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Tengo una novia que se llama Xenia.Dábamos un viaje por Europa y en nuestra primera noche en Portugal pagamos por dormir en un hostal, de esos donde llegan todos los que andan con sus mochilas a la espalda. Nos acomodaron en un cuarto donde había tres literas, es decir, seis camas en total. Por el cupo que el cuarto ya tenía, Xenia ocupó una cama de abajo y yo, en otra litera enfrente, la cama de arriba.
El cuarto, ya con nosotros, estaba completamente ocupado. En una de las literas, estaba un tipo rubio que repasaba un mapa, abajo otro que forjaba un cigarro de marihuana sin ninguna preocupación. En la litera que ocupo Xenia, arriba de su cama, estaba un tipo negro que trenzaba unas tiras de cuero haciendo una pulsera. En la litera que yo ocupé, en la cama de abajo, una muchacha pelirroja oía música en audífonos. Eran las once de la noche cuando llegamos y después de dejar nuestras mochilas, salimos por un par de cervezas que se convirtieron finalmente en ocho para cada quien. Volvimos al cuarto ya cuando todos estaban dormidos, menos el tipo negro, que no estaba en la habitación. Como estábamos muy cansados, nos dimos las buenas noches y cada quien ocupó su litera y su cama para dormir hasta el día siguiente. Xenia se metió desnuda bajo las sábanas, pues siempre duerme desnuda.
Casi dormido, oí que la puerta del cuarto se abrió y supuse que el negro había regresado, mientras otra vez trataba de conciliar el sueño. Oí que cruzó un par de palabras en inglés con Xenia, diciéndole que venía de bañarse, pues a esa hora el baño comunal siempre estaba desocupado. Como estaba de espaldas a ellos giré sobre mí, sin descubrir que me habían despertado y me tapé con las sábanas la cara mientras daba un ronquido fingido, dejando un pequeño hueco por donde observarlos. El negro se puso frente a la litera que compartía con Xenia, quien seguía tapada por las sábanas y pude ver como ella con un movimiento muy sutil, se llevaba el pelo por detrás de las orejas.
El negro se quitó como si nada la toalla que llevaba sujeta a la cintura, quedando completamente desnudo frente a Xenia, quien seguía con las sábanas sobre su cuerpo pero con las manos, según pude observar por debajo de éstas, jugueteando en medio de las piernas que ya tenía separadas. El negro no dijo nada, actuó con gran naturalidad e hizo como si alcanzara algo en su propia cama, arriba de la de Xenia, acercándole a mi novia la verga a menos de treinta centímetros de la cara. Ella, sin dejar de tocarse, se la metió inmediatamente en la boca mientras el negro daba un suspiro muy hondo con el que alcanzó a despertar al tipo rubio que también dormía y el cual empezó a verlos, como yo, disimuladamente.
El negro apoyó los brazos sobre su cama y dejó que Xenia siguiera mamándosela mientras él separaba también sus piernas, para que ella pasara un brazo por en medio, debajo de sus huevos y le arañara las nalgas. En eso estaba, cuando de repente el rubio decidió levantarse y sin decir nada ni hacer ruido, se acercó también a Xenia, se quitó la playera que llevaba puesta y se empezó a frotar la verga por debajo de sus boxers. El negro ni cuenta se dio de esto, pues disfrutaba con los ojos cerrados la tremenda mamada que mi novia le daba. El rubio se sacó los boxers, retiró las sábanas que cubrían a Xenia, se subió a la cama e inclinándose, se la empezó a mamar mientras Xenia se levantaba las nalgas con las dos manos para darle al rubio más espacio donde chupar. El rubio tomó con sus propias manos las nalgas de Xenia, apoyando sus codos sobre la cama y ahí la sostuvo para que Xenia se metiera un dedo por el culo mientras el rubio se la seguía chupando al compás del movimiento que ella misma hacía con sus pelvis.
