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- ¿A qué sabe tu coño, Laura?.- A gloria bendita. Ya sabes... a cielo dulce y lluvia de Mayo.
- Quiero que te tumbes en el suelo, te quites las bragas, te abras de piernas y me enseñes el coño.
- ¿Eso es lo que quieres?.
- Quiero que te masturbes mientras yo te miro.
- Eres un vicioso.
- Sí, y tú una viciosa. Te quiero follar.
- Vale... Fóllame. Pero métemela muy fuerte. Quiero que tu polla me derrita de placer.
Para cuando leas esto, ya no estaré aquí...
Te conté mi sueño. Aquel de amor y sexo. El que la otra noche se interrumpió al borde de tu lujuriosa boca, cuando mi cuerpo se estremecía de placer entre tus calientes caricias. Me besaste en los labios, entregándome mi sabor. Tu viciosa lengua lamía mi cuello, rodeaba mis pechos y descendía lentamente por mi vientre, haciéndome sufrir con la espera. Un reguero de saliva iba encendiendo el deseo sobre cada poro de mi piel, hasta que llegaste a mi monte de venus. Ahí, te paraste. Observaste mi sexo y me miraste, para ver cuanto lo deseaba. Me derretía deseándote, y tú lo sabias. Los ensordecedores latidos del corazón era lo único que se escuchaba. Tu picara mirada me dijo que ibas a comerte la vergüenza que veías en mis ojos, en mis ruborizadas mejillas, por tenerte entre mis piernas. Excitada y sin poder hablar, mi cuerpo, cómplice de tu lengua, te respondía. En los sueños no se habla, sólo se disfruta. Son las sensaciones desnudas las que te envuelven de calor y un sudor creciente entre las sábanas, que se interrumpen al despertar con la cama revuelta y el sexo completamente húmedo. Son los estridentes silencios de nuestros deseos los que gritan. Es, en esta fría pantalla, donde respiran las emociones que ahogan mi alma. Y al mirarte a los ojos se agotaron las palabras y sin ellas no sé como voy a contarte lo que sentí, para que cuando lo leas puedas imaginarlo de la misma manera que lo recuerdo para ti.
Miraba nerviosa las intenciones que tus sabias manos llevaban. Encaminándose desde la dureza de mis pezones, aferradas fuertemente a mis pechos, que sin compasión ninguna de mi timidez siguieron recorriendo cada rincón de mi cuerpo. Temblando de deseo e impaciente por sentir placer, mi cuerpo, fiel a tus caricias, te respondía; con suspiros y separando más las piernas para dejarte entrar. Me torturabas con la espera de notar el calor de tu boca en mi sexo. Introdujiste dos dedos en mi coño, sin darle tregua a mis gemidos. Clavándolos hasta el fondo de mi ser, dejándolos quietos dentro de mí, mientras tu lengua se movía endiabladamente por los rosados labios de mi intimidad. Humedeciéndome con tu saliva, mezclándote en mi. Sintiendo el calor de tu aliento, la suavidad de tus labios recorriendo todo mi sexo, lamiendo y chupando mi clítoris. Llevándome a tocar el cielo en cada lamida, con cada nueva caricia de tu ardiente lengua. Eran mis gemidos los que te guiaban y fue tu boca la que me provocó un delicioso e inolvidable orgasmo. Tu lengua, lascivia mojada de amor, lamió las lágrimas de placer que resbalaron por mi cara.
Era un sueño que recordaba intermitente y que ahora voy descubriendo con más imágenes que veía. Un sueño en blanco y negro. Igual que todos mis sueños, en ninguno de ellos aparecen los colores. Cómo en las películas antiguas, sólo puedo distinguir deslumbrantes blancos, los tonos grisáceos, negros brillantes y tonalidades mates. No sé que interpretación lógica le daría Sigmund Freud. Ahora tampoco importa demasiado, ni siquiera sé si tiene un significado lógico, él seguro que no va a leerme. Me importa lo que me digas tú. ¿Qué crees que puede ser?. ¿Dónde se esconden los colores?.
¿Y a ti, hombre de mirada sideral, de qué te conozco?. ¿Por qué siempre entras, y me follas, en mis sueños?. ¿Quién eres?.
