Cerveza gratis
 Andante
Tengo una novia que se llama Xenia.

Era más de media noche cuando al salir de la fiesta, nos metimos en ese barrio que nunca habíamos visto. Me llamó la atención lo solitario que parecía y el ir conduciendo un coche como el mío no me tranquilizó cuando en la esquina vi un grupo de unos siete hombres tomando cerveza. Sin embargo, la calle no tenía retorno y no tuvimos más alternativa que seguir y dirigirnos hacia ahí. Xenia puso mucha atención en el grupo desde unos metros antes y con un movimiento muy sutil se llevó el pelo por detrás de las orejas. Quince metros antes de llegar hasta ellos, se percataron de la presencia del auto y bloquearon el paso, mientras uno de ellos sacaba algo del bolsillo de su chamarra de cuero sin mangas.

Una vez que rodearon el carro ya detenido, pude ver que se trataba de una pandilla de esos que andan en moto y compiten por ver quien puede cargar más peso y tener más tatuajes sobre el brazo. El tipo en quien me fijé, dio pequeños golpes en el cristal con lo que ahora pude ver era una pequeña pistola, “invitándonos” a que bajáramos del auto, pero antes de que yo hiciera cualquier movimiento, Xenia ya abría la puerta para descender. Los demás tipos la rodearon inmediatamente mientras ella les sonreía coqueta, preguntándoles si podían darle de beber una cerveza. Mientras el tipo de la pistola me pasó un brazo por el cuello, uno de los tipos le dio a Xenia una cerveza mientras los otros tres inmediatamente empezaron a tocarla, uno detrás de ella le apretó los senos por encima de la blusa, otro le metió la mano por debajo de la corta falda y los otros dos le tocaban las piernas desnudas.

“Por favor, no nos hagan nada, no nos lastimen” dije yo.

“Sí por favor….. no me lastimen… mucho, por lo menos….” dijo ella.

Sin esperar más, el tipo que estaba a sus espaldas le sacó la blusa, el tipo que le había metido la mano entre las nalgas le bajó la falda de un tirón, dejándola completamente desnuda, pues Xenia nunca usa ropa interior. Solo con los zapatos rojos de tacón puestos, Xenia le dio un enorme trago a la cerveza mientras dos de los tipos arrodillados bajo ella, le abrieron las piernas en compás. Un tercero, lamió el cuello de vidrio del envase de cerveza y empezó a metérselo, mientras Xenia pujaba de placer bajando las caderas. Después, ella tomó la cerveza que el tipo le metía, la puso parada en el suelo y en cuclillas empezó a metérsela sola sin ninguna dificultad. Instintivamente, al verla en esa posición, otro de los tipos se paró enfrente y Xenia inmediatamente le bajó los pantalones para empezar a mamársela tomándole los huevos con una mano y con la otra, dejó que otro de los tipos le chupara uno de sus dedos para metérselo por sí sola por el culo.

Yo seguía con el tipo de la pistola sujetándome del cuello, pero claramente sentí que ya no me apretaba tanto como al principio.

Otro de los tipos se desnudó completo y se puso detrás de Xenia, quien continuaba en cuclillas metiéndose la cerveza, mamándosela al otro mientras le daba pequeños jalones a sus huevos con la mano y metiéndose su dedo por el culo. El tipo que se desnudó, logró acomodarse detrás sin que Xenia perdiera la posición que tenía, retiró el dedo que ella misma metía y sacaba y mojándose la verga con cerveza se la metió de un solo golpe por el culo mientras el tipo a quien se la mamaba la tomaba con ambas manos de la cabeza para que no perdiera el ritmo.

El tipo al que se la mamaba terminó corriéndose en su cara mientras ella le clavaba las uñas en las nalgas y se tragaba completo todo lo que su boca recibía a chorros intermitentes. Xenia se puso de pie, desclavándose de la cerveza y del tipo que la penetraba por detrás, ayudó a éste a levantarse, se dirigió al cofre del auto, lo recostó boca arriba y ella sola se volvió a clavar por él, esta vez por delante, mientras paraba las nalgas todo lo que podía. Dos tipos que ya estaban desnudos, rápidamente fueron hacia ella, uno se subió al cofre y recargándose sobre el parabrisas dejó que se la mamara mientras él mismo se apretaba las nalgas, el otro penetró a Xenia rápidamente por detrás sin ninguna dificultad. Dos tipos más se pusieron a cada uno de sus lados lo más cerca que el coche se los permitió. Uno se masturbaba solo y el otro se la dejaba jalar por Xenia quien lo hacía, sin dejar de mamársela al otro, con una sola mano. El tipo recostado en el coche le lamía las tetas mientras el que se la cogía por detrás le daba pequeñas nalgadas que la hacían estremecerse.

El que ya se había corrido en su boca se fumaba un cigarro sentado en la banqueta y el que me sujetaba dejó de hacerlo para integrarse justo cuando el que la clavaba por el culo se venía en sus nalgas mientras soltaba un gruñido. Una vez que se la sacó, Xenia se sentó en el que se la metía por delante, para con una mano jalársela al que se la había estado mamando mientras le chupaba los huevos, al tiempo que los dos de los lados se treparon al cofre para venirse casi al mismo tiempo en su espalda arqueada. Todos acabaron viniéndose, dos sobre ella, otro en su boca y el último dentro de ella, justo cuando el tipo de la pistola les hizo un además para que se retiraran.

Xenia se puso en cuatro patas sobre el cofre, frente a él, sin bajarle los pantalones le sacó la verga y se la empezó a mamar mientras éste le apretaba las nalgas con las dos manos estirándose todo lo que podía. El tipo al que se la había mamado sobre el cofre me ofreció un cigarro, yo lo acepté y me puse a fumarlo. Xenia dio la vuelta sobre sus cuatro extremidades, tomo con su propia mano la verga del tipo de la pistola, se la clavó en el culo, pidió una cerveza que alguien más le alcanzó, pero en lugar de tomarla, se la empezó a clavar por delante con una mano mientras con la otra se sostenía sobre el cofre. El tipo al que primero se la había mamado se subió al cofre, con la verga nuevamente erecta por completo y Xenia le empezó a lamer los huevos mientras él solo se la jalaba. El de la pistola le apretó las nalgas con las manos y se la sacó del culo justo a tiempo mientras se venía a chorros sobre las nalgas de mi novia. El tipo de pie sacó sus huevos de la boca de Xenia, justo a tiempo también para venirse sobre su cara cuando ella se la acabó de jalar con las dos manos, mientras la cerveza que se metía se la había dejado clavada apretándola con todas sus fuerzas para que no se cayera.

Yo di la última bocanada a mi cigarro y Xenia volvió a vestirse no sin antes haberse limpiado con la mano todo el semen que le escurría por las nalgas, la espalda, los senos y la cara. Xenia se despidió dándole un lametón en el cuello a cada uno de los pandilleros, el tipo de la pistola me dio dos cervezas cerradas más, encendimos el auto y salimos de ahí mientras la pandilla daba de gritos.

Reparar el cofre del auto salió en mil quinientos pesos.

Xenia pagó la mitad.

 Andante
 
 
 
 
 

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