Por partes
 por Pauline en la playa

 
Parte I
 
Yo sólo te conocía a ti, hombre de negro. Y aunque yo me crea ama, eres tú quien marca el ritmo. Tú me llevas y me traes a un tercero. Añades el morbo sutilmente mientras me sirves un zumo de naranja. Bebo un trago y enciendo otro Camel. Paquete amarillo y un camello. Dices que has conocido a alguien que me va a interesar, que me va a gustar. Con solo oírtelo decir, ya me gusta. El zumo esta soso, es de polvo, es una mierda.
 
-          Voy a hacerte feliz petita.
 
Mujer de rojo. Joven con interrogantes y preguntas sobre todo. Mente inquieta a la que no le gusta el zumo en polvo. Poco a poco voy definiendo mis preferencias. Sé que voy a decir que sí, antes de que me lo preguntes. No me engañas, sé lo que pretendes. Y aunque no te lo diga, voy a hacerlo. Voy a abandonarme, voy a provocarte. Sé de lo que somos capaces. ¿Quién puede más de los dos?
 
Un pulso de miradas. La chispa salta y nos quedamos hablando hasta las 7 de la mañana. De la vida, de ti, de mi. Nunca de nosotros.
 
De madrugada, el cielo aún es oscuro; el sofá en el salón y nuestros cuerpos que ya no guardan ninguna compostura, seguimos separados. No me preocupa mi pelo alborotado. Me gustan tus ojitos cansados, medio cerrados.
 
¿A qué estamos jugando?
¿Vamos a ser más que amigos?
 
El tercer hombre; ese gran desconocido, del que no sé ni su nombre. Te gusta jugar, apostar fuerte. Arriesgarte por placer. Por temor. Por sentir. Caminando por la cuerda floja, pero con paso firme.
 
-          ¿Te quieres acostar conmigo hombre de negro?
-          El chico se llama David. ¿Es cierto lo que dicen tus ojos?
 
Mis ojos dicen que sí. Que quiero llegar al final del juego. Que me atrevo. Que me quedo con los dos, ya que no puedo tenerte para mi sola. Si te dijera que solo te quiero a ti...je!...Me llevarías a París, a pasear por el barrio latino. Tú trabajarías en un estudio con vistas al Sena. Yo, me desperezaría entre sábanas de algodón blanco. Una cama de hierro forjado. Hombre de negro te quiero solo a ti. ¿Me quieres tú a mi?
 
¿Y David, quién es David? Háblame de él, dime cómo es.
 
24 años. Joven. Para él es solo una nueva experiencia. Él no esta jugando. Lo califica como algo más que pasar un buen rato. Sois amigos. Se lo has propuesto.
 
-          De puta madre, tío!- él dice.
 
Le has enseñado un foto mía; le has dicho que estamos buscando a alguien como él.
 
-          Te llamaré!  - él dice
 
Os despedís.
 
Nos despedimos. Yo, me quedo en el sofá.
 
...los días pasan y como casi siempre, no sé nada de ti. Nunca pregunto, nunca te pregunto a ti. Quizás tema tus respuestas. Me gustaría saber más de ti.
¿ Cuándo nos volveremos a ver?
¿Quedamos?
 
De nuevo te tengo en el sofá. Estás alegre. Me traes la cena: sashimi de langostinos y fresas y un poco de sake que calentamos en el microondas. Me vas a hacer esperar, tienes que ponerme al límite, lo sé, pero me gustaría que no hicieras como si nada pasara. Yo hiervo, el cuerpo quema de ansiedad ante lo que va a pasar, pero ¿cuándo?
Brindamos: “por muchos años”. Se me cae el sushi de los palillos, se me cae todo.
 
-          Explícame como me conociste.
 
