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Era Semana Santa. Pero yo no soy precisamente una santa…Me fui con un amigo a Tenerife. Toda una semana en un hotel con todo incluido. Mi idea era pasármela en la playa, en la piscina y, por supuesto, en nuestra habitación, follando con él. Mi amigo tiene un rabo descomunal. Me hace mucho daño cuando me lo clava, pero una vez dilatada con ese pedazo de tranca, estoy aún más abierta al placer. Empiezo a chorrear flujo cuando él se mete sus dedos en la boca y luego en mi coñito: primero, sólo uno o dos, pero en cuanto me corro la primera vez, él sabe cómo penetrarme con su mano. Jugamos con la miel del desayuno del hotel, para que pueda introducirla suavemente. Tengo otro orgasmo, más largo que el primero, pero antes de que terminen las contracciones de mi vagina, mi amigo entra con su inflada polla de golpe. Encadeno las corridas mientras él me embiste cada vez más deprisa, hasta que su cipote está a punto de estallar. Grita que no puede más y la saca, para que yo pueda tragar toda la lefa que fluye de la grandiosa verga de mi amigo. Termino siempre atragantándome, porque ese enorme pene crece desde unos prominentes cojones, cargados de tanto semen que no logro sorber todos los chorros que lanza a mi boca. Él ha acabado de correrse, pero yo sigo relamiendo el líquido espeso que escapa por la comisura de mis labios. Deseo más, mi chocho sigue abierto por el tamaño de la polla que lo acaba de taladrar. Vuelvo al paquete de mi amigo, todavía no ha perdido la erección y quiero recuperar otra vez ese rígido rollo de carne, para que vuelva a rellenarme mi profundo agujero, aún rezumante de flujo y miel.
Pero mi amigo tenía otras intenciones. Me dio un beso y me ordenó que me pusiera rápidamente el bikini. Él se embutió en un boxer. Su aún hinchado miembro estira la licra del bañador. Una gota de restos de líquido seminal mancha el azul eléctrico de la prenda, poniendo en evidencia su excitación. Coge una toalla para disimularla y me toma de la cintura para salir de la habitación. Yo llevo un pareo que se transparenta y mi tanga rojo para potenciar mi moreno. Andamos por el pasillo aparentando tranquilidad, pero estamos tan cachondos que en la primera esquina aprovechamos para morrearnos y meternos mano. Mi amigo me aparta uno de los triángulos del top del bikini para masajearme la teta y lamerme el pezón, que apunta afilado. De repente, de una habitación sale una chica del servicio y sorprendida por nuestra presencia, coge rápidamente su carrito de limpieza y se mete en la siguiente habitación. Yo me recoloco el bikini, pero mi novio me agarra la mano y me hace seguirlo. La chica se ha dejado una puerta abierta…
Los dos corremos y nos metemos en la habitación que acababa de limpiar la chica. Mi amigo cierra la puerta y me tumba en la cama. Con la violencia propia de las prisas, me arranca el pareo y comienza a comerme el coño sin quitarme el tanga, sólo retirándolo lo suficiente para introducir un dedo en mi húmedo agujero mientras con la punta de su lengua acaricia mi clítoris. Mi mano empuja su cabeza sobre mi pubis. Las lengüeteadas son cada vez más fuertes y mi pepita comienza a engordar. Enredo mis dedos entre su larga cabellera mientras gimo de placer. Continúa lamiendo mi vulva sin parar, hasta que llego al clímax, con el que comienza a mover su dedo dentro de mi vagina con un rico vaivén que me hace alcanzar otro orgasmo. Es el momento en que él se quita el boxer, porque su glande asomaba por fuera y empezaba a dolerle. Mi vagina está impaciente por recibir su enfurecido cipote, pero parece que a mi amigo le apetece otra cosa.
Vuelve a chuparme todo el coño, que recién me había rasurado entero. Y de nuevo me penetra con dos dedos mojados en saliva, pero esta vez no por delante, sino va a por mi culo. Mete y saca de mi estrecho agujero sus dedos. Con sus jugosos labios besa mi vulva hasta que vuelve a estremecerse. Sudorosa y casi extasiada, logro avalanzarme sobre su polla y envolverla con mis labios hasta donde alcanza mi garganta. Unas cuantas chupadas y mi amigo me hace darme la vuelta, dispuesto a follarme el culo.
Entonces, se abre la puerta de la habitación y aparece una chica también en bikini, seguramente la verdadera dueña de la habitación. Primeramente se queda quieta, no dice nada. Yo no sé qué hacer, pero mi amigo se acerca amablemente a ella. Tal vez, impresionada por su miembro, la chica sigue mirándolo sin atreverse a moverse. Él cierra la puerta tras ella y la besa. La chica se deja. Envalentonada, aprieta el culo de mi amigo mientras abre más la boca para que él llegue con su lengua aún más dentro.
Ella me mira. Estoy tumbada en la cama boca abajo. Me giro balanceando mis grandes tetas. Las suyas son pequeñas pero parecen prietas, como a mí me gustan. Espero sentada al borde, con las piernas abiertas mientras me masturbo ante su inquieta mirada. Mi amigo se da cuenta que yo atraigo la atención de la muchacha y la guía hasta el lecho.
Ante mi coño palpitante, ella se pone de rodillas y empieza a lamérmelo dulcemente. Excitado al máximo, mi amigo coloca su rabo en mi ardiente boca. A la vez, yo amaso las tetas de ella. Sí, son duras y están muy calientes. Pero la polla de mi amigo es un plato imposible de dejar sin saborear y a la chica también le toca su ración. Las dos cruzamos nuestras lenguas por el largo falo del amigo. Y él goza como nunca. Tras un rato de felación a dos bandas y besos con mi nueva amiga, él la coge a ella por detrás para follársela como pretendía hacer antes conmigo. Escupe algo de saliva sobre su ojete y la empala sin miramientos. Ella grita de dolor y de placer a la vez. Para sanarla, le como los pechitos, que cuelgan como los de una loba, estando ella a cuatro patas. Las embestidas de mi amigo parece que ya no le hacen ningún daño. La verga entra entera y escasamente se mueve, porque mi amigo está a punto de soltar toda su lecho dentro. Ella se corre antes y un segundo más tarde los gritos de él invaden el cuarto.
Las dos callamos, satisfechas, algo temerosas de que alguien en el hotel nos haya escuchado y se mosquee. Mi amigo se desploma en la cama. La chica y yo nos besamos silenciosamente, mientras acariciamos el lomo de nuestro amigo. Sin hacer ruido, nos vamos vistiendo los tres.
Salimos sigilosamente de la habitación del hotel y nos vamos a la playa…
por la Pulga
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