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Tengo una novia que se llama Xenia.Cuando fuimos a pasar el fin de semana a la playa, tuvimos que salir en el autobús de las dos de la mañana para llegar amaneciendo y aprovechar todo el tiempo posible. Era época de vacaciones, así que el camión estaba prácticamente lleno cuando compramos los boletos, apenas quedaban dos asientos, pero no juntos, sino uno detrás del otro hasta el final del camión. Llegamos a tiempo, subimos y cada quien ocupó su lugar. Yo me puse inmediatamente mis audífonos para dormirme, ya que siempre me mareo en carretera. Xenia se puso a leer una revista.
En eso, un muchacho delgado y bien vestido llegó a ocupar su lugar junto a mi novia. La saludó amablemente y se sentó a su lado. Con los audífonos puestos, yo abría de vez en cuando los ojos para ver que ambos se encontraban alegremente platicando, sin que el muchacho se hubiera dado cuenta de que Xenia iba acompañada por mí ni ella hiciera nada por demostrarlo tampoco. El camión por fin arrancó y empezó su viaje mientras mi novia y el joven delgado seguían animadamente conversando. Yo discretamente apagué la música para escuchar qué se decían. Él le platicaba que se dedicaba a vender tiempos compartidos en departamentos de lujo en la playa a donde íbamos. Xenia se mostraba interesada, hasta que supo lo que valían y mostró también su decepción. Siguieron hablando, aunque cada vez más bajo pues prácticamente todo los ocupantes del camión se habían quedado dormidos. Yo hacía esfuerzos por darme cuenta de lo que platicaban y apenas alcancé a oír que Xenia le decía:
“¿en serio?”
“de verdad, si yo te contara todo lo que sucede en esos departamentos” contestó el otro y ya no pude oír lo que el tipo seguía contándole, pero se le veía muy apasionado mientras lo platicaba. Ella con un movimiento muy sutil se llevó el pelo por detrás de las orejas.
De repente el camión pasó por un gran bache y dio un salto que hizo que mi novia le agarrara una pierna al tipo por el susto. Cada quien dentro del camión volvió a su posición, pero Xenia no quitó la mano de la pierna de su acompañante. Por entre los sillones pude ver que él se la tomó entonces y se la puso sobre la entrepierna, a lo que mi novia respondió con un suave apretón.
Fue ella misma quien le bajó la bragueta y le sacó la verga, que estaba completamente parada y con una pequeña gota brillándole en la punta. Xenia le frotó la punta de la verga con un dedo, a lo que el tipo respondió con un muy discreto resoplido. Entonces ella le sacó también los huevos, lo que al joven debió dolerle un poco, por el pequeño brinco que dio. Aprovechando que prácticamente estaba oscuro y todos estaban dormidos, él mismo se bajó los pantalones y se volvió a sentar como si nada pasara, desnudo de la cintura hacia abajo.
Fue entonces que Xenia se inclinó sobre él, sin dejar de ocupar su lugar y se la empezó a mamar, parando poco a poco las nalgas. El tipo estiró un brazo y levantó la falda que Xenia llevaba para meterle un dedo por el coño que fácilmente entró resbalando. Mi novia nunca usa ropa interior. Xenia respondió empujando las nalgas fuertemente hacia la mano del joven y sin dejar de mamarle la verga, ella misma se metió un dedo más sin que el otro sacara el suyo, para después hacer que el tipo le metiera en el coño tres dedos más.
A Xenia la veía mover su cabeza mientras su acompañante, con la mano que tenía libre, la sujetaba por el pelo restregándole la cara entre sus huevos. Por la metida de dedos que le daba, ella empezó rápidamente a emitir un aroma nada discreto. Quizá por eso o quizá por el ruido que hacía la mano del joven chapoteando en el coño de mi novia, el hombre que iba en la segunda sección de asientos, después del pasillo y junto a ella, se despertó y rápidamente se dio cuenta de lo que pasaba a su lado. Yo entrecerré los ojos para que no viera que estaba despierto y él muy sutilmente volteó a ver a la mujer que iba al lado suyo.
Casi sin moverse estiró su propia mano hacia las nalgas que Xenia tenía paradas, dirigidas hacia el pasillo y empezó a acariciarlas, dándole también pequeños pellizcos. El joven al que Xenia se la mamaba no se dio cuenta, pero ella, sin dejar de mamar, después de dejar que le acariciaran por un rato el trasero, tomó la mano del nuevo tipo, le paró un solo dedo y se lo metió sin problemas también en el coño, sacándolo escurriendo. Con el dedo así, lo llevó hasta su culo y se lo clavó fuertemente agarrando la mano por la muñeca, haciendo que lo metiera y lo sacara. El tipo delgado debió sentir que sus dedos, metidos en el coño de Xenia, rozaban a través de la pared que separa cada espacio, el dedo que le metían al mismo tiempo por el culo, porque en ese momento volteó a ver las nalgas de mi novia y se dio cuenta de lo que pasaba. No hizo siquiera un solo gesto y regresó a lo suyo mientras Xenia le daba mordiscos en los huevos y empujaba las nalgas para ser penetrada por los dedos de ambos sujetos.
El tipo que le metía el dedo por el culo, silenciosamente empezó a masturbarse con la mano que le quedaba libre, mientras por el espasmo que pude ver que el tipo delgado hacía, la mamada que le daba mi novia estaba a punto de hacer que se corriera. Ella empezó a mover las nalgas en círculos, haciendo que los dedos que tenían metidos en el coño y en el culo entraran y salieran más rápidamente. El tipo del otro lado del pasillo empezó a jalársela más rápido, el de un lado de mi novia apretó con la mano que le quedaba libre el cabello de la cabeza de Xenia que subía y bajaba en dirección a su verga y ella misma empezó a apretar las nalgas.
En un solo momento, en una fracción de segundo, los tres dieron un profundo suspiro, mientras Xenia apretaba el culo con el dedo todavía metido, daba tragos de leche que el tipo delgado le dejaba ir a la garganta y el hombre del asiento después del pasillo se venía, manchando sus propios pantalones. Xenia se sacó los dedos de entre las nalgas, se limpió un poco de semen que le corría por un lado de la boca, dejó que el tipo delgado se subiera los pantalones y todo mientras el otro hombre se limpiaba con un pañuelo la zona de su bragueta. Yo encendí otra vez mi música y me quedé profundamente dormido.
Llegamos a la playa a las siete de la mañana, desperté ya cuando muchas personas se habían bajado del autobús, incluyendo a los dos acompañantes de Xenia, quien acomodaba la revista en su mochila de mano.
El año que viene hemos planeado regresar a esa playa.
Tenemos un tiempo compartido en unos departamentos de lujo que son un verdadero paraíso.
Andante
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