Me recuerda aquella tarde de octubre; con aquel vestido rojo de lana y  el pelo más corto y liso. Nerviosa y sin poder dejar de sonreír. Dice que llegué, le di un par de besos y me senté a explicarle. Hablé y hablé durante toda la tarde, hasta que  las lagrimas terminaron cayendo por mi cara. Que imagen! Que dulzura! Imagen para su recuerdo particular. Al final de la tarde salimos del café. Hacía frío y me enrosqué con la bufanda. Caminaba mirando al suelo.
Hizo una foto de mis labios, una instantánea. Una boca grande de líneas marcadas y labios no demasiado carnosos. El labio inferior ligeramente más gordito, ideal para ser mordido. El superior muy subido de color, cortado por la brisa fría. Un beso. Le di un beso. Se lo pedí. Estaba seria, sentada en el coche, mirándole y sin pestañear le besé. ¿Te puedo dar un beso?
 
El momento de perder la inocencia está aquí. Hay algo dentro de mí que hace que no pueda quitármelo de la cabeza.
 
-          Hombre de negro...pienso mucho en ti. Me gustaría tenerte dentro de mi. A solas, los dos. Ahora.
-          Mañana conocerás a David. Ahora debo irme, solo quería saber que estabas bien. Bye.
 
Me besó el labio inferior. Lo cogió entre los suyos y lo presionó suavemente, activando todos mis puntos con aquella mordida.
 
            -Bye.
 
Ya es mañana.
 
Son las diez de la noche y no se nada de ti. ¿Cómo puedes hacerme esto?. Estas jugando fuerte. Enciendo otro Camel y me sirvo un vaso de zumo de naranja. Tengo la garganta reseca, me lo bebo de un solo sorbo largo.
 
Sé que esta noche no vas a venir, probablemente no sepa de ti, hasta la semana próxima. Te espero. Ni yo misma se por que acepto, contigo, según que cosas.
 
¿Dónde estás hombre de negro? Estás apostando contra el tiempo.
 
1 día.
2 días.
3 días.
4 días.
5 días. Domingo, 12 del mediodía. Suena el telefonillo.
 
-          ¿Si?
-          Abre, soy yo.
-          No. No quiero.
-          Abre por favor. Vengo con David.
-          Hubieras venido el miércoles.
-          Abre por favor.
-          Hace cinco días que te espero. Estás loco. Demasiado loco para mi.
-          ...gracias señora, sí, sí, entramos, sí, los dos; adiós...gracias
 
5 días. Sábado, 12:17 del mediodía.
Timbre!
 
Miro por el ojo de la puerta. Allí están: el hombre de negro y David. Joven y apuesto. Guapo. Suena de nuevo el timbre y veo como la cara del hombre de negro se acerca estrepitosamente hacia la mirilla. El timbre suena de nuevo, ahora repetida e insistentemente. Me aparto y abro.
 
Cuando cierre la puerta ya estarán dentro. Han entrado. Oigo el portazo que rompe el silencio cortante de la habitación. Sabes que estoy enfadada, que tengo miedo, que quizás no sea buen momento. Sé que no importa nada, has entrado y ya, nada más importa. Hemos estado jugando al gato y al ratón y ahora, tú me has pillado. No quiero escapar.
 
-          Hola David.
 
Y con una fuerza y un ímpetu que no esperaba, David se abalanza sobre mi, sobre mi boca y cuello. La lengua del chico humedece mis trémulos labios y con esa fuerza dominante entreabre mi boca, se mete dentro de ella y con su hábil lengua recorre toda mi cavidad bucal.
 
¿Dónde está la ternura?
 
No está, se acaba de escapar por mi ventana vertical.
 
Sus labios mordaces pelean con el cuello de mi camisa, sus manos aprietan mis pechos con fuerza por encima de la tela y su pelvis, con una polla ya erecta, se clava insistentemente en mi tripa. Respira acelerado.
 
Mis ojos oscuros brillan inexpresivos y se pierden en el vacío de los tuyos, hombre de negro. Te miro fijamente, diciendo que te odio tanto como te amo, diciendo que me saques a este bestia de encima mío, diciendo que te comportes, tú, como un animal hambriento.
 
