pene en su boca, la lamió y me la chupó
hasta el fondo mientras Gabriel introdujo su lengua en el interior mi
boca. Después cambiaron. Gabriel se ocupó de mi polla y Gloria de mi
boca.Ya n éramos aquellos chiquillos ingenuos y retozones de antaño. Ni
siquiera éramos bellos. La chica padecía de obesidad y a mí se me
había caído el cabello, pero ¡qué mas daba!Volvimos a repetir la doble penetración, yo a Gloria y Gabriel a mí.
Los tres moviéndonos al unísono. Mi polla en el interior de la dama,
ya más madurita pero mucho más mujer, y la de Gabriel en mi postrero
interior.Así estuvimos repitiendo muchas veces.
Yo eyaculé sobre su cara y Gabriel sobre la mía. Volvimos a repetir
una vez más y me tragué la polla de Gabriel mientras Gloria se
tragaba la mía. Después introduje mi lengua en su vagina jugando su
clítoris mientras mi polla era tragada por la garganta ansiosa de su
gemelo.Reímos y lloramos, reímos por el encuentro y lloramos porque perdimos
estúpidamente veinte años de nuestras vidas.
Nuestra educación nos había jugado una mala pasada. Pero aquel día
fue el inicio de una cálida amistad y de un apasionado amor. Era el
placer total de los sentidos. Supe lo que es poseer y ser poseído a
mismo tiempo.Los malos rollos quedaron olvidados por el túnel de los tiempos y a
partir de entonces sólo nos quedaba algo muy importante. Vivir con
mayúsculas y ser felices los tres gozando de una sexualidad total.Sátiro Lascivo
Volver al Indice del Sátiro lascivo