Fue en éste momento cuando el negro se dio cuenta de la incursión del rubio, sobre todo porque Xenia dejó de mamársela por la propia mamada que a ella le daban. El negro entonces se puso en la cabecera de la cama, Xenia recargó su cabeza boca arriba, sobre su almohada y siguió metiéndose un dedo por el culo, mojándolo de vez en cuando con la saliva del rubio, quien seguía mamándole el coño. El negro subió una pierna a la cama, por un costado de Xenia y bajó su cuerpo hacia ella doblando la rodilla de la pierna que mantenía en el suelo. Mi novia empezó a lamerle el culo mientras el negro se la jalaba solo. Me sorprendió el poco ruido que lograban hacer, pero aún así, lograron despertar al último de los hombres que ocupaba la habitación, aquel que cuando llegamos preparaba su churro de mota. Yo no me había dado cuenta, pero él también había estado presenciando la escena y se masturbaba desde su cama, pero al ver que Xenia tenía para todos, se desnudó y se unió al grupo.
El rubio le dio a Xenia la vuelta, se puso por debajo de ella y le metió la verga por delante mientras le separaba las nalgas invitando al recién llegado a ocupar su lugar. Xenia había quedado frente al negro, a quien lo había girado para seguir lamiéndole el culo mientras él solo se la seguía jalando dándole la espalda, o mejor dicho, dándole el culo. El tipo de la marihuana ensartó a Xenia por detrás. Él y el rubio no se movían, era Xenia quien movía las nalgas en círculo con las dos vergas metidas.
La litera donde estaban los tres comenzó a moverse y a hacer más ruido por consecuencia, aún cuando ninguno de los tres alzaba el tono de sus pujidos para no despertarme. Xenia no podía sino gruñir y dar pequeños gritos ahogados de vez en cuando, porque no dejaba de mamarle el culo y los huevos al negro por detrás. En eso, sentí también que mi litera se movía y sin poder asomarme, porque seguía fingiendo que estaba dormido, me percaté que la pelirroja se masturbaba teniendo semejante escena delante, pero sin unirse.
En un momento dado, luego de que Xenia mamaba y recibía envestidas al mismo tiempo por partida doble, el negro le sacó los huevos de la boca, se puso a un costado de la cama e invitó a los otros dos a que sacaran la verga de dentro de mi novia. Los tres se pusieron junto a la litera, Xenia acomodó sus nalgas frente a ellos, empinada sobre la cama y cada uno, turnándose, empezó a meterle una sola vez la verga por el culo, mientras ella se retorcía sus pezones con los dedos de una mano y con la otra, se metía cuatro dedos por el coño.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, con el culo de Xenia todavía al aire levantado frente a ellos, cada uno empezó a jalarse su propia verga para venirse al mismo tiempo sobre mi novia, quien al sentir escurrir la leche por sus nalgas, giró para ponerse frente a ellos y le dio a cada quien una sola mamada para terminar de exprimir la última gota que a cada uno le escurría por la punta.
Cada quien volvió a su cama, Xenia quedó recostada boca abajo con las nalgas llenas de leche y fue hasta entonces que la pelirroja se levantó sin hacer ruido, le metió dos dedos a Xenia, uno por el culo, otro por el coño y le limpió a lamidas todo el semen que le escurría por las nalgas. Fue hasta ese momento que Xenia se corrió, apretando las sabanas con las dos manos mientras abría las piernas para facilitarle el trabajo a la pelirroja, quien luego de lamerle ambas nalgas y dejarla limpia, se regresó a su cama sin decir una sola palabra.
La mañana siguiente, después de desayunar, volvimos al cuarto. La pelirroja, el rubio y el de la marihuana ya no estaban, ni sus cosas tampoco. Solo estaba el negro, con otros tres igual de negros que él, tejiendo pulseras de cuero.
Xenia se quedó con tres pulseras, yo me quedé con una, que todavía uso en el brazo izquierdo.
Andante
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