Miras inmóvil, apoyado en el marco de la puerta, la escena.
 
Mis manos sacan la furia de mi alma. Con un fuerte empujón aparto a David de mi, me deshago de su lujuria y rompiendo los botones de mi camisa me acerco a ti. Te doy un bofetón mientras el último botón repica en el suelo, cerca de la alfombra.
 
Y con una dulzura y unas ganas devoradoras como de tu boca. Me acerco a tus labios, abro la boca, saco la lengua y con ella lamo desde tu barbilla hasta la punta de tu nariz. Muerdo suavemente tus labios y al notar tus cálidas palmas encima de mis erectos pezones, me abro paso hacía tu boca. Me pego a ti asiéndote por la cintura y disfruto de tu lengua que se mueve a mi ritmo, jugamos a entrelazarnos las lenguas mientras mis manos se pierden por tu espalda, mientras tus dedos pellizcan mis senos.
 
Ni una sola palabra hemos dicho, solo oigo suspiros, gemidos y los latidos de mi acelerado corazón.
 
¿Dónde está David?
 
El beso se convierte rabiosamente en mordisco. Te muerdo y mi presión es tu mano que cada vez estruja más el pezón.
 
Gimo. Muerdo.
 
Me das un bofetón y me caigo al suelo, cerca de los pies del chico que se agacha mirándote, sorprendido ante tu reacción. Me acaricia el pelo repetidas veces, pasando sus dedos desde mi frente hasta el inicio de mi espalda.
 
Tú, observas como me acaricia, ríes irónicamente y con un gesto de desdén inicias el paso hacía el salón. Varios pasos y nos dejas solos...Siempre te alejas de mi.
 
David me mira con...¿ternura?...
Ahora sus caricias han descendido hasta mi pecho, se entretiene con mis pecas, roza los dedos por el enrojecido pezón y baja, sin esa fuerza inicial, como pidiendo permiso, hacía mi ombligo.
 
-          Quiero que te vayas David. Este juego no es contigo...haz lo que quieras pero te ruego que te marches – le digo susurrando cerca de su oreja.
 
Mi mirada se apodera de la suya y al darse cuenta que veo su duda, se levanta de mi lado y apartando sus ojos de los míos dispone a marcharse. La puerta no retumba. David desaparece suavemente.
 
 
 
 
Parte II
 
Sentada en el suelo me toco el dolorido pezón, acaricio el contorno de éste mientras pienso como nos afecta que David se haya marchado. No nos afecta, solo, cambia los planes. Me levanto y mirando mi torso desnudo en el espejo me desabrocho la falda, bajo la cremallera y la ropa tejana hace su camino hacia el suelo.
 
En la situación en la que me encuentro...o tomo yo el control de esta loca situación...o probablemente, hombre de negro, te marches enfadado.
 
¿Cuándo volvería a saber de ti?
 
Quiero follarte hombre de negro, pero eso ya lo sabes. Y por eso tú no te dejas, pero eso ya lo sé.
 
-          ¿ Dónde está el chico? – Apareces, aún vestido, y por vez primera me hablas.
-          Simplemente no está, se ha ido. No puedes controlarlo todo...y menos si no estás. – digo mientras voy acortando distancias, con cada palabra estoy un poquito más cerca.
-          Ya, ¿le has dicho que se vaya, verdad? -
 
Estoy tan cerca de ti que si hablara mis labios rozarían los tuyos...y no quiero tocarte todavía. Quiero que me toques.
 
Te mueves, te apartas...pero no te vas. Pones música y sonrío al oír lo que suena. Day In, Day Out de Billie Holyday. Voy hacia ti y de nuevo me coloco rozándote con mi aliento. Empiezo a cantar flojito cerca de tu oreja...diría que te has quedado inmóvil, me das la seguridad de que no vas a irte.
 
