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- Si seguimos a este paso, terminaremos follando Gina.
- Iñaki, aceleremos el paso, pues.
Y follamos. Así empezó todo. El fogonazo empezó delante de una ventana con miras al asfalto. Empecé a desnudarme como si lo hubiera hecho mil veces delante de sus ojos, que no se apartaban de mi figura y que incrédulos, creían en mi piel a cada prenda que me iba quitando. Creo que fueron los nervios y el deseo de sentirle encima de mí los que me hicieron actuar como una completa desconocida ante mis actos.
Mi deseo se cumplió y estallé en sus labios. Iñaki se comió mi orgasmo.
Arrodillado ante mi y frente la ventana, Iñaki, posó su lengua dentro de mi sexo. Se agarró a mis nalgas y mientras él chupaba mi coño yo abría las piernas y me pegaba a su cara.
Gemía y él me endulzaba con su lengua, que cada vez la sentía más dentro de mí; y yo, cada vez estaba más fuera de mí y más cerca de él.
Chupó mi clítoris y lamió mi sexo hasta que el orgasmo me llenó y mis muslos, volviéndose a juntar, encerraron su cabeza entre mis piernas.
Y fue entonces, y no antes, cuando me besó. Subió a mi boca y sin soltar mis nalgas tomó mis labios y se apoderó de mi lengua. Yo le ofrecí todo mi vicio en ese beso que sabía a mí. Tenía el dulce sabor del placer.
- Puedes llamarme cariño o polla mía, lo que más te guste.
- Cariño, siempre serás mi polla dura, digo mía.
Y tomando posesión de lo que era mío, agarré, otorgándome su licencia, a mi polla. La así fuertemente entre mis dedos y sin dejar de mirarla empecé a pajear a Iñaki.
Sentí que su polla era mía, que estaba en mi poder y bajo mis órdenes. Mis manos fueron las palabras que mandaban a Iñaki estar cada vez más excitado. Su cuerpo se tensaba ante mis caricias, caricias lentas sobre su falo, que expresaban todo el deseo que sentía. Quería que durara para siempre, que nunca acabara aquel momento poseído por un rítmico vaivén.
Un rítmico vaivén continuo que acariciaba de arriba a abajo la polla de Iñaki, mi brazo chocaba encima de su tripa y mi otra mano se perdía por entre sus ingles y se encontraba con sus huevos que cabían en mi mano y que recibían un masaje incitante. Su deseo, esta vez estalló entre mis dedos mientras Iñaki me decía lo mucho que le gustaba que le pajeara.
Y si su polla es mía, su semen también es de mi propiedad y haciendo uso de lo que Iñaki me había regalado empecé a jugar con mi semen por encima de la punta de mi polla. Refregándolo y ensuciándolo con caricias que me provocaban un apetito irrefrenable de meterme la polla en la boca y chupar. Un deseo de tragar y saborear lo que al fin de cuentas era mío.
Y con mi polla corrida en la boca, levanté la mirada y vi lo mucho que le gustaba a Iñaki aquel gesto que jamás le habían practicado. Mi paladar se llenó con su gusto.
- ¿Te gusta que me folle tu culo, verdad Gina?
- Mi culo es tuyo, polla mía.
Y después de tal afirmación a Iñaki le quedo claro que sí, que me gustaba y mucho sentir su polla en mi culo.
A cuatro patas sobre la cama, Iñaki, tomó por primera vez mi culo.
Mis dedos, prepararon el camino. Humedecieron y entraron en mi ano y luego, también fueron los encargados de guiar la polla de Iñaki hasta mi interior. Poco a poco, primero la puntita, y con ésta acomodada, el resto. Entera. Toda su polla en mi culo. Presionando y dándome un placer diferente, más intenso. Haciéndome gemir a cada embestida, arqueando mi cuerpo hasta que rendido cayó en la cama, mientras él seguía empujando dentro de mí.
En un gesto de desasosiego y descontrol, mordí la sábana, presionando mis dientes contra el algodón, ahogando el grito que salía de mis entrañas. Proporcionando a Iñaki, una imagen difícil de olvidar.
Sentía gran placer al ser penetrada por el culo, estaba a punto del orgasmo, pero lo que realmente lo desencadenó fueron los arañazos lanzados sobre mi cuerpo, que Iñaki savia y certeramente empezó a propinarme.
Se corrió en mi culo y sus marcas quedaron impresas por toda mi espalda y nalgas como signo inequívoco del gran placer que habíamos sentido.