No podía ver el rostro del hombre que me miraba fijamente. En mis sueños nunca vi las caras de las personas, sólo podía distinguir si les conocía o no. Y en ellos, siempre estuvo él. Es un viejo sueño de mi adolescencia, que se repite en las noches de inocentes ilusiones. Entonces aparece él, ese hombre de mirada sideral. Ese hombre que me besa con sus morbosos labios, que me hacen atravesar este mundo. Me llena de un amor tan intenso y profundo, que sustenta mi alma y me guía en mis sueños. Y ahora sé que ese hombre eres tú. Tú ya estabas en mi alma, es por eso que me cuesta tanto controlar esta locura, ese deseo espontáneo que me provoca cuando me sorprende alguien como tú, mis ganas de ti.
Tu amor y mi sueño hablaban un mismo argot. Tu mirada me hizo el amor desde el primer momento que me miraste. Divagaba por tus ojos y tu amor me desarmaba, mientras tus brazos me amarraban a tu cuerpo. Y tenía tanto miedo de perderte si me separaba de ese abrazo. No quiero que te vayas. Te quiero siempre, aquí, a la vera de mis sueños. Mi cama quiere oler a ti, y mis sábanas retozar en tu cálida piel. Prométeme que vas a follarme hasta el amanecer, con tus dedos, con tu lengua, con tu sexo, con todo tu ser.
Me esperabas enfrente de la taberna del final de las Ramblas. Había mucha gente a nuestro alrededor, pero era como si nadie nos pudiera ver a nosotros. En la esquina de la calle podía ver a un trilero, con una improvisada mesa de cartón, donde con una asombrosa habilidad engañaba a la multitud que se aglomeraba alrededor de él. Prostitutas se paseaban de un lado a otro de la acera. Sin ningún destino, a la espera de algún desconocido cliente. Bellos cuerpos de alquiler, con maquillaje hasta en el corazón. Ilusos deseos a la espera de ser correspondidos. Sueños truncados por el material dinero que escuece en el alma. En la esquina opuesta podía ver a un mimo vestido de blanco, con la cara y las manos pintadas también de ese deslumbrante color. Completamente quieto como si fuera una figura de mármol, dónde un grupo de turistas observaba boquiabierto.
Sentados en un banco del paseo de las Ramblas había una pareja de enamorados, metiéndose mano. La lozana muchacha separaba las piernas todo lo que podía, lo que le permitía el elástico de sus bragas que tenia bajadas hasta las rodillas. Los gruesos dedos del chico se hundían en el coño húmedo de la chiquilla. Los sacaba mojados y se los metía en la boca para que los lamiera. Luego la besaba, y volvía a penetrarla más fuerte y más hondo. La viciosa no reprimía sus gemidos. Esos gritos de placer me ponían cachonda, y deseaba acercarme a ellos para que ese desconocido también me tocara a mí, para que metiera su mano dentro de mis bragas y me follara con sus dedos igual de rápido que la follaba a ella. La masturbaba mientras le devoraba la boca. Abrió la cremallera de su pantalón y sacó su tieso cipote. El joven muchacho cogió la mano de la chica para llevarla a su polla. La guiaba en los movimientos de la paja. Apretando con su grande mano la pequeña de la muchacha, marcándole el ritmo de sus ganas. Pero a él no parecía satisfacerle. Le pidió que se la chupara. Ella, sumisa obedecía. Los carnosos labios se ajustaron alrededor de la verga. Tragándose toda la erección, hasta rozar los testículos con los labios, succionaba con fuerza la palpitante polla. La glotona se la mamaba con ansia y destreza. Me excitaba mirarles.
El afilador caminaba ajeno a la gente. Desde pequeña había oído que ese señor solitario que recorría las calles de mi ciudad, de ojos grises y mirada perdida, escondía un misterio cada vez que avisaba de su llegada tocando una especie de flauta. Nadie le conocía y todos creían que cuando giraba la esquina, y desaparecía entre las calles, el cielo lloraba con finas lágrimas de lluvia. Nadie sabía el porqué, no sé como no se habían dado cuenta. Yo sabía que él era el mago del tiempo. Los adultos creían en la leyenda urbana; que cuando él aparecía, llovía. Y yo, presentía que ese hombre de ojos grises y pasos serenos, tenía el poder de detener el tiempo. Pero tenían que pedírselo, alguien tenía que ayudarle con la fuerza del deseo. Despierta nunca lo había probado, y ahora que había sido él el que había invadido mi sueño, tenía que intentarlo.