Juego con tu excitación. Mis manos traviesas empiezan un suave contoneo en mis caderas desnudas y con un ligero vaivén empiezo a rozar mis pechos contra tu espalda.
 
-          Ai, umm, aii – se me escapa intencionadamente por la boca.
 
Estoy esperando a que me toques, a que con tus fuertes manos me agarres las nalgas y me pegues a tu cuerpo. Sigo en tu espalda y sigo con mis caricias que ahora suben por la parte interior de mis muslos.
 
-          …day in and day out...then I kiss your lips… - canto cada vez más flojito mientras mis manos suben y suben.
 
Si estuvieras frente a mi, podrías ver. Podrías mirar lo que me estoy haciendo, mis manos han empezado a jugar dentro de mi y mis movimientos chocan con la tela que cubre tus nalgas. Presiono mis tetas en tu espalda, la música se ha convertido en pequeñas lamidas en tu cuello y mis dedos besan la humedad de mi sexo. Tu humedad.
 
Mis bragas quedan desplazadas hacia una ingle con tanta travesura de mi mano.
 
Como estás de espaldas a mi, subo mi mano hacia ti separándome por completo y mis dedos dulces buscan tu boca. La encuentran y se meten dentro de ella...esperando ser chupados, mordidos, lamidos.
 
-          Voy a foll...arte –digo mientras me succionas el placer y con tus manos me juntas a tu culo de golpe.
 
Eso es lo que quería: que apretaras mis redondas nalgas con tus fuertes dedos, que aprisionaras mis carnes entre las tuyas y que mezclaras mi placer con tu saliva.
 
Me muevo y no paro de moverme. Contra ti, en ti...y pronto, dentro de ti. Comes de mis dedos, los chupas todos a la vez mientras cierras los ojos y hueles mi olor.
 
-          ai, ais,...aii, ais – se me vuelve a escapar al no dejar de masturbarme contra tu culo y notando que a mi orgasmo le falta poco. Mi carne tiembla y en el momento en que me sobreviene la oleada de placer busco tu polla.
 
Dura y vertical.  Y sé lo que quiero hacer con ella, contigo.
 
Me corro. Saco los dedos de tu boca y te abrazo a la vez que restriego mi coño caliente en ti. Humedezco tus pantalones, provoco a tu ego y me satisfago con mi poder. Sigo balanceándome en tus nalgas, moviéndote conmigo, disfrutando de los últimos resquicios del goce.
 
Juegas, sigues jugando con mi humedad. Has bajado tus manos hasta el final de mi espalda y allí, cogiendo el sendero de la regata del culo has descendido...al infierno. Estoy mojada, me has mojado.
 
¿ Dónde está la dulzura?
 
Tus dedos se permiten ir esparciéndola en el interior de mi ser. Noto como metes tus dedos en mi vagina. Dentro, ya están dentro y no paran de moverse friccionando con gusto algunos de los puntos más erógenos en mi. Satisfacción y deleite carnal.
 
Te das la vuelta y sin salirte de mi, me das la vuelta, dejándome de espaldas a ti. Metes un tercer dedo y mientras muerdes y lames mis hombros tu otra mano busca mi clítoris. Te apoderas de él y es la caricia más dulce que nunca he recibido; la caricia más dulce que nunca has dado.
 
Siento derretirme de nuevo y mis “ais” vuelven a escaparse por mi boca. La postura en la que estoy, me convierte en una privilegiada, noto las escaramuzas de tu polla contra mis nalgas. Ahora eres tú el que busca el placer en mis roces mientras no dejas de acariciar y penetrar mi sexo con tus dulces manos.
 
Locura y placer en tus movimientos ondulatorios en mi coño, que ya derrama gotas de un transparente néctar. Y, sin dejar de acariciar rotativamente mi clítoris, tus dedos humedecidos de mi, buscan la segunda entrada de mi cuerpo. Me separas ligeramente y traspasas tus dedos a  mi ano.
 