- ¿Eres mi puta Gina?
- Sí Iñaki, soy la más puta…
Y metiéndome en mi papel me arrodillé y empecé a andar, rodeándole y ronroneándole, a cuatro patas, mostrándole mi sexo abierto a cada paso de gata. Me excitaba a cada insinuación y sus ojos se perdían en lo más hondo de mi ser.
Continué haciendo de cada paso una invitación para que me tocara, para que utilizara mi cuerpo a su antojo, pero viendo su resistencia, mi cuerpo se desesperaba ante la falta de su tacto contra mi piel. Me senté en el suelo abriendo y separando los muslos.
No dudé en empezar a follarme el coño ante su mirada ansiosa. Me metí un dedo, lo dejé quieto y empecé a mover mi cuerpo, meneando las caderas, haciendo más intensa la penetración. Me metí dos dedos y dejándolos inmóviles en mi interior, le miré retándole, mientras su gesto se tornaba indeciso y su mano empezaba frenéticamente a menear su polla. Me metí un tercer dedo, sin sacar los otros dos de mi interior y con un impulso que Iñaki no esperaba, comencé a follarme y a moverme mientras dejaba caer el peso de mi cuerpo hacia el suelo y daba rienda suelta a mi goce.
No sé cuanto tiempo pasó ni las veces que entré y salí de mi interior, sólo sé que en el momento adecuado formulé la pregunta apropiada; pregunté si podía correrme y como respuesta recibí el cálido tacto de su piel que tanto anhelaba y un susurro que me negaba el placer instantáneo. A cambio recibí el ardiente placer de notar como mis tres dedos eran suplantados por su polla dura y caliente. Entró en mi coño mojado, inundándome con la mejor sensación jamás vivida: sentir como la polla de Iñaki penetra en mi interior y empieza a follarme con una cadencia armónica y loca.
Rumoreó cerca de mi oído que iba a correrse. Dijo, que solo cuando él lo hubiera hecho yo podría hacerlo. Lo hizo y gimió un, ahora sí puedes correrte mi puta. Y yo, su puta, me corrí.
- Te quiero Gina.
- Te quiero Iñaki.
Y no hicieron falta más palabras en ese momento. Iñaki me rodeó con sus brazos, colocó una mano sobre mi teta y metió su rodilla entre mis piernas. Yo, embriagada por la emoción, me entregué a su abrazo. Nos quedamos dormidos en mi cama y las horas perdieron su sentido.
De madrugada y medio noctámbulo, un rodillazo de Iñaki me despertó. Mi cuerpo buscó de nuevo su abrazo. Al rozarme contra él, advertí con sorpresa y alegría que su polla no estaba tan adormilada como él. Iñaki, ajeno a su increíble erección dormía placidamente entre mis sábanas.
Dudé en que si debía preguntarle que qué quería o si por el contrario, lo que yo quería debía llevarlo a cabo. Me fui escurriendo, bajando por su cuerpo hasta que me coloqué cómodamente entre sus piernas abiertas a la altura de su erguida polla. Tenía una erección sorprendente, sólo con sentirla latente tan cerca de mi cara me excitaba y se apoderaba de mí un gran afán por sentirla dentro de mi boca.
De golpe la engullí y empecé a chupársela sin sacármela de la boca. Succionaba y tragaba a la vez y estas acciones se hicieron más sagaces en el momento en que Iñaki, dejando el mundo de la inconsciencia me miró por debajo de las sábanas. Sentía como su mirada se clavaba en mi boca y sabía que su aturdimiento se alejaba dando paso al increíble morbo que le provocaba el haberse despertado mientras yo se la chupaba.
Yo continuaba mamando su sexo sin dejarlo escapar ni una sola vez de dentro de mi boca, lo tenía aprisionado y no iba a liberarlo hasta que notara como su orgasmo impregnaba mi garganta. Sus gemidos rompieron el silencio de la noche y acompañaron los ruidos sonoros que yo hacía al comerme su polla.
Me gusta el semen de Iñaki, me gusta tenerlo en la boca, mezclarlo con mi saliva y finalmente tragármelo.
La noche siguió su curso, ajena a mi interrupción, y nuestros dos cuerpos, de nuevo entrelazados conciliaron el sueño.
- Me gusta oírte gemir Iñaki.
- Arf, arf, arf.
Y si me encanta oírle gemir, aquel día que al correrse dentro de mí dio unos gritos cortos y secos, acompañados de la confesión que había sido su mejor orgasmo, fui feliz.
