Folla bien y no mires con quien
 por Sátiro Lascivo
Tengo la suerte de tener una mujer bien enrollada, me pone los cuernos y yo le pago con la misma moneda, así que nuestras respectivas cornamentas las tenemos muy bien lustrosas. Pero aún así nos amamos y nos gusta follar juntos pero con otras personas.

Un día ambos decidimos pactar una relación con alguien que jamás nos hemos follado, sendos amantes de nuestro mismo sexo. Es decir una relación homosexual para ambos. Al principio la idea nos repugnó.

Jamás nos hemos planteado la bisexualidad de ambos porque lo hemos considerado algo poco agradable. La relación homosexual es para nosotros desconocida y nunca nos hemos atrevido a materializarla, ¿ponerme yo a chupar pollas? Mi esposa sentía igual repugnancia las vaginas de las demás mujeres.

Pero un reto es un reto. ¿Cómo sabemos que es malo si jamás lo hemos probado?

Hete aquí que nos encontramos en un supermercado a unos viejos amigos, un matrimonio que conocimos en el colegio y hablando, hablando, recordando los viejos tiempos nos descubrieron su bisexualidad.

No lo dudé y le planteé la situación, ¿porqué no hacemos un particular intercambio de parejas follando cada cual con otro de su mismo sexo?

La propuesta no podía ser más morbosa y los amigos aceptaron.

Decidimos alquilar un apartamento en Salou durante un fin de semana, aprovechamos el puente de semana santa que nos daba más margen de tiempo para conocernos mejor.

La primera noche nos dio todo mucho corte, pero finalmente nos despelotamos todos. Vi que mi amigo tenía un buen paquete, me acerqué a él e intenté besarle. Pero el amigo, ya más experto, acercó sus labios a los míos y me besó apasionadamente introduciéndome su lengua hasta la mismísima garganta. Me quedé helado. De reojo veía a las esposas viviendo una situación similar.

Se sentían muy incómodas, no sabían qué hacer. Pero se reprodujo la relación entre los dos varones, la pareja amiga fue tomando la iniciativa. Luisa, así se llama la esposa de la pareja amiga, introdujo su lengua en la boca de mi Rosa. Y así estuvimos largo rato.

Me repugnó todo al principio, pero después me di cuenta de que no era tan malo. Así Javier y yo seguimos adelante, recorriendo nuestros respectivos cuerpos con nuestros labios.

Nos echamos en la cama y nuestras esposas nos imitaron rápidamente.
Estábamos todos temblorosos, muy nerviosos y sudábamos copiosamente.
Luisa no dudó, llevó la iniciativa mientras Javier me fue follando ante mi cada vez más débil resistencia. Cuando colocó su enorme polla en mi boca no sabía siquiera como reaccionar pero él ducho, con gran destreza me la introdujo hasta el fondo y me invitó a hacerle una mamada como aquellas que tanto me gustan.

Vacilante empecé a chupársela y me di cuenta de que sabía sabrosa Me fui animando y comencé a entusiasmarme con aquella felación que le hice introduciéndome una y otra vez en mi boca hasta que el glande tocó a mi garganta. Casi me atraganté, pero seguí cada vez más agarrándole por las bolas y él gemía de placer, deliraba sin cesar.

Las mujeres se quedaron perplejas de nuestro entusiasmo, pero tampoco le dieron más importancia porque ellas asimismo estaban muy ocupadas lamiéndose el clítoris mutuamente.

Finalmente yo le di la espalda y le mostré mi culo para que me penetrara. Aquel momento que tanto temía iba a dejar de ser una incógnita para mí.

Javier me embistió, mientras me abraza por la espalda, magreándome sin cesar y yo puse los ojos en blanco pleno del más puro delirio.
Aquella experiencia fue la primera pero no la única. Mi Rosa y yo descubrimos que aquella parte de la sexualidad que teníamos dormida había por fin despertado.

Ambos salimos juntos del armario, pero nunca renunciamos a seguir amándonos como siempre, como hombre y mujer. Aquella nueva sexualidad que descubrimos no venía a sustituir la habitual que teníamos sino a complementarla.

Ya no nos enamorábamos de la mitad de la humanidad sino de la humanidad entera. Nuestros límites se resquebrajaron y renacimos como personas y como amantes.
 

Sátiro Lascivo
 

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