Te recibo con una sonrisa, me abro y entras acariciando las paredes interiores. Más “ais”, más humedad y de nuevo la agradable sensación de sentir las piernas flojear, el estomago contraer y la mente viajar por un mundo corto pero intenso. Mi cuerpo se agita sintiendo mil hormigueros de placer.
 
Y sin prestar atención a tu vil virilidad me doy la vuelta y siento la necesidad de besarte, de desnudarte, de lamerte entero.
 
Te beso y me besas. Noto tu lengua y notas mis ganas.
Te desabotono la camisa entre beso y beso. Me sacas las bragas, quedan entrelazadas entre mis pies. Te desabrocho los pantalones, quedan entrelazados entre tus zapatos.
No llevas ropa interior. Veo tu polla y el deseo de recogerla con mis manos es imparable.
 
Te llevo de la mano dándote algún que otro beso hasta el sofá. Te toco el cuerpo. Acaricio tus brazos, paso los dedos suavemente por tu torso y doy besos húmedos en tus pezones. Te recorro palmo a palmo con mi piel y finalmente me siento encima tuyo. Me abro de piernas y reposo sobre ti. Te centras en mis pechos, vuelves a amasarlos y con tu lengua sorbes las pequeñas gotitas de sudor que se posan sobre mi piel.
 
Mi cuerpo juega con el tuyo, arriba y abajo mientras tu lames mis pezones, mientras yo no dejo que entres en mi interior.
 
Tú quieres, yo quiero esperar.
 
Descendiendo hasta tu ombligo, tu olor me llega como un fuerte afrodisíaco y por primera vez pruebo tu sabor, tu sexo llena mi boca y me recreo en las sensaciones que siento, en las que creo poderte hacer sentir.
 
¿Dónde está la gula?
 
En mi boca. En mi.
 
Lamo mientras trago. Muerdo mientras beso. Como desordenadamente de ti.
Me encanta el olor que haces, me encanta como huele tu polla.
En el fondo de mi garganta te paras y mis labios cogen un ritmo. Te gusta, miras de reojo. Chupo tu glande. Siento tu respiración y ayudándome de mi mano que no deja de acariciarte los huevos, empiezo a penetrarte con mi boca moviéndola arriba, abajo y alrededor de tu polla.
Saber que te estoy follando hace que mi coño sienta envidia y empiece con ese picazón a pedir de nuevo atención. Separo las rodillas y paso la palma de la mano por él. Dejo de chupar tu sexo durante el instante que me ensalivo un par de dedos. Vuelvo a lamerte, empiezo a follarme con los dedos.
Trago tu primera leche dejando escapar tus últimas gotas sobre mi. Ladeas la cabeza  y me miras a los ojos. Miras mi cuerpo, miras como me toco.
 
-          niña mala, enséñame más.
 
Me reclino hacia atrás, en el suelo y levanto un poco las caderas. Así me permito llegar más fondo. Noto tus caricias sobre mis piernas y mirándote continuo dándome gozo. Labios abiertos y el brusco balanceo de quien busca atropelladamente. Dentro y fuera, parándose un momento dentro. Fuera y dentro, acariciando un momento por fuera.
 
Y en mi cabeza: tú.
 
Contoneos insumisos de mi cuerpo...se me escapa. Me voy y vuelvo, siento todo un mundo dentro de mi. Junto mis piernas negándote parte de la escena; las entreabres con una suave caricia.
 
Subo a tus brazos y espero a que me rodees con ellos. Me das un beso en la boca, no paro de sonreír.
 
 
            - Sigo con hambre, ¿llamamos a un japo y que nos traiga algo de comer? – digo con una voz que casi no reconozco.
 
 
 
Parte III
 
El secreto de que no se caiga el sushi está en coger los palillos bien. Asirlos con un par de dedos a modo de pinza... y entonces, con un poco de práctica hasta puede resultar fácil. Con un poco de precisión y equilibrio todo puede conseguirse.
 

por Pauline en la playa
 
 

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