A las dos y veintidós de la madrugada se paró el tiempo. El triple par era la fácil combinación secreta que tantas veces desee para detener la noche junto a ti. Y ahora, que tenemos todo el tiempo del mundo, tengo prisa por sentirte. Quiero que te revuelvas, me cojas fuerte de la cintura, y me atraigas a tu cuerpo. Que me levantes la corta tentación que cubre mi cuerpo, metas tu mano entre mis piernas, y de un brusco tirón me rompas las bragas. Sentir como la erección de tu polla va rozando entre mis muslos, mojándome con las primeras gotas de deseo. Quiero que tus manos separen con brusquedad mis piernas y notar entre ellas tu cuerpo caliente. Quiero gozar la dureza de tu polla entrando en mi, que me la metas bien fuerte. Correrme con solo sentir tu boca mordiendo mis labios, mi cuello, mis pezones endurecidos, mientras tu polla va clavándose despiadadamente en mi coño. Y mi coño la aprieta con los espasmos de la corrida, abrazando fuertemente tus nalgas con mis piernas para que no te salgas de mí.
Parece como si estuvieras leyendo en mis ojos lo que deseo... Y la química surge con solo mirarnos. La atracción de nuestros cuerpos nos empuja a amarnos. Mirándote adivino las caricias que tu piel espera. Toco tus manos y ya nada me asusta. Escucho tu voz y me enamoras con tu risa. Miro tus ojos y son ellos los que me guían al placer más puro. Muerdo tus labios y se acaban todas mis dudas. Y tu boca, entreabierta, abrazando la mía es la puerta que me lleva al paraíso. Cuando me besas nuestro mundo entra en silencio, gritando una pasión sin límites. El tiempo, el mundo, todo queda inmóvil, menos tú y yo. Sólo existe nuestro pequeño universo sideral. Y tus manos van marcando los caminos del deseo sobre mi piel. Siento tu abrazo y me hago tu esclava, encadenándome entre tus brazos. Se aparta el aire y un libre te quiero susurra el viento. Hombre sideral, me desbordas en sentimientos. Si pierdo tu aliento, sabes que empiezo a temblar. Y siento que éste amor que late en mi corazón es infinitamente eterno. Pero esta noche no vamos a hacer el amor. Esta noche...
- Quiero que follemos. Es que... te deseo tanto. Tengo el coño muy caliente y me queman las ganas de ti.
- Ven aquí, princesa. ¡Te voy a follar, zalamera!.
- Fóllame... ¡Fóllame, cabrón, fóllame fuerte!. Déjame sin aliento... No me hagas esperar más. Y cuando te corras, empezaremos a hacer el amor. Quiero morirme de gusto con tu polla dentro.
Un mismo instinto básico y natural nos atrae: follar. El impulso más fuerte de los deseos de vaciarnos en cinco escasos minutos de todas esas caricias contenidas, llenándonos de besos anhelados, por sentir el olor de nuestra piel, el roce de nuestros sexos desesperados, notando el calor y la humedad del otro. Me atrevo a acercarme hacia ti y a tentarte para que lo hagamos. Y tengo la certeza de que lo estás deseando, lo mismo que yo.
Acércate un poco más. Puedes follarme sin miramientos. Mi cuerpo está deseando hacerte disfrutar, quiere descubrir como es tu placer. Mi boca quiere probar el sabor de tu semen. Quiero escuchar tus desgarrados gemidos, cuando el fuego que desprende tu febril polla penetra lentamente en mi sexo, quemándome de pasión. No tengas pudor ni miedo. Nadie nos va a ver; estás en mi sueño. La gente que pasea por la calle también están soñando y no les dejaré entrar en el nuestro. Puede ser como tú quieras, como yo quiera, como nosotros deseamos. Ahora me apetece que me folles con tu temperamento... aquí mismo, en el suelo, como animales salvajes que sienten el impulso de la piel. Hagámoslo rápido, antes de que nos despertemos y empiece a correr el tiempo. La magia del afilador sólo dura en sueños.
Desnuda frente a ti me acerco hasta rozar tu cuerpo. Ya no llevo puestas las bragas, hace muchos renglones que las perdí. Mis caderas seducen a tus manos con un provocador contoneo. La sensualidad de tus caricias se desliza por ellas. Tus ojos me hacen temblar de deseo. Tus tibios labios mordisquean los míos, tu cálida lengua besa la mía. ¿Sabes una cosa? tu boca es mi perdición. Sentí vértigo al subirme a tu cintura, pero mis piernas la rodearon, se abrazaron a ella, entrelazándose a ti. Y tu polla empezó a entrar en mí, a clavarse en mi coño, hundiéndose despacio, pero a la vez penetrándome con fuerza.