Era yo la que me lo estaba follando, había tomado un papel dominante sobre su cuerpo y sobre su polla en mi interior. Me movía, forzando con mis impulsos su cuerpo, que se balanceaba encima del mío.
Me gusta moverme y a él que lo haga. Su polla se clava en lo más profundo de mi vagina y yo, sin dejarle escapar de entre mis muslos, me agito moviendo mis músculos vaginales, presionando su polla, dándole el calor que quema, dándole su orgasmo. Y yo me corro, sintiéndome especial y deseada. La mejor.
- Ahora, cuando aparque el coche voy a tocarte el coño, Gina.
- A eso le llamo yo una buena despedida. Tócame Iñaki.
Y aparcó su coche en el último piso del parking del aeropuerto mientras yo me bajaba la cremallera de mis tejanos. Salí del coche para volver a meterme en él. El asiento de atrás era más amplio y cuando me tocó, sus dedos quedaron completamente empapados por mi humedad.
No teníamos mucho tiempo, mi vuelo salía en poco más de dos horas y, con lo exageradamente puntual que es Iñaki, no disponíamos de más de veinte minutos. Tiempo suficiente, por otra parte, para hacer que Iñaki se corriera en la parte trasera del coche y tiempo suficiente, que Iñaki supo aprovechar para que yo me corriera tres veces en sus manos.
Sabe como tocarme, como meter dos de sus dedos en mi coño mientras una de mis manos, sobre la otra suya, acaricia mi clítoris en busca del orgasmo. Se mueve por mi cuerpo dándome un gran placer y haciéndome caso cuando le pido que me muerda los pezones.
Los cristales del coche se empañaron antes de que yo alcanzara mi segundo orgasmo. Supongo que será el morbo que me produce el ser masturbada en un sitio donde existe la posibilidad de ser vista, lo que hace que pierda el control completamente y abandone mi cuerpo al placer absoluto; momento que me encanta vivir acompañada de Iñaki y de sus dedos.
El momento de la despedida siempre cuesta, no llego a acostumbrarme ni creo que nunca lo haga.
- Te echo de menos, Iñaki. Déjame verte.
- Y yo a ti, Gina, mucho, mucho…
Y a los pocos segundos de aceptar la invitación de su web cam, le veo. Tan guapo, tan mío. Quiere verme, me lo pide. Enfoco mi web cam hacia mi teta y pellizco entre dos de mis dedos mi pezón.
Al verme las tetas, baja rápidamente su cámara hacia su polla. Sabe que me gusta verla. Ver como se va poniendo dura, ver como se la menea y ver, finalmente, como los borbotones, a veces, saltarines de semen salen de su polla.
Me pide que le de coño, tan solo he de volver a enfocar la cámara un poco más abajo, justo entre las piernas abiertas y deseosas de polla. La imagen aparece clara y nítida al otro lado de la pantalla.
Me suena el móvil y su voz me va envolviendo y llevando a través de una fantasía que saca a la puta pervertida que llevo dentro. Alargo la mano y para su sorpresa, aparece ante su mirada mi vibrador negro, que a plena potencia, poso encima de mi clítoris, que siente la estimulación y el placer directo.
La voz de Iñaki me pone cachonda, yo suspiro y gimo a la vez que voy moviendo el vibrador por todo mi coño abierto para él y a la vez, que mi mirada se pierde en la pantalla, en la ventana donde veo lo que realmente me gustaría que me penetrara, su polla.
Mis gemidos y mis movimientos que engullen un pene que no es de verdad van aumentando. Iñaki, cuando le digo que estoy apunto de correrme, me dice que sí, que lo haga, que me corra para él.
Me corro, y su voz deja de susurrarme para volver al tono normal. Me pregunta que cómo estoy, a lo que suelo responder con mi risa, me manda besos sonoros que son correspondidos por otros míos. Colgamos. Y entonces, sin perder detalle, miro a través de la pantalla, los últimos vaivenes que Iñaki da a su polla. Cuando se corre, mi lengua recorre mis labios y empiezo a chuparme los dedos que minutos antes han quedado impregnados con mi orgasmo.
En la distancia, le siento cercano.
FIN…bueno no, los diálogos siguen, las escenas continúan y los dos protagonistas, Gina e Iñaki consumen el tiempo, que no es eterno, hasta la próxima vez que vuelvan a encontrarse.
T’estimo petit.
por Pauline en la playa
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