Tus nómadas dedos divagaban por cada centímetro de mi piel, recorrieron toda mi espalda hasta llegar a mis nalgas. Las separaste y metiste un dedo en el ano. Te acariciaba la nuca mientras ahogaba mis gemidos mordiendo tu hombro. Y tú me follabas, con tu polla en mi coño, con tu dedo en mi culo, con tu lengua en mi boca. Mis manos sintieron envidia e imitaron a las tuyas. Eran ya caricias empapadas de pasión que arrancaban gemidos descontrolados. Acaricié tu espalda, arañándola suavemente. Mojé mis dedos en tu boca para ensalivarlos y penetré tu culo con un dedo. Notaba como tu polla embestía mi coño, y me follabas, con más fuerza.
Me tumbé en el suelo, como tú me pediste antes. Mi coño necesitaba de ti. Me abrí de piernas y con los dedos separé los calientes labios de mi coño, enseñandote lo mojada que estaba y cuanto te deseaba tener dentro de mí. Me mirabas sin hablar. Lamiste mi sexo y luego te colocaste encima de mí, entre mis piernas. Entrando y saliendo despacio, mientras yo te miraba. Veía tu placer. Tus manos acariciaban mi cabello, mi cara. Tu boca me mordía, me besaba. Aumentabas el ritmo, y a veces lo disminuías, para detenerte un momento en mis ojos. Entre gemidos, te susurré al oído que me corría. Y noté que tu orgasmo también llegaba. Tus brazos sujetaron los míos con fuerza, los movimientos aumentaron con intensidad y gritaste cuando te corriste, gemidos a los que le acompañaban los míos. Después, tu cuerpo se derrumbó sobre mí, y no sé cuánto tiempo permanecimos allí, abrazados el uno al otro. Notando el acelerado latir de tu corazón.
Traspasaste mi alma con tu mirada, y sentí como el amor nos había unido a los dos. Me encantó sentir el suelo frío, tu cuerpo caliente, la ternura de tu abrazo y la dureza de tu instinto entrando en mí. Dejaste tu olor en mi piel, tu sabor en mi boca y tu amor dentro de mí.
Hasta aquí llega mi sueño, justo al borde de tu enviciada boca. El amanecer me ha helado el alma, ha sido cruel conmigo al hacerme descubrir que no estás a mi lado. Maldito rayo de luz que me separó de ti. Ahora que estoy entre sueños, sigo con más ganas de ti. Despierta en la cama seguí soñándote, pero convertí mi inocente sueño en uno de sexo ingenuo, porque necesito que me folles y como ahora no estás aquí, conmigo, no puedo detener ni controlar el deseo que se ha despertado en mi cuerpo. Irremediablemente, yo, te voy a follar zalamero.
Esta madrugada me visitó el hada de tus sueños y me habló de ellos, de la ilusión de tu mirada. Me contó un secreto que me fascinó: que cuando sonreías, al despertar, se podía atravesar este mundo y tocar el universo a través de tu mirada. Quiero viajar con tu risa afuera de este mundo, a ese lejano lugar que tú conoces. Lo más distante de aquí, y perderme contigo en el paraíso de tus ojos.
Para cuando leas esto, ya no estaré aquí... Esta noche me meteré en tu cama. Entraré en tus sueños, para que me enseñes los colores que ves en los tuyos. Quiero ver cómo sueñas tú. Quiero robarte algún azul turquesa para los míos. Me llenaré los bolsillos con el rojo vivo de tus labios. Y le haré una fotografía al luminoso amarillo. Quiero abrazarte por la espalda, para sentir tu inquieto latir mientras duermes. Desperezar tu erección con mi boca antes de que dejes de soñar. Quiero ver cómo sonríes al despertar. Te cogeré fuerte de las manos y, susurrándote al oído, te pediré que viajemos por las fantasías prohibidas que habitan en tu mente. Voy a ser la ladrona de tu orgasmo, quiero llenarme de ti. Escapémonos, hacía un lugar dónde, tú y yo, podamos encontrar la mirada sideral del hombre de mis sueños. Espérame en tu corazón, no tardaré, llegaré pronto. Y escapémonos. Si este amor es tan grande como la inmensidad del universo y el deseo un huracán de pasiones que nos arrollan, no hay porque esperar el cuándo. Ahora mismo, hombre sideral... Para que estemos solos, amor, en una noche sin fin. Abrazados. Sólo, tú y yo.
¿Y a ti qué te excita más, hacer el amor o que follemos?. Se me olvidó preguntártelo al principio. Me gustaría saberlo, por si alguna noche de estas en la que no puedas dormir y sales a pasear por las calles de tu ciudad, y el destino nos hace coincidir en cualquier camino de la vida, o simplemente nos encontramos entre sueños, ya no tendré que preguntar. Lo haremos sin hablar, igual que si fuese la realidad de un sueño. Amando y disfrutando de cada momento. Allí, donde sobran las palabras, tan solo se escuchará el sonido del placer.
Míranos ahora aquí, en el cruce de caminos, tan frágiles como este absurdo silencio que nos aleja como si fuéramos dos extraños. Quizá no fue por casualidad, esto tenia que pasar así. Tu presencia estaba escrita en mi camino y ahora uno de los dos tiene que abandonar el pasaje de un sueño y regresar por la avenida de la amplia realidad. Que cerca estás y que lejos te siento, parece que se ha levantado un muro de cristal entre los dos. Y cuando consigo saltarlo, al otro lado ya has saltado tú. Otra vez esta fría pantalla nos separa, es un mundo entre tú y yo. Me pregunto si mañana volverás a amarme en mis sueños. Dame un cigarro que me fume esta ansiedad. No, ya sabes que no fumo, no tengo vicios malos. Que siempre después de hacer el amor, cuando estabas recostado en mi pecho, te pedía que me follaras otra vez...
- Tengo sed... necesito beber de ti. Fóllame la boca. Quiero derretir tu polla de placer.
Me mirabas fijamente, sonriendo. Con ese brillo tan especial del amor en tus ojos. No decías nada.
- Es que... te deseo tanto.
Y tu orgullosa polla se endurecía al instante, al sentirse deseada. La sostenías erguida con tu mano y la restregabas por mis labios, que entreabiertos la esperaban. Tu polla quemaba de deseo y mi ávida lengua la calmaba. Los labios la abrazaban, la besaban, la lamían, la chupaban, la apretaban... la lengua complacía tus ganas, y mi boca avivaba el deseo. Con mi mano subía, bajaba, toda la piel de tu polla mientras nos mirábamos. El glande descapullado, palpitante, brillante de deseo, anhelante de mi lengua que te ensalivaba de vicio. Veía en tus ojos cuánto lo disfrutabas, mientras tu nuevo placer se derramaba.
Me encantaba chupártela y que te corrieras en mi boca. Ver tu orgasmo en tus ojos y sentir la tibieza de tu blanca leche resbalando por mis labios. Untar mis dedos de tu semen, mojar mis duros pezones y rozarlos en tus tetillas. Dibujar sobre tu piel, pringándote el pecho para después lamerte, mientras tus desvergonzados dedos entraban en mi sexo para masturbarme. Jugar con tu caliente orgasmo por cada rincón de nuestros cuerpos, mientras nuestras bocas saboreaban, chupaban, lamían, mordían el placer del otro. No era un vicio como otro cualquiera. Eras todo tú, mi puro vicio, mi amor.
Venga, enciende el cigarro, o dame el que ahora tienes en los labios, que yo lo que quiero es probar el sabor de tu boca otra vez. Me está consumiendo el saber que me quedan sólo unos minutos de estar junto a ti. Ni te imaginas cuanto te echo de menos, hombre sideral. Dicen que los sueños son eternos y que siempre habrá noches eternas para soñar, pero sólo me quedan unas pocas líneas para escribir el final de este relato. Puede que haya sido un sueño inalcanzable, o quizá uno de los que se hacen realidad. Tal vez fui yo quien no te dio una noche entera. ¿Lo tienes encendido ya?... Necesito con impaciencia una calada de tu aliento para respirar. El olor de tu piel para sentirme viva. Tu risa para volver a sonreír. Necesito el sabor de tus besos para renacer. Tu mirada para poder soñar, al abrir mis ojos y encontrarme con los tuyos. Tu sexo febril, entrando en mi, para gozar de tu orgasmo. Necesito las caricias de tu amor, para morir de placer entre tus brazos. ¿No vas a abrazarme esta noche? es que sino no me puedo dormir.
La rosa descalza
Para el hombre de mirada sideral: No he nacido para perderte, y ya no puedo morir olvidándote. No sé cómo ni cuál será nuestro destino, pero tu amor siempre me sabrá a dulce vino y a sueños de noches trasnochadas. Que bonito fue quererte y sentirme querida por ti. Te amaré siempre, hombre sideral.
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